ADIÓS A UNA LEYENDA

Luis Suárez pudo jugar en el Real Madrid... ¡y pudo fichar a Cristiano Ronaldo para el Inter!

Con 18 años, antes de marcharse al Barcelona, el club blanco le fue a ver a Riazor pero "debí hacer un partido horrible. No vinieron a verme más"

Luis Suárez recibe el Balón de Oro de 1960./Efe
Luis Suárez recibe el Balón de Oro de 1960. Efe
Enrique Ortego

Enrique Ortego

Luis Suárez siempre sintió una especial admiración por el Real Madrid. Fue un club que estuvo muy presente a lo largo de toda su carrera. Primero, fue su gran rival en su etapa azulgrana, como luego lo sería el Milan en su periplo en el Inter. En alguna sobremesa larga, recordaba, sonriendo, que podía haber fichado por el club del Bernabéu antes de ir al Barcelona. "Es que, realmente, yo a Barcelona fui de rebote, me incluyeron en una operación que no era la mía. Tenía 18 años. A quien querían de verdad era a Dagoberto Moll y me metieron de relleno. Al presidente del Deportivo de entonces no le gustaba mi juego. No lo entiendo, no le gustaba y jugué cuatro partidos mal contados (17 realmente en Primera). Antes de ese traspaso, que fue en 1954, en un partido de Liga con el Deportivo contra el Valladolid en Riazor, vino a verme el secretario técnico del Real Madrid por aquel entonces, Juan Antonio Ipiña, se llamaba, pero lo debí hacer tan mal que no volvieron a verme. El Valladolid tenía una línea media muy buena, Ortega y Lassala y entre los dos no me dejaron tocar el balón. Luego me dijeron que habían venido solo a verme y pensé: ¡vaya cagada que he hecho!".

Con el tiempo, el Real Madrid se convirtió en su 'bestia negra'. "En la Liga éramos los dos gallitos, pero en Europa mandaba el Real Madrid. Fue cuando ganaron las cinco Copas de Europa consecutivas. En Barcelona se echaba la culpa a los árbitros, pero es que tenían un equipazo en todos los sentidos, con Alfredo di Stéfano de jefe de maniobras. Entonces yo, de broma, siempre decía que las áreas del Bernabéu eran distintas a las de los demás campos. Contra la que atacaba el Real Madrid era más grande que la otra para que le pudieran pitar más penaltis a su favor y, en el segundo tiempo, cuando se cambiaba de campo, la más grande era la otra (risas). Era nuestra rabieta porque no les ganábamos casi nunca".

Luis Suárez en su etapa en el Inter de Milán. Getty Images
Luis Suárez en su etapa en el Inter de Milán. Getty Images

También solía hablar con admiración de Florentino Pérez. "Es que sin conocerme de nada, un día que estaba en el palco del Bernabéu vino a saludarme muy cariñosamente. Me parece que me dijo que su padre me había visto jugar y que siempre le había dicho que tenía que haber jugado en el Madrid. Después, cuando me veía, me saludaba con un cariño especial y esto no es tan normal en el fútbol. Un caballero. Siempre me lo pareció".

Sus largas charlas con Di Stéfano

Si un día, cuando me retiren, me preguntan cuáles fueron los días más felices de mi carrera periodística, sin olvidarme de los momentos vividos con Luis Aragonés, diré, sin duda, que las cuatro o cinco conversaciones-comidas-meriendas-cenas… que compartí con Luisito y con Di Stéfano. ¡Que privilegio! Ellos dos, mano a mano, y este escribano, con la baba caída. Para el gallego, el argentino fue el mejor futbolista que había visto jugar en su vida. "Verlo jugar era de otra dimensión. Había que verlo, no basta con que te lo contaran. Y encima, el cabrón jugaba en el Real Madrid. Cuando coincidíamos en la Selección me decía siempre que me viniera para acá. 'Gallego, vente al Madrid', y así una y otra vez. Me decía que él hablaba con don Santiago, como llamaba a Bernabéu, y le convencía seguro".

Don Alfredo, no muy amigo de las palmaditas en la espalda, ni del elogio gratuito, le devolvía la pelota. "Era bueno el gallego. Sabía jugar, entendía el fútbol. Ser futbolista no significa que sepas jugar y él sabía. ¡Cómo desplazaba el balón. Tac, tac, tac... Y de lado a lado, el pibe. Lástima que se fuera a Italia tan joven y yo llegara a Madrid tan tarde. En la selección podríamos haber disfrutado más. A él le pasa lo mismo que a mí. En España me dicen que soy argentino y en Argentina que soy español y a él en Italia dicen que es español y en España que es medio italiano porque se quedó allí después de jugar". Luisito confirmaba con la cabeza. "De dónde voy a ser con el acento que tengo. Lo que somos realmente es dos ciudadanos del mundo..."

