De Mallorca a Doha para trabajar como voluntario en el Mundial
Así es la vida de los trabajadores anónimos que mejoran la vida de los aficionados durante el Mundial.

En la organización de una competición como un Mundial de Fútbol trabajan miles de personas, pero muchas de ellas lo hacen "por amor al arte". Es el caso de los voluntarios. Es el caso de Federico Leguisamo, psicólogo deportivo, ha viajado desde Palma de Mallorca hasta Catar para ser uno de los 20.000 voluntarios de 151 nacionalidades para trabajar en esta competición dentro del programa de la FIFA.
Para Federico "este trabajo es una forma de devolver al deporte lo que sus entrenadores de rugby hicieron por él ya que ellos también eran voluntarios", afirma. Pero, además le sirve como "prácticas en la FIFA". Su rol es de asistente en tecnología e innovación en el estadio de Lusail y su función es asegurarse de que todo lo tecnológico funcione: el VAR, las comunicaciones entre los equipos y los árbitros, las radios, las cámaras y el seguimiento de datos.

El avión lo pagan los voluntarios
Como él hay más de 3.000 voluntarios internacionales a los que su pasión por el fútbol y por ayudar les ha llevado hasta Doha. La FIFA les paga el alojamiento, una comida al día, transporte y el uniforme. El resto de los gastos, como el billete de avión, corren a cuenta del voluntario. Para Federico que ha participado en varios programas de voluntariado estas condiciones "son las mejores que he visto", afirma.
En marzo empezó el proceso de selección que consta de cinco pasos hasta llegar al último que es la entrevista individual. En muchos casos estas entrevistas también las realizan voluntarios como Ángeles de origen mexicano, que lleva cinco años viviendo en Catar y tiene muy claro lo que busca en un buen voluntario. "El entusiasmo. Hay gente que viene porque quiere conseguir una foto con Messi o ver los partidos gratis, esas personas no valen", afirma Ángeles.

Ella es una de voluntarias con más solera del programa. Empezó en este mundo altruista cuando llegó a Doha para "buscar cosas por hacer y conocer gente". Su primer voluntariado fue trabajando en la primera división del fútbol catarí, luego en la Copa Árabe y finalmente, el Mundial.
El rol de Ángeles es dar servicio y asistencia a los espectadores. Ella es la persona que mejor se conoce el estadio,. También está en el de Lusail y su papel es básico para que todos los asistentes tengan una buena experiencia en cada partido: ayudan a encontrar el asiento, los baños, las salas de rezo, dan asistencia a personas con movilidad reducida…
Recompensas a su trabajo
Tanto Federico como Ángeles trabajan un día sí y otro no, en turnos de ochos horas, pero, como su propio nombre indica, son voluntarios. Por lo tanto tienen flexibilidad a la hora de elegir los días que trabajan, aunque se necesita un mínimo de ochos turnos para recibir el certificado final. Por cada día que trabajan les ponen un sello en el "pasaporte del voluntario" y optan a recompensas que pueden llegar desde un simple pin a una entrada para algún partido.

Cuando no están trabajando tienen acceso al centro de ocio establecido cerca de la ciudad cultural de Katara, en Doha, donde pueden ir a los partidos, comer, jugar al futbolín o al billar. Allí también realizaron algunos de los cursos imprescindibles sobre cultura árabe, los valores de la FIFA o la responsabilidad de ser voluntario.
El fervor de los voluntarios por su trabajo es tal que Ángeles tenía entradas para acudir Argentina y México, pero dejó el plan de fan a un lado y adoptó el de voluntaria, por el amor al arte.