SELECCIÓN

De la Fuente nunca será visto como 'The Special One' o un Guardiola, pero manda, arriesga, inventa y gana tanto como ellos

La Nations 2023 le sirvió para estabilizarse, la Euro de Alemania para ganarse el respeto y la gran clasificación al Mundial y la 'Final Four' para avisar de que su vestuario es insaciable y quiere más.

Luis de la Fuente charla con Lamine en el partido de Mestalla. /REUTERS
Luis de la Fuente charla con Lamine en el partido de Mestalla. REUTERS
Alfredo Matilla

Alfredo Matilla

Imaginen por un instante que cualquier entrenador del mundo un día, nada más llegar a su despacho, cita a Sergio Ramos por videoconferencia y le dice a la cara que una cosa es la amistad y otra las cosas de comer. Vamos, que aun siendo convocable porque está en activo y es español, iba a dejar de acudir a la Selección para dar paso a la savia nueva.

Ya de paso, piensen en un técnico —el que prefieran de los top— que se plante ante Brahim y las presiones madridistas pese al riesgo de sacarle del radar y empujarle rumbo a Marruecos. O de enfrentarse a las manifestaciones populares que un día elevan a Iago Aspas y que otro día entronizan a Isco.

Hagan examen de conciencia y reflexionen también por un momento en el que, ya teniendo todo el mundo las cosas claras de su categoría en citas trascendentales —con un repertorio de cambios y confianza ciega en los suplentes—, el iluminado de turno deja de llamar a Nacho nada más ser campeón de Europa, baja en marcha del transatlántico a Joselu y tiene en la sala de embarque a Gavi. Por no hablar de cargarse con el máximo respecto y asertividad a Kepa, Balde, Marco Asensio, Ceballos y compañía.

De la Fuente, sobre el techo de la Selección.

O denle una vuelta, por centrarnos en la actualidad y no remontarnos a la prehistoria, si alguien de repente llama, como ya pasó con Lamine, a un tipo como Asencio, sin ningún partido en su currículum de las categorías inferiores de España y con un escándalo extradeportivo a cuestas que amenazaba supuestamente con quebrar el ambiente familiar de Las Rozas.

O que, con la misma naturalidad, y ya hablando de fútbol puramente, sustituya de una tacada a Morata, Pedri y Lamine en Róterdam hace cinco días y, para colmo, en la vuelta deje a dos de ellos sentados en Mestalla con tanto prestigio en juego.

Si alguien hubiera estado en Marte de vacaciones los dos últimos años y ahora, con estos datos en la mano, quisiera unir todas esas decisiones como un puzle con el objetivo de poner nombre al atrevido que lo ha hecho, su imaginario volaría hacia alguno de los tipos que residen en el pedestal de los entrenadores. De Mourinho a Guardiola, pasando por Klopp, Emery o Luis Enrique. Sin embargo, pocos se arriesgarían a pronunciar el nombre de Luis de la Fuente, que es de quien realmente hablamos. Sin ser 'The Special One' ni 'El puto amo' ni, por supuesto, 'mear colonia' es la persona que ha mandado, arriesgado, intervenido e inventado tanto como ellos sin dejar de ganar, levantar títulos y amenazar al mundo de que maneja un equipo insaciable, para el que ha convocado hasta a 67 soldados, que sigue con hambre.

Los hechos más recientes

En esta última concentración ha vuelto a ganarse al personal con varias lecciones que hubieran sido silenciadas si Unai Simón no hubiera parado un penalti o si Pedri llega a fallar el suyo, que a la postre fue decisivo, pero que se acentúan en la victoria.

Luis de la Fuente charña con su segundo, Juanjo González, en De Kuip.  REUTERS
Luis de la Fuente charña con su segundo, Juanjo González, en De Kuip. REUTERS

Antes de elaborar la lista y reclutar a sus internacionales, el técnico sufrió la baja de Pablo Amo en su cuerpo técnico. Y donde otro hubiera puesto el grito en el cielo buscando un recambio de tronío, no hizo más que correr puestos en el árbol genealógico. El técnico auxiliar que llevaba 10 años a su lado (Juanjo González) pasó a ser su segundo y el analista estrella de la Sub-21 (Alberto de la Fuente) pasaría a ser su mano izquierda sin importarle el qué dirán al tratarse de su hijo. Con la dirección deportiva ha actuado con la misma tranquilidad. Rafa Alkorta sonaba, y aún suena para suplir a Albert Luque, pero a él lo que le ha preocupado era acelerar el regreso de Unai Simón y seguir dando cariño a Rodrigo y Carvajal desde la distancia y no desgastarse en los aledaños de su vestuario.

