Parece que Rubiales le ha ganado a Jenni Hermoso hasta que lees lo que el juez ha dado por probado en la sentencia
El juez José Manuel Clemente Fernández-Prieto reconoce actos cometidos por el expresidente y los otros tres acusados que, salvo la agresión sexual, no han sido condenados.
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Luis Rubiales ha sido condenado por agresión sexual a una multa de 10.800€, una cifra que irá a parar a las arcas del Estado, y a 3.000€ de indemnización en concepto de responsabilidad civil que recibirá la víctima, Jennifer Hermoso, por el beso durante la celebración del Mundial de Sídney. La imagen dio la vuelta al mundo y abrió un poderoso debate en la sociedad española y, especialmente, en el ámbito del fútbol. ¿Era solo un piquito?
Pues bien podría parecerlo si nos quedáramos sólo en el titular de la condena que el juez José Manuel Clemente Fernández-Prieto ha impuesto al expresidente de la RFEF, pero lo cierto es que de la letra pequeña de la sentencia se extrae una retahíla de situaciones que el propio magistrado da por probadas. Hechos que, aunque no sean judicialmente punibles —los acusados no han sido condenados por las coacciones—, demuestran la estructura de poder y un aparataje (casi) sin fisuras al servicio de su entonces presidente. El plan sólo tuvo una grieta: una generación de mujeres que se plantó ante las presiones y que se parapetó para proteger a Jenni.
El juicio, que duró nueve días y que se batalló en la Audiencia Nacional pero que pudo seguir en streaming todo el mundo, sirvió para dibujar y entender cómo operaba la RFEF que dirigía Luis Rubiales. El juez ha considerado demostrado que hubo beso y que este se produjo sin el consentimiento ni la aceptación de Jenni Hermoso, pese a los incisivos intentos de desmontar la imagen de víctima perfecta por parte de la defensa de Rubiales. Pero no sólo eso.
El primer intento: Rubiales le pide a Jenni que le defienda
El juez considera probado que el entonces presidente pidió a la jugadora, ya en los pasillos del estadio, que hiciera una declaración pública en la que reconociese que había consentido el beso, algo a lo que ella se negó. Se refieren al momento en el que Ana Álvarez, exdirectora de fútbol femenino de la RFEF, pidió a la jugadora que saliera del vestuario durante la celebración porque Rubiales quería hablar con ella.
Jenni Hermoso se negó, según considera probado el juez, ya en ese momento a hacer ningún tipo de comunicación pública para restarle gravedad a lo acontecido. Era campeona del mundo y quería celebrar.
Segundo acto: el episodio del autobús
Fernández-Prieto hace referencia en la sentencia también a la secuencia del autobús, cuando la Selección femenina se dirigía hacia el aeropuerto tras ganar el Mundial. Ese momento, que se utilizó durante los meses posteriores para desacreditar a Jenni, resultó ser uno de los puntos de inflexión, cuando Irene Paredes llamó la atención a algunas jugadoras que bromeaban sobre lo sucedido. El juez estima que es cierto que alguien (no se sabe quién) pasó a Jenni la orden de que bajara del autobús y que al hacerlo, el director de comunicación de la RFEF, Pablo García Cuervo, y la jefa de prensa, Patricia Pérez, le enseñaron un comunicado que no había escrito ella y que no había autorizado a nadie a escribir en su nombre. "Leyó el escrito del móvil por encima, sin querer saber lo que ponía exactamente", confirma el juez. Esas palabras, que buscaban parar "el revuelo que se estaba formando" le fueron, no obstante, atribuidas y publicadas sin su consentimiento.
El avión: foco de tensiones y presiones
La tensión crecía y durante las casi dos semanas que duró el juicio quedó patente el nerviosismo que la situación produjo entre la cúpula de la Federación. Varios de los testigos hablaron de repetidas reuniones en el avión y de un trasiego constante para tratar de rebajar la repercusión que el acto de Rubiales estaba desatando. El juez hace mención a una de ellas. El entonces seleccionador, Jorge Vilda, se acercó en varias ocasiones a la familia de la jugadora y entabló una conversación con el hermano y un amigo; primero, amigable, alabando "las virtudes futbolísticas de la jugadora", pero luego les "instó para que convencieran" a Jenni para hacer un vídeo junto a Rubiales explicando que el beso había sido un acto consentido, "restándole importancia, recordándoles que a Jenni le quedaba poco fútbol por la edad y la Federación podía tener una deferencia con ella, pero que si la situación se enrarecía iban a caer cabezas y la cosa no iba a ir bien para ella ni para nadie".
