Raúl Ruiz, el escudero de Robinson: "Me llamó y me dijo: 'Lo siento, me han detectado un cáncer'. Lo sentía él, tiene cojones"
Recordamos a 'El inglés' tres años después de su fallecimiento con las anécdotas de su fiel escudero en 'El día después' y otras mil batallas en TV, el exfutbolista Raúl Ruiz.

El 28 de abril de 2020, en pleno confinamiento pandémico, un melanoma metastásico apagó una de las voces más reconocibles y carismáticas de la televisión en España. Ésa que hoy imita Raúl Ruiz (Logroño, 1964) en cada respuesta en la que habla por boca de Michael Robinson, cuando revive recuerdos con 'El inglés', la persona que le cambió la vida en 1996. "Lo había jugado todo en el Numancia esa temporada y quería seguir jugando, por supuesto, pero Michael me convenció. "Tú ya has hecho todo en el puto fútbol, tú ya no vas a hacer nada más". Digo: "Joder, vaya palo que me estaba metiendo el cabrón", pero me convenció y colgué las botas. Colgué las botas sin quererlo", reconoce el exfutbolista del Logroñés, Gandía, Girona y Numancia, entre otros clubes de todas las categorías del fútbol español por las que pasó este delantero reconvertido a extremo gracias a las "32, 33, 34 pulsaciones que tenía, como Induráin. Podía jugar dos partidos seguidos", asegura el riojano.
Los cuartos de final de la Copa del Rey 1995-1996 entre el Numancia y el FC Barcelona cuya previa inmortalizó, cámara en mano, en el césped del Camp Nou, fueron, sin saberlo, el primer reportaje de su carrera televisiva, en la que hoy ha tomado el legado de 'Informe Robinson'. 37 años después, está al frente de 'Informe Plus'. Tampoco sabía Raúl que un partido amistoso contra el Real Madrid iba a ser su último encuentro.
Las casualidades, anécdotas o quizá simplemente la vida (se) sucede en la carrera de Raúl y en esta charla, que acaba con un "qué pasaría si…" el Osasuna de Michael se impone a los de Ancelotti en la final de Copa del Rey el próximo sábado 6 de mayo en La Cartuja. "Michael lo reconocía: no siempre el mejor fútbol está en los grandes estadios". Raúl y el fútbol de barro que Michael no pisó nunca pero que les unió para siempre.
Raúl, es increíble cómo pasa el tiempo. Se cumplen tres años del fallecimiento de Michael. ¿Cuánto le echas de menos?
Mucho sería decirte poco. Le echo de menos, le recuerdo en muchísimos momentos de mi vida y siempre pienso: "¿Qué diría Michael ahora?" "Raúl, ¿qué coño haces?" -dice imitando a Michael-. Me viene mucho a la mente y lo tengo muy, muy presente. Y la mayoría de las veces lo recuerdo con una sonrisa. Me ha dejado ese regusto. Para mí ha sido un placer y una suerte poder conocer a Michael y haber trabajado con él. Estaré eternamente agradecido.
¿Cómo era Michael detrás de las cámaras? El Michael que tú has conocido de verdad, que es el que se conoce en los viajes cuando no esta la cámara delante, ¿verdad?
Claro. Yo, ya sabes, estaba jugando en el Numancia, el tema de la videocámara y la historia y él es el que dice: "Quiero fichar a este pavo". Entonces, a través de un amigo, me llama, y yo no quería... "Coño, tú ya has hecho todo en el puto fútbol, vente para acá", me pidió. Pero yo lo tenía como que un exfutbolista, que presentaba 'El día después' y ya está. Y cuando llego a Canal Plus me encuentro un tío que no era presentador, ¡sino que era el director!, y que era, digamos, la cabeza pensante de un programa que ha sido histórico en la televisión. Dices: "Hostia, este tío siendo futbolista tiene esa capacidad y esa inteligencia de ver las cosas. Sobre todo, con la mirada diferente que tenía. Este tío tenía que ser interesante". Y desde el primer día él, digamos, me acogió en sus alas.
Yo venía de otro fútbol, un fútbol más modesto, para contar otras historias, y comía y cenaba con él todos los lunes cuando era 'El día después', y así empezó nuestra relación. Hasta que él dijo: 'Coño, Raúl, tienes que venir a vivir a Madrid". Yo no vivía en Madrid, iba y venía, porque al principio cobraba cuatro duros, así de claro. Y ya tuvimos tal relación que dije: "Hostia, este tío es muy interesante". Y, sobre todo, lo que más me fascinó de él era la tolerancia. Era un tío súper tolerante. ¿A qué me refiero? No sólo conmigo, sino cualquier chaval que empezaba o cualquiera que venía con un reportaje o con una historia, él era súper tolerante. Y, sobre todo, lo que hizo muy bien conmigo es dejarme equivocarme, y ahí aprendes. Él lo está viendo, pero no te lo dice. Y te lo dice después. "Coño, yo pienso que tú tenías que haber ido por aquí". Para mí ha sido mi padre televisivo. La tolerancia que le he visto, aparte de su inteligencia, es lo que más me impactó.
