REPORTAJE RELEVO

Cómo De la Morena superó a José María García: su estilo "paleto", el humor y las broncas épicas

Relaño, Iñigo Markinez, David Alonso, Pedro Morata y Carlos Bustillo dibujan el perfil periodístico de José Ramón de la Morena.

David Alonso, Carlos Bustillo, De la Morena y Florentino Pérez./
David Alonso, Carlos Bustillo, De la Morena y Florentino Pérez.
Cristina Bea

Cristina Bea

"Lo diferente funciona y, si es bueno, dura", afirma el periodista Alfredo Relaño, padre de  El Larguero  y "como un hermano mayor" de un José Ramón de la Morena a quien puso al frente del programa radiofónico de la SER que acabó con la hegemonía de José María García, con quien llegó a coincidir tres meses en su llegada a la emisora.

Si hace unos días pulsábamos la memoria de excompañeros de García, hoy lo hacemos con algunos de quienes vivieron con el de Brunete el ascenso del programa que llegó a ocupar portadas y audiencias históricas, con más de millón y medio de oyentes al otro lado "de la obra de teatro" que escenificaba De la Morena.

Además de Relaño, Iñigo Markinez, David Alonso, Pedro Morata y su inseparable Carlos Bustillo, "sin que el de la Morena habría sido un 30% menos de lo que fue", asegura Morata, nos transportan a finales de los 80 y principios de unos 90 que cambiaron el panorama periodístico nacional, no sólo por la competencia con la que se topó García y las artes "de dudosa ética" que desarrollaron unos y otros, sino por la llegada de las televisiones privadas y el éxodo de periodistas que propició que jóvenes becarios se abrieran hueco en los medios tradicionales.

"José María vivía para trabajar y José Ramón trabajaba para vivir" (David Alonso). "José Ramón logró destronar al Messi o al Cristiano Ronaldo de la época" (Pedro Morata). "Ha sido un referente. La historia se lo reconocerá, no sólo como el hombre que destronó a García en audiencia, sino como alguien que cambió también la forma de hacer los programas de radio y de concebir el deporte" (Carlos Bustillo).

Pero no todo es jabón, ni mucho menos. "Cuando se ponía burro, me cago en su puta madre", recordaba Markinez alargando el resoplido. Todos tuvieron que contenerlo muchas veces desde que De la Morena se puso al frente del micrófono nocturno en 1989 hasta su jubilación en Onda Cero en 2016. "Las broncas de García son épicas, pero las de De la Morena…"

Brindis el día que De la Morena ganó por primera vez a Jose María García.
Brindis el día que De la Morena ganó por primera vez a Jose María García.

Alfredo Relaño

  • 1988-1990 | Cadena SER
  • 72 años | Dos con De la Morena

"Él era un reportero que iba a los partidos y era uno de los tres que hacían el programa local. Lo alternaba con Roberto Gómez y con Manolo Lama. Si había baloncesto, lo hacía Lama; si Roberto Gómez quería pegarle un palo a Beenhakker, lo hacía Roberto; si no, De la Morena. Estaban ahí. Eran todos de una edad parecida, muy jóvenes, estaban empezando. Entonces yo vivía con una chica. Comía en casa y cuando lavábamos los platos poníamos el programa, y cuando lo hacía De la Morena se reía ella mucho. Y a mí eso se me quedó. Digo: 'Joder, si gusta también a las mujeres…', porque a ella no le importaba nada el deporte", rememora Alfredo Relaño de aquellos finales de los 80, cuando él aún trabajaba en El País y comenzó a vislumbrar posibilidades de futuro con aquel periodista que despertó su olfato.

"Me quedé con ese cante y cuando me contrataron para la SER como de jefe de Deportes, le puse a hacer fijo el programa de las tres, que fue un éxito acojonante, en la temporada 88-89. El programa era sensacional. Estaba Paquito González, que tenía una beca con Caja Madrid. Lo teníamos ahí camuflado, porque no querían que entrara; no por nada de él, sino por ahorrar personal. Como veían que yo lo quería meter, estaban muy atentos a antena para que no saliera, y a lo mejor salía con un nombre supuesto cuando iba a Vigo a hacer Carrusel. Un tío cabrón que había allí, que no quería. Perseguía lo que llamábamos entonces las 'espaldas mojadas', que eran los que van entrando en las redacciones poco a poco de meritorios", refresca Relaño.

"Fue un año sensacional. Ese mismo año yo fui preparando a la gente para que el programa de la noche lo hiciera De la Morena. Es que cuando llegué yo a la SER no había programa de la noche. Se fue García, lo estuvo haciendo un tiempo Brotons y lo habían abandonado. El único programa nacional que había era uno como de ocho a ocho y media de la tarde. Media hora sólo, y además eso estaba muy mal montado. A lo mejor, porque a un publicitario de Cuétara le gustaba el balonmano, tenía que haber diez minutos de balonmano todos los días, imagínate. Durante un año, porque no quiso más, lo hizo Julio César Iglesias, que estaba haciendo La Ventana por la tarde. Le gustaba el deporte y somos muy amigos, y le pedí ese favor para abrir el hueco, porque tenía mucho prestigio personal. Y mientras, durante ese primer año, De la Morena se prestigió mucho con el programa de las tres. Entonces ya, el año siguiente, ocupó el espacio de la noche. Que no todo el mundo quería, porque tiene ese estilo tan personal, y le gusta hacerse el paleto y hablar paleto y tal. Pero yo conté con la complicidad de Augusto Delkáder, que se había de El País allí también -fue el que me convenció para ir y llevar los deportes-, y se fio", rememora el fundador de El Larguero, aunque ni el nombre ni la sintonía fueron cosa suya, sino de De la Morena y "sus cojones".

"El Larguero es de José Ramón. Me acuerdo que en verano quedamos un día, cuando ya estaba todo aprobado, quedamos un día para ver cómo se llamaba. A mí se me ocurrieron un montón de nombres, fui a verle con una lista como de diez nombres, y él tenía otra. La tercera opción -las demás no las recuerda- era El Larguero, y a mí me encantó lo de El Larguero, porque me parecía que es definitivo, en determinada cosa, y también "larguero" de largar. Me gustó mucho. Es un nombre de él. Me gustó mucho menos, fíjate, la sintonía. Ahí discutimos, porque me parecía que era como burlándose de la gente, pero él se impuso por sus cojones. Por sus cojones me dijo que tenía que ser. Fuimos a desempatar con Delkáder, y Delkáder le dio la razón a él. No es que fuera una cosa así de un desempate dramático, pero fuimos a consultarlo con él, y a Delkáder le pareció muy bien. La verdad es que luego fue un éxito", asume tan resignado como satisfecho Relaño.

Ahí empezó El Larguero. Era 1989. "Entrábamos Lama, Paquito González, Segurola, así como en tertulia. Estaba Damián González. Él siempre cuando hacía señal, entrábamos y opinábamos", recuerda el periodista, que en la primavera de 1990 se marchó a Canal Plus y siguió colaborando dos veces por semana en el programa, sobre unos comienzos fulgurantes y que supusieron un cambio de tercio en el panorama radiofónico nacional que llevaba lustros dominando García. "El Larguero va progresando y llega el momento en que salta la banca y adelanta al Butanito. Se ha muerto ahora Azuara, que entró después de haberme ido yo e intervenía un poco como brazo derecho informativo de De la Morena. También tenía a Bustillo, que siempre fue su gran productor. Y Azuara, como Butanito, había trabajado tanto en la SER y estaba ahí guardados todos sus programas y él tenía grabado todo lo que decía García, se dedicó a escarbar en contradicciones de García. Cuando García hacía o defendía una cosa, él encontraba que hace año y medio estaba diciendo todo lo contrario. Iba contraponiendo y ahí empezó la persecución, empezó la guerra", delimita Relaño como origen de las desavenencias públicas y enconadas.

