FC BARCELONA

¿Qué puede aportar Ilkay Gündogan al Barça de Xavi?

El futbolista alemán llega al Barça para ser uno de los jugadores más importantes del equipo tras su mejor temporada con el Manchester City.

Ilkay Gündogan con la Champions League. /AFP
Ilkay Gündogan con la Champions League. AFP
Albert Blaya

Albert Blaya

La habitación ya no luce igual. El cuinadro que solía coronar la pared, antaño objeto de miradas furtivas, está ahora aparcado, enterrado en una esquina a la que ya nadie presta atención. ¿Y las cenas? Ya no son como antes. Para nada. Ahora se escucha el sonido metálico del tenedor, apenas se habla, y cuando se juntan dos frases, hasta tres, falta alguien que las conecte del todo. Es una habitación extraña que el Barça, que viene con el orgullo de ser campeón de Liga, pretende volver a recuperar con su inicial esencia. Ilkay Gündogan llega para volver a montar el cuadro, que las miradas se junten en el mismo punto de fuga, e impedir que las frases se caigan, juntándolas de forma infinita. Puede que la habitación nunca luzca igual, pero con el alemán, lucirá mejor.

Primero fue el Jürgen Klopp más vertical y volcánico el que modeló a ese centrocampista de base de la jugada con tendencia a jugar por detrás del balón, a recoglero y trasladarlo, un futbolista que contenía en sí mismo todas las posibilidades que se puedan imaginar a los 22 años. Aquel primer - y fantástico- Gündogan encontraba su hábitat en un equipo que pretendía llegar a Reus y Götze siempre en ventaja, y el pie de Gündo empezó a enseñar que era un cuchillo afilado. Y pulcro. Ambas cosas irían de la mano, en una mueca de burla, desafiando a aquellos que dicen que para ser pulcro hay que asegurar el pase y que ser vertical no va de la mano con el acierto sostenido. Gündogan ya conjugaba ambas acciones.

Después llegaría Pep Guardiola, mucho más tarde, encontrándose a un jugador de ritmo alto y de pases verticales, transformándolo en un futbolista holístico y con tantas caras como tiene el propio juego. Sería mediocentro algunos días, interior de posesión en otros y terminaría germinando su versión definitiva, la más letal, en un llegador que se haría con el trofeo al máximo goleador en el equipo campeón de la Premier League en 2021. Xavi recoge a un jugador que tiene en su fútbol la herencia de dos de los mejores entrenadores de este siglo.

La mesa de los mejores

El alemán no suele figurar en las listas de mejores centrocampistas de esta década y eso sucede en parte porque, fuera del foco Barça/Real Madrid, los centrocampistas más cerebrales han estado siempre menos laureados. Y es lógico. Aquí han estado Iniesta, Xavi, Busquets, Kroos y Modric, y el listón es inigualable, pero Gündogan es uno de los mejores jugadores de su generación, por nivel, genialidad y consistencia. El alemán es uno de los centrocampistas más precisos del continente en el pase y en el control, exceliendo en los dos apartados básicos de cualquier jugador que habite en esas zonas. Domina ambas piernas y se perfila correctamente, sabe convivir cerca de un mediocentro o entre líneas, donde los espacios ahogan. Es difícil catalogarlo, pues llega con mil caras distintas al FC Barcelona.

Como Gündogan es tantas cosas, la lógica nos lleva a pensar que Xavi podrá elegir cuál de ellas escoger para su Barça. Pero antes hay que aclarar algo, que es de perogrullo pero merece ser recordado: analizar partiendo de la base de que el nivel mostrado por el jugador en Manchester se replicará sin ninguna variación en el Barça es partir de un imposible. Guardiola es el mejor porque su gran poder consiste en mejorar a los jugadores, en redescubrir dimensiones nuevas y renombrar sus perfiles. El Barça y Xavi recogerán estos frutos, pero eso no significa que vayan a tener el mismo sabor.

