La proeza de Dmitri Chéryshev en medio del 'olvido' del Sporting: "Nunca me han llamado, es muy raro…"
El técnico ruso hace historia con el Santa Coloma andorrano, al que ha llevado a la tercera ronda de Conference. Sus intentos de volver a Gijón, en vano.

Fue 'pionero' entre los rusos que llegaron a España, brilló en LaLiga, ganó una Europa League y vio a su hijo levantar otra, pero en la vida de Dmitri Chéryshev (54 años) ha habido pocos días tan felices como este jueves. Su Santa Coloma hizo historia al eliminar al Sutjeska montenegrino (2-0 en la ida, 3-0 en la vuelta) y se convirtió en el primer equipo de Andorra que alcanza una tercera ronda de competición europea. Lo ha conseguido en la Conference League y se verá las caras en la siguiente fase ante el AZ. Tras consumar el pase, sus jugadores cayeron derrumbados sobre el césped y rompieron a llorar. Han logrado lo impensable y no quieren que nadie les despierte.
"En mi tierra hay un refrán: 'El hambre siempre aparece cuando estás comiendo'. Nuestro objetivo era llegar a Conference, y aquí estamos. Pasamos la primera eliminatoria, hemos superado la segunda… y nos sentimos preparados para la tercera. Queremos más". Después de varios proyectos fallidos, Dmitri ha encontrado su sitio en el Principado y vuelve a disfrutar de los banquillos. Durante los últimos años, reconoce, lo ha pasado mal. Dirigió al Eskilstuna sueco sólo durante tres horas, fue despedido de varios conjuntos rusos y jamás recibió la confianza de los españoles, incluido el Sporting, donde jugó entre 1996 y 2001 y se ganó el cariño de una ciudad que adora. Sueña con volver, pero disfruta del presente.
"Tenemos una relación fantástica con el director deportivo, Enric Pi; una plantilla fuerte y sana, con gran amistad; y una directiva que siempre nos ayuda en todo. Estoy contentísimo y con ganas de seguir aprendiendo", dice a Relevo. El proyecto del Santa Coloma no pretende quedarse en el cuento de hadas de cada verano. Dan Milstein, un magnate ucraniano que representa a los mejores jugadores rusos de la NHL, lo compró el pasado verano y eligió a Chéryshev para llevar el timón. "Dan quiere construir un club que pueda jugar a un nivel alto en Europa League, trabajar con los jóvenes y, si hay posibilidad de vender, ganar dinero. Tengo muchos amigos en el hockey sobre hielo. Sabían que vivo en España y, cuando Dan entró en Andorra, pusieron mi nombre sobre la mesa. Nos reunimos y firmamos en 10 minutos".

Milstein, residente en Estados Unidos, viajó a Andorra para presenciar el partido y vibró como el que más en el Estadio Comunal. Otros lo siguieron con fervor desde Venecia. "Denís ve todos los partidos del Santa Coloma: los de Conference, los de Liga, los de Copa… y yo veo todos los del Venezia. Hablamos cada día. ¿Tú tienes padres? Llámalos constantemente. Hay que hacerlo". La alegría de su hijo, ahora en la Serie B italiana después de su paso por Valencia, Villarreal, Sevilla o Real Madrid, fue la de alguien que sabe cuánto necesitaba Dmitri reivindicarse. A pesar de su experiencia, en muchas ocasiones no se ha sentido lo suficientemente valorado… ni en su propia casa.
El sueño del Sporting y la falta de oportunidades
Dmitri llegó a Gijón en el 96 y dejó huella en El Molinón. En aquellos años dorados tras Mostovoi, Radchenko y Onopko, tres representantes le captaron en Moscú y le condujeron a la aventura más excitante de su vida. "Iñaki Urquijo, Juan Vergara y Herminio Menéndez vinieron a ver a un compañero mío del Dinamo de Moscú. Ese día me salí. Jugamos contra el Lokomotiv, marqué tres goles y provoqué un penalti. Los tres llamaron a dos consejeros del Sporting, Ramiro Solís y Cándido Cueto: 'Tenéis que venir a verlo'. El Sporting siempre había jugado con futbolistas rápidos, como el 'Brujo', de finalización. En el siguiente partido ganamos 1-0 al Spartak y anoté yo el gol. Justo después, se me acercaron y me presentaron el contrato. Me tocó por casualidad, tuve suerte", recuerda con nostalgia.
Aquellas cinco temporadas en el Sporting fueron sus "mejores años". "En el vestuario tenía dos compañeros rusos, Lediakhov y Nikíforov, y me adapté rápido. Había un buen equipo, con buenos compañeros. Siempre me acuerdo de ellos: Juanjo, Ablanedo, Villarroya… Y el 'Brujo', ay el 'Brujo'... Es imposible definir con palabras a Quini. Te animaba, te motivaba, te hacía reír; era un psicólogo". Los recuerdos se acumulan y brotan a borbotones: "Nunca olvidaré la mejor comida de mi vida: una merluza a la romana en el puerto, en un restaurante que vendía los peces vivos. Era la primera vez que comía ese plato y me gustó tanto que, a día de hoy, sigo buscando ese bar siempre que voy a Gijón. No lo he vuelto a encontrar".