"García se enceló. Entró a combatir con de la Morena. Pensó que lo iba a acobardar, porque es lo que había hecho siempre con todo el mundo, porque García era muy de imponer el miedo. Como le oía tanta gente, te daba miedo, se ve. Pero De la Morena es muy bravo, muy valiente y, además, no tenía nada que ocultar. Lo más que le podía decir es que era bizco. Le decía: 'Vizconde de tal y cada pueblo tiene su tonto…' Ahí empezó ya la pelea feroz aquella", relata.

Una guerra con dos bandos que pugnaban con el protagonista y la noticia por bandera, lo que les generaba un sufrimiento en forma de presión que Relaño desmiente, o cuanto menos, rebaja notablemente. "Les gustaba, te voy a decir. Al que no le gustaba, no lo hacía. Disfrutaban… Luego, los protagonistas, se alineaban un poco. Clemente estuvo completamente al lado del Butanito. Pero los que estaban de soldados, estaban de soldados encantados. Yo no estaba dentro, pero estaba en primera fila, estaba en barrera. Como he sido el hermano mayor un poco de todo aquello, siempre estaba atento, me preguntaban cosas, me decían. El más camorro era Azuara, y De la Morena, pero los demás también. Paquito, Alcalá, Gallego, todos estaban encantados", eso por el bando de la SER.

Por el otro, "no los traté tanto, los he tratado después y no sé exactamente cómo se vivió, pero de nuestro lado", retorna Relaño, "había la sensación de estar en la causa justa, de que el Butanito era un chantajista. La sensación que existía era que se estaba haciendo una guerra jodida, pero una guerra necesaria, casi una guerra santa. No sufrieron, te digo yo que no sufrieron", insiste. "Y si alguno había que no tenía la convicción o el ánimo, pues no cuajaba", asegura el exjefe de Deportes de la SER y creador, también, de El Día Después, en octubre de 1990. Él fue quien puso en marcha el emblemático programa, quien decidió que se pusiera también delante de las cámaras Michael Robinson y quien reconoce que la pareja De la Morena-Robinson no cuajó en la radio. Aunque también se intentó, y duró "dos temporadas".

"A mí siempre me ha tenido un poco como hermano mayor. Yo ya no trabajaba dentro, ya hice mi película con Canal Plus, pero en Canal Plus le ayudábamos mucho", reconoce Relaño. Le ayudó cuando, por ejemplo, "yo empecé a sacar pancartas de "Butano, enano, debajo de El Larguero" o algo así que alguien la puso una vez en el fútbol y lo grabamos para 'Lo que el ojo no ve'. Empezó a ser abundante y, además, ahí se fabricó a Robin. Estuvieron un tiempo, no estuvieron muy a gusto, pero Robin era una buena cara para ponerle al lado, porque Robin tuvo un éxito fulgurante. Era el segundo año de Canal Plus, el tercer año de El Larguero. Se empezó a hacer publicidad en los periódicos, De la Morena con Robinson, porque era una cara que enseguida… Es que Robinson caía muy bien. Fue una cosa fulminante. En el campo de Betis tardábamos en atravesar la explanada de adelante, que son 30 o 50 metros, 45 minutos. La gente se lo comía. Y ellos dos no colaboraron muy bien. No encajaron. Robinson no entendía eso, no entendía nada. Nadie fuera de España lo entiende. Nadie entiende que haya una radio que a las 12 de la noche esté todo el mundo oyendo la radio. Ten en cuenta que venía de un país donde los suyos ya a las diez y media están dormidos. Aunque él era trasnochador, pero eso tal. Y luego ese coro ahí, uno como de paleto, el otro no sé cuánto, el acordeón, Manolete diciendo fichajes que nunca se van a hacer… Y él también era jocoso, pero no encajó en ese equipo. No se llevaron mal, pero no encajó. No le veía sentido a aquello", asegura el doble creador y descubridor. "Eso es lo que se me ha dado (bien) a mí siempre. Si hubiera sido apoderado de toreros, o de futbolistas, me hubiera hecho rico. No soy rico todavía", dice también jocoso el periodista.

A lo que siempre le vio sentido Alfredo Relaño fue a la apuesta por De la Morena, aunque "yo no pensaba que íbamos a ganar al Butanito. Ni sí ni no. La idea era tener un buen espacio de deportes en la SER a las doce de la noche y una buena programación de deportes, en general. El Carrusel Deportivo no se había hundido todavía, se seguía haciendo y no se había hundido tanto, pero eso no existía. Yo quería que hubiera una programación deportiva buena, original, que fuera distinta, y me parecía ese tío ideal para hacerlo, fantástico, como fue. Pero yo no recuerdo que mi idea ni la idea en la casa fuera: "Vamos a ganar al Butanito en tres años o en seis años", porque eso parecía como conquistar Estados Unidos. Sí sabías que iba a haber un rock-up, porque el Butanito es muy tirano, es muy dictador. Y, además, las radios propician la pelea, más que los periódicos. Primero, hay un tema inevitable. Si el Madrid le mete tres goles al Bayern de Múnich, que los ha metido Santillana, pues Santillana a la mañana siguiente puede ir al Marca, puede ir al AS, le hacemos unas fotos, le hacemos una entrevista y no pasa nada. Pero esa noche o está en el Butanito o está en otra radio. Y eso acaba en broncas. Que si "entro a las doce y a las doce y media me sueltas", pero lo tienen secuestrado hasta la una y cuarto…".

Relaño y De la Morena, en Las Ventas en junio de 2007.
Relaño y De la Morena, en Las Ventas en junio de 2007.

Las broncas se recrudecieron y acabaron en guerra. El vocabulario bélico hace terna con García y De la Morena en cada charla. También en ésta, en la que Relaño encuentra hasta un Estalingrado. "Yo creo que el gran acierto de José Ramón en ese momento y el Estalingrado del Butanito fue Perico Delgado. José Ramón se hizo muy amigo de Perico Delgado, y el Butanito atacó a Perico Delgado. Perico Delgado ganó el Tour y ahí el Butanito se quedó descolgado. No decía el Reynolds, decía el equipo navarro; quiso poner a España contra Perico y eso es imposible, porque Perico tenía mucho encanto y todo el mundo le quería. Y ahí fue donde le torció la mano. Ahí Butanito fue perdiendo pie y aquello coge auge, y bueno, fueron unos años fantásticos".

Relaño tiene muy claros los puntos fuertes de De la Morena, los porqués de su éxito, que a la postre fueron los de aquel El Larguero. "Las cosas que yo vi, esencialmente, son las siguientes: yo entiendo que lo diferente siempre funciona, y si es bueno, dura. Entonces todo el mundo hacía el Butanito, todos imitaban al Butanito, y éste traía un periodismo más alegre, también con denuncia, pero más alegre, más de buen humor, sin tanta tragedia. Todo lo demás eran copias del Butanito, que eran peores. Luego fueron copias de José Ramón, porque si te fijas, Abellán, que salió después, era del Atleti, gastaba bromas, hacía no sé qué… Y, luego, yo le veía que era muy tenaz, que tenía mucha inteligencia, tenía mucha agudeza. Y, además, que llegaba exactamente a la otra mitad de la humanidad, que son las mujeres. Porque tenía un estilo, cuando hacía unas entrevistas así, próximas, íntimas, eran buenísimas. Y, también, se conformó en torno a él un equipo muy bueno de gente que sabía todo y manejaba todo. Pero lo que vi, sobre todo, fue la originalidad y la tenacidad, o sea, el atrevimiento, que no se le ponía nadie por delante, porque, oye, al fin y al cabo tú sabes que se iba a enfrentar con el Butanito", enumera.

