Y Messi decidió jubilarse antes de tiempo
Qué pena confirmar que Lionel Messi decidió jubilarse antes de tiempo. Siete meses después de haber ganado el Mundial, medio año después de haberle tapado la boca a millones de argentinos que durante años y años lo despreciaron como futbolista.
No hay que engañarse: jugar en el Inter de Miami equivale a una jubilación anticipada, él mismo lo da a entender. No es tan grave como Cristiano Ronaldo diciendo que la Liga saudí va camino de convertirse en una de las cinco más importantes del mundo, pero está a mitad de camino entre esa millonaria trampa de arena y lo que hubiese sido un sueño futbolístico: un Messi divirtiéndose y divirtiendo en una Liga que debió haber probado a lo largo de su extensísima carrera, una Liga que debió tenerlo y no lo tuvo.
Curiosa situación la de Messi, que cuando logró el sueño que persiguió toda una vida -ganar el Mundial con Argentina- se encontró apenas semanas después con que el Paris Saint Germain le ofrecía renovar cobrando menos de lo que cobraba, que el Barcelona le proponía regresar cobrando lo mismo que hace 15 años y que las otras dos opciones eran la Liga saudí o la MLS estadounidense. Y con que, entretanto, parte de la hinchada del París Saint Germain lo abucheaba.
Se fue a un club que no lo merecía, el PSG, y le costó hallar uno a la altura de quien es. No lo encontró.
Hay algo que evidentemente no se hizo bien.
Los románticos sostenían que la solución era el regreso al Barcelona, ese club del que nunca debió irse, ese lugar donde todo volvería a estar bien.
Lo cierto es que regresar al Barcelona era un error que afortunadamente no cometió. No tan grave como escapar al desierto por cientos de millones de dólares, diferente al de decidirse por una mansión frente al Mar Caribe, pero un error al fin.
No se trata de que el argentino no debiera regresar al Barcelona: es que debió irse mucho antes que en 2021. Debió irse años antes.
Ganar Ligas no le mueve el amperímetro a un jugador como Messi, que a nivel de clubes mide (¡medía!) su valía en la Champions. La última vez que la ganó fue en 2015, y en el Barcelona encadenó una serie de eliminaciones asombrosas, algunas de impactante patetismo deportivo en un equipo obsesionado con un guardiolismo que no podía sostener.
Messi y todos saben que nada cambió demasiado allí: corría el serio riesgo de regresar a Barcelona para no ganar la Champions, y quizás tampoco la Liga. Era la reedición de "Atrapado en el tiempo", pero con Messi en el lugar de Bill Murray.
Eso ya está resuelto: salvo un improbable regreso a Europa, no volverá a ganar Ligas y su carrera se cerrará con cuatro Champions. ¿Debió ganar más?
Su familia será feliz en Miami, y eso es importantísimo, porque no fueron fáciles los dos años en París. No solo por la antipatía de un sector del PSG, sino por el mal tiempo frecuente en la capital francesa, el frío (no sólo a nivel climático) y una vida de atascos que no se parecía en nada a la de Gavá. Messi, como cualquier ser humano, tiene derecho a privilegiar su felicidad personal, a cuidar y dedicarle tiempo a una familia que durante años puso por delante su condición de futbolista. Eso lo humaniza, eso habla bien de él.
Así y todo, la síntesis es familia feliz y fútbol triste. Más allá del crecimiento de la MLS y de la profesionalidad del Inter Miami, dejar Europa es una jubilación prematura. Ese paso se veía claro para dentro de dos años, en la recta final hacia el Mundial de Estados Unidos, para preparar y aceitar un negocio a varias bandas que beneficiará al club, a la MLS, al Mundial, a la FIFA y al propio Messi. Y, tras ese Mundial, jugar un rato en Newell's Old Boys de Rosario, un gusto que Messi quiere y debería darse.
Llamativo: así como en el campo de juego Messi fue imparable y terminó logrando todo lo que se propuso, fuera de él hubo decisiones estratégicas que lo instalan donde está hoy: "Quería irme del foco, salir de Europa y pensar en mi familia".