¿Qué os convierte en inseparables, Raúl? ¿Cómo se genera esa química entre dos personas que pueden parecer, sobre el papel, de mundos tan diferentes? Porque, tú lo has dicho, veníais de un fútbol totalmente distinto.
El balón, Cristina, el balón. No es corporativismo ni una cosa generalizada, pero yo siempre digo que, dentro del mundo del fútbol, los futbolistas son lo mejor. El ambiente de vestuario, la camaradería que había... No sé ahora, ¿eh? Yo te hablo de mi época. Él decía: "Yo, coño, no he pisado en mi vida a un campo de tierra". Yo, sin embargo, todo lo contrario, era el mismo lenguaje. Y, además, él lo reconocía: no siempre el mejor fútbol está en los grandes estadios. Nos unió mucho eso, que hablábamos el mismo lenguaje. Él venía de un fútbol, el inglés, entre comillas, esa pureza, ese respeto tanto al rival como a los árbitros entonces, venía de esa cultura. Eso nos unió.
Lo que está claro es que aquel partido, aquella eliminatoria ante el Barça, y Michael, a ti te cambiaron la vida.
A mí, por supuesto. Fíjate, por entonces hablaba con un excompañero y muy amigo mío, Quique Yagüe, y me decía: "¿Qué vas a hacer cuando termine el fútbol, Raúl? Vas a tirar de un carro". Porque yo soy delineante, Técnico especialista en Edificio y Obras ponía mi título. Pero, claro, era delineación de los de antes, de escuadra y cartabón, Rotring y demás. Había que ponerse al día si yo me quería meter en el mercado. Que nadie me iba a contratar porque yo terminase el fútbol con 30 y tantos años y no tienes ni un solo año de experiencia en lo que tú has estudiado, así que date por jodido. O sea, tienes que dedicarte o a algo relacionado con el fútbol o como ya tenía encauzado todo el tema de venta de seguros, eso era lo que tenía en mente. Me surgió lo del Numancia, que yo no iba tampoco pensando en nada, simplemente lo hice para divertirme. Iba grabando, yo grabé de todo, lo iba comentando, pero para tener un documento nosotros de algo histórico. Y después, surgió que les gustó.
Cuando a mí me llaman, me suena a chino. "No, tú coge la videocámara, vas, grabas una historia, vienes, la montas y la presentas". Y digo: "¿Pero qué dices, tío? Que yo soy un exfutbolista". Decía: "¿Pero esto qué es?" Imagínate. Sin ningún estudio de Periodismo, de imagen, de realización, de nada. Entonces, decía: "¿Pero esto cómo es posible?". Primero, que confíen en eso en mí. Y luego, yo, si voy a ser capaz de hacer eso. Pues me lié la manta a la cabeza. Si el reportaje salía, cobraba; si no salía, no cobraba. Como mucho podía hacer cuatro reportajes al mes, que eran cuatro lunes, y cobraba 50.000 pesetas por reportaje…
300 euros.
…y descuenta lo de autónomos. O sea, yo me la jugué. Ni comparación a lo que ganaba en el fútbol, pero me la jugué y empecé a pensar historias. Mi primer reportaje, me acuerdo como si fuera ahora. Un entrenador que había tenido yo en el Girona, que murió hace poco, Xavi Agustí, al que le quería mucho. Es el entrenador más tramposo que he tenido.
¿Tramposo por qué? ¿Qué hizo?
Tramposo de listo. Por ejemplo, entrenando al Bañolas en Girona, cuando quería suspender un partido, abría las compuertas. Entonces, inundaba el campo. Cosas así. Acortaba las bandas... Yo en la ficha figuraba con el 12, pero realmente jugaba con el 11 en el campo por si me sacaban amarilla y estaba apercibido y nos estábamos jugando el playoff. Si se daba cuenta el árbitro, tú le decías: "Joder, del 11 al 12, coño, nos hemos equivocado". Cosas de ésas. Pero todo eso me lo contó a cámara, a mi videocámara. Eso fue un bombazo. El primer reportaje que hice fue de siete minutos en 'El día después'. Y así fui avanzando, fui avanzando, fui aprendiendo.

Porque ahora todo el mundo tenemos móvil con cámara, pero entonces era la típica cámara con una cinta y la batería, cambia la batería, cambia la cinta. Y me dicen: "¿Has grabado recursos?" Y yo: "¿Recursos? ¿Cómo recursos?" "Que sí, joer, cuando tú grabas una entrevista necesitamos algo para cortar la entrevista, necesitamos que grabes un plano de escorzo o un corto de manos, un plano de ojos…" "¡Nos ha jodido mayo con las flores! Yo qué sé". Que si grababa a contraluz, salía negro. Todo eso lo fui aprendiendo. Hice un máster de redacción, realización y cámara. Lo hice todo. 'El inglés' me dijo en una de ésas: "Coño, Raúl, tú has inventado 'Mi cámara y yo' y 'Callejeros viajeros'". (Se ríe.) Estamos hablando del 96. Así empecé, y la verdad que no me arrepiento. Hubo una época que dices: "Bah", como que no estaba muy contento, decía: "Para mí no es esto de la tele", y me quise ir para Logroño. Pero ahí me volvió a convencer, y hasta ahora.
