De España a México: las tortillas de Míchel y Butragueño, el Guardiola entrenador-jugador...
La sorprendente marcha de Canales a Rayados, tiene varios precedentes y anécdotas en el fútbol español.

Sergio Canales tiene huellas españolas sobre las que pisar en el fútbol mexicano. Y huellas ilustres. De jugadores de tronío que, por una u otra razón, decidieron correr la aventura en el imperio azteca. Sin retrotraerse a los que llegaron y se quedaron después de la Guerra Civil por cuestiones políticas, marcando su territorio, como Isidro Lángara (1943-46), 72 goles en 105 partidos en el Real Club España, desde la década de los 80 ya encontramos futbolistas hispanos que dejaron su picante en México. Aventuras y desventuras. Desde bancarrotas económicas que les dejaron con una mano delante y otra detrás, a experiencias enriquecedoras más a allá de su duración y de la que la mayoría guardan buenos recuerdos.
Abrieron el camino en los años 80, en el Puebla, los Pirri, Asensi, Idigoras, Llangostera, Rifé (entrenador) con los Bermejo, Ortuondo y Valdés en elAtlético Español... Siguieron en los 90, los Butragueño, Míchel, Martín Vázquez, Pardeza, Rafa Paz, 'Paquete' Higuera, José Marí Bakero, Carlos Muñoz... En la primera década del siglo continuaron sus pasos Bango, Manjarín y Guardiola, entre otros. Para desbocarse el mercado en la segunda década del actual siglo: Marc Crosas, Tamudo, Luis García Sanz, Luis García Fernández, Valdo, Abraham González, Víctor Vázques... Meré, Álvaro Fidalgo, Alejando Arribas, Pol García, Edgar Méndez... forman parte de los últimos embajadores.
Una devaluación que lleva a la ruina
Julio de 1980. Todo comenzó con José Martínez 'Pirri', nuevo presidente de honor del Real Madrid. Tras 16 temporadas en el club blanco y después de haber dicho no a una oferta del Cosmos estadounidense cuatro años antes, el jugador, 34 años, recibe una llamada del Puebla mexicano. Primero llaman al Real Madrid porque al futbolista realmente le quedaba un año de contrato porque el club le había ofrecido continuar. La oferta era irrechazable: dos años de contrato, 48 millones de pesetas, rancho a 100 kilómetros de la capital, coche, seguridad, colegio para los niños... y la certificación de que podría seguir estudiando los dos años de la carrera de Medicina que le faltaban. "Si no me hubieran asegurado que podía terminar mi carrera para así incorporarme al Real Madrid como médico, no hubiera ido. Lo mío era como una cesión en la que iba a pasar de jugador a doctor".
La leyenda Isidro Lángara, uno de los primeros aventureros españoles en jugar en México, curiosamente estaba de responsable de las secciones inferiores del club y es uno de los privilegiados que está presente en su debut... a puerta cerrada. Pirri, en esas dos temporadas, disputa 56 partidos y marca 18 goles, a pesar de jugar de líbero. Bien asentado y tratado como un 'virrey', comenzó a recomendar futbolistas españoles para la expansión del club. Se habló primero de sus compañeros de equipo: el portero Miguel Ángel y el central Benito, pero quienes llegaron fueron Juan Manuel Asensi, otro veterano ilustre, capitán del Barcelona, con quien había hecho buenas migas en la Selección y el guipuzcoano, Santi Idigoras, que se acababa de proclamar campeón de la Liga con la Real Sociedad. Como entrenador también se incorpora el exazulgrana, Rifé. Asensi consiguió un contrato de tres años a 18 millones de pesetas por temporada y el club mexicano pagó 20 millones al Barcelona.
A todos les pilló por sorpresa la devaluación del peso mexicano y como sus contratos estaban en dólares, el club cayó en bancarrota y dejó de pagarles. Pirri tenía un tercer año de contrato, pero ya había decidido retirarse y volver a España, pero para sus compañeros de viaje la situación fue distinta: se quedaron en el paro. Asensi estiró un año más en México, en el Oaxtepec, el club de la Seguridad Social.
