La laguna que tiene en alerta a Haaland y puede beneficiar al Real Madrid

No es nada sencillo olvidarse por un momento de la tiranía de los números. Dejar al dato, que orbita por encima de todo, en un segundo plano. Vivimos en un mundo en el que hasta la belleza y lo inaudito llevan consigo una cifra repleta de decimales que nos dice el grado de belleza que hay en cada jugador, en cada pase, gesto o control. El dato impacta tanto que corremos el riesgo de medir al jugador únicamente por lo que produce y no tanto por lo que permite hacer y por los recuerdos que es capaz de dejar. No es extraño que recordemos aquel regate, aquel pase imposible toda una vida y que olvidemos con una facilidad extrema el número de goles que hizo un jugador en un curso. Haaland tiene una misión.
Es incuestionable, y sería absurdo hacerlo, negar el poder del noruego. No sé si el fútbol moderno ha conocido a un jugador que haya inflado tanto la parte numérica como Haaland a su edad. Suma 267 goles producidos en 270 partidos solo con los clubes. 27 en 31 participaciones con la absoluta de Noruega. Aún con 23 años, el poder de Haaland está fuera de toda duda, y eso es lo que llevó al City de Guardiola a visualizar en él a la pieza ausente que el City necesitaba para ganar la Champions League. En la competición que más premia las áreas, Guardiola sumó a quien demostró saber devorarla sin concesión alguna. Y el plan funcionó. Pep repitió triplete después de 14 años y Haaland firmó 52 goles... en 53 partidos. ¿Se puede cuestionar la tiranía del dato?
La realidad es que no es su eficacia lo que cuestiono, aunque lleve cinco partidos consecutivos sin ver puerta, sino lo que el noruego ofrece cuando no la ve. Es difícil saber qué registros tendrá Haaland a lo largo de su trayectoria, y aunque se mantuviesen al nivel que viene mostrando, el debate seguiría siendo el mismo. Para ser el mejor jugador del mundo hace falta algo más que ser el que más marca, porque por suerte el fútbol tiene más de arte que de empresa, más de robar corazones que de llenar excels. Y Haaland, que es el mejor en lo segundo, está lejos de lo primero.
Los partidos entre Arsenal y Manchester City se están convirtiendo en un duelo de máquinas. Matrix. Partidos robotizados, con una obsesión casi enfermiza por el detalle, por minimizar al otro hasta tal punto que expresarse cuesta un mundo. Haaland no ha logrado rematar a puerta. De hecho, en tres partidos ante el equipo de Arteta este curso, el noruego no ha logrado rematar ni una sola vez entre los tres palos, amén del trabajo fantástico del Arsenal a la hora de acortar los espacios en los que Haaland suele operar y obligando al delantero del City a un tipo de situaciones que no domina, sacándolo de su escenario ideal.
En gran medida, el City de Guardiola construye su superioridad en el día a día con una superioridad posicional y técnica que repercute en el ánimo del rival, llevándoles a defender más cerca por miedo a ser superados. La relación de De Bruyne con el noruego es el pináculo del último año y medio del equipo de Pep, porque simplifican procesos que antes requerían muchos más pases previos. Haaland, que es excelente en la ruptura y la finalización, es un delantero mediocre cuando se trata de ser un elemento más en la circulación o incluso en el juego aéreo, donde sus 195 centímetros son más amenaza verbal que física, porque no los usa como debería. Los goles empujan el relato de un delantero voraz,alienígena en el plano resolutivo, pero ciertamente limitado en muchas otras esferas que un atacante debe saber conjugar.

¿Qué sucede cuando el lenguaje se encalla? ¿Cuándo la palabra no fluye y al punta no se le permite vivir única y exclusivamente enfocado en el verbo definitivo? El City es un equipo que genera y juega tanto, que a Haaland le basta saber dos palabras para hincharse a goles, pero hay escenarios en los que el rival evita que pueda conectar, forzando a Haaland a quedarse solo en el escenario. Y es allí donde se necesita que el noruego crezca. Porque es muy difícil que alguien pueda ser considerado el mejor jugador del mundo en un juego en el que, para serlo, se necesita dominar tantísimas facetas. Aunque al final del día lo que único que importe sea marcar, el fútbol elegirá al mejor por muchísimas otras cosas. Y el aficionado, que se sienta para tener recuerdos, ponderará siempre una jugada a un dato.
No deja de ser paradigmático que mientras que los focos del City a nivel mediático se los ha llevado Haaland, no sea ni el tercer mejor jugador del equipo, con futbolistas como De Bruyne, Rodri o Bernardo Silva como vértices futbolísticos del equipo de Pep. No tendría sentido reducir los méritos de Haaland a sus apabullantes cifras como si fueran insuficientes, porque son estratosféricas, pero a la vez es indispensable que para ser considerado uno de los mejores, el noruego salga de su zona de confort.