¿Te volvió a convencer Michael?
Sí, porque yo tenía una niña pequeña, quería irme a Logroño con mi familia, porque vivir en Madrid no era lo mismo. No tenías a la familia… Y me dijo: "Coño, ¿y qué vas a hacer, montar una frutería?" (Se ríe.) "Pues no lo sé". Me volvió a convencer y ya cogimos ritmo… y hasta ahora. Hice muchos proyectos con él. Acabé presentando 'El día después' con él.
Que te convenciera esa segunda vez tiene su aquel, pero la importante fue la primera, porque tú realmente estabas en activo aún y es Michael quien te convence de que dejes el fútbol por la tele, de que cuelgues las botas. Dejaste el fútbol por Michael Robinson.
Claro. Ten en cuenta que yo puedo ser mejor o peor futbolista, pero lo que tenía era que físicamente era muy fuerte, resistía. Podía jugar dos partidos seguidos. Me acuerdo en Logroñés, cuando nos cogían las pulsaciones, me las tenían que tomar otra vez porque tenía 32, 33, 34... como Induráin. Cuando corría, podía doblar a mis compañeros. Y lo hacía. Tenía mucha resistencia. Por eso yo empecé de delantero y acabo jugando de carrilero. Para mí era un chollo subir y bajar la banda, la subía y la bajaba cuarenta veces. Y yo, a mi edad, que tenía 30 y tantos años, estaba bien. De hecho, lo había jugado todo en el Numancia esa temporada y quería seguir jugando, por supuesto. No sé si en el Numancia o en otro equipo, pero Michael me convenció: "Tú ya has hecho todo en el puto fútbol, tú ya no vas a hacer nada más". Y digo: "Joder, vaya palo que me estaba metiendo el cabrón", pero me convenció y colgué las botas. Colgué las botas sin quererlo.
Vaya tela.
Mira, mi último partido, Cristina, tiene narices. Mi último partido de la historia. Habíamos jugado esa temporada toda la Copa del Rey, habíamos jugado contra el Barça, y deciden a final de temporada que como habíamos jugado con todos estos, que viniera el Madrid para terminar, porque Míchel se iba a México. Colgaba las botas en el Real Madrid y se iba para México. Era como una especie de homenaje. Entonces, mi último partido fue contra el Real Madrid. Ahí colgué las botas, sin saber que iba a ser mi último partido.
Ahora que hablas del Madrid. Se acaban de cumplir 35 años del mítico golazo de chilena de Hugo Sánchez en el Bernabéu contra el Logroñés. Ese momento lo viviste tú en el césped, ¿cómo fue?
Sólo nos faltaba aplaudir. Es que Hugo era tan plástico y tan, tan bueno... Recuerdo que una temporada fue Pichichi marcando 35 goles, creo, a un solo toque. Eso no ha vuelto a pasar. Ni un control. O sea, pam, todos a la primera. El mexicano era buenísimo. En aquella época tuve la suerte de ir a estadios, de enfrentarme a Schuster, por ejemplo. A Futre en el Atleti. Pero lo de Schuster, además, se lo dije una vez. En el Marca, creo, salió los futbolistas que más cobraban y los que menos cobraban. Entonces, salía una foto mía y una foto de Schuster en Primera División. El que menos cobraba era yo y el que más cobraba era Schuster. Sólo he salido al lado de él por eso, tío. (Se ríe.) Era buenísimo. Eso se lo enseñé también 'al inglés' y se descojonaba.
'El inglés' para ti, para mucha gente muy próxima a él pero, ¿a ti él te llamaba de alguna otra forma cariñosa?
No, él me llamaba Raúl -dice imitando a Michael, con acento inglés-. Siempre me decía: "Raúl, tú bailas en un alambre, tío. Y si te caes para aquí, para allá, pero tú haces equilibrios. Puedes ser el tío más educado y el tío más macarra a la vez".
Fue un pionero en la televisión, porque ahora hablamos mucho de Joaquín y sus tablas o los exfutbolistas que comentan en televisión, pero él, como decías, presentaba, dirigía… Fue un pionero. Y ahí te sumaste tú.
Totalmente. Michael trajo otra mirada, esa flema inglesa. Él ya venía de ver televisión, de ver series, tenía muy interiorizado lo que era el mundo de la tele, lo que a él le gustaba. Y él fue el que dice: "Oye, coño, si la cámara está mirando para allá, ¿qué pasaría si la giramos y en vez de al campo enfocamos a la grada, a la gente? Y ahí nace 'Lo que el ojo no ve', que todavía existe. Es algo que Michael tenía.