¿Un semi retiro? ¿Ya? ¿Precisamente él, el hombre que logró en el fútbol la que es quizás la mayor de las hazañas? Y no, esa hazaña no fue la de ganar el Mundial, sino algo mucho mayor: taparle la boca a millones de argentinos, ese pueblo irremediablemente convencido de que nadie sabe y entiende el fútbol mejor que ellos.
Es una pena que, por pasar demasiado tiempo en el Barcelona y por saltar atropelladamente al PSG, Messi no se haya dado el gusto de jugar en una Liga que siempre debió ser un objetivo para él: la Premier.
Y no, no se trataba necesariamente de jugar en el City de Josep Guardiola. Podía hacerlo o no. Se trataba de jugar un par de años en la Liga más dinámica, vibrante y atractiva de Europa. Una Liga competitiva que tiene mucho de lo bueno de aquel fútbol argentino en el que nunca jugó, pero casi nada de lo malo.
En el fútbol inglés, Messi se hubiera encontrado con aficionados que lo adorarían con devoción y con gradas que, a diferencia de la del Barcelona, cantarían desde el principio y hasta el final. Gente que no llegaría tarde al estadio ni se iría antes de que termine el partido. Se hubiera encontrado con un país en el que el fútbol es cultura y cosa seria, con estadios con historia, con equipos cargados de orgullo. Como en España, sí, pero diferente. Y sin comparación posible con lo que vivió en Francia. Se hubiera encontrado con un entorno para revivirlo futbolística y emotivamente. Miami le dará lo segundo, pero no lo primero.
Sí, en la Premier también se hubiera encontrado con mal tiempo, lejos de esas playas y del sol que él y su familia adoran y ahora tendrán a su disposición a diario. Pero Messi tiene un problema: solo él puede ser Messi, y con esta salida al Inter de Miami está renunciando a lo que aún podía ser y poniéndose a la altura de un Cristiano Ronaldo al que había dejado varias galaxias más allá tras el paso de ambos por Qatar 2022.
¡Es que con las decenas de millones de dólares que le ofrecen son cosas que harías tú también sin dudar!, suele ser la respuesta.
Sí. Yo, tú y todos aquellos que estén leyendo estas líneas. Pero no Messi, porque Messi es único, Messi es dueño de un tesoro, el de ser quizás el mejor futbolista de todos los tiempos. Tenía aún un par de años para cuidar del contenido de ese cofre. Podía darse el lujo de decir que no, que él no vende su esencia. La esencia de querer jugar siempre, la esencia de querer ganar siempre. Aunque Estados Unidos sea una potencia deportiva, aunque el trato con el que se va a encontrar será enormemente profesional, en la MLS no va a jugar al nivel que él puede. Y lo que gane será irrelevante. Si es que gana.
La responsabilidad sobre la leyenda de Messi solo puede ser ejercida por Messi.
¡Bueno, Pelé también fue a jugar a Estados Unidos!, podría argumentarse.
No, aquel Pelé y este Messi no tienen nada que ver, como tampoco lo tienen aquel Cosmos y este Miami, ni aquella Liga y esta MLS.
Lo de Messi a la Premier no era viable, es otro argumento. Ya no tiene la velocidad que supo tener, y una cosa es ganar un Mundial a siete partidos y otra rendir toda una temporada en una Liga. Por otra parte, tampoco había ofertas en firme.
Es una forma de verlo. La otra es entender que Messi podía jugar en el club que se propusiera. Siempre que se lo propusiera, claro. ¿No tiene ya el fútbol, no tiene ya el físico para semejante exigencia, no tiene el deseo? Pruebas más complejas ha atravesado, aunque es cierto que el de la Premier era un paso que debió dar hace años, cuando estaba en plenitud. Otra vez: perdió demasiado tiempo en un Barcelona sin rumbo.
Las playas de Miami implican, en cambio, que tras latir solo en el Barcelona y el PSG, el corazón de futbolista de Messi se adormece antes de tiempo, acunado por la modorra del trópico. Y nadie puede ignorarlo, comenzando por el propio Messi.