PRIMERA FEDERACIÓN

El camino que llevó a Dioni Villalba de vender hamburguesas a ser estrella del Málaga: "Tú sabes lo que hay en la calle"

El delantero, al que apuntaron a fútbol para escapar de "las cosas malas", llegó a dejarlo con 17 años para trabajar como fontanero. Un consejo le cambió: "Mi madre me dijo que me fuese de aquí".

Dioni, delantero del Málaga. /DIARIO SUR
Dioni, delantero del Málaga. DIARIO SUR
Manuel Amor

Manuel Amor

Dioni Villalba es una leyenda del fútbol de bronce al que la vida, que a veces se le ha puesto cuesta arriba, le ha regalado a sus 33 años el reto más bonito de su carrera: capitanear al Málaga, a su Málaga, en su intento de volver a Segunda y ser profeta en su tierra. Conseguirlo supondría cerrar un círculo que empezó a dibujarse hace casi dos décadas, cuando sus padres le apuntaron al fútbol para escapar "de las cosas malas" de la calle, antes de que con 14 se pusiese a repartir pizzas y hamburguesas, que después se pasase a la obra ("en esa época se ganaba bastante") y que con 17 colgase las botas por la fontanería: "Trabajaba en Estepona, me levantaba a las 06:00 y llegaba a mi casa a las 18:00". La decisión no le costó: hasta ese momento, en juvenil de segundo año, casi siempre había jugado en equipos de barrio y no vislumbraba un futuro en la élite. Su entrenador en el modesto CD Puerto de la Torre le convenció para seguir. Tres años después estaba debutando en Primera con el Deportivo.

"Yo crecí en la calle. Hacíamos una pelota con papel de plata, le echábamos cinta aislante y volábamos. Eso ya se ha perdido", recuerda con cierta nostalgia aunque se sienta "completamente orgulloso" de un bagaje admirable: casi 200 tantos, 12 clubes y el récord histórico de goles (173) en la tercera categoría del fútbol español. Antes de regresar a Málaga se convirtió en héroe en Fuenlabrada, Atlético Baleares o Cultural, destacó en Cádiz, Leganés, Racing u Oviedo y disfrutó de la máxima categoría en Riazor. Y antes de eso, de una trayectoria plagada de giros y con errores que todavía no se perdona ("el peor fue irme a Polonia; perdí mucho dinero"), vivió una historia de película en una ciudad que ahora le adora.

La llamada que le salvó y el consejo de su madre

Por los mismos barrios por los que ahora pasea a su hija, a la que no le asombra que a su padre le asolen a fotos cuando la recoge en el colegio, Dioni fraguó su fútbol y un carácter que le ha ayudado a sobrellevar los momentos malos. "Mis padres nunca han sido muy futboleros. Me apuntaron a un equipo para quitarme de la calle… Tú sabes todo lo que hay en la calle, cosas malas. Querían ocupar mis ratitos por las tardes y que estuviese entretenido", relata en conversación por videollamada con Relevo. Creció entre el Torremoya y el Puerto de la Torre y jugaba "por diversión". "Entremedias estuve un año en el alevín del Málaga, pero en esa época no me sentía ni pensaba que iba a ser futbolista. Hasta el segundo año de juvenil jamás me lo planteé".

Fue ahí cuando, sin esperanza de prosperar en el deporte, tomó una decisión que pudo cambiar su rumbo por completo. "Dejé el fútbol. Yo trabajaba de aprendiz de fontanero, porque quería ganarme mi dinero y no tener que pedirle a mis padres. Me levantaba a las 06:00, hacía una hora de camino hasta Estepona y llegaba a mi casa a las 18:00. Me pesaba un poco tener que entrenarme después. No es lo mismo entrenar después de ir a clase que entrenar después de trabajar no sé cuántas horas. Y me cansé". El delantero ya llevaba años compaginando el fútbol y otras faenas.