Y luego recuerdo que salíamos al principio con traje y corbata en 'El día después'. Y él decía: "A ver, Raúl, es que nosotros vamos a mostrar imágenes de gente en la grada, de uno cayéndose, de uno metiéndose el dedo en la nariz, de lo que sea, y tenemos que respetar eso", como diciendo "la imagen es importante, vamos a hablar, no vamos a salir aquí (se reclina en la silla) con una camiseta y con una cerveza y tal". Esa es la visión que tenía también Michael de eso. Lo mismo que decía: "No me expliques los vídeos en plató. Para eso está el vídeo. El paso no puede durar mucho, con diez segundos me das paso al vídeo. No te enrolles de que has estado, no has estado... No, no, no, pam, pim, pam y entra el vídeo. Y después del vídeo si quieres hablamos".
Sabía de tele.
Hombre, claro, claro. Eso lo tenía... Es un tío con el que aprendía mucho. No sólo yo, hay muchas generaciones que han aprendido de Michael. Luego, con 'Informe Robinson', toda la gente que estuvo con él aprendió de él porque es que era un maestro. Era un maestro.
"Era un exfutbolista pero un maestro de la televisión"
¿Cuántas anécdotas habéis vivido juntos?
Muchas, muchas. Pero, fíjate, estuvimos bastantes años presentando 'El día después', pero luego se truncó porque nació Cuatro. Vino 'Maracaná' y lo quitaron. Luego renació, pero Michael… Ahí lo pasó muy mal. Cuando lo quitaron es como si le hubieran cortado un brazo. Era su niño. Después renace con 'Informe Robinson' y se vuelve a sentir bien porque hace algo que le gusta. Nunca trabajé en 'Informe Robinson' porque él decía: "Yo no quiero que tú hagas 'Informe Robinson' porque tú eres tu propia marca, tío. Tú eres tu propia marca". Empecé a hacer 'El fútbol según Raúl', a hacer documentales de historias y demás, y él me decía: "Coño, Raúl, es que tú, nosotros, en 'Informe Robinson' contamos la historia de fuera hacia adentro. Y tú, cabrón, nos la cuentas de dentro hacia afuera. Porque la gente confía en ti. Es que te ven buena gente. Es que tú eres el poli bueno", me decía. Lo tenía muy claro. Decía: "Yo no quiero que estés conmigo, quiero que tengas tu propio producto". Y, ahora estoy haciendo 'Informe Robinson'. Bueno, ahora se llama 'Informe Plus', pero lo que es la vida. Pero lo que te decía…
Sí, las anécdotas.
Tuve la suerte en ese periodo de presentar un programa que se llamaba 'Caos Fútbol Club'. Eso ha sido lo más maravilloso que he hecho con Michael. No me lo he pasado más bien en mi vida. Yo te digo que ese programa es lo mejor que he hecho en la tele. Para él era una novedad inmensa conocer el otro fútbol, conocer equipos de regional, vestuarios, campos, ir a entrenar de noche, de los problemas, que no cobran, que tal, que no sé qué... Ver todo eso in situ, porque lo puedes ver en la tele y vídeo, pero vivirlo, que lo vivió, yo le veía su cara y disfrutaba mogollón. Porque él se sorprendía. Decía: "¿Pero esto cómo puede ser? Qué valor tiene esta gente". Y empezó a valorar eso. Y ahí hemos vivido muchas, pero muchas anécdotas. Estuvimos dos años, estuvimos en pueblos por ahí, por Extremadura...

Recuerdo que yo tengo una calle que lleva mi nombre en un pueblo en Extremadura, se llamaba Garbayuela. Fui a hacer un día un reportaje, por lo que sea les caí bien y decidieron ponerle mi nombre a una calle: Paseo del Deporte Raúl Ruiz, que va, como la vida misma, desde el único bar en el pueblo, pasa por el colegio, el campo de fútbol y termina en el cementerio. Todo el recorrido. Y fuimos a hacer un "Caos" allí, al equipo del pueblo, que se llama El Pedrusco. Y fuimos Michael y yo, estuvimos allí una semana con ellos y él estaba empeñado, hablando con el alcalde: "Joder, ¿y por qué no me ponéis aquí una plaza o algo?" Fue buenísimo, tío, toda la semana de cachondeo. Me gustaría alguna vez poder hacer un recopilatorio de toda la gente que visitamos, y equipos que visitamos, porque yo sigo en contacto con gente de entonces. Qué visión les quedó de la visita de Michael a sus pueblos, a su equipo, porque estoy seguro de que la gente se quedó maravillada.
