FÚTBOL | ENTREVISTA

El calvario de seis meses de Paco Herrera por culpa de una tuberculosis: "Dejé a mi hija y me fui a las montañas; tosía sangre y tenía agujeros en el pulmón"

El exentrenador revive en Relevo la tuberculosis que sufrió como jugador y su carrera en los banquillos desde su nueva vida. "Voy a la Universidad de Mayores, mis hijas flipan con lo cuidados que tengo los apuntes", dice.

Paco Herrera, durante un partido como entrenador de Las Palmas. /GETTY
Paco Herrera, durante un partido como entrenador de Las Palmas. GETTY
Jonathan Ramos

Jonathan Ramos

Hay personas que han protagonizado cientos de artículos en prensa sin hablar de ellos mismos. Paco Herrera (Barcelona, 1953) es una de esas personas. Como jugador pudo fichar por el Real Madrid y el FC Barcelona y desde el banquillo consiguió varios ascensos mientras decía que no a las constantes llamadas de su amigo Rafa Benítez, donde le ofrecía formar parte de su cuerpo técnico en equipos como el Valencia. Esta es una pequeña lista de cosas que no se conocían de Paco Herrera, porque Paco siempre ha sido el hombre a llamar para hablar de todos, pero casi nunca de sí mismo. La irrupción de Iago Aspas, la época gloriosa del 'Spanish Liverpool' de Benítez o del 'fenómeno Jude Bellingham', que vio con sus propios ojos, son algunos de los temas más abordados en sus entrevistas, pero Paco tiene cuerda para más.

Hablar con él sobre su carrera como jugador y entrenador no se convierte en una charla llena de batallitas, más bien en un ejercicio para su memoria maltrecha construida a base de "tres o cuatro porrazos importantes". Entre el entrevistador (23) y el entrevistado (70) hay 47 años de diferencia, pese a ello uno de los dos sigue buscando el cuadro ideal para enmarcar su título de máster y el otro acude feliz a sus clases en segundo de carrera. "Voy a la Universidad de Mayores. Saco los apuntes, escucho a los profesores, tomo notas… Mi mujer y mis hijas flipan con lo cuidados que tengo los apuntes", se delata Herrera.

Entre ponencia y ponencia, el que fuera el ideólogo del ascenso a Primera del Celta de Vigo y Las Palmas, saca un hueco -hora y media, para ser exactos- para atender a Relevo desde su Badajoz adoptiva, pues allí echó raíces tras retirarse como jugador y vio nacer a tres de sus cuatro hijas. A Extremadura llegó después de dejar el Levante por una enfermedad nunca antes desvelada. "No sé cómo, pero cogí la tuberculosis", confiesa. Durante seis meses se tuvo que apartar de los suyos para hacer frente a una bacteria "que te mandaba para el otro barrio". "Dejé a mi hija pequeña con sus abuelos en Barcelona y me fui con mi mujer a la montaña", recuerda a lo largo de esta entrevista.

Hola Paco, ¿cómo estás?

Todo bien. Estoy en el salón con toda la familia, que ha venido mi hija de Barcelona con su marido y estamos de fiesta con el resto de la familia. Me voy a subir arriba, que arriba estoy más tranquilo.

Sin problema.

Venga, y así no tenemos ruido ni nada por el estilo. Te advierto que mi memoria ahora mismo no es de las mejores.

¿Y eso?

Bueno. Diferentes cosas que van ocurriendo, pero estoy bien.

La mía tampoco es demasiado buena y tengo 23 años.

Yo digo que como siempre metía la cabeza en todos sitios y he tenido tres o cuatro porrazos importantes, habiendo perdido el conocimiento, pues ahora me falla un poco la memoria en algunas cosas. No sé si tengo razón con eso, pero es la excusa que busco.

La excusa parece buena.

Sí, la excusa es buena. Tiene sentido además. Sobre todo con el tiempo pasado. Ahora no, yo ya me he quedado quieto. Yo voy a la universidad, he terminado primero de la Universidad de Mayores. Pero sí, sobre el tiempo pasado tengo algún olvido.

Paco Herrera, durante su etapa como entrenador del Celta de Vigo.  EFE
Paco Herrera, durante su etapa como entrenador del Celta de Vigo. EFE

¿Qué es eso de la Universidad de Mayores?

Hay una universidad que se ha creado para la gente mayor. Es para la gente que se ha jubilado y se llama la Universidad de Mayores. Es muy interesante. A mí me lo descubrieron mis hijas y como yo ya estaba fuera de todo, que lo único que hago es salir a pasear, porque antes corría un poquito, pero lo estoy dejando porque me duelen mucho las rodillas. Al tener cuatro operaciones en las rodillas, pues tuve que parar. Estaba ocioso todo el día y cuando venían mis hijas me decían: 'papá, tienes que hacer algo'. Una de ellas se enteró de que estaban creando la Universidad de Mayores y en eso estoy.

¿Cómo le va en la vida universitaria?

