De la noche en Zaldibar (27 de octubre) a la madrugada de Budapest (1 de junio)

Muchas veces las improvisaciones cuajan. ¡Vaya que si cuajan! El mes de octubre cabalgaba camino del Mundial de invierno de Catar. Aquella no dejaba de ser una conversación más de esas que se viven en una redacción que de por sí ya es una conversación constante. Se trataba de buscar un columnista, un profesional del fútbol, que escribiera en RELEVO sobre sus experiencias vividas y, también, diera su toque personal a la actualidad que se sucedía semana a semana. Alguien muy futbolero. Salta un nombre al vacío: José Luis Mendilibar. "Está virgen, no está maleado, es sencillo, campechano, no se habrá sentado nunca delante de un ordenador para reflejar sus ideas, pero tiene chispa, no se corta, llama a las cosas por su nombre y para su desgracia ahora está sin entrenar. Creo que le podría convencer de que colaborara con nosotros..."
Los jefes, Óscar Campillo, Hugo Cerezo, 'Mati'... cabecean positivamente. "Puede ser, puede ser... nos gusta. Habíamos hablado incluso un día de él. Es verdad que nunca ha colaborado con medios... pero es un tipo que cae bien a la gente porque dice lo que piensa y no se calla. ¿Crees que le podrías convencer?". Lo mejor era salir de dudas. Una llamada rápida, una explicación corta por teléfono sobre la deshonesta proposición que le queremos hacer: escribir en un medio de comunicación recién salido a la calle y una cita más o menos inminente.
Campillo no deja que el balón caiga al suelo. "¿Dónde vive? ¿Zaldibar? Nos vamos el jueves a verle. ¡Ya te digo!" Día 27 de octubre. Cuatro de la tarde. Carretera y manta. Madrid-Zaldivar con algún despiste involuntario en el cruce de carreteras y autopistas entre Miranda y Foronda. Cuatro horas después estamos en la rotonda de la casa de Mendilibar en Zaldibar. Los restaurantes de la zona tienen la mala costumbre de no abrir por la noche hasta el viernes por lo que recurrimos al que está disponible. 'Mendi' es todo oídos. Escucha en silencio nuestro discurso... "Me dijisteis que veníais a liarme y me estáis liando... ¡Si yo no he escrito nunca en mi vida! Anécdotas, vivencias tengo mil, pero no sé si las sabré contar. Yo soy entrenador. Además, yo no soy nadie para juzgar a los demás...Ni por el forro. Cómo me voy a meter en ese berenjenal"
Poco a poco su gesto va cambiando... Va cogiendo la necesaria confianza para afrontar una situación inédita. Al fin y al cabo a los dos tipos que tenía delante tampoco los conocía de tanto. Un poco más a quien esto escribe. Una docena de ocasiones, por poner un número. O lo que es lo mismo tres entrevistas, dos comidas, cuatro cafés y tres aperitivos. Más o menos. Eso sí, pienso que nos habíamos caído bien. A base de ejemplos puntuales, de focalizar más el que podía ser el contenido de sus artículos, 'Mendi' se va soltando... "A ver, un ejemplo. Ahora que el Arsenal va líder de la Premier, yo a Arteta le conocía cuando tenía 14 años y venía a entrenarse a Lezama. ¿Tendría que escribir de mi relación con él, de cómo le conocí, cómo juega el equipo...? Y también se puede escribir de los técnicos vascos, que están todos triunfando en la Liga y en la Premier. Todos, menos yo que estoy en el paro. ¿Y del Mundial qué sería? Hablar, bueno escribir, de un partido, de un jugador, de un estilo de juego... ¿De lo que yo quiera?... Ya me habéis liado. Venga. Probamos con el Mundial, pero tú, Enrique, me vas proponiendo asuntos, me vas orientando...".
Ya está. Así y no de otra manera, José Luis Mendilibar pasó a hacer sus primeros pinitos como articulista deportivo en Relevo. Una veintena de comentarios semanales, siempre en domingo, el día creado para jugar al fútbol; un par de entrevistas de pizarra pura; un coloquio como moderador con Urzaiz y Loren Juarros en vísperas de un derbi vasco... hasta que pasó lo que tenía que pasar algún día. Que un club llamara a su puerta para ofrecerle un puesto de trabajo. Fue el Sevilla. Pim, pam, pum. Tres golpes de teléfono, una reunión en Madrid y un sí quiero inmediato a pesar de que la oferta no pasaba del final de la presente temporada, o lo que es lo mismo, dos meses y medio. De dinero, casi ni habló. Iñaki Ibáñez, su representante y amigo, ya sabía que en este ocasión no era lo molar. Casi ni regatearon. Lo importante era volver al mercado, al banquillo, sentirse otra vez entrenador y librarse de un tal Ortego que todas las semanas le llamaba un mínimo de dos veces para preparar el artículo dominical.

Y allá que se fue. De Zaldibar a Nervión, a la Sevilla blanquirroja y palangana. Objetivo: salvar al soldado Monchi. De la Ciudad Deportiva directo al hotel NH Collection y viceversa con once partidos de Liga de por medio y unos cuartos de final de la Europa League contra el Manchester United que, entonces, sonaban más a trámite y estorbo que a ilusión y vida. Todo lo que pasó desde aquel 2 de abril en el Ramón de Carranza con victoria ante el Cádiz (0-2) ya lo sabe todo el mundo. Mendilibar salvó al Sevilla del descenso hasta colocarle cerca de las plazas europeas. Mendilibar llevó al equipo a la final de la Europa League tras eliminar al United y a la 'Juve'. Mendilibar ganó la Séptima... y Mendilibar espera ahora que el Sevilla F.C. le devuelva ahora al menos la mitad de todo lo que él le ha dado.
Ahora sí. Ahora ya ha llegado el día de sentarse a hablar. De reconocer públicamente que quieren hacerle un nuevo contrato. De aparcar los silencios que presidente, vicepresidente y director deportivo emitían cada vez que se les preguntaba por la continuidad del técnico. Ahora sí. Ahora ya no son capaces de de hacer oídos sordos a la lógica y a la razón, a la ley no escrita de no tocar lo que sí funciona. Ahora, ya no pueden callar a un sevillismo que ha recogido bajo su manto a 'Mendi', un tipo sencillo, honesto y humilde que ya conoce la Feria y la Semana Santa y a un entrenador del pueblo, normal, sin extravagancias. De esos que piensa y defiende a capa y espada que el mejor ataque es un buen ataque y que jugar en campo contrario tiene menos riesgos que jugar en el tuyo.
Ese ser terrenal nació en Zaldivar hace 62 años y 216 días mediante estaba viendo partidos por puñados en su casa, ejerciendo de abuelo... y escribiendo artículos para RELEVO. Nosotros perdimos sus historietas y el Sevilla se encontró con un paisano que le ha metido en caja los 40 millones que significa jugar la Champions de la temporada próxima. Nunca 200.000 euros fueron tan bien invertidos... y encima no nos pagaron la cláusula de rescisión....