Maravillada y entiendo que también impactada. Yo sólo lo vi una vez en persona, Raúl, coincidimos en una unidad móvil en el parking de Mestalla, estaba con Carlos Martínez y con Maldini, nos saludamos, y confieso que me impactó muchísimo. Y mira que yo soy grande también, pero ese hombre tan alto, tan grande, con su traje, su gabardina… Me sorprendió muchísimo.
Sí, es que físicamente, imagínate, era un delantero centro rompedor y tenía una planta que aunque no sepas quién es, tú le ves entrar en un restaurante o en un local, y te quedas mirando. Te quedabas mirando, porque Michael imponía, pero luego en las distancias cortas te ganaba. Era súper agradable, con una conversación fluida, te podía hablar de política, de cultura, de cualquier deporte, de música, que le encantaba. La verdad es que en las distancias cortas te ganaba. Pero ojo, si se enfadaba era muy malo enfadándose, pero muy malo, que dices tú: "Si me coge, me mata". Tenía también ese pronto que si tú, por lo que sea, le has cabreado por algo y tal, no, no, no controlaba.
¿Por eso era el poli malo?
Lo del poli malo lo decía porque, evidentemente, a mí me daban tres o cuatro veces menos la vara que a él. Tú vas a los sitios, que es la primera vez que le ven, y la gente quiere estar con él, y le hablan y tal. Además, él me lo había dicho: "Raúl, nosotros vivimos de la gente que da al mando y nos mete en el salón de su casa, entonces, no podemos mandar a tomar por culo a nadie, tenemos que aguantar. Si tú un día estás cansado, que no aguantas a la gente, te tienes que ir, ¿sabes? Te tienes que ir". Pero a veces él tenía, con educación, ironía. Me acuerdo de una vez que en un restaurante, en un pueblo, viene un señor, estamos comiendo y le dice: "Michael, no quiero molestarte pero, ¿te importaría hacerte una foto conmigo?" Entonces Michael dice: "Coño, ¿y si no quieres molestarme, por qué me molestas?" Y yo me pongo en el otro lado y digo: "Hostia, a mí me hacen eso…" Yo intento siempre suavizarlo. Era muy irónico, entonces decía: "Que es broma, jaja, tal, no sé qué…" Cuando se iba, decía: "Tú vas siempre de buen chico, cabrón". Sí, joer, las he vivido, las he vivido.
Hablamos de tus anécdotas con Michael, Raúl, pero en tu carrera futbolística también tienes unas cuantas.
La verdad es que he vivido tantas cosas en el fútbol que mucha gente me dice: "¿Por qué no escribes un libro?" Cumplí el sueño de jugar con el equipo de mi ciudad, el C.D. Logroñes, en Primera División. De ascender de Segunda B a Segunda A, a Primera División y jugar en Primera División. Era como cerrar un círculo. Y luego ya sí que empecé, como tú bien dices, a dar vueltas. Cuando ya no renové en el Logroñés, tenía ofertas de equipos de Segunda, pero en Segunda B estaba el Gandía que pagaba mucho dinero entonces, y ha prescrito también -vuelve a dirigirse a la cámara-, pero era dinero en mano, vamos.
Yo recuerdo llegar allí, darme el dinero e ir con el dinero aquí (hace el gesto de llevarlo bajo el brazo) por la playa de Gandía, que es enorme, y yo con todo el talegón aquí y diciendo: "Buah, si supiera la gente la pasta que llevo aquí, igual me atracan". Te hablo de pasta, 3 millones de las antiguas pesetas (18.000 euros), que era mucho dinero.
No te has aburrido, no.
Pero antes de todo esto he estado en muchos equipos sin cobrar. En Palencia, que desapareció después. En agosto ya no cobrábamos. En pretemporada hubo gente que ya se fue, que en Navidad se fue y nos quedamos once sólo. Y ahí las he vivido de todos los colores. Me acuerdo que estábamos entrenando, no cobrábamos, estaba todo embargado, el campo se llenaba porque era una Segunda B fuerte. Venía el Barça Atlético, venía el Salamanca, el Figueras, el Pontevedra, el Alavés... Equipazos. Y teníamos todo embargado.
Y un día vienen unos tíos con traje, con un maletín y todos estábamos entrenando en La Balastera, en la vieja Balastera, y... "que vienen a pagarnos". Buah, todos ilusionados. Y empezamos a oír dentro del vestuario a nuestro encargado del material, que le llamábamos 'El tortas': "¡Hijos de puta, la camilla no, auxilio, auxilio!" Y todos entramos y estaba agarrado a la camilla 'El tortas', y dice: "¡Llevaros las camisetas, las botas!" Venían a llevarse todo. Estaba embargado todo y venían a por las camisetas, las botas, la camilla… Y a nosotros nos ves, que salíamos en el periódico, con las botas en la mano para jugar el domingo, con las camisetas… Pero es que de repente entra un camión al césped con unos operarios, se suben a las torretas de la luz y se llevan los focos. Ya no pudimos entrenar ni jugar de noche. Se querían llevar el césped. Ahí el míster intercedió: "Por favor, que entonces ya estamos acabados y no podemos jugar". Y así fue mi año en Palencia, que estuvimos todo el año sin cobrar y cobré a los cuatro años el 40% de lo que me debían.