Para analizar a Gündogan en Barcelona hay que tener en cuenta que el Barça es un equipo incompleto, por lo que el ex del City no viene a redondear la obra, sino a construirla. De ahí que su encaje y rol contengan muchísimas variables. ¿Le veremos más cerca de la base acompañando a otro jugador? ¿Será interior de posesión? ¿Se buscará que siga siendo un llegador?

La evolución de Gündogan bajo el manto de Guardiola es interesante, y refleja la esencia del centrocampista alemán, que es inclasificable, un molde en sí mismo que ha ido puliéndose y asumiendo nuevas pantallas como si en realidad ese paulatino ascenso en el campo fuese lo común. Y no lo es. Con la edad no se ha redefinido o asentado, sino que ha explorado horizontes lejanos, convirtiéndose en un jugador capaz de hacer muchas cosas y todas a gran nivel. El City de De Bruyne, Haaland o Bernardo siempre ha sido, en realidad, el que Gündogan ha serenado en la medular. Sin su pausa, el resto no brillan igual.

Este pasado curso, Gündogan firmó 53 pases por encuentro, la cifra más baja desde que aterrizase en el Etihad. Pero es algo gradual y que ha venido dándose las últimas temporadas. De los 77 que firmó en la 19/20, cada curso posterior ha ido descendiendo. Pep, en pro de construir una identidad defensiva mayor y con cada vez más presencia de un jugador extra por dentro, ha usado a Gündogan como elemento sorpresivo, aprovechando su capacidad intelectual para jugar a esto, que es altísima, atacando espacios liberados, recibiendo lo justo para que la jugada no pare y perfilando ataques a mucho ritmo. En cierto sentido, ha sido como si el Ilkay de Klopp pasase a jugar 20 metros más arriba y con una concepción más profunda del juego.

El Barça ficha a un centrocampista con gol. Más del que tiene en plantilla y de una mayor riqueza en el último gesto. Gündogan es un centrocampista que tiene tics y gestos de algunos de los mejores delanteros centro de siempre, controles e ideas que parece imposible que se le ocurran a alguien que ha hecho carrera lejos del punto de penalti. Pero los tiene. Y Guardiola, que es el mejor detectando lo que los jugadores llevan dentro y no saben cómo expresar, lo potenció. 17, 10 y 11 goles en las últimas tres temporadas cuando antes nunca había llegado a los dobles dígitos.

Gündogan controlando a la vez que gira sobre sí mismo con el tacón.
Gündogan controlando a la vez que gira sobre sí mismo con el tacón.
Gündogan dispara desde la frontal, batiendo a Mendy en su palo largo.
Gündogan dispara desde la frontal, batiendo a Mendy en su palo largo.

Gündogan es capaz de dibujar jugadas en las que su virtuosismo técnico marca diferencias. Pero su mejor virtud en estos últimos metros es algo que el Barça ha añorado esta temporada y que el propio Robert Lewandwoski señaló en una charla con el periodista polaco Tomasz Cwiakala en Youtube: "A veces tenía la sensación que jugábamos a balonmano y nos pasábamos la pelota de un lado a otro. Nos ha faltado cargar el área con más jugadores, llegar desde segunda línea". Y en ese apartado concreto, el alemán excede detectando zonas a atacar.

Gündogan iniciando el desmarque al espacio como jugador más adelantado.
Gündogan iniciando el desmarque al espacio como jugador más adelantado.

Cuando el City de Guardiola tiranizó Inglaterra usando el falso 9, juntando a muchísimo centrocampista a distintas alturas, además de un Cancelo como centrocampista extra, Gündogan entendió ese vacío en el punto de penalti como una frase sin punto final, algo inacabado que él rellenaría siempre con una cita mejorada y más acertada. Sin ser rápido, es listo. Sin ser potente, es ágil. Y ese cóctel de virtudes le afianzó como el mejor llegador del equipo, abriendo un universo de posibilidades desconocidas que el anterior Gündogan, un jugador relacionado con la posesión y el control, apenas había mostrado. No solo marca por genialidad, sino también por oficio.

