PRIMERA RFEF

Málaga no abandona a pesar del infierno: "Yo te traje porque sabía que te iba a gustar, y es una adrenalina que te cagas"

El club malagueño vivirá su primera temporada fuera del fútbol profesional desde 1998 pero sus aficionados siguen siendo de Primera División.

Nahiara y Rubén disfrutan del partido en La Rosaleda. /SALVADOR FENOLL | RELEVO
Nahiara y Rubén disfrutan del partido en La Rosaleda. SALVADOR FENOLL | RELEVO
Marcos Durán
Salvador Fenoll

Marcos Durán y Salvador Fenoll

Nahiara vive en el barrio de la Virreina, a apenas 15 minutos andando de La Rosaleda. Tiene 16 años y viene de una familia de malaguistas. Su padre y su abuelo disfrutaron del equipo y le inculcaron el amor por los colores y ella la temporada pasada fue varias veces a La Rosaleda para animar al Málaga, pero nunca había visto una victoria: "Mi padre sí que ha sido más fiel a los partidos, los escuchaba por la radio y venía muy de vez en cuando. El descenso fue un poco duro".

En el primer partido de la temporada quiso darle una sorpresa a su novio Rubén, también de 16 años, que nunca había visto al equipo en el estadio. Era su primera vez y él no lo sabía hasta que llegaron, con la cara pintada de azul y blanco y una bufanda al cuello, a pesar del calor imperante en la capital de la Costa del Sol.

A partir de ahí, sufrieron, rieron, gritaron y celebraron. Porque Nahiara le explicaba a Rubén cómo funcionaba aquello, para el que todo era nuevo. Desde la entrada al campo de los niños junto a los jugadores, la grada de animación justo enfrente, el himno del club y conceptos tácticos. Nahiara le decía a Rubén: "Yo te traje porque sabía que te iba a gustar. Y es una adrenalina que te cagas eh".

En el descanso no podía faltar la bolsa de gusanitos o el bocadillo, Nahiara iba preparada. A su lado un niño gritón que decía algunas cosas que no se pueden reproducir aquí y al otro lado los ruidos interminables de las trompetas. La cara de asombro de Rubén no cambiaba, era siempre la misma y los goles fueron llegando.

Primero, gol del Málaga para abrir el marcador, a escasos metros de donde estaban nuestros protagonistas. Roberto marcó el primero e hizo explotar de júbilo el coliseo malaguista. A partir de ahí, el partido cambió y el Atlético de Madrid B empezó a buscar la portería rival y llegó el gol del empate pasada la media hora. Los aficionados, a pesar de todo, seguían animando y Nahiara le explicaba a Rubén lo que el equipo tenía que hacer para mejorar.

En la segunda parte, nervios, muchos nervios. Cada vez que el Atlético se acercaba al área del Málaga, la cara de sufrimiento de nuestros chicos malaguistas era un poema. Ella pensaba que una nueva derrota de su equipo en casa podía llegar y resoplaba. Pero llegaron los minutos de descuento y el Málaga de Pellicer presionaba, presionaba y presionaba... hasta que llegó el gol de la victoria de la mano de Einar Galilea.

La Rosaleda explotaba de emoción con el gol del vitoriano. Ahora sí nuestra protagonista iba a vivir una victoria y él, en su primer partido, llevarse los tres puntos. "Ha sido una experiencia increíble, yo no había venido nunca y la verdad es que me gustaría volverlo a repetir", sentenciaba Rubén, que ya es un malaguista más.

Pasar de la Champions al infierno de la Primera RFEF

El verano se va terminando poco a poco y volvemos a las rutinas, sobre todo las que no nos gustan tanto, esas de levantarnos temprano, ir al trabajo, instituto, clases de inglés y demás quehaceres. Pero también es tiempo de volver a las buenas rutinas y una de ellas es la de "ir al fútbol". Con amigos, con familia, con tu pareja y, por supuesto, con tantas personas que tienen el mismo sentimiento que tú.

Pero eso de "ir al fútbol" no es igual para todos. Porque algunos van a ver al equipo de su barrio que están en Segunda Regional y otros al equipo que pelea por ganar la Champions League. Cada club es una historia y el sábado pasado, 18.885 aficionados volvieron a la suya, volvieron a "ir al fútbol", volvieron a su estadio, La Rosaleda, para vivir una temporada más... pero alejada del fútbol profesional.

El Málaga descendió de Segunda División la temporada pasada y fue muy duro para todos. Porque en agosto de hace un año todos pensaban que podía ser el año para volver a Primera, la ilusión estaba ahí. Pero iban pasando los partidos, los puntos no llegaban y la portería se hacía cada vez más pequeña. Los aficionados sufrían, los entrenadores pasaban y los jugadores se desesperaban.

Para ver un Málaga fuera del fútbol profesional nos tenemos que remontar hasta la temporada 1997/1998, cuando en Segunda División B fue campeón y ascendió de manera directa. A partir de ahí el club alternó Segunda y Primera, con años más buenos y menos, pero siempre codeándose con los grandes... incluso jugando competición europea y llevando el himno de la Champions a la Rosaleda. Hoy, ese himno es historia y la realidad es otra, pero la gente sigue apoyando a su equipo.

En las inmediaciones del estadio la ilusión era máxima. A su equipo le piden compromiso y jugar por la camiseta, ya no le piden resultados que si llegan, llegarán, pero demandan otra cosa. Quieren recibir lo que ellos dan, ni más ni menos. El club también hizo esfuerzos para que los precios de los abonos bajen y, además, premiar la fidelidad de los abonados durante la temporada pasada.