Las tortillas de Butragueño y Míchel
Con ese mercado ya abierto, a mitad de los 90, otro club mexicano, el Atlético Celaya, volvió a poner sus ojos en un futbolista del Real Madrid. Emilio Butragueño había decidido abandonar el club porque sus perspectivas de continuar siendo titular con la entrada en escena de Raúl no eran las más idóneas y fue entonces cuando el gerente blanco le comunicó que le estaban llamando insistentemente desde un club azteca. "Me llamaban todos los días a casa -dice el interesado- y por fin di el paso. Cuando iba en el avión todavía no estaba convencido. Hablaba conmigo mismo. Pruebo y si el equipo funciona me quedo. Fui para un año y me quedé tres y puedo decir bien claro que desde el punto de vista familiar fueron los tres mejores años de mi vida y desde entonces considero a México como mi segundo país y tengo hacia su gente una enorme gratitud".

En tres años, Butragueño disputó 91 partidos y marcó 29 goles. En el primer curso, inesperadamente, el equipo se clasificó para la final del Campeonato. Perdió y pasó un mal día. "Todos estaban relativamente contentos porque el club nunca había llegado tan lejos, pero yo pasé un mal día, venía del Real Madrid donde me habían enseñado a ganar". Para la segunda temporada, en la que las lesiones le rompen la regularidad de la primera, Emilio cuenta con la compañía de su amigo y excompañero del Real Madrid, Míchel. A quien convence para que le acompañe en la aventura. Un tercer hombre entra en escena: Hugo Sánchez, que acepta unirse a sus dos 'ex' para formar un trío que era aclamado allá por donde el Atlético Celaya jugaba.
Butragueño y Míchel y sus respectivas familias solo se separaban para dormir. Iban juntos a los entrenamientos, comían y cenaban juntos. Veían los partidos de la Liga española, sobre todo los del Real Madrid, saboreando las tortillas de patata que hacía Merche, la mujer del segundo. Emilio se quedó una tercera temporada mientras Míchel y Hugo se fueron juntos en abril del 97. Una pancarta despedía al madrileño. "Míchel, gracias por tu juego y por tu calidad, esta siempre será tu casa". Jugó 34 partidos y marcó nueve goles. Grandes registros, a pesar de lo cual, decide retirarse.

Martín Vázquez y los dolores de cabeza
Curiosamente, otros dos componentes de la Quinta del Buitre también en un momento determinado de sus carreras decidieron pasar por el Campeonato mexicano. Solo faltó a la cita Manolo Sanchís. Llegaron ambos el mismo año, 1997, Rafael Martín Vázquez, empujado por Míchel, que regresaba entonces, firmó por el Atlético Celaya, donde se encuentra a Emilio Butragueño y el ex sevillista, Rafa Paz. Todavía no recuperado plenamente de su grave lesión que le había obligado a dejar el Deportivo, Rafa apenas jugó diez partidos en su nuevo destino. No convenció y a final de temporada decidió aceptar una oferta de la Bundesliga, del Kalsruher ,y dar por zanjada su estancia en México de donde el principal recuerdo que tiene es que le daban unos enormes dolores de cabeza, posiblemente provocados por la altura.
Miguel Pardeza jugó dos años en el Puebla y tampoco estuvo solo. Coincidió con otros dos españoles, 'Paquete' Higuera, con quien había jugado en el Zaragoza y el delantero centro Carlos Muñoz. Pardeza recuerda de buen grado su estancia mexicana. "Acepté por dos razones, la puramente deportiva, quería seguir jugando al fútbol, pero también para ir habituándome lo que iba a ser mi vida sin el balón. Aquel Campeonato no era como la Liga y te daba tiempo a readaptarte a la novedad que te espera. Me sirvió para tomar distancia, y también para comprender mejor a tu país, entenderte a ti y vivir experiencias que te enriquecen como persona".
Como pura anécdota, Miguel recuerda que "en alguna concentración, para relajarnos y concentrarnos, nos ponían música de Andrea Bocelli, el autor italiano. Nos poníamos todos los jugadores en círculo con un sacerdote que nos iba hablando y dando confianza a los acordes de la música que estábamos escuchando. Nunca me había pasado. En general fue una buena experiencia. Impagable. No me arrepentí nunca, además al llegar con 'Paquete' tampoco estaba solo y con tantos españoles en la ciudad, todo era más fácil".
