La llamada de Montse Tomé que quita el sueño a Cristina Martín-Prieto: "Ha habido veces que he dicho, me quito ya de la cabeza ir con la Selección"
La delantera del Benfica está triunfando en Portugal y sueña con estar en la próxima lista de las campeonas del mundo (17 de octubre).

Después de 30 minutos hablando con Cristina Martín-Prieto (14 de marzo de 1993), a una le queda una cosa clara: mataría por vestir la camiseta de la Selección.
La andaluza, que fichó por el Benfica este verano, no se perdonaría retirarse sin debutar con la absoluta (ya fue convocada con las categorías inferiores del combinado nacional, con la Sub-17).
- ¿Sentiste miedo a que se olvidasen de ti al irte de España?
- Pues sí. Pensaba, 'si no me llaman jugando en España, me van a llamar jugando en el Benfica'. Sí, totalmente. Además, que allí dan muchos partidos en abierto, pero en Portugal es más difícil. Aquí me van a ver menos.
- Porque Montse no ha ido a Portugal...
- Bueno, creo y tengo entendido que sí. Yo no la vi, pero me lo han chivado.
- Pues el 17 da la lista... ¿confías en estar?
- Así estoy (cruza los dedos).
Al Benfica le costó Dios y ayuda ficharla. "Me llamaba y yo todo el rato era que no, que no, le decía todo el rato que no a Carlota (su representante). Tuvieron que hacer tres llamadas y me convencieron en la última. Me costó, me costó muchísimo", relata desde su casa en Lisboa. Vive sola porque la tranquilidad es lo que más se busca, que diría aquel niño de la piscina de Teruel, y porque una se hace mayor.
"A ver, si es verdad que, claro, a mí me pintaban como que seguía teniendo fútbol. No es que yo haya venido aquí para retirarme, pero yo decía: 'Están ganando todo y yo vengo de equipos que vienen de luchar por la permanencia. No sé si encajaré. Además, pensaba si iba a valer o no. Si iba a valer fuera de la liga española", confiesa.
Vaya si vale. Cristina Martín-Prieto -Prieto, "la chica española" o "bicho", para sus compañeras de equipo- suma seis goles en liga y marcó otros cuatro en la ronda previa de la Champions. Allí se desempeña como delantera pura y el fútbol del Benfica le ha servido para darse cuenta de que puede jugar a más cosas. "Al final, el juego es, prácticamente, como el del Barcelona. Se suman todas para arriba. Muchas veces, tengo a mi alrededor a tres compañeras mías y digo, pero si tú eres lateral", se ríe.
Una circunstancia que la convierte en una jugadora más completa y que le dice que "ahora, sí". Porque en la vida deportiva de Cristina Martín-Prieto todos los caminos llevan a la Selección. "Creo que me podría adaptar al juego de España. O sea, yo también he visto que he crecido, que ya no soy sólo la que coge el balón desde el medio campo y se va peleando. Puedo leer más por dónde va la jugada. Y no tan bruta como iba siempre", reflexiona.
Antes de continuar, dos curiosidades. La del Benfica odia el gimnasio. "Aquí no me escaqueo ya. Lo estoy pasando mal con eso, ¿eh? Además, aquí se pensaban que iba y ya les he dicho que no. Además, me meten siempre en el grupo de las chicas que cogen más peso porque me han dicho que puedo levantar mucho. Pero es que no quiero, no quiero", bromea. El dato es relevante porque es uno de los grandes portentos físicos del fútbol europeo.
Otro: sus hermanos son del Betis a muerte. Cristina jugó en el Sevilla durante dos temporadas y nunca les pudo regalar una camiseta del equipo. Ahora, "tengo prohibido darles la roja del Benfica, quieren las otras", confiesa.
«Yo llego al mediodía y me dicen: 'Si quieres ir comiendo tú...'
Un sueño -el de vestir la camiseta de la Selección- que, de vez en cuando, se convierte en pesadilla. "Ha habido veces en las que dicho, 'bueno, me lo quito ya de la cabeza, intento que se vaya'. Porque, al final, me afecta. Yo decía muchas veces, '¿qué tengo que hacer? ¿por qué no?' Y volvía a decirme que me lo quitase de la cabeza, que me centrase en disfrutar. Pero me duraba ese tramo del día. Al día siguiente, ya me volvía a poner las botas y decir, 'mira, que dentro de dos meses hay otra lista y vamos a intentarlo'", reflexiona.
Nuestro relato guarda una pequeña trampa: Montse Tomé ya llamó a Martín-Prieto. Pero nunca llegó a debutar. Además, el asunto tiene su miga: la convocaron para la primera concentración tras el Mundial, en sustitución de Esther González por lesión. Sí, la del cónclave de Oliva, la noche que cambió para siempre el rumbo del fútbol español, la del 19 de septiembre. La jugadora del Benfica -por aquel entonces en el Sevilla- llegó al día siguiente.
"Yo llego al mediodía y me dicen: 'Si quieres ir comiendo tú, porque las chicas igual no vienen a comer, vendrán para la merienda'. Y yo... O sea, iban a cuentagotas. Algunas se levantaron a una hora, otras a otra. Es que creo que se acostaron, no sé si era a las seis por ahí", recuerda. "Pero, vamos, chapó. Todas conmigo con buena cara, con buena actitud, queriéndome explicar las cosas. Todos los días me preguntaban cómo estaba. Me sentí muy querida y arropada por algo que, al final, les estaba afectando a ellas y estaban como consolándome a mí", añade.
«Pellízcame, a ver si esto es verdad»
De hecho, a la exdelantera del Sevilla la llaman en "un parón de la charla que había". "Sí, en el descanso ese que hicieron", se asegura.
Cristina deseaba tanto, y con tanta fuerza, ir a la Selección que cuando recibió la llamada no supo qué hacer. "Me llama Amparo (la máxima responsable del Sevilla femenino), por la noche, sobre las ocho o las nueve, y me dice que si mañana tengo que hacer algo en Valencia. Y, claro, caigo en que allí es donde estaban ellas. Y ya empecé a temblar", recuerda emocionada. "Me quedo callada y Amparo todo el rato diciéndome: '¿Pero sigues ahí?' Le digo que si está hablando en serio y me dice que sí, que me va a mandar las cosas. Me mandó todo por Whatsapp y ya era un mar de lágrimas. No me lo creía, no sabía qué hacer, no sabía qué meter en la maleta. Estaba temblando, o sea, temblando, tuvo que venir Arola a mi casa y todo. Le dije: 'Ayúdame, porque no sé. No sé qué es lo que tengo que meter. Pellízcame, a ver si esto es verdad". Su ilusión contagia.
Pero Montse Tomé no volvió a contar más con ella y Martín-Prieto sigue esperando. Y si la llamada no llega, su familia estará al lado. "Mi padre guarda tanto lo bueno como malo. Tiene un cajón con mi nombre y ahí está todo. Habrá alguna que otra crítica que no me haya gustado. Pero la mayoría, al final, siempre han hablado bien de mí".
"El día que deje el fútbol, igual le echo un vistazo al cajón y diré: 'pues a este le tengo que hacer la cruz y con este me voy a tomar un café', bromea.