Qué desastre.
Lo que más me duele en esto es que cuando tú estás fuera de tu casa y estás ocupando un piso, me jode no poder pagarle al casero, porque yo no sé sus circunstancias, si la señora o el señor necesita el dinero. Que yo, porque no me paguen, no le pueda pagar, no me parece justo. Yo decía: "Lo que más me pone colorado es no poder pagar la casa".
Entonces, un directivo me dice: "Ah, si es por eso, no te preocupes, yo te dejo un piso que tengo mío, libre de gastos. Para ti, amueblado". Bueno, entonces la cosa cambia. Si no tengo esos gastos y tal, me quedo. Y me dice: "Sólo te pido un favor, que me rellenes unas quinielas a la semana". Entonces digo: "Buah, eso está chupado. No pasa nada. Relleno las quinielas". Llega la primera jornada y me dice: "Pasa por la oficina -que tenía una inmobiliaria-, pasa que tengo las quinielas aquí preparadas". "Ah, vale, vale". Y hace pum (hace el gesto de poner algo sobre la mesa) y me saca un taco de quinielas así en una bolsa. Y le digo: "Ah, son las de todo el año". "No, son las de esta semana". Y le digo: "¿Pero cómo las de esta semana?" "Sí". "¿Pero cuántas hay?" "2.720 quinielas". Cuando se rellenaban cuatro columnas con dobles y triples de X, no como ahora. (Se ríe.) Cuatro columnas, 2.720 quinielas. Yo me iba a tomar algo con los compañeros y me llevaba las quinielas, porque iba rellenando mientras estaba con ellos. Me quedaba hasta las dos de la mañana rellenando quinielas. Así todo el año.
Pero, ¿cuánto tiempo tardabas y cuánto dinero se gastaba este señor cada semana?
Te voy a decir, entre 300 mil y 400 mil de las antiguas pesetas (entre 1.800 y 2.400 euros). Pero él me dijo que sus primeros 8 millones de pesetas los ganó en las quinielas. Y es verdad. O sea, igual perdía una semana 100, ganaba 200… Con esa cantidad de triples, de dobles, de columnas que había no podía perder mucho, invertía pero no perdía. Eso sí que es verdad. Ahora, yo me tiraba horas y horas porque, además, no me daba todos los resultados de una vez. Me daba cuatro, cuatro, cuatro... Iba estudiando los equipos, quién arbitraba, qué lesionados había…
Te salió caro ese alquiler, ¿eh?
¿A mí? Vamos. Me decía mi amigo Quique: "Nano, te vas a dejar la vista. Te vas a volver loco con tantas X". Bueno, bueno, eso en Girona se descojonaban, se descojonaban. Todo eso he tenido que vivir (se ríe), entre otras cosas, y eso me ha dado mucha experiencia (sigue riéndose). Ya no he jugado a las quinielas en mi vida. No he jugado a las quinielas en mi vida.
Volviendo a Michael, a la televisión, al que imitas continuamente cuando hablas por él. Entiendo que su voz y muchos recuerdos con él te vendrán tantas veces a la cabeza…
Cuando hablo de él me sale su acento. "Coño, Raúl". ¿Qué hubiera dicho Michael? "Coño, ¿por qué haces esto, coño?" Siempre me sale ese acento. Y tengo muchas anécdotas y lo hemos pasado muy bien. Una vez le gané una apuesta. Estábamos comiendo y salió la conversación de fumar, porque Michael fumaba mucho.
Y entonces me dice: "Coño, Raúl, ¿tú nunca has fumado?" Y le digo: "Sí". "¿Ah, sí? Coño, ¿cuándo?" Y digo: "Yo empecé a fumar con 5 años y lo dejé con 10". (Empieza a imitar los aspavientos de incredulidad de Michael). Llamamos a mi madre y se lo confirmó. De niño, sabes que fumabas porque te hacías algún cigarrito, o en la feria lo sacabas. Que no te tragabas el humo ni nada, pero era lo prohibido. Íbamos ahí a escondidas. Hasta que se enteró mi padre y me dejó fumar. Que eso fue un acierto. Dijo mi padre: "¿De verdad quieres fumar? Fuma, después de comer. Venga, fuma". Y eso ya me quitó el rollo, y lo dejé, porque esto no mola. Desde los diez años no fumo, Cristina. Michael no daba crédito.
Dices que Michael fumaba mucho y me va a venir tristemente bien para ligarlo con su enfermedad, aunque su cáncer no fue de pulmón sino de piel. ¿Cuándo sabes, cómo te enteras de que Michael está enfermo?