Es muy interesante. He terminado primero de carrera y empecé segundo como hace 15 o 20 días. Las materias son parecidas a lo que has hecho cuando estudiabas, pero todo más simplificado y sin entrar en asignaturas como matemáticas, por ejemplo. Mira, aquí tengo alguna de las asignaturas: 'Historia y evolución de la música', 'ingeniería y arquitectura, aplicaciones a la sociedad'... Pues son dos de las asignaturas que tengo ahora. 'Historia, ejercicio y vida sana', 'historia antigua de la literatura clásica'... Eso es más o menos el tipo de asignaturas.

¿Tiene muchos compañeros?

Los que vamos a clase ya tenemos cierta edad. Te puedo decir que en la universidad de aquí, en Badajoz, el año pasado seríamos 40 o 50 personas. Este año es una locura. En mi clase éramos 100 personas o más, y han tenido que abrir otra aula de la universidad para dividirnos, porque no se podía estar así. Ya me dedico a eso y el fútbol a verlo por televisión y poco más.

La pregunta es obligada. Como entrenador subió al Badajoz a Segunda en el 92, ¿le reconocen en clase?

Sí. El primer año, sobre todo. También te digo, como futbolista jugué los últimos siete años aquí y después ya me quedé. Aunque no soy de aquí, Badajoz se convirtió en mi casa. Tres de mis cuatro hijas nacieron aquí. En Badajoz es donde empecé mi carrera como entrenador. Entrené al juvenil, después en Tercera División y llegué al primer equipo, con el que subí a Segunda División. Estuve un año de entrenador en Segunda y al siguiente ya empezaron a llamar otros clubes. Así empezó mi andadura en otros equipos. Rafa Benítez, que entrenó al Extremadura en Segunda y lo subió a Primera, y yo teníamos una relación muy directa. Siempre que se movía de equipo me llamaba y yo le decía que no. Yo quería ser yo.

Antes de repasar su etapa en los banquillos me gustaría preguntarle por su etapa en el Levante como jugador. ¿Es cierto que dejó el equipo por una enfermedad?

Sí. Yo estuve en la Damm hasta el último año de juveniles. En aquel momento yo destacaba bastante y a mí me quiere el Real Madrid y el Barcelona. Todos los equipos importantes solían pescar en la Damm, porque no tiene convenio con ningún club. Por eso me vino a buscar el Madrid y el Barça, pero yo quería jugar ya. Quería jugar ya y no en el segundo equipo. Ahí me surge la oferta del Sabadell, que habían bajado y me daban la posibilidad de jugar directamente en Segunda División con 18 años. Jugué dos temporadas en un equipo lleno de veteranos y me enseñaron a ser futbolista. Luego me vendieron al Sporting de Gijón, en Primera División, y de allí al Levante. Ahí es donde tuve el problema.

¿Qué problema?

No sé cómo, pero cogí la tuberculosis. Lo supe en cuanto me hicieron todas las pruebas, porque yo jugaba con fiebre, todos los días tosiendo… El entrenador habló conmigo y con el club y dijeron: 'a este chico hay que hacerle unas analíticas'. En los resultados salió que había cogido una infección y en el pulmón ya tenía un agujero. Se estaba haciendo un agujero importante y ya empezaba a echar sangre por la boca y aquello tenía muy mala pinta. Yo ni fumaba, ni bebía. Era un chico deportista que se ha cuidado siempre. Ahí tuve que dejar el fútbol durante seis meses. Dejé a mi hija pequeña con sus abuelos en Barcelona, porque podía contagiarse y me fui con mi mujer a la montaña.

¿A la montaña?

A un sitio que me localizaron. Era un lugar donde había aire sano y todas esas cosas. Estuve ahí seis meses. Todos los días bajaba al pueblo, a un pueblecito, a pincharme las inyecciones que me tenía que poner para los antibióticos y tomaba no sé cuántas pastillas. Una inyección cada día durante tres meses y tuve la suerte de que en el cuarto mes el agujero que tenía el pulmón ya se formó una cicatriz. Después de eso yo no quería continuar en el Levante.

¿Por qué?

El recuerdo que tenía de Levante era el de la enfermedad. Al acabar el año, a través de unos compañeros que eran del Badajoz, me dijeron que querían tenerme cedido, porque el Levante no me quería dejar libre. Dije que no. Yo quería irme libre. Me dejaron al final y acerté al venir aquí [Badajoz]. Volví a ser el mismo. La enfermedad había desaparecido. En el pulmón ya se veían las cicatrices, pero estaba totalmente cerrado. En aquel tiempo era una enfermedad que te llevaba para el otro barrio y ya no me quise mover de Badajoz. Me volvieron a llamar varios equipos, pero yo valoré otras cosas. La enfermedad me enseñó que había otras cosas más importantes, como el ser feliz.

¿Cómo fue parar tu carrera y alejarte de tu hija medio año?