En la escala en Doha, Jenni se encuentra con Rubiales y éste le vuelve a insistir para que participe en el vídeo. "Le dice que por favor le ayude porque se estaba liando mucho fuera, que le estaban llamando acosador", relata la sentencia. Ante la negativa de Jenni, el presidente vuelve a insistir "pidiéndolo por favor por sus dos hijas, que estaban atrás en el avión llorando, que lo estaban pasando muy mal". Jenni contestó que "lo sentía pero que en ningún momento iba a hacerlo".
El viaje a Ibiza y los mensajes de Whatsapp
Días después del mastodóntico logro que la Selección femenina obtuvo en Sídney, entre el 22 y el 25 de agosto, algunas jugadoras se desplazaron a Ibiza con ocasión de un viaje organizado por la RFEF para celebrar la Copa del Mundo. En ese contexto, el juez considera probado que Rubén Rivera se acercó a Jennifer Hermoso y le dio el teléfono para que hablara con Miguel García Caba, director de Integridad de la Federación y que este le pidió a la jugadora que declarase en el informe que la propia institución estaba elaborando. "Van a ser dos minutos, solo hay que decir la verdad y ya está". Posteriormente, Rubén Rivera se queda con el teléfono de Jenni para cargárselo y una vez cargado, "intenta, en diversas ocasiones, devolvérselo a su propietaria, a lo que esta da largas para recogerlo". Solo accede a cogerlo, "ante la insistencia de Rubén Rivera".
Posteriormente, Rubén Rivera se volvió a aproximar a Jenni para comunicarle que "Albert Luque se encontraba abajo en el hotel y quería hablar con ella, a lo que ella se niega". Pero Luque insiste y es entonces cuando la amiga de Jenni Ana Ecube "decide ser ella quien hable con él, a quien no conocía". Luque le expresa su deseo de hablar con Jenni y "en un momento dado, le dice que: si les ayudaban, Luis Rubiales devuelve muy bien los favores y no os va a faltar trabajo ni a ti ni a Jenni".
Dejaron abierta la posibilidad de desayunar juntos al día siguiente, pero la agencia de Jenni publicó el día 23 un comunicado con la postura de la jugadora. Ecube informó a Luque y este estalló en un mensaje de Whatsapp: "contestaré como Albert Luque no como federación, yo que lo he vivido todo.... Me parece tan injusto, tan injusto lo que se está haciendo a Luis. Me parece de tanta bajeza humana la actitud de Jenni -tan poca empatía y humanidad- un simple gesto quitarle a una persona el marrón más grande de su vida, sabiendo ella que hay mala fe o, subiéndose al carro de matarlo, tan injusto donde me dijiste que ella no se iba a pronunciar". "No recibir al Director Deportivo de la RFEF y amigos dos minutos. Solo le deseo en la vida, que le devuelva lo que está haciendo pagar a una persona injustamente, pero no se merece nada por la poca humanidad que tiene. Cada uno le da con el tiempo lo que merece". "Dile a Jenni de mi parte que esto son dos días y se encontrará después solita, solita y yo que no soy de alegrarme del mal de nadie esta vez estaré contento por primera vez en mi vida porque es la primera vez que he visto una injusticia enorme de una persona sin corazón y encima se tatúa, pero quién eres tú chica. Tiempo -cada uno pondrá en su sitio".
Ninguno de estos actos, salvo la agresión sexual, ha sido condenado por el juez, puesto que a ojos de la ley las coacciones deben ser con violencia moral o física. Pero sí han quedado probadas las repetidas presiones que el entorno de Rubiales ejerció sobre Jenni y su entorno, en un intento desesperado por limpiar la imagen del presidente y obviando en todo momento el estado emocional de la víctima, a quien, por cierto, el juez "le atribuye plena credibilidad".