Pues mira, Michael era tan buena gente y tan amigo de sus amigos, que a mí me llama y no sabía cómo darme la noticia. Entonces, quedamos a comer y lo primero que me dice es: "Lo siento, Raúl, te tengo que dar una mala noticia". O sea, lo siente él, tiene cojones. Y dice: "Lo siento, Raúl, tío, me han dicho que tengo cáncer y es un cáncer muy malo, es un cáncer de... tiene cojones, un cáncer de piel", decía. "Yo pensé que iba a ser por fumar, por beber, pero, fíjate, de piel". Y yo no daba crédito. Yo me quedé en estado de shock, porque me decía, porque ahí sí que lo vio muy negro: "Es que me han dicho que es de lo peor que hay, y además lo tengo extendido, tío". Y yo no daba crédito a cómo lo decía. Fue un palo.
Pero, ¿qué pasó? Que durante ese proceso Michael iba muy bien. No dejó ni de trabajar. Estaba perfectamente, entre comillas, físicamente. Y comíamos… Siempre decía: "Coño, he encontrado un médico que es Messi, tío. Éste lo sabe todo. Éste es el Messi de la Medicina". Y recuerdo una vez que, ya después de tiempo, estábamos comiendo y empieza a fumar y a fumar y a tomarse su gintonic, que le encantaba. A él no le afectaban. Yo me tomaba tres y estaba muerto. Él se tomaba diez y estaba tan bien. Entonces yo le digo: "Michael, coño, pero ahora con cáncer, ¿no tienes que cuidarte? Fumar, beber…" Y me dice: "A ver, Raúl, a mí el médico me ha dicho que lo peor para el cáncer es el estrés, y a mí no fumar y no beber me estresa". (Se ríe.) Era un puto crack, era un crack. Era de otra pasta, es que se ha ido por la puerta grande. Pero iba muy bien. Es que todo iba perfecto y comía mucho. Había decidido alquilar una casa en Marbella para estar cerca del mar y cuando no trabajaba se iba ahí con Cris, con su mujer, y joder, parecía que todo iba bien. Pero recuerdo como si fuese ahora mismo el Liverpool-Atlético de Madrid. Fue el último partido que él comentó.
Yo, viendo ese partido y escuchando el partido, dije: "Coño, ¿qué le pasa 'al inglés'? Está torpe". Porque Michael si tenía algo es que era el más ocurrente del mundo, tenía el chascarrillo adecuado, el comentario adecuado. Para mí ha sentado cátedra, es el número uno Michael comentando partidos. Además, él te decía: "Raúl, cuando lo que vayas a decir no mejore el silencio, no digas nada. No digas nada, porque esto es 'picture'. Lo está viendo la gente. Lo está viendo. No tienes que comentar cada cosa que pasa porque lo ve la gente. Tienes que aportar algo que no ve la gente y eso te lo da tu experiencia en el césped. Pero si vas a decir le ha dado con la derecha, le ha dado con la izquierda, qué buen pase, no digas nada". Y yo le noté torpe. Terminó el partido y le llamo. No me coge. Le vuelvo a llamar al día siguiente y no me coge. Entonces, llamo a Ricardo, a Ricardo Sierra, y me dice: "La verdad es que no, yo le he visto bien. Hacía mucho frío y estaba como tiritando. Quizás eso. Es verdad que ha ido a saltar la vallista del campo y casi se cae…" Y yo: "Qué raro". Pero lo que más me llama la atención es que no me cogía el teléfono ni me respondía.
Entonces ya a los tres, cuatro días, me llama. Y me dice: "Raúl, te tengo que dar una muy mala noticia, tío. Hasta aquí he llegado. Ya no hay nada que hacer, tío". Y lo mismo: "Lo siento mucho, pero no hay nada que hacer". "¿Pero, cómo?" Entonces, él me explica que estando de vuelta de Liverpool en Marbella, estando con Cris, con su mujer, cenando, intentando leer la carta, no es que no viese la letra, es que no le salían las palabras. Se quedó en blanco y se fueron al hospital. Allí le hicieron un scanner y me dice: "Raúl, mi cabeza ahora mismo es como si me hubieran derramado un vaso de Lacasitos. Pues todo eso son tumores". Así de explícito, así de claro me lo contó. "Todo eso son tumores. Ya no hay nada que hacer". Y encima, para más putada y más inri, la pandemia. Nos pilla en pandemia. Y Michael muere en pandemia y encerrados en casa. Eso ha sido una putada, coño. Eso fue una gran putada. Una putada. Pero ya te digo, se ha ido por la puerta grande, con ese humor... Yo sé que ha vivido, ha vivido bien, ha hecho lo que le ha gustado y ha disfrutado mucho de la vida. Ha dejado ahí su legado. No sólo yo, mucha gente, no es que haya dependido de Michael, le ha enseñado Michael y ha aprendido de Michael. Muchas generaciones, y eso siempre lo recordaremos, claro.
Sin duda. Y cuando él te da esa noticia y le ves con ese humor, pero tú sabes que tu amigo se va a morir…
Yo lo tengo clarísimo…
¿Qué le dices? ¿Os da tiempo de despediros?