La entrada de público en la sede de la SER en Madrid, en Gran Vía, también cambió el devenir del programa. José Ramón y la radio se acercaron al público, y viceversa. "Entraba un montón de gente. Me acuerdo que yo discutía con Delkáder cuando yo todavía estaba ahí, que ya entraba gente, y querían poner un límite. 'Que entre todo el mundo ahí, joder, cuanta más…' Es que no cabían dentro. 'Pues que estén en la redacción, que estén ahí'. Yo pensaba que cuanta más bulla, mejor. Y había cola en la calle, simplemente, para entrar ordenadamente, no es que se colaran. Para entrar en el ascensor, que entras de cuatro en cuatro y aquello eran ocho pisos. Y luego con la Vuelta a España, yo ya estaba de colaborar externo, se empezó a hacer en los teatros de por ahí, en los pueblos. Se alquilaban los teatros y era una maravilla. Unos llenazos espantosos, unos llenazos de cojones, y los chavales cantando, cuando salía Manolete era un jolgorio… Fue un tiempo glorioso", rememora Alfredo Relaño.

De la Morena, a la izquierda del todo, e Iñigo Markinez, a la derecha del todo.
De la Morena, a la izquierda del todo, e Iñigo Markinez, a la derecha del todo.

Iñigo Markinez

  • 1987-2016 | Cadena SER
  • 59 años | 29 con De la Morena

Relaño muestra una cara muy amable de De la Morena. Fue quien le descubrió "en su cocina", quien le puso al frente de El Larguero. Apenas coincidieron dos años codo con codo. Aunque conoció "sus cojones", no fue destinatario de las conocidas broncas del de Brunete, como "hermano mayor suyo" que era, pero Iñigo Markinez, jefe de Deportes de la Cadena SER en el País Vasco, las tiene más que presentes. "En antena no tanto, pero a veces te pedía cualquier cosa y no se conseguía... Lo notabas en la forma de despedirte. Decías: 'Joder, en cuanto acabe el programa voy a tener la llamada de este señor, me va a montar un pollo del doce'. Y sí, eran pollos. Te llamaba su secretaria: 'Hola, Íñigo. Soy Pepi, te pongo con José Ramón'. Y ya estabas diciendo: 'A ver por dónde me cae, porque por algún sitio me va a caer', recuerda Markinez, quien refiere ese carácter del conductor, sobre todo, en lo que él califica como "una primera etapa" al frente de El Larguero. 

"Yo creo que la primera parte, ya cuando consigue el récord de audiencia, superar a José María García y mantenerse ahí, son momentos muy complicados. Trabajaba mucho y le veía nervioso, pero muy responsabilizado de defenderlo. Que no te digo que esté mal, pero ahí era más complicado. En esa época no había ni teléfonos móviles ni hostias, entonces, te pedía un protagonista y tenías que volverte loco, buscando en el listín telefónico, la hostia, yendo a su casa, a la puerta de su casa. Yo recuerdo una bulla que me cayó a mí del diez. Fue en el 2000, en mi primera Vuelta a España, mi primer año de ciclismo. Acabo la carrera de la Vuelta a España y me llama él preguntándome por una compañera que habíamos metido. Coincidió con los Juegos Olímpicos, con Sydney 2000. Estábamos con muy poca gente en la carrera, gente que se había marchado a cubrir los Juegos, y necesitábamos gente, y yo metí a una compañera de San Sebastián para que siguiera a un corredor. Yo estaba en el aeropuerto, me llamó y me cayó una bulla… Pero no te puedes hacer ni idea. '¿Quién cojones es esta chica? Me lo ha preguntado el director general, no sé qué…'. Bueno, bueno, por no haberle informado. No pasaron tres minutos y me vuelve a llamar, y digo: 'Joder, espera, ahora viene la puntilla, ahora ya me mata'. Yo iba a hacer sólo ciclismo ese año, el 2000, y lo primero que me dice es que cuenta conmigo. 'Quiero que hagas todos los años y lo primero que vas a hacer es subirte mañana lunes al despacho de tu director a pedirle aumento de sueldo. Y si tiene algún problema, que me llame'. O sea, en cinco minutos. Ése era José Ramón de la Morena", le define Markinez.

También lo hace así: "Primero, ha sido un tipo muy, muy exigente. A mí lo que me gustaba es que predicaba con el ejemplo, porque yo decía: 'Cómo un tío que tiene el futuro asegurado, porque es una estrella de la radio, está todos los días o casi todos los días a las cinco de la tarde para preparar el guion'. Joder, no sé, las estrellas trabajaban de otra manera, pero éste es un tipo que ha predicado con el ejemplo. Él ha currado mucho y ha hecho currar mucho a la gente". Segundo, "para mí es un fenómeno de la radio. Es un tío que revolucionó toda esta historia de la noche".

La risa sale de nuevo a escena. "Toda la gente de mi generación y mayores hemos escuchado a Butano toda la puta vida, y la verdad es que llega un tío nuevo que te hace reír… Sales del curro de mala hostia con el jefe, que no te ha salido bien el programa, que mañana tienes un día jodido y llegas a casa, la hostia, cansado, te metes a la cama y escuchas El Larguero con De la Morena y te ríes, pues yo creo que esa forma de hacer radio revolucionó absolutamente el panorama radiofónico, te iba a decir el deportivo y de la noche, pero no, no, yo creo que revolucionó el panorama radiofónico. La gente empezamos a cambiar a José Ramón; todos no, pero una mayoría, hasta conseguir el liderato de audiencia, porque era un fenómeno. Para mí fue un fenómeno del periodismo a la altura de José María García. Yo creo que es uno de los grandes de la radio. Te pones a mirar y García, De la Morena, Gabilondo, Del Olmo y poquito más. Fue un escándalo aquella época, cómo cambió la forma de hacer radio, del mal rollo, de los mismos enemigos de siempre, del insulto y tal a una forma diferente de hacer radio mucho más amena, mucho más divertida. Joer, es que te reías, merecía la pena", recalca Markinez.

Los "cuatrocientos y pico" kilómetros que separan Madrid de Bilbao o Bilbao de Madrid son uno de los motivos por los que Markinez apenas rozó fricciones con De la Morena y con el resto de compañeros en la lucha por el protagonista y la audiencia, sólo en las Vueltas Ciclistas a España que compartieron, donde "la competencia sí era tremenda". "Venía José Ramón, cogía el inalámbrico y se ponía en una parte de la meta y justo enfrente estaba Butano con el inalámbrico de su emisora. Y bueno, bueno, era... Te hacía señas para que siguieras. Daba por el culo lo que pasara después, lo importante era lo que estábamos haciendo allí y, sobre todo, mientras estuviera Butano, nosotros más, y mejor. Era exigente y duro de cojones", revive el periodista vasco.

Lo que sí pudo constatar en la distancia fue cómo las formas de De la Morena le acercaron al pueblo llano en base a un "paletismo" que resultaba cercano y amable. "Sí era de pueblo y, yo te digo, él tenía mucha información, pero igual no entendía mucho de deportes o de algunos deportes. Y entonces se las daba de paleto. Pero él lo reconocía. Decía: 'Yo soy un paleto, yo soy de pueblo, de Brunete'. Y lo hacía muy bien, la verdad, es que lo hacía muy bien, pero se rodeada de gente que sabía de qué iba el tema. Y eso yo creo que le impulsó mucho por la noche. Con esa forma de hablar, de paleto, rodeado de buena gente, para mí hizo un programón conducido de puta madre".

