EUROCOPA | ESPAÑA - FRANCIA

Por qué hay tanto rencor con Morata en España: aunque nadie lo sabía, todo empezó con dos fotos hace 25 años

Jugar con Real Madrid y Atlético le ubicó en un espacio indeterminado, 'blanco' fácil de la catarata de crítica y memes que sufre.

Morata, en dos fotos de niñez con sendas camisetas del Atlético/'X'
Morata, en dos fotos de niñez con sendas camisetas del Atlético 'X'
Hugo Cerezo

Hugo Cerezo

"Ya sabéis mi posición con Morata. Estamos de acuerdo en lo que dice. Es injusto el tratamiento a un referente en el fútbol nacional y capitán de la Selección. Estoy en desacuerdo con lo que se dice sobre él. Me posiciono claramente a su favor". Con esta declaración, De la Fuente sacó su escudo en la conferencia de prensa previa a la semifinal para defender a su delantero. El seleccionador se caracteriza por dar la cara por los suyos. Por necesidad pero también por convicción. Con Álvaro, además, lo hace en un acto de justicia, por todo lo que da dentro de la caseta. Pero, ¿por qué hay tanto odio con Morata en España?

Esta historia nace hace aproximadamente 25 años. Dos fotos que se hicieron de manera inocente pero que sirven para explicar lo que viene pasando con Morata desde hace mucho tiempo. Como si fueran una suerte de semilla. Un pequeño Álvaro que en una instantánea aparece con la camiseta del Madrid y en otras, con la del Atlético. Era rubito, apenas siete-ocho años. Ambas salen del archivo familiar, aunque el jugador solo publicó las rojiblancas. Recuerda en parte a la película Eres mi héroe, cuando un chaval preadolescente se muda desde Burgos a Sevilla, año 1976. En su primer día de cole, le hacen la pregunta más importante: "De cuál eres, ¿del Betis o del Sevilla?". "De los dos", contestó él. Ahí empezó el bullying.

Esa dicotomía infantil, que se convirtió en real cuando Morata defendió ambos colores, primero en las canteras y después en el fútbol profesional, convierte al capitán de la selección en una diana permanente. La afición blanca le trolea sin compasión porque dejó de considerarle de los suyos mucho tiempo atrás y porque al asegurar que de pequeño era el Atleti de alguna manera traicionó al Madrid, como si hubiera sido infiel tantos años. Y la rojiblanca no olvida que una vez (mejor dicho, tres) fue madridista. Muy madridista. No hay un ejército de fieles detrás de Morata. Al contrario, los tiene de enemigos.

Lo explicó Bonucci en una entrevista reciente con este medio. "Si su carrera hubiera sido de quince años en España, y en un mismo equipo, creo que hoy no tendría tantas críticas ni juicios fáciles. Él jugó en Italia, en la Premier, el Madrid, luego el Atlético… Creo que cuando tomas estas decisiones a lo largo de tu carrera partes ya con desventaja". Esa no pertenencia a un club, ese ir y venir, le ha dejado en tierra de nadie, víctima del fuego cruzado.

Morata sitúa el click en su marcha del Madrid. Lo dijo en El Mundo a solo dos días de una semifinal de la Eurocopa, saliéndose del canon de capitán clásico que sabe elegir qué y cuándo decir las cosas. "¿Un meme? Llevo siéndolo desde que salí del Madrid". Aquello fue en 2017 de manera permanente rumbo al Chelsea; porque en 2014 se marchó dos años cedido a la Juve pero volvió para ganar Liga y Undécima en la 16-17. Antes le dio tiempo a ser decisivo en la eliminación blanca de semis de la Champions de 14-15, con dos goles, en Turín y el Bernabéu, que no celebró.

El caso es que su llegada al Atlético y sus declaraciones grandilocuentes sobre lo que suponía vestir esa camiseta, habiendo defendido la blanca, arrancaron parte del meme al que se refiere. El de los sueños de Morata. Jugar en la Juve, en el Chelsea, en el Madrid y, cómo no, en el Atlético. Llegó a decir que cuando estaba en la cantera del Madrid iba al Calderón con su padre. "Yo siempre fui del Atleti". Difícil de creer para quien participó de la serie documental Campo de Estrellas que pagaba el Real Madrid para contar las historias de sus canteranos y jugadores más jóvenes. "Es el equipo de sus sueños, en el que siempre quiso jugar de pequeñito", aseguraba su hermana sobre el Madrid.

Después llegaron más memes, como los de los fueras de juego en los que suele caer. O la puntería. La tormenta lleva siendo imparable mucho tiempo, pero cuando el foco se posa sobre él, como en esta Eurocopa, se convierte en un tornado que arrasa hasta al más ubicado. Incluso a quien su algoritmo de redes sociales no tiene que ver con el deporte, le llegan chistes sobre Morata. Los clásicos de si Lennon seguiría vivo o las torres gemelas en pie de haber estado él de por medio.

