El saque de puerta de Valverde y la tortura de Joselu

Nadie podía esperar que el partido de Mallorca pudiera servir como ensayo general para la vuelta de Manchester. Nada que ver tenía un encuentro con el otro. En las Antípodas futbolísticas. El de Son Moix, en relación con el del Etihad, solo ha servido a Ancelotti para dar los noventa y tantos minutos a Nacho, que venía de un mes sin ser titular y medirle en su batalla personal contra Muriqi, que se parecerá bastante a la que se encontrará el miércoles contra Haaland y, además, ha valido para conceder descanso, a unos más y a otros menos, a cinco hombres que serán titulares sí o sí en la Champions: Carvajal, Camavinga, Kroos, Rodrygo y Vinicius.
En un duelo con poco que contar, sobre la marcha, nos encontramos con una acción que, personalmente, hacía mucho tiempo que no veía en un partido de fútbol de élite: el saque de puerta de un jugador de campo, en este caso, Valverde. Fueron dos en lugar de uno. Antaño era normal ver a un central ejecutar los saques de puerta para enviar el balón lo más lejos posible de su campo. Los porteros no estaban tan duchos en el manejo del balón y, normalmente, el patadón de los defensas tenía más potencia que el saque del guardameta, aunque éstos lo ensayaran todos los días de la semana, lo mismo que ahora trabajan el gilipase en corto al central de turno.
Puesto a pensar, se me pasó por la cabeza que los dos saques de puerta de Valverde lo mismo no eran casualidad o una forma de reservar a Lunin, sino una acción ensayada... para utilizar en el Etihad cuando el City te empotra en tu campo y no tienes forma de salir de su presión agobiante cerca de tu área. Lo que ocurrió, sin ir más lejos, la temporada pasada. Con ese saque largo de 70 metros, estiras al equipo y lo sacas de tu campo. Evidentemente, para agarrarte a ese recurso tienes que tener un teórico receptor del balón que te ofrezca ciertas garantías. Como en Mallorca con Joselu, que ganó en el salto a su marcador en esos dos misiles lanzados por el uruguayo.
En el presunto once titular contra el City no estará Joselu, pero Bellingham sí puede realizar el mismo rol por su dominio del juego aéreo. Ahí ha quedado la jugada, no practicada hasta ahora por el Real Madrid en estos tiempos modernos. Una acción más de estrategia, que por inusual no debería despreciarse y, sobre todo, una manera de salir de tu campo cuando te agarran por el cuello y no puedes sacar el balón a ras de tierra y al toque.
Y ya que Joselu ha sido protagonista de la ecuación planteada, habrá que insistir en que su presencia en el once titular puede llegar a convertirse en una especie de tortura para él. No es lo mismo jugar los últimos 15 o 20 minutos cuando el equipo va perdiendo y la solución de los balones altos al área es la más utilizada, que entrar desde el principio y ver cómo el equipo no tiene ningún plan para jugar con un ariete de sus características. Ancelotti no ha mostrado hasta ahora una fórmula distinta de juego para cuando tiene a su 'torre' arriba. Sus compañeros continúan jugando al pie y, como mucho, consuman transiciones rápidas.
Contra el Mallorca, Joselu no tuvo ni una posibilidad de rematar un centro lateral. Ni Lucas ni Mendy se proyectaban por sus bandas. Tampoco los interiores, Valverde y Modric, pendientes del juego interior. Sin pases desde fuera, Joselu pierde presencia. Su razón de ser. Se desaprovechan sus virtudes. Su misión se limita a jugar de espaldas a la puerta rival y servir apoyos cortos a sus compañeros. O, en alguna ocasión, prolongar un balón aéreo. Debe ser una fatiga para él pasarse tantos minutos aislado, pero nadie le podrá reprochar nada. Él se lo curra, aunque sepa que tiene pocas posibilidades de éxito. La culpa, en este caso, no es suya. Sino del entorno. Del estilo de un conjunto que no juega para un ariete clásico.