Gündogan repite el control tras un pase de 40 metros, matando la pelota con la pierna zurda al vuelo.
Gündogan repite el control tras un pase de 40 metros, matando la pelota con la pierna zurda al vuelo.

Su nivel de precisión en acciones complejas es insultante. No es tan plástico como jugadores acostumbrados a vivir entre líneas como lo han podido ser Silva, Iniesta o Isco, pero su cuerpo esconde gestos de otro biotipo de futbolista. Y siendo un centrocampista que nació en la base de la jugada, con un talento innato para el control y el pase, siempre atesoró un giro limpio en zonas agitadas, como si quisese demostrar que en realidad es mucho más de lo que se dice. El Barça suma a un centrocampista que facilita acciones que requieren un nivel técnico de súper élite, alguien que calma posesiones alocadas, rebaja pulsaciones y agiliza cuando la jugada se embarra. Y todo a través de acciones técnicas finísimas. Tanto pasando, donde domina todo tipo de envíos con ambas piernas, como conduciendo, faceta en la que ha llegado al siguiente escalón en el City de Pep.

Para el Barça de Xavi, Gündogan representa una oportunidad. Los azulgrana son un estudiante aplicado pero tímido, que todavía necesitan una chuleta en cada examen complejo a modo de una falsa sensación de calma. Ilkay, con su enorme herencia y bagaje, es una mirada tranquila, un "todo irá bien". No hace falta repasar los apuntes cuando llega alguien que ya se sabe la lección. ¿Dónde usarlo? Porque para Xavi, Gündogan es una tentación, y partiendo de la base de que el alemán es muy bueno, no es eterno, y sus casi 33 años obligan a enfocarle en una tarea concreta.

Donde el Barça tiene más necesidades es en el último tercio. El equipo no ha tenido excesivos problemas para asentar su posesión en campo rival, pero una vez ahí los mecanismos han sido excesivamente previsibles y la creatividad ha justeado. Gündogan, sin tener el giro de Pedri, sí tiene la lectura, técnica y habilidad para dotar de un barniz más profundo el último gesto de los de Xavi.

Antes de recibir, Gündogan escanea su alrededor para colocarse justo a la espalda de Camavinga y ser receptor si recibe Haaland.
Antes de recibir, Gündogan escanea su alrededor para colocarse justo a la espalda de Camavinga y ser receptor si recibe Haaland.
Gündogan recibe rodeado, y aún así es capaz de inventar un pase de tacón.
Gündogan recibe rodeado, y aún así es capaz de inventar un pase de tacón.

A distancias cortas, es imbatible. Su físico está perfectamente adaptado para recorrer 15 metros de forma constante, apareciendo en zonas despejadas, afilando siempre sus intenciones pues en el fondo sigue siendo ese mediocentro que buscaba el pase vertical en Dortmund. Lleva dentro esa semilla. Pep no la cortó, sino que podó el árbol para que creciese en muchas otras direcciones. Ilkay es el tejo, el único árbol que crece al revés, de los futbolistas: de mediocentro pasador a interior llegador. Xavi, que cuenta con un prodigio como Pedri y un futbolista que compite más de lo que juega a sus 18 años, dispondrá de un jugador que enseñe a sus compañeros a correr poco, pero correr bien. Que en distancias cortas serán siempre mejores que en distancias largas.

Y el Barça llega, tras mucho tiempo, al punto que nunca debió abandonar. La misma habitación. Con la diferencia de que Ilkay sí sabrá rellenar silencios, unir conversaciones e intentar volver a hacer sonar al salón blaugrana de una forma parecida a la que lo hizo hace unos años: con la voz de un interior.