Bakero y Guardiola, aventura fugaz
Con el aval del buen rendimiento de los dos futbolistas blancos, en el primer semestre de 1997, llegó al Veracruz, José María Bakero. Tenía 33 años y firmó tres años a razón de 130 millones de pesetas cada uno. Recibimiento multitudinario y una roca en el camino que el exazulgrana no fue capaz de superar hasta el punto de que solo cumplió seis meses de su contrato. "Había oído hablar de lo que era jugar en altura, pero nunca podía imaginar que era tan bestial. En España ibas a Madrid, que era lo más alto y estabas a 600 metros. pero allí resultó ser más duro de lo que yo esperaba. Desde el primer partido en Toluca a 1.200 metros, a las 12 del mediodía y con 35 grados, todo fue mal. No me acostumbraba a jugar con esas condiciones. Lo intenté pero sobre todo fuera de casa era muy duro física y mentalmente". Jugó solo 17 encuentros y marcó tres goles.
Otro ilustre que cayó en la tentación de la aventura mexicana fue Pep Guardiola que llegó engatusado por la palabra de su amigo Juanma Lillo, que era el entrenador de Los Dorados de Sinaloa. Fue su última experiencia como futbolista. Seis meses escasos. Llegó en diciembre de 2005 y jugó hasta mayo de 2006, que se desplazó a Madrid para realizar el Curso de entrenadores. Pep, 35 años, jugó diez partidos y marcó un gol de falta directa y no logró que su equipo acabase descendiendo de categoría. Curiosamente, en cuatro o cinco partidos en los que estuvo lesionado, Lillo siguió incluyéndole en las convocatorias y desde el banquillo, Pep daba consejos a sus compañeros, con el visto bueno del entrenador. Ya ejercía y salía el técnico que llevaba dentro.
Guardiola confesó al volver de México y dar por finalizada su carrera como futbolista que en Los Dorados "descubrí lo que no había tenido en el Barcelona o en Italia con el Brescia y la Roma. Descubrí el placer de estar en equipos pequeños. Desde los 13 años había estado en el Barcelona, y siempre era ganar y ganar. El placer de jugar en equipos pequeños es que cada victoria parece como ganar una Liga y como no juegas competiciones europeas solo juegas un partido a la semana y se disfruta como un niño".
Por último, no se puede pasar por alto al recordar los futbolistas españoles que han pasado por el Campeonato mexicano, el nombre del ex del Barcelona, Oviedo y Atlético, Carlos Muñoz. Tenía ya 36 años. Poco le dejó de suceder al ariete en su experiencia azteca. La primera zancadilla la recibió a la hora de firmar el contrato. "Viajé hasta allí y veo que no hay contrato preparado ni nada para firmar. Digo que me vuelvo a España y ya en el aeropuerto me llevan los documentos. Querían que firmara allí mismo, pero les dije que me lo mandaron a España y ya aquí lo firme. La primera sensación que me dio es que los nuevos dueños no sabían nada de fútbol y encima escuchaba que con 36 años había ido al Puebla a robar,,, Afortunadamente, todo fue después fenomenal y mi familia y yo pasados una gran experiencia en México".
Nada más llegar, en el invierno del 96, se proclamó máximo goleador del Campeonato con 15 goles en 17 partidos. Al año siguiente, continúo marcando goles, pero su trayectoria estuvo marcada por una protesta airada a un árbitro que le costó ocho partidos de suspensión. También fue víctima de un codazo que le rompió la nariz y le mantuvo un tiempo alejado de los terrenos de juegos. Del Puebla (33 goles en 51 partidos) pasó a Los Lobos, en Segunda, y también fue máximo goleador del Campeonato. En total, cuatro años y medio en tierras aztecas y una despedida... por teléfono. Pensaba que podía volver al Oviedo de Antic, rescindió el compromiso con los mexicanos y, al final, el fichaje no se produjo y tuvo que acabar retirándose.