Florentino Pérez sabía cositas

Cuando nadie lo esperaba, con nocturnidad, en un lunes de junio que pintaba como uno de esos que desaparecen en la memoria como lágrimas en la lluvia, Mbappé hizo sonar el I got you babe de Sonny & Cher. Y volvió a despertarnos como a Bill Murray en aquella habitación de hotel de Punxsutawney. El actor encarnó a Phil Connors, un meteorólogo de Pittsburgh que acudía a la pequeña población de Pennsylvania para cubrir una tradición centenaria: el pronóstico de una marmota sobre la duración del invierno. Incapaz de volver a su casa por el mal tiempo, se ve obligado a pasar otra noche en el pueblo. Al despertar al siguiente día, a la misma hora que el anterior, confirma que todo sucede exactamente igual. Y al siguiente. Y al siguiente. Su condena es vivir en bucle en aquel 2 de febrero, el ya bautizado Día de la Marmota. La nuestra, asistir otro verano más a un culebrón que genera más pereza que entretenimiento.
Según L'Equipe, Mbappé comunicó al PSG, a través de una carta, su intención de no renovar su contrato hasta 2025. Una decisión que empujaría al club francés a plantearse su salida este mismo verano para poder recaudar dinero y no dejarle salir gratis en 2024. El guion de esta tragicomedia ya lo hemos leído y memorizado. Durante las próximas semanas se repetirán las siguientes escenas. Al paso dado por el francés le seguirá un encastillamiento del PSG, más guiños del jugador, la oferta del Real Madrid y pulsos con Al-Khelaifi, cuentas, tic tacs, ultimatums... Pocos asisten con confianza el asunto porque casi nadie se fía de un jugador que dio su palabra al club blanco y le dejó plantado, con la mirada de una liebre cegada por los faros de un coche.
De entre todos, el que ve con mejores ojos es Florentino Pérez. Sobre la ceguera del amor hay demasiada literatura. El presidente corrió un velo sobre el despecho ("este no es mi Mbappé") desde el instante en que recibió la disculpa del jugador por su comportamiento y, como publicó Relevo el pasado 2 de junio, fue recibiendo señales más que evidentes de que Kylian, con un punto de frustración tras verse otro año en la cuneta de la Champions, iba a tomar las riendas y hacer movimientos. Esto ablandó la situación e hizo a Florentino abonar aún más la reconciliación para alcanzar lo importante, como ha hecho muchas veces en su mandato (Zidane, Hierro, Raúl, Casillas…). Sabía cositas, que diría aquel. Es decir, si alguien piensa que se enteró de la noticia de la carta de Mbappé al PSG por las webs, está equivocado. Nada de esto le pilla por sorpresa.
Como buen ingeniero que es, tiene todos los planos en la cabeza. En los suyos se dibujaba un último Real Madrid con Benzema apurando su contrato para hacer de puente de plata a la llegada de Kylian. La marcha de Karim le cambió el paso. La intención de Florentino, desde que desenterró la idea de volver a por el astro galo, era no pagar ni un euro al PSG por el traspaso. Rascarse el bolsillo lo que fuera necesario para abonar una prima de fichaje y hacerse con él como agente libre. Después de la erosión acumulada en esta operación, la postura del Real Madrid es que se desgaste otro. Le toca a Mbappé ser la parte activa.
Como es muy sencillo tomar decisiones sentado en un sofá y con dinero ajeno, un servidor se ha sentado ya en su bancada: si se pone a tiro este verano, pagaría, lo ficharía y cerraría este cansino culebrón. En caso contrario, le abriría las puertas en 2024. Y sin ningún reparo. Leo y oigo comentarios en contra de la contratación, sin duda procedentes de personas colonizadas por el rencor. Mi argumento de defensa es que el rencor no conquista títulos. Y, además, es enemigo de la autoestima y de la categoría. Puede que todo esto sea de nuevo un teatrillo y que lo que se nos revela es un decorado de cartón piedra. Pero lo cierto es que el escenario es muy distinto al de años anteriores. Qatar ya no es inflexible a una venta, el Mundial ya es pasado, Macron tiene cosas más importantes en las que ocuparse y el Real Madrid cuenta con el cheque destinado al fichaje frustrado y el ahorro de varias fichas importantes (Benzema, Hazard, Asensio…) para hacerle hueco. La pelota está en las manos de Kylian.
Pese a un entorno veleta y traicionero, no hay razones más poderosas que las deportivas para ofrecerle la mano. Sus tics de estrella consentida son reconducibles en un lugar tan acostumbrado a los imposibles como el Bernabéu. En un equipo en el que se necesita más que nunca un Mbappé, Florentino debe ser el más Florentino de siempre. Más allá de sus caprichos e independientemente de sus declaraciones, la sola presencia del parisino en el campo modifica cualquier sistema defensivo, además de empoderar a sus compañeros en la idea de ganar a cualquiera.
Se comprobó en la final del Mundial. Con hambre es imparable. Aquel día sólo le falló un detalle: enfrente tenía a una divinidad. El delantero del PSG posee todas las cualidades para, con permiso de Haaland, levantar un reinado en la próxima década. Porque este es un jugador que no se puede explicar agarrando una ley natural, hay algo telúrico en él. Da tanto miedo como las buenas noticias, como un escrito decidiendo el futuro, como el Madrid remontando.
Madurar es olvidar algunas ilusiones y empezar a tener otras. Una vez perdido el Mundial y sin títulos en Europa, Mbappé ha actuado y ya suena el 'I got you babe'. La película, como las ofertas de renovación a Sergio Ramos, tiene fecha de caducidad. Tarde o temprano podremos escapar de Punxsutawney y la tortuga nos dirá que el invierno ya pasó y que se abre paso la primavera. Florentino está empeñado en eso. Veremos cuál es el desenlace.