MUNDIAL 2030

Fútbol, engaños y Mundiales: el pase mágico de Infantino y el premio de consolación para Sudamérica

El presidente de FIFA ha convertido el Mundial en un pulpo que en 2030 llegará hasta a seis países.

Gianni Infantino al anunciar la sede del Mundial de 2030./Reuters
Gianni Infantino al anunciar la sede del Mundial de 2030. Reuters
Sebastián Fest

Sebastián Fest

Buenos Aires.- Hace cinco años, Alejandro Domínguez, el jefe del fútbol sudamericano, dijo que la Copa Libertadores era "el fútbol de verdad", en tanto que la Champions League era algo con menos alma. "Fútbol de PlayStation", dijo. Unos días después de esa bravuconada, Domíguez debió trasladar la final de la Copa Libertadores a Madrid, porque jugarla en medio de la violencia en Buenos Aires se había vuelto imposible. Al acompañarlo en el ingreso al palco oficial del Bernabéu, sede del River-Boca, Aleksandr Ceferin, presidente de la UEFA, no pudo morderse la lengua ante Domínguez: "Bienvenido a la play".

El Mundial 2030 se jugará en la "Play", con la gentileza de tres partidos en Sudamérica y unos cuantos en Marruecos, pero será un Mundial esencialmente europeo y español, con aportes importantes de Portugal.

Genio del marketing, Dominguez presentó como un triunfo el llevar a Sudamérica tres de los 104 partidos que habrá en el Mundial. Es más, se adelantó a la FIFA, fue el hombre que le dio la noticia al mundo. Primero lo insinuó al volver a subir a sus redes sociales el "bailecito" que había exhibido semanas atrás, y luego lo confirmó en esas mismas redes y en una rueda de prensa en la que daba mucha más información que la que había a esa misma hora en Zurich, la sede de la FIFA.

Ni hablar de la UEFA, que públicamente se mantuvo lejos del tema.

"El Mundial del 2030 va a comenzar en Uruguay, también se va a inaugurar en Argentina y en Paraguay y de ahí vamos a Europa, donde se van a jugar el resto de los partidos y la final", sintetizó Dominguez en Asunción flanqueado por los jefes de las federaciones de Argentina, Uruguay y Paraguay, mientras Chile se enteraba, descolocado, de que estaba fuera de juego.

"El Mundial del 2030 va a comenzar en Uruguay, también se va a inaugurar en Argentina y en Paraguay y de ahí vamos a Europa"

Alejandro Domínguez Presidente de la Conmebol

"No hay ningún estadio más icónico que el Centenario", añadió Domínguez, que jugó con ambigüedad cuando le preguntaron si podía haber más partidos en Sudamérica.

"Por ahora no, esto es a lo que nos hemos comprometido", dijo el jefe del fútbol sudamericano, que añadió que aspirar a albergar el Mundial al completo en Sudamérica hubiera sido una irresponsabilidad, dadas las condiciones socioeconómicas y de infraestructura.

¿Más partidos en Sudamérica? Domínguez sabe que no los habrá, pero el efecto de ser él quien anunciara un paso revolucionario en la historia de los Mundiales lo posiciona camino a su objetivo: ser presidente de la FIFA. ¿En 2027, cuando termine el actual y tercer período de Gianni Infantino como presidente? ¿O cuatro años después?

Gianni Infantino junto a Pedro Sánchez. Efe
Gianni Infantino junto a Pedro Sánchez. Efe

En marzo de este año, al ser reelegido en el congreso de la FIFA en Kigali, la capital de Ruanda, Infantino avanzó en un camino que le gusta: el de ganar elecciones por aclamación. Ya había sucedido en 2019 en París, y tras siete años en los que las federaciones nacionales vieron como el aporte mínimo de la FIFA pasaba de 250.000 a dos millones de dólares anuales, la aclamación no es sorpresa: entre los 211 miembros cada voto vale lo mismo; el de España y el de Micronesia, el de Argentina y el de San Marino.

Si por Infantino fuera, parece que se quedaría por siempre. Lo dio a entender en Kigali: "Si un CEO (consejero delegado) les dijera a sus accionistas que multiplicó sus ganancias por siete creo que se quedarían con ese CEO por siempre".

Con 4.000 millones de dólares de reservas y 11.000 millones proyectados de ganancias en la Copa del Mundo 2026 de Estados Unidos, México y Canadá, Infantino tiene pocos límites. Uno se lo puso, hace dos años, Ceferin, al bloquear el proyecto de que el Mundial se jugara cada dos años, bloqueo para el que unió fuerzas con Domínguez.

"Si un CEO (consejero delegado) les dijera a sus accionistas que multiplicó sus ganancias por siete creo que se quedarían con ese CEO por siempre".

Gianni Infantino Presidente de FIFA

El anuncio de este miércoles implica, paradójicamente, que Infantino se salió en cierto modo con la suya: no duplicará el negocio, pero sí convirtió al Mundial de fútbol en un pulpo, con tentáculos que en 2026 alcanzarán tres países y en 2030 el doble, además de tres continentes, algo inédito.