Dioni y sus inicios: "Trabajaba de aprendiz de fontanero...". RELEVO

"Empecé con 14 a repartir pizzas y hamburguesas, he trabajado en la obra… He hecho de todo, la verdad. No quería molestar a mis padres y me busqué la vida. En los estudios no era muy bueno y, en esa época, en la obra se ganaba dinero". Una llamada salvadora le hizo desistir en su idea inicial. "Cristóbal, mi entrenador en el Puerto de la Torre, me convenció para no dejarlo. Las temporadas anteriores había metido muchos goles y sabía que había equipos detrás". Después de otro curso fantástico, el Murcia y el Málaga se pelearon por él para incorporarle en su último año de juvenil. Y, en este caso, Dioni escuchó a su madre: "Yo en Málaga, con 17 años, era un poquito rebelde. Estaba con mis cosas, me gustaba mucho la calle… Y mi madre me dijo que, con todo el dolor de su corazón, prefería que me marchase de allí y me centrase en el fútbol. Fue la decisión correcta".

“No estaba preparado para debutar en Primera”

A partir de ahí, de salir de su hogar, Dioni empezó a mostrar todas sus cualidades y a despuntar de verdad. "En Murcia me fue muy bien. Estuve en el juvenil, me subieron al filial y luego me marché al Caravaca, en Segunda B. Me moló la experiencia de vivir solo, pero hubo momentos que me marcaron. Algún día de Reyes, por ejemplo, los padres de otros compañeros sí pudieron venir y los míos no. Me daba un poco de pena estar solo en esas fechas".

De ahí, del Caravaca, se marchó al Dépor. Le ficharon para reforzar al filial y acabó jugando en Primera por las bajas. "Fue una buena experiencia, pero no estaba preparado para ese gran cambio". En tres años pasó de la fontanería a debutar contra el Villarreal de Rossi y Nilmar. Era septiembre del 2010. "Yo estaba en el campo, jugaba, pero no era consciente de dónde estaba. Si ahora echara marcha atrás, hubiera actuado totalmente diferente". Por ejemplo, se hubiese "cuidado más". "No comía sano, era de comida rápida. En el Málaga desayunamos y comemos juntos todos los días. Si a mí me hubieran dado eso con 20 años, imagínate... Además, los clubes deberían tener un departamento de coaching y psicología. Pasar de jugar en juveniles a Primera es demasiado heavy. Hay personas que, por lo que sea, le dan naturalidad, pero otros maduran más tarde".

Dioni, sobre su debut en Primera. RELEVO

Fue su caso. Tuvo ratos en El Madrigal, contra Almería y ante Osasuna y salió de titular frente al Málaga en la jornada 12. Después desapareció de los planes de Lotina, firmó por el Cádiz (Segunda B) y nunca más volvió a Primera. "Todos los entrenadores me lo preguntan: '¿Pero tú por qué no has jugado más en Segunda? ¿Por qué no has jugado en Primera?'. Y yo qué sé… Con 20 años tenía mala cabeza, no cuidaba mi alimentación. Son muchos factores. Me da rabia, pero sigo peleando por ello".

Si algo llama la atención en la carrera de Dioni es que sus números entre Segunda B y Primera Federación (349 partidos y 176 goles) sólo se hayan traducido en 17 encuentros y un tanto en Segunda. 11 de ellos fueron en el Hércules, en la temporada 2013/14. Seis, al año siguiente en el Leganés. "En estas últimas seis o siete campañas he estado casi siempre en Segunda B y he tenido oportunidades de ir a Segunda, pero no he cometido el mismo error que cuando tenía 24 y me marché a Alicante. Allí no lo pasé bien, no estaba cómodo, y en el Lega sentía que el míster no me quería. Muchas veces he decidido mal a dónde ir. Hay que estar donde realmente te quieran, no donde te metan con calzador. Yo necesito que el entrenador y los directivos luchen por mí, que me lo transmitan, y a mí no me lo han transmitido. Por mis malas experiencias, y aunque sea en una categoría menos, prefiero jugar en un equipo donde me deseen de verdad".

"Prefiero jugar en una categoría menos y donde me quieran de verdad"

Dioni Villalba Jugador del Málaga

Y así ha vivido los últimos 10 cursos, en los que eligió ser cabeza de ratón y no sufrir de nuevo en la cola del león. "Yo he disfrutado mucho del fútbol. Tengo la espinita de no haber jugado más en Segunda y haberlo hecho bien, pero estoy supercontento con la carrera que he hecho y el nivel que he dado. He jugado en equipos históricos, con aficiones, en un Baleares que quería crecer… Me siento orgulloso". Todavía no olvida, eso sí, el momento en que decidió salir de un Fuenlabrada al que lideraba para fichar por el Lech Poznan polaco en agosto de 2018.

