SELECCIÓN

Las puertas abiertas para Bryan Zaragoza, el regateador que necesita De la Fuente y al que Tuchel no entendió

Las ausencias de Lamine y Nico le convierten en la principal alternativa para el seleccionador si ante Serbia busca un jugador más puro de banda.

Bryan Zaragoza deja sentado a Iñaki Peña para marcar un gol contra el Barcelona. /EFE
Bryan Zaragoza deja sentado a Iñaki Peña para marcar un gol contra el Barcelona. EFE
Gonzalo Cabeza

Gonzalo Cabeza

Fue uno de esos fogonazos de talento puro, de los que quedan para siempre en la retina del aficionado. Bryan Zaragoza, hace un año, el 8 de octubre, hizo un nudo a Koundé con un regate inverosímil que terminó en un magnífico tanto. El Granada rascó un empate contra el Barcelona en Los Cármenes pero, más que eso, el mundo descubrió a un chico enjuto, con bigotillo y mechas. Uno de esos talentos que no necesitan más que un par de jugadas para que un ojeador llame con urgencia a la sede de su club.

Los días que siguieron a la acción le empujaron a una espiral de ruido y fama. Solo unas horas después de aquella acción, Luis de la Fuente le llamó para sustituir a Yeremy Pino en la convocatoria de la Selección. Zaragoza se convirtió en el jugador de moda, no había televisor o radio que no quisiese entrevistarlo, aunque fuese para encontrar una y otra vez las mismas frases encadenadas, esas que enfatizan que él es uno de los últimos exponentes del fútbol de barrio.

Entró contra Escocia desde el banquillo y demostró el jugador que es: regateador, encarador y fantasioso. Con un puñado de minutos demostró que lo que se había visto en Granada no era un espejismo, esa calidad estaba allí. "Es una locura, me he pegado unos días sin dormir. Tuve que pedir algo para dormir porque no es normal lo que estoy viviendo", contaba el jugador tras ese partido.

Solo unos días después, la cosa escaló un poco más. Relevo informó el 1 de diciembre de un acuerdo con el Bayern de Múnich que acabó por cristalizar unos días más tarde. Se anunció el fichaje y también que Bryan iba a permanecer toda la temporada en el Granada, cociéndose a fuego lento en un equipo que le necesitaba notablemente, pero esos planes saltaron por los aires cuando se abrió el mercado y el equipo bávaro decidió acelerar el proceso y llevárselo en invierno.

"Es un jugador joven y con hambre. Es un buen regateador, muy capaz en situaciones de uno contra uno. Tiene mucha confianza en sí mismo y mucha hambre. Estamos felices de que se una a nosotros", decía Tuchel a la llegada del malagueño al equipo.

El idilio duró poco, es evidente que fue un error. Bryan aterrizó en un equipo enorme pero con importantes grietas, de camino a perder su primera Bundesliga en más de una década. Thomas Tuchel, un entrenador muy estricto, nunca terminó de sintonizar con el extremo malagueño, que disfrutó de muy pocos minutos desde el principio.

El técnico llegó a apuntar en alguna rueda de prensa que Zaragoza tenía un problema con el idioma y que su estancia en Múnich estaba siendo muy complicada. Incluso se lo dejó fuera de la lista en algún partido del campeonato liguero, un ostracismo poco habitual para quien acaba de ser fichado. "Tenía claro que este era un paso muy grande para él. Lo sentimos ahora. Vemos su calidad, pero también notamos que la integración no es completa por el idioma. Por eso le daremos tiempo", explicaba Tuchel antes de un encuentro.

La estadística no miente, un total de 171 minutos en Bundesliga, solo un partido como titular cuando la liga ya estaba decidida. En Champions no llegó a jugar, así que vio las semifinales a las que llegó el que todavía es su equipo sin poder tocar el césped. Una experiencia complicada que desembocó en una decisión rotunda por parte del Bayern: tan pronto como llegó se fue.

En el verano el mercado español se calentó. Muchos equipos llamaron pidiendo su cesión, pues no es fácil para los equipos medios de la tabla encontrar talentos de esa magnitud. Ya había demostrado, aunque fuese en unos pocos meses, que en este campeonato es determinante. Además, su pasado reciente en Múnich, su falta de adaptación, le hacía poco atrayente para equipos de otras ligas.

La vuelta a España

Osasuna se llevó el gato al agua, una cesión de 250.000 euros. Es un equipo potente, más que asentado en la Liga, con ciertas ambiciones deportivas. Todavía echaban de menos a Abde, otro encarador que había terminado en el Betis tras pasar por el Barcelona, y encontraron en el malagueño una buena solución, un atacante imaginativo y capaz de romper partidos con un arrebato de clase.

"Estamos convencidos de que esta temporada le servirá para progresar en su país, España. Ahora necesita muchos partidos a un alto nivel competitivo, y Osasuna es un lugar muy bueno para ello", comentaba Christoph Freund, director deportivo al concretarse la cesión.

Los primeros nueve partidos con Osasuna han servido para recordar el jugador que es, con un gol, tres asistencias y una nueva llamada de la Selección. Volvió a jugar contra el Barcelona y, de nuevo, como le había ocurrido en Los Cármenes, sacó su mejor versión. El segundo gol del partido, que terminó en victoria de los navarros, será sin duda uno de los mejores tantos de la liga. También es una definición en imágenes de las cualidades de Bryan, con la frialdad precisa para pisar el balón para superar a Iñaki Peña y terminar marcando. Todo ello, y las bajas de la Selección, llevaron a que volviese al equipo nacional.

A De la Fuente le gustan los extremos peligrosos, capaces de desbordar. El tipo de futbolista que es Zaragoza, y que ahora, ante el reguero de bajas de la Selección, ve abiertas las puertas al equipo, incluso a la titularidad.

Sin Nico ni Lamine, que son los titulares, el seleccionador tiene que refrescar las bandas. Por su gusto futbolístico, en por lo menos una de ellas suele poner a un jugador de este perfil, más regateador. Las alternativas, jugadores como Sergio Gómez o Baena, son otro tipo de futbolista, más asociativos, menos capaces de sentar a un defensa con un quiebro. Al menos en una de las bandas.

Bryan Zaragoza no es uno más, es de esos jugadores por los que se paga una entrada. Siempre queda la duda de si todo lo bonito que tiene es también legítimamente bueno, pero por lo menos él ha demostrado que en las grandes noches es muy capaz de mostrar una versión óptima de sí mismo. Ahora, tras el desierto bávaro, vuelve a estar en posición de demostrarlo.