La prensa extranjera mira (de reojo) a Rubiales y propaga el último tiro en el pie del deporte español

Muchos españoles lo sienten injusto, pero el mundo es el que es, no el que uno desea. Desde las terminales mediáticas de los países más poderosos de Occidente, el deporte español es mirado con sospecha. Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Alemania: alcanza con un puñado de artículos en esos cuatro países, a los que se puede sumar también Italia, para que una ola de desprestigio y destrucción de la imagen de España recorra el mundo.
¿Injusto? En parte sí. ¿Justificado? En parte sí.
El daño que le viene haciendo Luis Rubiales a la imagen del deporte español solo es superado por el que desde hace 18 años sigue generando Eufemiano Fuentes, protagonista de una historia muy mal resuelta. Aunque Rubiales no cesa de sumar méritos y quizás termine igualando al médico canario en cuanto a lodos arrojados sobre el nombre del país.
Hay dos maneras de ver al deporte español: el Barça de Josep Guardiola, la selección campeona del mundo de Vicente Del Bosque, el increíble Rafael Nadal, las asombrosas campeonas del Mundial femenino de fútbol. Y tantos más, y tanto más.
O la trama de doping de Fuentes, el beso de Rubiales a Jenni Hermoso, las sospechas sobre Gerard Piqué por la Supercopa de España en Arabia Saudí. Y tantos más, y tanto más.
Los principales medios españoles se centraron este martes en la Guardia Civil haciendo registros y detenciones en las oficinas de la Federación Española de Fútbol (RFEF) y revisando el domicilio de Rubiales en Granada. Y, de ahí, saltaron a República Dominicana. Rubiales refugiado en el Caribe es una historia demasiado... sabrosa.
Aunque hay otra manera de verlo. Los medios internacionales, ese puñado de países que con agencias de noticias como AP, Reuters y AFP y medios de referencia como The New York Times, The Guardian", L'Equipe, Der Spiegel y algunos más le dan cauce a la información mundial, prefirieron ir ya desde el titular a una historia más amplia, que excede a España e involucra a todo el deporte: Arabia Saudí.
"La policía española detuvo al menos a seis personas y registró el miércoles las oficinas de la federación española de fútbol y una propiedad del ex presidente Luis Rubiales en el marco de una investigación por corrupción y blanqueo de dinero que incluye sospechas sobre el acuerdo de la federación para llevar la Supercopa de España a Arabia Saudí", dice el primer párrafo del cable en inglés de The Associated Press, la agencia AP.
"La sede de la Federación Española de Fútbol (RFEF) y el domicilio de su ex presidente Luis Rubiales han sido registrados en el marco de una investigación por presunta corrupción en el acuerdo para disputar partidos de la Supercopa de España en Arabia Saudí", dice el encabezado de The Athletic, el sitio de deportes que busca profundidad y mirada crítica, comprado en 2022 por The New York Times.
Esa es la información que dará la vuelta al mundo y que se leerá en incontables informativos, boletines radiales y artículos en periódicos y sitios web: un registro judicial que une, en una sospecha de corrupción, a España y Arabia Saudí. Rubiales queda en un segundo plano, Rubiales es, en todo caso, España.
Por décadas, cuando un deportista español no cumplía con su meta, ni hablar de si daba positivo en un control de dopaje, la reacción de la enorme mayoría de los medios apuntaba a una conspiración. Por alguna razón, siempre había alguien queriendo dañar a España. Y esa visión conspirativa y acomplejada influía en los españoles en general, que podrán estar divididos en muchas cosas, pero solían unirse en señalar a Francia como culpable de casi todo.
Hasta que algo comenzó a cambiar: nadie ayudó a enterrar ese victimismo al nivel que lo hizo Nadal. Aportaron mucho, también, las selecciones de fútbol, Pau Gasol, Fernando Alonso y tantos otros. ¿El Real Madrid y el Barcelona? Sí, claro, aunque esos son mundos diferentes.
España aprendió en los últimos 15 años que los errores casi siempre son propios, más allá de que exista una envidia innegable por los éxitos deportivos de un país que, en la mirada de los más poderosos, no debía estar ahí, no debía llegar al nivel que llegó. Y que esa envidia, ese fastidio, se filtre de tanto en tanto en artículos periodísticos. Pero es la excepción, no la regla.
España está ahí, bien en lo alto, es una potencia mundial del deporte, el espejo para muchos otros países. ¿Por qué entonces tanta pasión por el tiro en el pie, por qué es España capaz de crear la historia de un presidente de federación cuyo guión sería rechazado por Netflix por exagerado, grotesco y poco creíble?
¿El magro consuelo? España no está sola. Son muchos los que, hoy mismo, están revisando sus acuerdos y conversaciones con los saudíes, ese ambicioso e imparable reino del desierto que todo lo pone patas arriba.