"En diciembre llamé a mi agente y le dije: 'Sácame de aquí'. Lo explico: uno de mis sueños era jugar competición europea. Me encabezoné en ir, me encabezoné… y tuve que pagar el traspaso, más de 200.000 euros, de mi propio bolsillo. Mis agentes me dijeron que aceptaban mi decisión, pero que no veían la operación, que no era viable. Y no lo fue. Perdí mucho dinero", lamenta. "Yo lo vi como una inversión que te haces a ti mismo. Hay muchos jugadores que han ido, han hecho una temporada bestial y luego han fichado en la Premier o en la Serie A. En cuanto puse un pie allí me di cuenta de lo que hice. Económicamente no podía. Casi todo lo que cobraba era para pagar el traspaso al Fuenlabrada. Se lo iba abonando poco a poco. Entre eso y el idioma, porque el inglés me costaba mucho y el polaco es muy difícil, y que estuve dos meses lesionado… Fue una experiencia verdaderamente mala". A los cuatro meses se volvió a España, a la Cultural, y de ahí se pasó al Baleares, de donde llegó procedente al Málaga este verano.

Dioni y la decisión de ir a Polonia: "Pagué más de 200.000 euros de mi bolsillo". RELEVO

El sueño de una vida

Ahora, asentado en casa, Dioni afronta el doble desafío más excitante de su carrera: guiar al Málaga hacia el fútbol profesional… y demostrarse a sí mismo que todavía le queda cuerda para rato. Los blanquiazules son terceros después de 14 jornadas y él ya ha colaborado con cuatro dianas. "A nuestro inicio de temporada le doy una nota alta. Habrá gente que diga que lo podemos hacer mejor, pero no es fácil bajar a Primera Federación después de tantos años: hay que recomponerlo todo, hacer una plantilla nueva, que todo el mundo congenie…". Él está "sorprendido" con los jóvenes que la conforman, como Roberto (21), Lorenzo (20) o Antoñito (17): "No he visto a ningún chaval al que le pese La Rosaleda. Al principio pensaba que nos haría falta veteranía, pero están demostrando estar superpreparados para jugar en el Málaga".

Otro de ellos es el central Izan Merino, objetivo del Real Madrid y con quien comparte una bonita casualidad. "Su agente es mi primo. Tengo relación con él e, incluso, lo recogí al principio de temporada para llevarlo a entrenar. Es un buen chico, bastante centrado para la edad que tiene. Un día, en el coche, le dije que se pensase bien las cosas. Lo llamó el Madrid, y el Madrid es un club grande, pero no hay nada mejor que debutar con el equipo de tu tierra. Eso está por encima del Madrid, del Barça y de cualquiera. Si te vas fuera, quizá esa oportunidad no vuelva. Que juegue aquí, que disfrute del momento y después ya se verá".

Izan todavía paga la inconsciencia de la juventud; a Dioni le pasa todo lo contrario. "A veces me pellizco y pienso: 'Coño, que estoy en el Málaga'. Soy de aquí, llevo muchos años queriendo venir y era uno de mis sueños, otro que he cumplido. Defiendo los colores del equipo de mi tierra, de mi ciudad. Ahora, lo que más quiero es ascender a Segunda con el Málaga. Sería precioso". Entonces se abriría una puerta para que aquel chico que repartía hamburguesas se quite alguna de sus espinitas.

"Que tenga 33 años no significa que renuncie a jugar en el fútbol profesional. Esto da muchas vueltas. Enric Gallego o Jaime Mata han pasado por la misma situación que yo y de repente estaban en Primera. Me cuido mucho y lucho por ello. Que no me den por muerto". Nadie sabe mejor que él lo que cuesta llegar arriba y no piensa renunciar a nada, con el mismo hambre que cuando iba de curro en curro en busca de un salario que ahora, estando donde quiere estar, ha pasado a un segundo plano: "Aquí apenas hubo negociación. Mi pelea es cumplir sueños, y tengo el más bonito de mi vida por delante".