El aire de San Lorenzo le atrapó. Todavía lo añora y sueña con volver… pero todos sus intentos han sido en vano. "Nunca me han llamado… Hace poco hice yo el acercamiento. Estuve tres meses allí, viendo los entrenamientos. Hablé con el director deportivo y con el presidente, Javier Fernández. Le dije que me gustaría entrenar en el Sporting y me ofrecí para dirigir al juvenil o al filial. En ese momento estaba Abelardo en el primer equipo y Tomás en el segundo. Yo no quería coger el puesto de los que había, pero dije que, si había posibilidades, me gustaría entrar en las categorías inferiores. Me contestaron que tenían todas las plazas cubiertas y que no me necesitaban. Sabían que podían contar conmigo. Es muy raro, de verdad".
"¿Que qué me ha faltado para llegar más arriba? Bueno, he entrenado en la Premier de mi país… Pero quizá hubiera necesitado un poco de suerte y un poco de confianza de los clubes en mí. Creo que la gente duda mucho. No soy un entrenador malo", desvela con cierto dolor. "En Rusia cogí a un equipo último, lo salvé y llegué a semifinales de Copa. Me dijeron que iba a seguir el año siguiente… y después ficharon a otro entrenador, con más experiencia, y me echaron. La temporada siguiente bajaron a Segunda. En el Nizhni, la directiva decía que con esa plantilla sólo podíamos quedar entre los diez primeros. Les dije que esperasen, que ya verían. Terminamos cuartos y jugamos la liguilla para ascender a Primera. No subimos por cosas que mejor no contarte. Y después, me echaron otra vez. Es todo tan extraño…".
El Sevilla y su admiración por Unai Emery
Después de sus cortas etapas al frente de Nizhni, Mordovia y el Irtysh de Kazajistán, Chéryshev recibió la llamada del Sevilla para incorporarse al cuerpo técnico de Unai Emery en la temporada 15-16. Querían sumar conocimiento al staff y encontrar una figura de apoyo para el ucraniano Konoplyanka. "Yo estuve fichado sólo por Konoplyanka. Nada más. Pero aquel año me enamoré de Emery. Le agradezco a Ginés Carvajal y Monchi lo que hicieron por mí, porque me dieron la oportunidad de estar al lado de uno de los mejores entrenadores del mundo". Sus caminos se separaron al final de aquel curso y no se han vuelto a juntar.
Dimitri Cheryshev se incorpora hoy al cuerpo técnico de @UnaiEmery_ http://t.co/ReaZvTbXj8 pic.twitter.com/5JV00gz5KL
— Sevilla Fútbol Club (@SevillaFC) July 28, 2015
"¿Volver a trabajar con Unai? No lo creo… Él es primer entrenador y yo también. Pero si me quedo sin equipo y me llama, me encantaría seguir aprendiendo de él. Es un técnico que no para, que vive por y para el fútbol", destaca. Tras aquello regresó al Nizhni, dirigió durante un entrenamiento al Eskilstuna sueco (renunció tras la sesión por la falta de profesionalidad del club) y asumió las riendas del Santa Coloma, el trampolín que puede relanzarle y, quién sabe, acercarle a Gijón. Por lo de pronto, toca pensar en el AZ… y volver al dicho que siempre le acompaña: "Recuérdalo: el hambre llega cuando estás comiendo. Y yo tengo mucha".