Mbappé y Bellingham: pesadillas para no dormir

¿Cómo se dice pesadilla en inglés? Nightmare. ¿Cómo se dice pesadilla en francés? Cauchemar. Pues eso, que Bellingham y Mbappé están entre the 'nightmare' y le 'cauchemar'. No es para menos. Están clasificados para octavos, pero futbolísticamente andan caninos. En su tercera aparición en esta Eurocopa no pasaron del empate y las impresiones que dejan su juego son cada vez más alarmantes. Tanto que a los de Deschamps su fútbol-plomo le apartó del primer puesto y le hizo caer en el lado del cuadro de octavos por el que cabalga España. Una mala noticia porque, nos guste o no, aburra o aburra, Francia es Francia y suele despertar cuando le es justo y necesario.
Jugó y marcó Mbappé, pero parece obsesionado con su máscara. Volvió a fallar otro gol de los que no suele errar, mientras Deschamps echaba mano de los hombres a los que había dado descanso, entre ellos Griezmann. No ganar a Polonia, un rival eliminado, no es buena etiqueta para el cruce decisivo, pero tratándose de Francia tampoco es para dejarse las venas largas.
Casi preocupa más lo de Inglaterra, aunque haya quedado primera de grupo. Southgate confía ciegamente en sus titulares y lo único que parece preocuparle es el organizador del juego. No es extraño. Convencido de que Alexandre-Arnold no funciona al lado de Rice, optó por Gallagher. Tampoco. Después dio entrada a Mainoo, no mucho mejor, por lo que no sería descabellado pensar que a lo mejor termina retrasando a Bellingham y le concede el honor de ser el organizador-canalizador-cerebro. Tres en uno. Y si le queda fuerza que se incorpore a un ataque que solo ha marcado dos goles.
Y de las pesadillas francesas e inglesas, al empoderamiento de Austria. ¿Quién le iba a decir al profesor Rangnick, que el día 29 cumple 66 años, que su selección iba a andar (o mejor dicho, correr) por el campeonato a un ritmo impropio de la altura de temporada en la que estamos? Subido a lomos de un 1-4-2-3-1 elástico como una goma de gimnasio, huyendo del clásico posicionamiento alemán de los tres centrales y después de haber dicho al mismísimo Bayern Múnich que no se sentará en su banquillo el curso próxima, el erudito Ralf ha convertido a Austria en un quipo que juega a campo abierto, que presiona arriba como si cada partido fuera el último y que a la hora del repliegue maneja los marcajes individuales y no le importa los duelos uno contra uno.
Después de su salida por pies de Old Trafford nadie esperaba que las teorías de este catedrático, a quien siguen y copian los mejores técnicos alemanes del presente: Klopp, Tuchel, Flinck, Naggelsmann... como él se empapó de Grosso, Sacchi y Lobanovski, volvieran a tener vigencia y menos en una competición corta. Su primer puesto le concede licencia para soñar. Su juego dinámico y valiente ha entrado por los ojos de los aficionados imparciales y conociendo la cabezonería del técnico no se debe pensar que en los duelos de pierde-paga vaya a cambiar su estrategia de mirar siempre al área contraria, aunque la suya se quede lejos.