Ya en la semana de tener que oficializar a los elegidos para estos cuartos de final, comprobó como la defensa se le deshacía a base de desgracias. Y donde alguien con tanta presencia en los medios de comunicación se hubiera puesto la venda antes de la herida y lamentado por no tener a Vivian, Laporte, Paredes, Pau Torres y después a Íñigo Martínez y hasta Cubarsí, mostró una alegría desbordada por el hecho de acortar los plazos para materializar su confianza con Huijsen, Asencio y Mario Gila. Si vuelven a cerrar los ojos y a darle a la moviola, proyecten cómo hubiera reaccionado otro colega en su puesto.

Ya en faena, en el doble compromiso ante Países Bajos, se vieron más detalles que también le elevan técnicamente y no sólo como director de recursos humanos. Para la ida demostró confianza en su núcleo duro de la Eurocopa, pese a que Unai Simón venía de nueve meses en el dique seco nacional, de que Le Normand había perdido el paso en el Atlético y de que Morata, por poner otro ejemplo, se marchó al Galatasaray para competir en un nivel menos. Pero si el once no tuvo sobresaltos, como se esperaba, su mano de hierro con los cambios espantó todas las teorías de la conspiración que, al inicio, lo señalaban como un entrenador al que le gusta poco molestar a sus pupilos. Sustituyó de una tirada a Morata —capitán—, Pedri y Lamine con 2-1 en el marcador. Y lo que unos llaman suerte y otros simplemente hechos, le volvieron a dar la razón. Ayoze y Oyarzabal agitaron el encuentro y Merino puso el empate.

En las malas, valentía

El 2-2, la épica y el hecho de jugar la vuelta en casa pudo contentarle. Al final lo que marca el paso son los resultados. Pero la revisión del vídeo de Róterdam una y otra vez junto a sus colaboradores le empujaron a tomar decisiones de peso. La salida de balón, condicionada por numerosas pérdidas por precipitación, evitó que España dominase a Países Bajos durante gran parte del encuentro. El riojano, siempre con la ayuda de sus analistas, detectó que Koeman había planificado toda su estrategia en medio campo para maniatar a Pedri y urgía una solución. Y, ya de paso, a la delantera había que darle una vuelta porque Morata no se encontraba bien y estaba muy alejado de su mejor versión.

Por eso, donde una mayoría esperaba continuidad en Mestalla, tal y como hizo Koeman (sólo un cambio, empujado por una roja, en el lateral izquierdo), De la Fuente sorprendió con cuatro novedades para ejecutar todos esos detalles que veía mejorables. Con Huijsen se dio brillo a la salida de balón por el perfil que tan bien explora Cubarsí. Y al mismo tiempo, con Mingueza, sumó esa paciencia en el toque y esa inteligencia en la lectura que le había faltado a Porro, algo más precipitado, con menos alternativas en la posesión y bastante más preocupado de parar a un Gapko sobreexcitado que de castigarle a su espalda.

En ataque, De la Fuente sentó a Pedri y descolocó toda la trama que debía liderar De Jong a su alrededor y dio entrada a Olmo para ser menos previsibles y generar confusión entre líneas con una movilidad que le lleva desde crear en la base de la jugada, a caer a banda o aparecer por sorpresa como segundo delantero. En ese cambio de guion, Oyarzabal fue el complemento perfecto porque va, viene, la deja de cara y se sitúa en la espalda de los mediocentros rivales para hacerles la vida imposible. Su doblete, con penalti provocado por él mismo incluido, lo confirma. El olfato y la ambición del realista están fuera de toda duda. Por eso Mikel es el máximo goleador de la Selección en la Era De la Fuente, con nueve tantos. 

Puede que sea casualidad. O que el que toma las decisiones igual sabe de qué va esto.