No, es estado de shock, en blanco. Y te quiero. Y lo que dices es algo que ni te crees tú. Que dices: "No, Michael". Porque tú te rebelas. "No, Michael, no, de verdad, que ya verás como sales adelante. Como antes. Esto también te lo han dicho antes, vas a salir adelante" Pero ni tú mismo te crees lo que estás diciendo. Y él menos, claro, pero él te deja hablar para que tú te desahogues. Y luego lo que sí que hacía era -porque eso me lo dijo Liam, su hijo- mandarle vídeos de chistes. Eso sí que estuvimos ahí un tiempo, porque yo le decía a Liam: "Pero si no lo va a ver". "Sí, sí, tiene un momento que lo ve y está lúcido y le hace ilusión". Entonces, le mandaba chorradas, chistes y tal. Cosas, nada, para romper el hielo y más que nada para saber que estaba ahí, porque ni podías ir a verle ni podías nada. Eso ha sido una putada, una putada. Y ya… esperando el desenlace. Y cuando ocurrió, pues sí, tienes ahí el arrebato, pero lo que digo, al final, terminas con una sonrisa porque lo que has vivido con él es tan bonito y tan, tan, tan grande que no puedes estar triste." Estoy triste por no tenerlo ahora en el día a día, porque es que es maravilloso en el día a día, pero bueno, eso es así. Y recordarlo siempre. Recordarlo siempre.
"La mayoría de las veces recuerdo a Michael con una sonrisa"
Cuentas que por la pandemia, evidentemente, no pudisteis participar en ningún tipo de sepelio, de despedida pero, ¿tú has hecho algún tipo de homenaje después o no?
El día que murió Michael me tomé dos gintonics. Yo en casa, solito. Y es más, en la radio les decía: "Me estoy tomando un gintonic. Éste es mi homenaje a Michael y así lo quiero recordar, con una sonrisa, como era él". Y, posteriormente, cuando ya salimos del confinamiento, se estrenó su 'Informe Robinson' póstumo, y ahí ya nos reunimos todos, la familia, los hijos, Cris, los amigos... Brindando por él. Y ésa fue un poco la despedida y el homenaje. Pero, vamos, el homenaje que yo le hago a él es continuo. Siempre.
Absolutamente. Qué triste y qué bonito al mismo tiempo, como que el último partido que vivió en su vida fuera en su Anfield, con su Liverpool. La vida…
Lo que es la vida, lo que es el destino. Lo mismo que te decía antes yo de que mi último partido fue contra el Madrid sin saberlo, pues esto es lo mismo. Que el último partido de tu vida, comentándolo, sea en Anfield, en tu estadio, donde tú te has ganado la Copa de Europa, has sido feliz y con tu gente... Macho, que sea el último y tú no sabes que va a ser el último. Y que el destino haya querido eso... Buah, ha sido como cerrar el círculo. Cerrar el círculo.
Dices "cerrar el círculo" y pienso en la final de Copa entre el Real Madrid y su Osasuna también. ¿Cómo estaría viviendo Michael esta final?
Sería la leche. Sería la leche, porque es que cuando fallece Michael, si mal no recuerdo, el Liverpool o gana la Premier o gana la Champions (gana la Premier 30 años después). Y ahora ver a Osasuna, al que le tenía muchísimo cariño, aunque tuvo un momento de impás, pero no con Pamplona ni con Osasuna ni con la afición, sino con alguno de los directivos que había antes, pero que siempre le ha tenido un cariño... Es más, mira, aquí tengo su libro, uno de sus libros (lo enseña), que dice: "Es lo que hay" y está con un pañuelico de San Fermín, y la boina. "Es lo que hay", decía Michael. Pues ese cariño que le tenía a Osasuna, ahora, viéndole en la final, que igual hasta la comentaría, fíjate si sería feliz.
Tú que piensas en qué diría Michael en determinadas situaciones, Raúl. ¿Qué mensaje, qué le diría Michael a Jagoba Arrasate de cara a la final?
Yo creo que Michael diría: "Coño, Jagoba, coño, nos has traído a una cita histórica, tío. Aquí lo que hay que hacer es sacar el orgullo, el orgullo navarro, el orgullo osasunista. Y sobre todo, dar buena imagen. Y que se note que hemos estado. No somos menos que nadie. Aunque perdamos 6-0, pero que se note que hemos estado. Que no pases aquí de soslayo. Pon tu impronta, que es un poco lo que nos pasó a nosotros con el Numancia. Pon tu impronta, y si te meten cinco, te han metido cinco, pero que se vea que tienes tú tu idea. Nuestro orgullo se tiene que mostrar y tenemos que hacernos notar". Eso es lo único que yo creo que le importaría a Michael. Luego ganar o perder es otra historia.
Si gana Osasuna, te tomas otros dos gintonics en su memoria, ¿no?
Por supuesto.