En el Congreso de la FIFA en Kigali, Infantino logró además incrementar el volumen de negocio de los Mundiales, porque cambió un esquema de 16 grupos con tres participantes por otro de 12 grupos de cuatro, lo que permitió pasar a 104 partidos en total, 24 más que los 80 originales. Televisiones, tickets, publicidad, espectadores en diferentes plataformas, influencia social y política... multiplicada por 24. O por 104, una enormidad respecto de lo que eran los Mundiales hasta ahora, con 64 partidos.

Con cada partido extra en los Mundiales, Infantino y la FIFA ganan en peso e influencia para contrarrestar una realidad que en la UEFA tienen muy clara: la FIFA tendrá el Mundial, pero ellos tienen la Champions. El Mundial, cada cuatro años. La Champions, todos los años: no en vano la organización de Ceferin factura cuatro veces más que la de Infantino, brecha que el suizo-italiano quiere reducir.

Hoy, todos tienen algo que agradecerle a Infantino: la Concacaf con su Mundial de 2026, la UEFA por ser la sede principal de 2030, la Confederación Africana por volver a ser sede, 20 años después de Sudáfrica 2010, de un Mundial que históricamente era una ambición inalcanzable, la Conmebol, porque puede alegar que cien años después el Mundial vuelve a sus orígenes. Y las Confederaciones de Asia y de Oceanía porque han sido señaladas para el premio grande en 2034.

Es lo que en la FIFA, en conversaciones informales, describen como "armonía a nivel mundial".

"Hoy todo el mundo está contento", añaden.

Vale un dato más: los próximos Mundiales, tanto el de 2026 como el de 2030, contarán con 48 participantes, casi la cuarta parte de los países miembros de la FIFA.

Así, tras una reunión de tintes burocráticos en Zurich, Infantino es más poderoso que nunca. Tanto, que dejó que Domínguez ganara el centro de la escena por unas horas. Haber conseguido que el pequeño Paraguay sea sede de un partido de la Copa del Mundo justificaba de sobra que esa misma tarde Domínguez se abrazara emocionado con el presidente de su país, Santiago Peña.

Gianni Infantino tras anunciar la sede del Mundial 2030. AFP
Gianni Infantino tras anunciar la sede del Mundial 2030. AFP

Claudio Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), fue más que claro acerca de las razones por las que tres partidos de 104 puede verse como todo un triunfo para una confederación que aspiraba a ser sede de los 104: "Era imposible conseguir los votos, era imposible conseguir la inversión para un Mundial de esta magnitud".

No todos, sin embargo, se dejan deslumbrar con el Mundial de las seis (o tres) cabezas.

"La Corrupbol llevó la final de la Copa Libertadores a Europa y ahora la final del mundo, fracaso total, Sudamérica merece respeto y el Mundial debería ser en Uruguay", escribió José Luis Félix Chilavert, aquel fabuloso portero paraguayo que acostumbraba a meter goles y, meses atrás, perdió sin pena ni gloria en su postulación para presidente de su país.

"La Corrupbol llevó la final de la Copa Libertadores a Europa y ahora la final del mundo, fracaso total, Sudamérica merece respeto y el Mundial debería ser en Uruguay"

José Luis Chilavert

"En un mundo dividido, la FIFA y el fútbol se unen", insistió Infantino, visión que el diario suizo "Tages Anzeiger" presentó de otra manera: "Es la ambición de convertir el planeta en un pueblecito".

Su antecesor, Joseph Blatter, quizás envidie en secreto tanta audacia del suizo-italiano que creció admirando a Diego Maradona, pero en declaraciones a Relevo no tuvo contemplaciones con el jefe del fútbol mundial.

"Destrozar el torneo no es lógico ni está bien pensado. A mi entender, el Mundial debería haberse celebrado en Sudamérica, exclusivamente en Sudamérica", dijo el suizo de 87 años.

A Blatter le gustaba el show. Show en las elecciones de sedes, en los sorteos del Mundial, en el propio Mundial. Acorde con los tiempos turbulentos que se viven en el mundo, la FIFA se aleja del show, pero sobre todo de los ritos democráticos: al presidente se lo elige por aclamación, las sedes se deciden en círculos pequeños, más allá de que deban ser validadas luego por las 211 federaciones miembro. Y, casi sin tiempo para respirar, llega Arabia Saudí.

Apenas una hora después de que la FIFA oficializó lo que adelantó Dominguez, la agencia oficial de noticias del reino del desierto difundió palabras del príncipe heredero, Mohammed bin Salman, expresando que "toda la familia del fútbol asiático se unirá en apoyo del Reino de Arabia Saudí".

Se unirá pronto: los planes de la FIFA son decidir en 2024 la sede de 2034, años antes de lo previsto. Se le podrá dar juego a una candidatura de Australia, pero Infantino viene intentando desde hace años cerrar negocios a gran escala de la FIFA con los saudíes.

No hay mejor oportunidad que esta. Cuando sea oficial, Infantino quizás ya no quiera ser jefe de la FIFA por siempre jamás.

Blatter soñaba con el Nobel de la Paz, e Infantino no lo rechazaría, aunque él se siente más cómodo en foros como el G-20, al que el entonces presidente argentino Mauricio Macri le abrió las puertas en 2018. Hoy Macri es presidente de la Fundación FIFA.

O, por qué no, en la secretaría general de las Naciones Unidas. No hay ya muchos límites en los sueños de Infantino una vez que confirma que hace lo que quiere con el fútbol.