Las risas, su perfil "paleto" -luego trataremos con Morata y Bustillo cómo de impostado y fructífero fue ese aspecto- y su carácter a veces "complicado. Cuando se ponía burro, me cago en su puta madre. Yo he tenido una relación complicada en el curro muchas veces, pero siempre le he visto un tipo cercano" son características que hablan de De la Morena en boca de quien le ha conocido de cerca en el trabajo. También lo es la generosidad. "Yo tengo noticias de compañeros que han sufrido, algunos, gravísimas enfermedades de los hijos; otros, que han tenido problemas gordos físicos ellos, y José Ramón no sólo ha llamado al médico de turno, el mejor de la especialidad, de no sé qué hospital y tal, sino que encima ha puesto la pasta. Y eso yo creo que le ennoblece. Luego se le cruzaba el cable y no había Dios que lo aguantara, pero eso es para tener en cuenta", recalca Markinez.

El jefe de Deportes de la SER en el País Vasco no duda en delimitar el cambio de actitud en De la Morena. Antes hablaba de una primera parte en busca del liderato. Conseguido, llegó la competencia titánica. Y a partir de "2003, 2004, se relaja bastante y la relación con todos los compañeros es mucho más no voy a decir cercana, pero es mucho más normal". He aquí su porqué, no de poco peso. "Yo creo que la retirada de Butano, fíjate lo que te digo. Desde la retirada de Butano él se relaja bastante, en la SER se encuentra a gusto, hay un momento en el que no hay competencia. Luego sí comienza a surgir cuando se produce el trasvase de gente de la SER a la COPE, pero por los programas que surgen en un principio hasta el 2010, hasta ese año, es un José Ramón muy tranquilo, sin tanta presión. Y esa presión que ya no la tenía él, lógicamente, ya no nos la trasladaba a los currelas", reflexiona quien optó por continuar en la SER a pesar de una llamada de De la Morena para marcharse con él a Onda Cero en 2016. "Yo tengo que agradecerle mucho. Él siempre me decía: 'Tienes que hacer los partidos de la Selección'. Yo decía que no tenía el perfil de la Selección. Y me decía: 'Tienes que hacerlo, porque tú eres voz de Carrusel, voz de la SER. Ay, Íñigo, que nos lo vamos a pasar bien'", le dijo sin éxito pero con agradecimiento mutuo.

De izquierda a derecha: Iniesta, Alonso, Etoo, Messi, De la Morena, David Alonso y Bustillo.
De izquierda a derecha: Iniesta, Alonso, Etoo, Messi, De la Morena, David Alonso y Bustillo.

David Alonso

  • 1992-2021 | Cadena SER y Onda Cero
  • 53 años - 29 años con De la Morena

Fueron Edu Pidal, Carlos Bustillo y David Alonso quienes se marcharon de la SER a Onda Cero con José Ramón de la Morena en 2016. "Conocí a José Ramón antes que a mi mujer, fíjate lo que te digo. Estuve con él veinticuatro años en la SER. Entré en el 92, de prácticas, y ahí estaba Lama, Paquito González y De la Morena, que dijo: 'Estos son los nuevos polluelos que vamos a desplumar este verano, ¿no?' Y digo: 'Hostia'. Para mí fue muy impactante, porque yo me identifiqué desde el principio con su estilo diferente, original", y luego cinco en Onda Cero, hasta que se marchó. 'Abuelo cebolleta' soy ya también", dice sonriente David Alonso, que califica de "satisfacción enorme" sus años del lado del periodista madrileño, con el que vivió grandes experiencias profesionales. Algunas, al límite, en muchos sentidos.

"Para mí García era un pontífice en su púlpito. A mí eso no me gustaba. Fue una época, él marcó un estilo, es indiscutible, y eso se acabó. Pero escuchar a un tío hablando sobre la Federación de tiro, de triatlón, de no sé qué, una hora y pico, él solo, a mí es algo que me aburría. Yo luego comprobé que, evidentemente, García tenía un poder bestial, yo lo viví de primera mano, pero a mí su estilo de hacer radio no me gustaba. Él era el sumo sacerdote en su púlpito, él daba doctrina y ya está. Y realmente se lo creía. Él sabía el poder que tenía, porque García hablaba del imperio del monopolio, pero lo de García era el imperio del miedo. Los protagonistas iban con él porque le tenían miedo. Si estás viendo la serie, él tenía más poder que cualquier ministro. Además, siempre con amenazas, con coacciones. Yo me quedé sin muchísimos protagonistas muchas veces porque García o les chantajeaba o muchas veces utilizaba bonos de El Corte Inglés para pagar favores", asegura Alonso, que reconoce el impacto que también aquello le provocó. 

"Cuando eres joven todo eso te choca, te choca mucho. Yo hice muchísimas veces el Giro de Italia, el Tour de Francia y la Vuelta a España. La Vuelta a España la hice muchas veces en moto, con todos los riesgos y el peligro que eso conlleva. Tú te juegas la vida. Por ejemplo, cuando te dan paso, en la Vuelta teníamos un dispositivo brutal: dos motos en carrera, tres coches y tiene que subir un helicóptero arriba para poder emitir la señal. Entonces, te daban paso y tenías que jugarte la vida para entrevistar a un director deportivo. Te acercabas al coche, a lo mejor bajando un puerto, y llamabas a la ventanilla y no te bajaban porque estaban hablando con García por la emisora. García tenía emisoras en todos los coches de los directores deportivos y era imposible. Entonces, las batallas muchas veces eran también en la línea de meta, con De la Morena o con nosotros. Fue una época muy bestia, muy dura. Luego, imagino que todos nos hemos dado cuenta de las locuras que cometimos y que no era algo saludable", confiesa Alonso, al tiempo que recuerda dos de esas locuras en busca del protagonista.

"Volvió Yago Lamela de Maebashi, de Japón, que había hecho récord de Europa, medalla de plata en un Mundial, fue portada en los periódicos, y era el saltador de longitud que murió, el asturiano, y era una locura. Y se hospedaba en el hotel Centro Norte, que en su época fue hotel de la cantera de Real Madrid. Y nada, era el protagonista que buscábamos todos. Todos estábamos allí. Yo tenía relación con él y con su representante, Julia García, y logré colarme en la habitación. Y no me preguntes quién fue, porque ahora no lo recuerdo, pero había alguien que había cogido una habitación al lado de donde estaba él, y en una quinta planta estaba intentando saltar de balcón a balcón para intentar colarse también en su habitación. O sea, una auténtica locura. He vivido persecuciones por la M-30 a Paulo Futre, por ejemplo, cuando llegó aquí. Locuras. Además, ya no era sólo con De la Morena. Esto se extendió ya, se convirtió en una fiebre", relata.

Fiebre que le llevó a las manos en la segunda locura que nos comparte. "Yo una vez en Atlanta '96 me salté una valla. En Estados Unidos, con lo que era allí, después del atentado. Salté una valla para entrevistar a Miguel Induráin. La única vez en mi vida que he llegado a las manos con una persona fue también en los Juegos Olímpicos de Atlanta, con Alfredo Martínez, de Barcelona. Salía Fermín Cacho, que había sido medalla de plata en 1.500, y entonces se llevaba mucho eso de: 'Te escucha tu padre, te escucha tu madre, te escucha no sé qué'. Llegamos al pacto de que yo había llegado primero y yo le metía primero. Y él me dijo: 'Sí, sí'. Llegó Fermín Cacho, se abalanzó sobre él, le dio el teléfono… Bueno, yo le cogí, empezamos a pegarnos allí, llegaron los policías americanos, nos iban a quitar la acreditación de los Juegos Olímpicos. Era por eso, porque existía la obsesión, que esto era una cosa de García y luego de De la Morena, de entrevistar primero al personaje", confiesa David Alonso.

