OPINIÓN

Florentino, a pesar de las campañas, aquí hay un sustituto para Ancelotti

Raúl da instrucciones contra el Eldense. /EFE
Raúl da instrucciones contra el Eldense. EFE

Raúl se pasó su carrera poniendo las cosas en su sitio y a los críticos, en su lugar. Es decir, conoce el terreno que va a pisar después de que al Castilla se le escapara el ascenso a Segunda. Ya hay campañas a favor de promocionar a Arbeloa, por ejemplo, ahora en el Juvenil A. La desazón y la rebeldía ante un destino fatal nublan la serenidad. Si veinte años no son nada, once sin que el Madrid tenga a su filial en la categoría de plata son demasiados. Lo rozó con la palma de la mano, tras adelantarse en Elda 0-2, pero desapareció como arena de playa por un error grosero de Aranda en el 114' y por esa épica que, esta vez, no fue amiga.

En el Real Madrid no cumplir el objetivo nunca es un éxito. Lo sabe Raúl, que siempre fue mejor futbolista con una venda ensangrentada en la cabeza. Pero lo que ha hecho esta temporada al frente del Castilla tiene muchísimo valor, aunque en Twitter ya se encabecen manifestaciones para degradarle. Con la hornada más joven que se recuerda en Valdebebas, se vio obligado a utilizar a muchos juveniles, aupó al equipo al playoff, remontó heroicamente al Barça B y ha sido capaz de llevar al extremo a un equipo como el Eldense, confeccionado exclusivamente para el ascenso. Ningún equipo había ganado en el Pepico Amat y, con una plantilla mucho más tierna, ha estado a solo un gol en la prórroga del último partido para regresar a Segunda.

Cuando pienso en Raúl pocas veces le imagino sonriendo. Y cuando lo hago, me incomoda como las cosas forzadas. Si el aceite es incompatible con el agua, el gen de ganador compulsivo repele a la risa. El '7' que llegó a la Ciudad Deportiva tan delgado como hambriento acabó alimentándose de los juicios y de las dudas hasta convertirse en una leyenda. Vivía (vive) en permanente revancha. Por eso, esta derrota le dolerá tanto como le nutrirá en su camino de entrenador. Y su idea, como contó Relevo el 12 de junio, es seguir haciéndolo en Valdebebas. No como desquite ante quienes no le dan el suficiente peso en el futuro del banquillo del Real Madrid sino por convicción de que está en el mejor sitio posible y de que le acabará llegando su momento.

Con ofertas de postín sobre la mesa, la intención del eterno capitán era la de continuar al frente del banquillo del filial. Pasase lo que pasase. Pocos sobre el verde supieron manejar los tiempos como Raúl, pocos se anticipaban mejor que el '7' a la jugada que estaba por nacer. Por esa razón, aunque parte de su entorno le ha intentado convencer de que probar una aventura de enjundia tal vez fuera conveniente, el exdelantero siempre apostó por seguir.

Y no por que vea a Ancelotti en la cornisa, sino porque considera que debe seguir cocinándose (no ha sabido manejar las superioridades en el marcador), creciendo al calor de La Fábrica y sacando gemas aprovechables para el primer equipo. Esa es su obsesión. Descubrir talentos mientras se curte, ayudarles en su progresión y moldearles para que encajen en la exigencia de la elite. Lo ha hecho con Arribas (¡qué jugador!), con Mario Martín, con Obrador, con Álvaro Rodríguez, con Rafa Marín...

Además, a nadie se le escapa, a él menos que nadie, que salir del Madrid suele ser una autopista de un solo sentido. A pesar del sabor amargo en Elda, el final de temporada y su labor al frente del equipo le revaloriza. Florentino, aunque no lo veas y a pesar de campañas por redes sociales, aquí está el sustituto de Ancelotti cuando el italiano acabe contrato. Quizá no goce del márketing de otros, pero encarna como nadie los valores de este club.