Morata ha dicho basta en muchas ocasiones. En esta Eurocopa se ha desatado ante los medios sin cortarse. "Mis hijos no entienden por qué hay tanta gente que le tiene rabia a su padre" (Cadena Ser), "En España falta valorarnos más a nosotros mismos, y no hablo sólo de fútbol" (Marca) o "en España me cuesta mucho ser feliz. Al final siempre sale algo por algún lado" (El Mundo) son tres sentencias sumarísimas sobre lo que dice vivir él en nuestro país. Cuesta creer que capitanes previos de la selección como Raúl, Casillas o Ramos se despacharan en mitad de una Eurocopa diciendo que "en España no hay respeto por nada ni por nadie". Una generalización de lo más grosera de quien porta el brazalete de la selección nacional.

En esta ronda de entrevistas también ha trasladado: "No quiero dar la sensación de que estoy aquí quejándome o que soy un llorón". Ha conseguido justamente lo contrario, porque Morata ha acumulado titulares de los que generan ruido y debate, seguramente los más polémicos desde que arrancó la Eurocopa, nota discordante para la voz de un capitán. No le escucharemos a Rodri aseveraciones de tal calibre. No es de ahora, porque Morata siempre ha sido transparente ante los medios, verbalizando sensaciones o situaciones en su afán de buscar empatía. Malos momentos, charlas en casa, episodios difíciles de digerir… Tantos que él sabe, y por eso lo dice, que no quiere aparecer como un "llorón".

Su discurso por tanto no es nuevo. En 2017: "Nunca debí irme de la Juve. Volví al Madrid porque había acuerdos contractuales que tenían que ser respetados. Pero la desilusión fue enorme, volví al punto de partida. Me trataron como el niño que era antes de mis dos temporadas en Italia" (La Gazzetta)". En 2019, sobre sus años en el Chelsea: "He llegado a romper el teléfono tirándolo contra la pared después de los partidos. Le decía a mi mujer que nos fuéramos lo más lejos posible en enero porque no podía con esa presión" (El Partidazo). En 2021, cuando le pitaron en algún partido en España de la Eurocopa: "Había veces que me levantaba en la habitación y no tenía ganas de nada. Hasta que bajaba al desayuno y veía a mis compañeros o hablaba con mi mujer por teléfono y recuperaba las ganas de todo" (El País). En 2023: "Hay cosas que me ha tocado vivir a lo largo de estos años que son muy desagradables. Por eso también he tenido que trabajar mucho la cabeza, he pasado momentos de querer irme y dejarlo todo porque no me merecía la pena pasar por lo que pasaba" (El Larguero). Hace unos días: "Estuve en la mierda, he tocado fondo y he pensado en tirar la toalla" (El Chiringuito).

Morata ha sufrido lo que muy pocos jugadores en la historia de España, ser pitado por su propia afición. Le pasó en La Cartuja en la Euro 2021. Pero también en el Metropolitano, días antes, en un amistoso. "Insultar a través de un teléfono o un ordenador es muy fácil. Hace cinco o seis años me hubiera rayado la cabeza bastante, pero ahora no me importa porque lo que me pasó el otro día ya lo viví en un estadio aquí en España y ya sé pon donde viene y hay que aceptarlo. Yo me siento bastante respetado por la afición en España, por todos los campos donde vamos", dijo en As. Le volvió a suceder contra Brasil en la que fue su casa, el Bernabéu. "Cuando acabe la Eurocopa hablaré de eso", zanjó el madrileño, así que con el tiempo sí parece que los silbidos en su tierra le duelen, como es lógico.

Su entorno

Morata no ha cambiado de agente desde que lo captó Juanma López siendo un crío. El exatlético y exinternacional, particular donde los haya, ha llevado al jugador a una cascada de movimientos como no se ha visto en el fútbol español. Suyo es el récord de montante total en traspasos, con 189 millones. Pero nunca solo, porque Alfonso, su padre, ha sido y sigue siendo sombra de ambos. Este expublicitario ha velado desde niño por la carrera de su hijo, del mismo modo que ha sido capital en las inversiones y en el equipo que acompaña a Morata. Su mujer, Alice Campello, también lógicamente tiene su voz y voto.

El jugador posee distintos negocios, entre ellos los famosos minicroissants con los que participa de una franquicia. Pero también cuenta con su propia Fundación, un sueño, este confirmado, que el padre tenía cuando Morata apenas había cumplido la mayoría de edad. Se vuelca en "la integración de niños que padecen cualquier tipo de marginación, por razones físicas, sociales o culturales". Morata siempre quiso ayudar a los que lo necesitaban, como cuando regalaba botas a compañeros que no tenían recursos siendo un niño.

Álvaro ha asegurado que es una lástima que la madurez llegue a los jugadores cuando se están retirando. Esa edad que sobrepasa los 30 en la que se van entendiendo muchas cosas. Morata todavía está en ese proceso. Cada vez que se pone delante de un micrófono se aprecia su sensibilidad, son muchas las entrevistas en las que se emociona, y su volatilidad, capaz de decir que no quiere parecer "un llorón" segundos después de asegurar que en "España no se tiene respeto". Le sucedió lo mismo cuando dio luz verde a irse a Arabia para tumbar la operación cuando solo faltaba la firma. O cuando acordó con el Atlético un mensaje compartido de continuidad para arrepentirse horas después y no cortarse en verbalizarlo públicamente a los cinco días.

No se puede trazar con finura un perfil de Morata en un puñado de párrafos, pero sí plasmar las contradicciones y el sentimentalismo que afloran cuando llueve el odio sobre un jugador que ha sufrido como muy pocos la ira y la mofa de su propia afición, la española.