El hoy colaborador de AS y Flashcore reconoce que hubo un "intento de civilizar aquello", aunque con matices: "Yo muchas veces me juntaba con Pipi Estrada, con Ángel Rodríguez, con gente de la época, y decíamos: 'Tío, nos vemos por la noche', que salíamos siempre, 'vamos a llegar a un acuerdo. Al que primero le den paso, lo mete'. Entonces, De la Morena hablaba con Carlos Llamas para que acabase antes Hora 25 y demás, y entraba antes al que primero dieran paso. Luego, claro, esto ya dio otra vuelta de tuerca. Había compañeros que se inventaban la entrevista. No le habían dado paso y simulaban la entrevista como que estaba hablando con él. Esto lo hacían, por ejemplo, Roberto Gómez o Pipi, y hablaban tres minutos con el entrevistado, y tú decías: 'Me cago en la leche, ¿cómo han empezado tan pronto?' Y te dabas cuenta que a los tres o cuatro minutos decían: 'Sí, buenas noches, José María, aquí estamos'. Estaban simulando la conversación. Era una locura".

Como tremendas eran las broncas de De la Morena, recuerda Alonso. "Se habla de las broncas de García, pero las broncas de José Ramón también eran importantes. Es que vivíamos instalados en una paranoia en la que la obsesión por ser el primero, y más en la batalla en la que ellos se encontraban, acentuaba un poquito esa histeria. Llevaba a que la tensión aumentaba continuamente. Cada vez era más que el día anterior. Las broncas de José Ramón eran épicas, como las de García, sobre todo y básicamente, cuando te pisaban un personaje. Eso era lo fundamental. 'No nos puede volver a pasar'. Pues claro, al final hacías lo posible, ya aprendías. Al principio te parecía una locura, y luego ya veías como normal colarte en un hotel, colarte en un restaurante por la puerta de atrás… Era otro tipo de periodismo, pero sí, claro, De la Morena tiene un carácter y un pronto muy fuerte, y nos hemos comido todos buenas broncas, sí, sí", afirma Alonso, que establece varias diferencias entre García y De la Morena y alguna similitud.

"De la Morena me parece un gran comunicador. Creo que no ha estado tan obsesionado por la radio o por el periodismo en general como García. Yo creo que García vivía para trabajar y José Ramón trabajaba para vivir. José Ramón tenía sus vacaciones y eran sus vacaciones, y él a lo mejor estaba en la playa y no volvía o no hacía un programa porque el Real Madrid hubiera hecho un gran fichaje, un fichaje espectacular. No, no, no, eran sus vacaciones y las disfrutaba. Cuando había que trabajar, era el primero, el más duro y el que estaba ahí al pie del cañón. Y luego, a pesar de su carácter y su pronto, que ya te digo que son muy fuertes, la verdad es que es un tipo bastante generoso. En esto coincide con García. Yo sé que él ayuda a su gente cuando lo necesita en cuestiones económicas, en cuestiones de salud. Si él puede ayudar, es el primero para ayudar. Pero claro, cuando se desataba la tormenta, pues había que sacar el paraguas y aguantar", cuenta Alonso, que se las tuvo con De la Morena "porque yo he sido muy rebelde, y él lo sabe".

"Yo me he ido varias veces de su despacho, yo he tenido también carácter, y lo normal con José Ramón era callar, aguantar, agachar las orejas. Yo no me callaba. Pero bueno, seguramente por eso a lo mejor él me tenía un poquito más de respeto. Y sobre todo, claro, yo le ofrecía muchas cosas. Hacíamos programas fuera con Alonso, con Nadal, con Gasol. Hemos metido protagonistas en todos los lugares del mundo, hemos viajado. Y cuando surgió la oferta de Onda Cero, él me lo comunicó y decidí irme con él", recuerda un David Alonso que no dudó en irse de su mano.

Pedro Morata

  • 1989-2016 | Cadena SER
  • 53 años | 27 con De la Morena

"Te voy a contar una anécdota que para mí es el súmmum de lo que ha sido José María García y lo que hemos tenido que luchar la gente que estábamos con José Ramón de la Morena en ese momento. Esta anécdota es buenísima. Valencia-Inter de Milán, partido de Champions. Héctor Cúper, entrenador del Inter de Milán. Termina la rueda de prensa pospartido y estamos Nacho Cotino -redactor de José María García- y yo a la izquierda y derecha de Héctor Cúper, y le ponemos un auricular, cada uno en una oreja, y Héctor Cúper en medio. Y los dos temblando. Temblando por ver a quién nos daban paso antes, porque al que le diera paso antes tú ya te ponías a entrevistarlo y le quitabas el pinganillo del otro. Y yo me acuerdo hacer una cosa que se la aprendí, se la vi hacer a Pipi Estrada, que es que cinco o diez segundos antes de que me dieran paso, yo empecé a hablar como si ya me hubieran dado paso, y entonces le quité el auricular y yo me puse a hablar con Héctor Cúper, pero no me habían dado paso todavía. Yo estaba ahí enrollándome. Imagínate a qué niveles de sinsentido y de absurdo hemos llegado. Pero a pesar de eso, yo le reconozco un mérito y un prestigio profesional, con mejores modos o peores modos, a José María García, sin ninguna duda, y al mismo nivel a José Ramón, porque José Ramón logró destronar al Messi o al Cristiano Ronaldo de la época".

Es el exjefe de Deportes de la SER en Valencia Pedro Morata quien relata la anécdota y deja este titular de los que supuso radiofónicamente De la Morena, al que le otorga otras artes a la hora de querer tener el primero a los protagonistas. "Él nos inculcó el: 'Oye, éste no nos puede ganar'. Entonces, ya no era que José Ramón tuviera el personaje antes, es que yo consiguiera para la SER y para José Ramón el personaje antes que la COPE. Me inoculaba a mí el veneno competitivo, me lo inoculaba y ya era una cuestión mía, de orgullo mío. Pero José Ramón apretaba mucho; mucho no, muchísimo. José Ramón era de llamarte por teléfono y, a ver, tengo que decir una cosa. José Ramón, que es una persona tremendamente entrañable y con muy buen fondo, en el trabajo, en el día a día, era muy, muy áspero, por ser yo suave. Era muy áspero. Si tú no le conocías a él personalmente, como yo me preocupé de conocerle personalmente y comer con él y verle y tal, o eras una persona joven o no tenías experiencia, tú podías terminar un día llorando de una llamada de presión de José Ramón. Perfectamente. Ahora, también te tengo que decir una cosa. Yo, por ejemplo, mi primer Mundial que yo viví, el de Sudáfrica, fui al Mundial porque José Ramón me pidió. O sea, yo tengo muchas cosas que agradecerle a José Ramón, sin ninguna duda", reconoce Morata, que cuenta otra gran anécdota que le dejó la cobertura mundialista.

