Un jugador besando a su novio: una foto tan necesariamente normal que emociona

Justo estaba comiendo. Eran las 15:00h y estaba con el móvil -es lo que tiene ser periodista, que vives enganchada a Twitter-. Y entre tuit y tuit de Alexia Putellas (Twitter futfem especulaba con su alta médica), me saltó el de Alberto Lejárraga, el portero del Marbella.
Muchas gracias por estar siempre a mi lado, en las buenas y en las no tan buenas! Esta vez nos tocó vivir lo bonito de esto! GRACIAS ❤️ ❤️ pic.twitter.com/gwsvZQztDW
— Alberto Lejárraga (@alberto_leja) April 25, 2023
Los marbellíes acaban de ascender a 2ª RFEF y Alberto acababa de tuitear: "Muchas gracias por estar siempre a mi lado, en las buenas y en las no tan buenas! Esta vez, nos tocó vivir lo bonito de esto! GRACIAS ❤️ ❤️". El copy iba a acompañado de unas cuantas fotos personales: sus padres, sus amigos y su pareja. Lo que vais a leer a continuación habla bastante mal de mí, pero -enseguida- la mirada se me fue a la imagen con su pareja: era un chico. De hecho, y como acto reflejo (horroroso, todo sea dicho), comenté la jugada con mis compañeros de mesa. Y todos dijimos: "¡Anda, si es un chico!".
Inmediatamente después, miré si entre los retuits había algún citado. Había: "Cuando hablo de amor y condición sexual, hablo de esto es amor, cuando uno siente con el corazón y elige con quién comparti su vida, aunque yo sea hetero entiendo otras maneras de amor, esto se llama evolución de ser humano otras formas de amar de sentir y quién diga no esto 🖕". Después, e incrédula, fui a los comentarios. Todos positivos, ni un ápice de toxicidad. Como si -de verdad- viviésemos en el S. XXI. Y me volví a sorprender y volví a comentarlo con mis compañeros de mesa.
Ninguno lo dijimos en alto, pero todos estábamos pensando en lo mismo: "Un futbolista gay, qué raro". Porque por muchos discursos que nos den -y que tengamos interiorizados- sobre que esto no debería de ser noticia, lo es. Y más las reacciones a su tuit. Siendo sinceros -y otra vez de forma inconsciente- cuando rebusqué entre los retuits y los comentarios solo esperaba encontrar toxicidad, a los mismos garrulos intolerantes de siempre que se creen en posesión de la verdad absoluta.
Y me encontré todo lo contrario. Pero lo que todavía me llamó más la atención fue la naturalidad de Alberto. Sin afán de protagonismo, sin ninguna alusión a que su pareja fuese un chico, con total y absoluta normalidad. Me he pasado el texto autojustificando mis pensamientos inconscientes, pero lo cierto es que es la realidad. Hasta para los más cuerdos -entendiéndolos como los que no hacen ningún tipo de distinción entre los heterosexuales y los homosexuales- que un futbolista sea gay, que nadie le insulte (y más en redes sociales) y que tanto él como su entorno profesional lo lleven con total normalidad llama la atención. Y, lamentablemente, sí es noticia. Me encantaría hablar con él, y que me siga dando lecciones.