Yo estaba haciéndolo muy bien, el club estaba supercontento conmigo y yo estaba muy feliz también. Tengo la suerte de que el médico del club es un médico que tenía toda la información al respecto de la enfermedad. En aquel tiempo tú cogías la tuberculosis y te ibas al otro barrio, como yo he dicho siempre. Ya había medicinas y tratamiento, por eso recomendaron que me fuera a un lugar donde tuviera aire sano. El club, que se portó muy bien, nos encontró un sitio entre Valencia y Aragón, por esa autopista. Dejamos a nuestra hija, la única que teníamos, con los abuelos y nos fuimos. Bajaba todos los días al pueblo andando para ponerme unas inyecciones de antibióticos de bastante dureza. Luego volvía a subir y era reposo absoluto. No sé cómo cogería la tuberculosis. Cuando termina la temporada el club me llama para renovar, pero yo tenía la necesidad de cambiar de ciudad por lo que había vivido.

Todo te recordaba a la enfermedad.

Me había tirado un año sin jugar al fútbol. El Levante me quiso recuperar esa temporada. Hablé con ellos y les dije que lo que había vivido no lo quería volver a pasar, que me recordaba todo a lo que había vivido. Cuando cogí la enfermedad no es como si te pasa ahora. Todo lo que vives en ese momento, el echar sangre por la boca cada vez que tosía, el tener los agujeros que tenía en el pulmón… todo me recordaba a aquello. El Levante lo entendió y consiguieron un acuerdo para que fichase por el Badajoz.

En Badajoz echaste raíces, hasta convertirte en leyenda del club por el ascenso a Segunda en 1992.

Aquí nos hemos quedado. Yo estaba convencido de que mi vida estaba aquí, estábamos convencidos mi mujer y yo. Por eso jugué en Badajoz hasta que me quise retirar. Cuando me retiré cogí el equipo juvenil. El primer año yo era director deportivo, el segundo año compaginaba al equipo en Tercera División y ser el director deportivo. Ya al tercer año cogí el primer equipo que estaba en Segunda B y tuve la suerte de subirlo a Segunda. En ese momento yo me veo en una tesitura donde me llaman cuatro o cinco equipos de Segunda División y es donde tuve que decidir si mi carrera era el fútbol o no.

Paco Herrera, en un partido con Las Palmas contra el FC Barcelona.  ARCHIVO
Paco Herrera, en un partido con Las Palmas contra el FC Barcelona. ARCHIVO

Hiciste carrera.

Con el Badajoz se abrieron las puertas. Me empezaron a llamar de otros equipos y empecé a entrenar en Segunda División y en Primera, como me ocurrió en el Celta de Vigo y en Las Palmas. En otros equipos llegué a jugar el playoff de ascenso a LaLiga, pero no lo conseguimos. El resto de mi carrera era seguir una línea correlativa, hasta que me llama Rafa Benítez cuando estaba en Almería [Poli Ejido, 2003]. Habíamos hecho el curso nacional de entrenadores juntos en Albacete y teníamos muy buena relación. Es curioso porque yo estaba en el Poli Ejido que había subido a Segunda División ese año. El presidente me llamaba siempre y me decía: 'que te vengas'. Yo le decía que no.

Al final terminó entrenando en El Ejido.

Sí. Lo que me convenció es que me dijo: 'te voy a pagar esto'. 'Venga Gaby [Gabriel Hidalgo, presidente del club], cómo dices que me vas a pagar eso. Eso no lo paga ningún equipo de Segunda', le respondí. Era verdad y le dije que sí. Fue un año espectacular porque jugamos playoff de ascenso a Primera, pero no lo conseguimos. En ese momento le dije: 'Gaby, yo quiero dedicarme a esto seriamente ya'. El año siguiente me fui al Recre y a los pocos meses me llamó Rafa [Benítez].

Su etapa en Inglaterra y los ascensos con el Celta y Las Palmas han sido tus vivencias más emocionantes. ¿Ahora qué es lo que motiva a Paco Herrera?

Nada, me he apartado de todo. Voy a ver casi todos los domingos al Badajoz. Los señores que están en el club, aunque sean de fuera, enseguida me hablaron y me dieron un asiento en el palco presidencial a su lado. 'No necesito nada de eso, yo saco mis abonos', les dije. Ahora voy a todos los partidos que puedo y veo por la televisión LaLiga, porque sigo amando el fútbol como el primer día. También el apuntarme a la Universidad de Mayores me ha venido muy bien, porque en la cabeza empezaba a tener problemas. Empecé el año pasado con una ilusión de la leche, todas las tardes me voy andando desde mi casa hasta la universidad. Aprobé primero y ahora he empezado segundo. Es lo que me motiva ahora, desde que empecé a jugar en Segunda tuve que dejar los estudios. Volver a hacer eso otra ver me tiene emocionado. Saco los apuntes, escucho a los profesores, tomo notas… Mi mujer y mis hijas flipan con lo cuidados que tengo los apuntes.

¿Le gustaría volver a entrenar?

Pues mira, eso es algo que siempre he pensado. No sería entrenar a un nivel alto, sino a un equipo de la base. Sin moverme de aquí [Badajoz]. Ya lo hice en el Badajoz y me gustaba mucho trabajar con niños. Pero bueno, por ahora estoy bien.