"Me tocó dormir con él en la misma habitación, que era la mía. Nosotros estábamos hospedados en un pueblecito que se llama Potchefstroom, en Sudáfrica. Estábamos ahí todos los periodistas en una especie de como si fuesen cabañas de esto de los Boy Scouts. Y estaba muy bien, porque eran como chaletitos en una zona descampada de montaña y tal, y ahí José Ramón le dejó su chalet a la mujer y los padres de Iniesta, a la familia de Iniesta, porque no encontraban sitio ahí en Sudáfrica. Es muy generoso para sus amigos. Y entonces José Ramón se vino a dormir a mi habitación. Imagínate el corte que era para mí. Y así fue. Dormimos en la misma habitación con José Ramón, con el que yo había tenido trifulcas, abrazos, cariños, risas, gritos. De pronto, dormimos los dos separados por veinte centímetros, no se me olvidará en la vida", cuenta entre risas sobre aquellas dos noches que compartieron en Sudáfrica, en la previa del partido de semifinales del Mundial que midió a España y a Alemania.

"Esto te da una medida del carácter de José Ramón. Que él, primero, generoso, le cedió su chalet a la familia de Iniesta. Y segundo, no le importaba dormir apretado, porque la cama que yo tenía al lado era una cama que yo creo que era de estas militares, de 90cm o 105. Yo le tengo mucho cariño a José Ramón, porque mi crecimiento profesional ha sido a su lado, siempre", asevera el actual periodista de Radio Marca.

Una relación de 27 años entre Morata y De la Morena que llevan al periodista de Águilas a estimar claramente las tres puntos clave en el éxito del de Brunete. No es casual que nombremos los pueblos de ambos. "Rodearse de figuras nuevas, como Michael Robinson, Perico Delgado, gente relevante del mundo del deporte que le daba una credibilidad y que le daba una vistosidad. Luego, el humor. Hacer las noticias en clave, no de humor, sino de hacerlo distendido, que fuese más una sonrisa que un cabreo, y el tercero era él ponerse en una posición de hombre de pueblo. 'Oye, yo soy de pueblo como tú y vamos a hablarnos aquí en el mismo idioma'. Esas tres cosas que parecen muy fáciles dichas ahora, pero en aquel momento había que hacerlas", analiza Morata, que profundiza en el supuesto "paletismo" de De la Morena.

"Él adoptaba un papel llano, se mimetizaba con el pueblo. Yo pienso que esa cercanía que él intencionadamente a veces exageraba de ser un tío de pueblo, de Javi, de los amigos, de no sé si era Franquito o Gervasio, no me acuerdo, esos nombres que él utilizaba, reales, de amigos suyos, yo creo que esa cercanía le acercó a la gente. Él lo asumía, le quitaba trascendencia. Eso es como cuando yo muchas veces digo que soy un chico de pueblo, soy hijo de Vicente, del bar Morata de Águilas. Yo pienso que eso a la audiencia le gusta porque tú te rebajas a su nivel y le quitas trascendencia a esas cosas de que los periodistas, por salir en la tele o en la radio, parece que somos más importantes o más famosos. Y cuando tú rebajas eso, pues yo creo que te ganas una complicidad y una empatía de la audiencia, y eso lo hizo muy bien", reflexiona Pedro Morata.

Los enfados, las "broncas muy gordas", también han sido una parte importante de la relación de ambos en esos años compartidos en la SER "por diferencias de criterio profesional". "Por ejemplo, a mí no me parecía bien que nosotros tuviéramos aquí un enfrentamiento frontal con Amadeo Salvo y él lo entrevistara a nivel nacional. A mí esto no me parecía bien y tuve muchas broncas con él y me quejé a la dirección general. José Ramón y yo hemos tenido muchas broncas porque yo soy una persona que no me callo, no me callo las cosas. Yo siempre le decía a José Ramón: 'José Ramón, no le digas a Juan Soler 'El gordito con bigote', porque me quitas a mí autoridad para hacerle la crítica aquí en Valencia. No le digas 'Gordito con bigote', joder, dile Juan Soler, hostia'. Luego, yo siempre me quejaba mucho: 'Oye, José Ramón, joder, no podemos tratar este tema del Valencia, que con todo mi respeto no es el Granada, no lo podemos tratar en cinco minutos al final deprisa y corriendo, joder'. Pero han sido broncas profesionales, de criterios profesionales, no broncas personales", asegura Morata, que rememora otros enfrentamientos.

De pie: Relaño, Bustillo, Javier Lalaguna, Robinson, De la Morena, Azuara y Damián; abajo, Alcalá, Carrasco y Pepe Domingo Castaño.
De pie: Relaño, Bustillo, Javier Lalaguna, Robinson, De la Morena, Azuara y Damián; abajo, Alcalá, Carrasco y Pepe Domingo Castaño.

"Recuerdo un día una reunión que él hizo porque había un poco de relajación en la red de corresponsales de España. Hizo una reunión para apretarnos a todos. Que qué pasaba, que no llamábamos a 'El Larguero', que no llamábamos para dar noticias, que tal, que cual, que pim, que pam. Y José Ramón me acuerdo que dijo: 'Mira, yo tengo unas broncas enormes con Pedro, pero os tengo que decir que del que no me puedo quejar es de Pedro, porque aquí siempre llama, siempre da un tema, siempre no sé cuántas, siempre tal, siempre cual'. Y, entonces, se quedan todos callados, nadie dice nada, le echa un par de broncas a un par de los que menos llamaban y de pronto me dice a mí: 'Bueno, Pedro, ¿tú qué tienes que decir a esto?' Digo: 'Hombre, José Ramón, yo soy el menos indicado, con lo que tú acabas de decir, porque va a parecer que nos hemos puesto de acuerdo. Pero mira, para que conste que no nos hemos puesto de acuerdo, yo te voy a decir humildemente por qué creo que la gente muchas veces no llama a El Larguero. Yo creo que no llama a El Larguero porque a veces piensan que van a recibir una bronca en antena o unos modos que le van a dejar herido personalmente si te coge mal día. Y segundo, porque piensan que van a entrar a última hora, en el último minuto, los últimos tres minutos, y la gente entonces dice: '¿Para qué voy a llamar?' No lo justifico, pero lo explico'. 'Joder, Pedro, encima de todo' -revive los gritos de De la Morena. Digo: 'Oye, José Ramón, yo si quieres me callo y no digo nada'. Él y yo hemos tenido muchas de ésas, pero yo las recuerdo todas con afecto. De hecho, yo creo que será muy difícil, muy, muy difícil que nazcan dos líderes en la radio española como José Ramón y como José María, cada uno con sus formas. Vamos, es muy difícil que salgan dos así, es muy difícil", afirma un Pedro Morata que le reconoce a De la Morena también el "mérito enorme" que supuso "arrebatarle el trono a José María García con otros estilo"; un giro radiofónico que califica de "más que peligroso, arriesgado".

Pero funcionó y sentó un precedente en cuanto al estilo y la personalidad ante el panorama del periodismo deportivo que, según el murciano, no ha encontrado relevo, y no por falta de intentos. "No ha habido nadie que ese registro lo ocupe ahora mismo. No sé, lo más parecido a eso sería Roncero, Pedrerol, pero no es ese registro ni muchísimo menos, porque yo creo que exceden con mucho. Ese registro que tenía José Ramón no lo ha recuperado nadie y eso es porque eso va en la esencia de la persona, para eso hay que nacer", dice.

Como hay que nacer para tener el talante de alguien a quien Pedro Morata define como "fundamental en la búsqueda de equilibrios entre la red de corresponsables de la SER en toda España y el carácter de José Ramón". "Para mí hay una persona clave en su carrera. Yo creo que José Ramón, fíjate lo que te voy a decir, hubiese sido un 30% menos de lo que fue si no llega a tener a su lado a Carlos Bustillo, el productor. Carlos Bustillo es una persona tan amable que del fuego hacía agua. Era una persona capaz de templar gaitas constantemente. Eso era constante. Todos los días Bustillo tenía que templar gaitas. Todos los días", sentencia Morata.