(Se llevaban nueve años entre ellos).

Se le escapó Cristiano Ronaldo

Debía ser septiembre de 2008 porque en ese mes la Selección jugó un partido en Albacete y la primera charla al respecto transcurrió seguro en esa ciudad. Compramos los periódicos, una buena costumbre de entonces, y salía una noticia sobre Cristiano Ronaldo. El portugués estaba todavía en el Manchester United. Luisito se puso serio. "Te voy a contar una anécdota que nunca te he contado. Pude fichar a Cristiano para el Inter. Estuve en su casa de Lisboa, en la parte nueva que se había levantado para la Expo. Estaban su madre, una hermana con su marido, una niña pequeña que no paraba de moverse y su representante de entonces que era Veiga, el de Figo, no Jorge Mendes todavía. Me puso sobre la pista un representante portugués con el yo trabajaba mucho y me avisaba de los jóvenes valores que salían en el país. Se llamaba también Jorge Mendes, pero no era el famoso. Cristiano tenía 16 o 17 años y jugaba en el juvenil del Sporting de Portugal. Fui a verle al estadio de Os Belenenses en Lisboa. El campo parecía un descampado. La verdad es que hacía cosas que no eran normales. Mi intuición me decía que allí todo el mundo sabía que ese chaval era diferente porque le pegaban patadas tremendas, se levantaba y lo volvía a intentar. Sacaba la cabeza a todos los de su equipo y a los contrarios. Regate, velocidad, centro. No había visto algo igual en mucho tiempo. Le vi otro par de partidos y cuando regresé a Milán le dije a mi presidente, nada menos que a mi presidente, Massimo Moratti, hijo de Angelo, el que me fichó a mi en los 60, que había que fichar a ese chaval sí o sí".

Cristiano Ronaldo con la camiseta del Real Madrid. Efe
Cristiano Ronaldo con la camiseta del Real Madrid. Efe

Contaba la historia con todo lujo de detalles, contrariado por no haber podido hacer realidad aquel fichaje. Se notaba que le dolió que se le escapase. "Pasaron seis meses y el jugador subió al primer equipo (2002-03) y jugó un amistoso en Vigo contra el Celta. Mes de agosto. Fui a verle. Todavía jugaba de extremo. Jugando él ya en Primera, al principio, fue cuando fui a verle a su casa de Lisboa. Creo que ya había cambiado de representante o estaba a punto de hacerlo. El Sporting no estaba bien de dinero y yo pensaba que con dos o tres millones de dólares se le podía fichar. Volví a hablar con el presidente y no hicimos nada. Esas cosas pasan en el fútbol. Fueron a seguirle también los puros miembros de la secretaria técnica del club, porque yo era como un consejero del presidente, y nada. Me decían que esperáramos un tiempo. Y la realidad era que Moratti me solía hacer bastante caso cuando le recomendaba un jugador. Se fiaba de mí. Dijo que había que verle más. El siguiente mes de agosto mismo (2003) se lo llevó el Manchester United, que había firmado un acuerdo de colaboración con el Sporting. En ese convenio se contemplaba un amistoso y después de ese partido fue cuando lo ficharon... Casi dos años después de haberle visto yo por primera vez. Me dio mucha rabia".

Siendo ya Cristiano jugador del Real Madrid, Balón de Oro y estrella 'megamundial', bastantes veces Luisito sacaba el asunto a pasear. "Estuve sentado con su madre . Te lo puede contar Jorge Mendes, mi amigo, no el otro. Hablamos en serio, incluso de dinero, pero en los grandes clubes suelen pasar estas cosas. Los presidentes, a veces, son un poco cobardes. La primera vez, le hablaba, claro, de un chaval que a lo mejor no había cumplido los 17, pero ya se veía que podía llegar donde quisiera. Era alto para su edad, tenía velocidad, técnica, regate... Como goleador despertó cuando pasó a jugar de delantero centro. Posiblemente tenía que haber insistido más en el club, ser más vehemente. Con el tiempo, lo hablamos con Moratti y estaba tan arrepentido como yo. "Si hubiéramos llegado a tiempo nunca hubiera sido caro. Aunque nos hubiera costado tres millones, esa cantidad era ridícula para el Inter. Hasta si hubiera salido mal, que no podía salir mal porque el chaval ya lo tenía todo, se le podría haber sacado un rendimiento económico más adelante. En meses su valor fue subiendo, subiendo y el Manchester ya pagó 17 o 18 millones de euros por él. Ferguson se fija en él porque su segundo es portugués, Queiroz, que es quien consigue el acuerdo de colaboración... pero yo lo había visto año y medio antes".