OPINIÓN

21 años llorando por 'Quiero ser como Beckham' empiezan a ser demasiados

Jules y Jess, durante una escena de la película 'Quiero ser como Beckham'. /'Quiero ser como Beckham'
Jules y Jess, durante una escena de la película 'Quiero ser como Beckham'. 'Quiero ser como Beckham'

Podría ver una y mil veces 'Quiero ser como Beckham'. Es más, no estoy segura de no haberlo hecho ya. He sido y soy y he sentido y siento a todos y a cada uno de los protagonistas de esa película como si fuese la de mi vida. 'Quiero ser como Beckham' está llena de paralelismos que unen la vida de Jules y Jess -sus dos protagonistas- con la de cualquier chica del mundo que haya jugado al fútbol. Y eso vale más que mil Óscares.

Cuando se estrenó -el 11 de abril del 2002-, tenía 10 años y mi madre no sabía que jugaba al fútbol. Para ser sinceros, le mentía. Como Jess -Parminder Nagra- a su madre. Ella se inventó un trabajo y escondía sus botas de fútbol en el jardín. Yo, en cambio, le pedí a mi amiga Erika que cada vez que mi madre le preguntase si había jugado al fútbol en el patio, le dijese que había saltado a la comba. Un día, llegué a casa con los pantalones rotos, mi madre me pilló y la mentira se murió.

Como la madre de Jules -Keira Knightley- mi madre acabó cediendo. "Si Mahoma no va a la montaña... O me intereso por el fútbol o acabaré perdiéndote". Le confiesa Paula a Jules al final de la película. Por suerte, mi madre no necesitó llegar a la última escena de mi película para entenderlo. Ni ella ni toda mi familia. Mi final también fue -es- feliz.

Cuando crecí, a muchos les costó entender que una chica jugase al fútbol. A día de hoy, a muchos les sigue costando. Como a los 'amigos' de Jess que juegan con ella en el parque. "Cuando controlas el balón con el pecho, ¿no te duele?", "¡Oye!¡Que no todas son lesbianas!", "¿Os ducháis todas juntas?". Ahora, que no nos lee nadie, confesad: ¿Cuántas veces habéis vivido esa escena? O, como ocurre en la película, llegar a una pachanga, llena de chicos, empezar a jugar al fútbol y que te suelten: "Pues para ser chica, no juegas tan mal".

Como cuando Jules, en el coche con su madre, grita: "Que lleve chándal y juegue al fútbol no quiere decir que sea lesbiana", y le confiesa a su madre que Jess y ella habían discutido porque a las dos les gustaba su entrenador, no porque hubiesen acabado con su relación amorosa. Por eso, 'Quiero ser como Beckham' es tan de verdad. Y ridiculiza tan bien los prejuicios -como si jugar al fútbol llevase implícito la palabra lesbiana y como si serlo fuese un delito o una mala noticia que dar-, a los 'malos' y salva, tan bien, a los 'buenos'.

Como el padre de Jules. Cuando entrena con ella en el jardín y le regala por su cumpleaños una portería. Cuántas veces ese padre ha sido el mío, o el vuestro. Recorriendo toda España para verme jugar, pegándose a la banda -era extremo- para estar más cerca. O calculando los plazos de su recuperación -se acaba de operar del cruzado- en base a los de Alexia Putellas. ¡Qué susto se llevó el día de la gala del The Best!

Otro de los 'buenos' es el padre de Jess, que se convence de que el fútbol es lo más importante para su hija y acaba cubriéndola en la boda de su hermana para que vaya a jugar la final: "Si con eso voy a conseguir que seas feliz..., ve y haznos sentir orgullosos". Confieso que en esa escena lloré. Y 21 años llorando por 'Quiero ser como Beckham' empiezan a ser demasiados.

Como Joe (Jonathan Rhys-Meyers), el entrenador, que las trata como futbolistas. Las exige como a ellos y cree en ellas como si fuesen ellos. Como Taz, el amigo de Jess, que la acompaña hasta el final por su sueño. Qué falta nos hacen.

La película está llena de 'buenos' y 'malos'. Ayer, por la noche, volví a ver 'Quiero ser como Beckham'. Me di cuenta de que yo -o nosotras- nos hemos 'salvado'. Pero que la película tampoco ha cambiado tanto, que los 'amigos' de Jess siguen existiendo, que el pensamiento de la madre de Jules sigue en el subconsciente de muchas personas y que muchas niñas siguen escondiendo sus botas de fútbol. También me di cuenta de que ellos cada vez son menos y que los Joes, Tazs y compañía, poco a poco, les van ganando. Que para ser una futbolista profesional, no te tienes que ir a Estados Unidos -como Jess y Jules-, que ya puedes serlo aquí y que puedes inundar tu habitación con pósters de Aitana Bonmatí, Lena Oberdorf o Maite Oroz.

Porque 'Quiero ser como Beckham' va de ser feliz. Y, a veces, algunas solo somos felices si tenemos un balón al lado y sentimos el cariño y la comprensión de los nuestros. Como Jess cuando se escapa de la boda de su hermana para jugar la final y marca dos goles: "Nunca había jugado tan bien. ¿Y sabéis por qué? Porque no os estaba mintiendo".