Imagen del coloquio organizado por el Cádiz “Hablamos de fútbol. Lenguaje y Deporte” donde García y De la Morena se reencontraron.  CÁDIZ CF
Imagen del coloquio organizado por el Cádiz “Hablamos de fútbol. Lenguaje y Deporte” donde García y De la Morena se reencontraron. CÁDIZ CF

 

Carlos Bustillo

  • 1989-2021 (Cadena SER y Onda Cero)
  • 56 años | 32 con De la Morena

"Se lo agradezco mucho a Pedro Morata, pero yo, como cualquiera que compone un equipo, soy uno más. Nadie es imprescindible en el trabajo. Yo diría que a mí me ha dado muchísimo más estar al lado de José Ramón que lo que le haya podido aportar a él. Estoy muy contento de todo lo que he podido vivir gracias a él". Quien habla es Carlos Bustillo, la persona pausada y pacificadora a la que Morata otorgaba un 30% del éxito de De la Morena. El fiel productor del madrileño, la persona que más años ha compartido con el conductor de El Larguero y de El Transistor, porque Bustillo no se movió del lado de José Ramón de la Morena desde que arrancó el programa en la SER hasta el día de la jubilación del de Brunete.

"Hombre, yo he sido el hombre más cercano a José Ramón durante todos esos años. Todas las llamadas telefónicas que le llegaban, todos los asuntos que había, yo los hablaba con él al instante. A mí me llamaba a cualquier hora del día y estábamos en permanente contacto. Y luego, también es verdad, que José Ramón es un hombre mucho más impulsivo, reacciona mucho más al instante y yo soy un hombre mucho más paciente y calmado", reflexiona Bustillo, que vivió el nacimiento de El Larguero en la SER y al que la vida cambió su destino profesional. Carlos, no sólo paciente y pacificador, sino también discreto, quiere reconducir la conversación inicial hacia de la Morena, "lo importante es José Ramón", pero su historia juntos no se entendería sin la historia propia de Bustillo.

"Yo estaba de prácticas en la SER. Entré el último día de junio del 89 y yo estaba allí simplemente trabajando en deportes. En esas épocas y en esos días, al principio trabajabas prácticamente todo el día. Y en septiembre empezó el programa El Larguero. Yo colaboraba allí en las cosas que me mandaban en el programa. El primer año, normal, simplemente eso, para hacer llamadas o para las cosas que me mandaban allí, en el trabajo. Luego hubo un año de transición, que no lo hizo José Ramón por la historia de que cuando le echaron de la radio a la vuelta del Mundial de Italia y estuvo un año sin hacer antena (*llamó 'Osama García' a José María García, se negó a pedir perdón y terminó suspendido de empleo y sueldo), y en el 91 volvió. Yo estaba en El Larguero y estaba en la reacción de deportes de la SER. Y luego a partir del 92, cuando ya tuve un accidente de tráfico y tuve que dejar de hacer inalámbrico, ya 'full time' en El Larguero, por entero, en exclusiva", recuerda.

Esa exclusividad tuvo un antes y un después: "Es cierto que se cierran puertas y se abren ventanas", comenta Carlos Bustillo mientras reflexionamos sobre ese accidente que le cambió la vida; en gran parte, para bien. "A la vuelta de un partido en Pamplona, en el año 92, jugaban Osasuna-Atlético de Madrid, tuve un accidente de tráfico con Robinson y Manolo Lama. Se me salió la cadera, Lama se fracturó varias vértebras y a Robinson, que era el que conducía, no le pasó nada. Yo estuve unos meses de baja y con muletas, y no podía coger peso. Empecé a quedarme en la radio, en labores de estar allí todos los días, y así se fue prolongando, un mes tras otro… y hasta el final".

Pero no fue el único suceso que alteró su rumbo profesional y el de tantos otros jóvenes profesionales que consiguieron hacerse un gran hueco en la SER y en otros medios de comunicación. "Fue en el año 90, en el nacimiento de las teles privadas. Yo llevaba en la radio siete meses y en ese febrero del 90 nació Canal Plus, Antena 3, Telecinco, hubo un 'revolutum' de gente. En esa época, por ejemplo, mi director de Deportes era Relaño, y Relaño se marchó de director al Plus. Trabajaba Carlos Martínez, Carlos Martínez se marchó al Plus. Trabajaba Enrique Martín, se marchó; Chus Galán, se marchó… Hubo una revolución de gente que, entonces, en la SER se plantearon: 'Oye, empezamos a fichar gente o los que están de prácticas se quedan'. Y yo que llevaba siete meses pues me hicieron un contrato fijo ya en febrero del 90; a Pacojo también, y a partir de ahí pues eso, lo que dices, momentos que cambian vidas", comenta.

"Para mí era una gran ilusión trabajar al lado de la gente que yo llevaba escuchado toda la vida. Mi sueño había sido ser periodista deportivo y estar trabajando al lado de Manolo Lama, de Paco González, de José Ramón de la Morena, de Carlos Martín, Enrique Martín, Pedrerol, todos los que estaban en ese momento en la SER, que yo llevaba escuchándoles un montón de años. Para mí era un sueño. Como quien dice, El Larguero era un programa cargado de ilusión. Acababa de nacer hace poco y a la sombra de Supergarcía. Era prácticamente un equipo completo y todos con la ilusión de poder en un año superar a García. Era un gran equipo de deportes, muy bien avenido y todos luchando con un mismo fin, con el objetivo de poder llegar arriba", relata Bustillo, quien reconoce las "barbaridades" que se hicieron en pro de conseguirlo y rememora el 18 de abril de 1995 en el que lo consiguieron.

"El día en concreto fue un día feliz. Yo me acuerdo que hasta brindamos con champán en el programa. Hay fotos allí en el estudio de Gran Vía 32 a la hora del inicio del programa, que se brindó hasta con champán. Era algo histórico, por primera vez en la historia que se superaba al auténtico rey de la noche de siempre, que era José María García. Y a partir de ahí ya nunca se dejó, en ningún estudio, de ser los primeros. Incluso un par de años después o al año siguiente se batió el récord. Se llegó a 1.612.000 oyentes, que fue portada de AS, incluso. Y claro, lo miras con ojos de hoy mismo, que los programas líderes se debaten entre 700 y 800 mil, es menos de la mitad de entonces. Entonces, la radio por la noche era una locura. Y se hicieron algunas auténticas locuras, pero en aquel momento la verdad es que se vivían con mucha ilusión y todo con el fin de ofrecer lo mejor para ser los primeros", recuerda Bustillo, que después de treinta y dos años al lado de De la Morena recita sin dudar las claves del éxito.

"Yo creo que la principal clave de todas, al margen de un equipo muy bien avenido, muy fuerte, de gente todos luchando a una, la principal clave de todas fue José Ramón. Tenía un estilo diferente de hacer radio, de hacer entrevistas, era muy fresco, muy natural. Algo completamente distinto a lo que se había estado escuchando hasta entonces. Él puso la guinda a todo, vamos", cuenta. Y lo hizo desde su lado "paleto" que, ¿cuánto aprovechó de la Morena?

"A lo mejor está bien utilizar esa palabra, que lo aprovechó. Él siempre decía que era un impostor; se las daba eso, de paleto, de hombre de pueblo. Y sí que le ayudó, vamos, le ayudó mucho en todo. Hizo saber a todos que era del Atlético de Madrid. Se hizo muy cercano. Él siempre decía que concebía el programa como una especie de obra de teatro, y en esa obra cada uno era un personaje. Y es verdad que él creó sus personajes. Me acuerdo al principio, en la primera época, a Roberto Gómez, que le llamaba 'El caimán'; creó el personaje de Manolete, a mí me hizo el personaje del niño bueno de la casa. Siempre que había cualquier cosa o cualquier noticia, si le decía yo, decía: 'Eso va a misa porque lo dice Bustillo'. A cada uno le caracterizó de una forma. De esta forma él decía: 'La audiencia, cuando oiga algo sabe quién lo dice, de dónde y por qué lo dice'. Y el hombre en Valencia, por ejemplo, era Morata, y el hombre en Barcelona era Oliveros. Y así en cada provincia, alguna persona, y siempre quería que entrasen para fidelizar la audiencia en cada sitio y con cada persona", explica el exproductor de De la Morena, quien actualmente continúa realizando esa tarea en Onda Cero.

Una vida profesional la suya que ha discurrido controlando que todo funcionara a la perfección en el binomio pecera-estudio. Aunque no siempre fue así. "La mayor bronca pudo ser un día en un programa que entró una grabación de Johan Cruyff. Le habíamos grabado por la tarde, y al entrar la grabación por la noche no estaba limpia la entrevista entera. Se había hecho en tres partes para en el medio incluir publicidad en directo y al abocar el técnico la segunda parte, él escuchó que había sonido ya, dio paso José Ramón a la segunda parte de la entrevista y empezó escuchándose la conversación que tenía José Ramón con Cruyff en los descansos. Terminaba la publicidad y lo siguiente que se escuchaba: 'Bueno, Johan, esto va bien, ahora vamos a empezar a hablar de no sé qué y tú puedes…' Claro, José Ramón, cuando lo estaba escuchando, se levantó del estudio, el técnico paró la cinta, entró en el control donde estaba yo, todo a voces. Me acuerdo que pegó un manotazo fuerte, que se hizo daño, en una mesa que había allí y luego volvió a pasar a los pocos minutos después de la siguiente interrupción publicitaria, al volver otra vez con la última parte de la entrevista, volvió a pasar lo mismo. Ese día yo creo que fue, dentro de las broncas que ha habido, la más fuerte, por el momento incluso, porque era el momento del directo de un programa", rememora Bustillo, que explica también cómo se afrontaba una situación así.

"La verdad es que en ese momento, como todos, cuando les cae una bronca, por dentro te indignas, intentas buscar explicaciones, pero bueno, al final, con paciencia. Cuando yo sé que las cosas ya no tienen remedio… Yo es que nunca he sido ni de dar voces ni de cosas de estas, no me sale y luego pienso: 'Si es que tampoco me sirve de nada'. A José Ramón le servía para que no volviera a ocurrir nunca más. Es verdad que, a partir de ahí, cada vez que entraba cualquier entrevista, ya estábamos un rato antes: 'Mira a ver, abócala bien, ponla, ¿se escucha?' No volvió a pasar nunca más. Por eso digo que es bueno siempre que haya todo tipo de caracteres en los trabajos para complementarse bien", asegura convencido Bustillo. Incluso, agradecido.

"José Ramón a la hora de trabajar era muy exigente y con un pronto muy fuerte también muchas veces. Luego, con el tiempo, son muchas cosas que le agradeces, como el nivel de exigencia, porque te das cuenta de que es la única forma de prosperar y de avanzar bien. Es como cuando en el colegio agradeces a los profesores que, primero, los sufres y luego dices: 'Menos mal que me han metido caña, porque al final han sacado todo de mí'. Pues José Ramón, sí, era exigente, tenía un pronto bastante fuerte y, sí, los momentos de voces eran de voces de verdad y las broncas eran broncas de verdad también", dice sonriente.

La mayor bronca la ha tenido clara. La mayor alegría sí le cuesta concretarla. "Ahí sí que es más difícil elegir, porque hemos vivido tantísimos momentos buenos… Buen momento fue cuando por primera vez fuimos número uno de audiencia, y luego, es que no sabría con cuál quedarme. Echando la vista atrás, he vivido tantos momentos históricos y buenos… De haber hecho programas en Los Ángeles con Pau Gasol y Banderas, un programa en Roland Garros con Nadal, con Alonso cuando era campeón del mundo de Renault allí en la fábrica de Renault, también con Alonso lo hicimos en la fábrica de Ferrari, hicimos uno en el Líbano en una mina, 12.000 personas en el Palacio de Deportes de Madrid para despedir a la selección española… (Resopla.) Hemos hecho tantos programas que considero que eran historia de la radio, por todo, programas que ahora son impensables, de llevar a protagonistas. En aquella época, por los estudios de la SER era por donde pasaban todos los 'Galácticos' del Real Madrid. Allí pasaba Zidane, Ronaldo, Beckham, todos. Eran, sin duda, otros tiempos y grandes momentos de radio", enumera Bustillo.

Otros tiempo que ve más que difícil que se repitan. "Yo ahora veo que es imposible prácticamente. Te hablaba de que el 90 nacían las televisiones privadas. Es que desde entonces ha cambiado todo tanto… Yo recuerdo que cuando era estudiante, a las once de la noche, ya empalmaba los programas deportivos de radio, escuchaba absolutamente todo, y hoy veo a mis hijos que apenas escuchan la radio entre Netflix, las series, los YouTubers, Instagram, las redes sociales. Hoy el abanico de posibilidades es tan amplio que la radio ya no es lo que era", confiesa pesaroso Bustillo, quien extiende las diferencias al global del periodismo.

"Es diferente en todo. Recuerdo en aquellas épocas, yo siempre conocía a los cronistas del AS, del Marca, de todos los periódicos. Ahora tampoco tienes gente de referencia. Cambia todo muchísimo. Antes había exclusivas, a lo mejor en deporte, y en todo. Ahora, ¿quién da una noticia? ¿Quién sabe quién da las noticias? Si cada segundo están apareciendo en redes sociales, alguien que da una noticia que dice algo y piensa que se está adelantando y a lo mejor lo ha dado otro. A vosotros os está pasando muchísimo ahora con noticias. Porque claro, sois una página web que suelta noticias pues… a mitad tarde, y a la media hora o a la hora siguiente ya aparece en tal sitio y dices: 'Pero si lo hemos contado nosotros hace una hora ya'. Pero al final a lo mejor se le apunta el que más relevancia tiene. Es muy distinto todo. Antes sí que es verdad que había una lucha por las noticias y nosotros había noticias que te permitías guardarlas para darlas a las doce en punto, que era a la hora de comienzo de los programas. Ahora alguien ve a cualquier persona o tiene cualquier indicio y lo suelta en el segundo, en Twitter o donde sea", reflexiona.

Un panorama deportivo en el que Carlos Bustillo pone de manifiesto la relevancia que tuvo su todavía inseparable José Ramón de la Morena. "Él se jubiló el 30 de junio del 21, que hicimos el último programa en el Metropolitano, y a partir de ahí, sí, seguimos hablando regularmente. Sigo yendo a su casa de vez en cuando y le veré la semana próxima en el torneo de Vila-real. Mantenemos relación continua, bien por conversaciones en persona y por WhatsApp". Para él, "un maestro. Ha sido alguien que ha supuesto un antes y un después en los programas deportivos. García marcó su estilo y De la Morena también ha marcado su estilo. Yo creo que ha sido, dentro de los profesionales de la radio, un referente. La historia se lo reconocerá, no sólo como el hombre que destronó a García en audiencia, sino como alguien que cambió también la forma de hacer los programas de radio y de concebir el deporte", concluye Bustillo.