Una guerra empresarial en el Badajoz: cerraduras cambiadas, agentes dobles y el equipo en descenso
Una venta de Luis Oliver y Agapito Iglesias a unos mexicanos ha terminado en un enconado conflicto, con denuncias en la policía y visitas a los juzgados de por medio.

El Club Deportivo Badajoz está en posiciones de descenso de la 2ªRFEF, y sin embargo es posible que esa situación deportiva crítica sea una preocupación menor. Lo del campo es grave y es lo que quita el sueño a los aficionados, pero una disputa por la propiedad hace que el futuro de la entidad esté todavía más en duda.
El día 6 de marzo siete personas se presentaron en las instalaciones del club para hacerse con los mandos de la entidad. Entraron y cambiaron los bombines de las puertas, se quedaron con el control de las claves de los ordenadores y los correos electrónicos. Era un contingente mandado por representantes de Luis Oliver y Agapito Iglesias, que aseguran que el club es de su propiedad -más sobre esto un poco más adelante-. Un representante oficial de estos explica que entre los presentes había notarios y policía, llevados allí para dar fe de las actuaciones.
Miguel Ángel Leyva, que ha sido consejero delegado del club y representa a los abogados mexicanos que forman la otra parte de este litigio, considera que no fue más que un robo. Es más, ha puesto una denuncia ante la policía a la que Relevo ha tenido acceso en la que se señalan que hubo un acceso a la fuerza y un cambio de cerraduras del Nuevo Vivero.
Oliver y Agapito, por un lado; y los empresarios mexicanos, por otro, reclaman la propiedad del club. Hay un conflicto societario muy complejo por detrás con posiciones enfrentadas. Determinar exactamente a quién pertenece el club, y quién ha obrado bien o mal en estos últimos años, dependerá de los tribunales. Relevo ha hablado con las partes y ambas han aportado abundante documentación sobre este proceso. Estas son las versiones de ambos.
Toda esta historia empieza con Joaquín Parra, aunque él solo marca el inicio. Parra fue dueño del Badajoz, estuvo cerca de subir el club a Segunda e invirtió dinero, pero un problema judicial ajeno a este caso terminó dejándole sin dinero y obligándole a vender el club en el año 2021 en un juzgado de Málaga.
Lo compraron Luis Oliver (un 40%) y Agapito Iglesias (60%). Todo esto se articuló desde ese juzgado andaluz, ya que Parra era el dueño pero tenía embargos judiciales. Es posible que les suenen los nombres de Oliver e Iglesias porque ambos son viejos conocidos, el primero ha pasado por varios clubes, entre ellos el Betis o el Xerez, y el segundo fue presidente del Zaragoza. Ambos dejaron malos recuerdos en varias aficiones, aunque un portavoz de ambos considera que es complicado que no sea así en el mundo del fútbol, casi todos los que entran salen tiznados. Leyva dice que su abogado le echa en cara constantemente que no buscase en Google quiénes eran antes de comprar el Badajoz.
Esto es lo que pasa después de esa primera compra. "El dinero se deposita en el club. La sociedad Lanuspe, que es al 100% de Agapito y Oliver, es la que se hace con la propiedad del Badajoz. El equipo no consigue ascender, entre otras cosas por el rechazo de la plantilla a la nueva propiedad y por eso se decide buscar un comprador", explica un representante de Oliver y Agapito a Relevo.
Se buscan inversores y se encuentran. Son unos empresarios mexicanos, representados por dos empresas, Andimi y Atlantic Capital. Lo explica Leyva, uno de esos inversores mexicanos que, además, iba a ser quien se hiciera cargo de la gestión ordinaria del club. "Me llama Víctor Arana y me dice que necesitan inversión y obviamente me interesó. Empecé a hacer llamadas, me puse en contacto con amigos, con conocidos, con familiares. Y todos apuntaron a decirme, vamos a hacerlo. Vamos para adelante", explica. No todos los inversores mexicanos entraron a la vez aunque, por el momento al menos, han actuado como un grupo unido. Leyva tiene relación con el fútbol y de hecho fue uno de los motivos por los que se vino a vivir a España en 2018, sus dos hijos juegan, uno de ellos ha sido canterano del América, uno de los clubes más importantes de su país.

Dos versiones opuestas
Aquí empiezan a bifurcarse los relatos. "El día 17 de febrero de 2023, hacemos la firma de escrituras y nos hacemos del 40% de club deportivo Badajoz", explica Leyva. Técnicamente de Lanuspe, que es la sociedad propietaria de más del 99% de las acciones del club. Ahí empieza el control del Badajoz por parte de los mexicanos, que al llegar tienen que hacer una serie de pagos que estaban pendientes, a la Seguridad Social, a Hacienda, nóminas a jugadores y otros empleados y una serie de suministros. Relevo ha tenido acceso a muchos de esos resguardos de pago, tanto a los antiguos accionistas por sus acciones como de los gastos del día a día del club.
Desde el lado de Oliver y Agapito cuentan que, efectivamente, los empresarios mexicanos se hicieron con el control del club y durante un tiempo fueron cumpliendo los plazos de pago. Aportan aquí dos matices a esta historia. Uno, que la venta de la parte de Oliver tiene una cláusula de reversión por la cual si se salta algún pago la propiedad volvería de nuevo a las manos previas. Además, en el caso de Iglesias no se habría firmado un contrato de compra sino de opción de compra sobre las acciones. Relevo ha podido ver ambas escrituras de compraventa.
Cuando la relación era buena y armoniosa, que duró un tiempo, ambas partes estaban aconsejadas por los mismos abogados, algo de lo que Leyva hoy lamenta: "Yo me confíe un poco y pensé que teníamos a estos abogados de nuestra parte, pero después se vio que eran en realidad los abogados de Agapito Iglesias y Luis Oliver".
Hay un momento a principios de 2024 en el que los empresarios mexicanos empiezan a sospechar, cambian de abogados y de estrategia. Un portavoz explica el tema. "En la resolución de venta a Oliver y Agapito se dice que si ellos venden una sola acción tienen que abonar el precio entero de la compra, 1,5 millones en el juzgado [hasta ese momento se estaba pagando a plazos]. Los mexicanos empiezan a hacer pagos a Lanuspe, los acordados. En ese momento deberían haber pagado todo de golpe al juzgado, pero no lo hicieron. No comunican al juzgado que ha vendido las acciones", explican.
La versión de los mexicanos dice que el primer abogado, el que compartían con los empresarios españoles, les guió para que ellos fuesen pagando tanto las cuotas convenidas a Iglesias y Oliver como los pagos que se tenían que hacer al juzgado. Ellos desconocían lo que ahora es una de las bases de su razonamiento jurídico, que Oliver e Iglesias deberían, según su versión, haber pagado todo el dinero de golpe al juzgado una vez acordaron la venta. Leyva habla concretamente de "una estafa".
El nuevo abogado, José Antonio Giménez, les aconseja dejar de poner dinero al considerar que estaban pagando doble. El representante de Oliver alega que en ese momento, cuando dejan de suscribir las cuotas acordadas, se produce un impago, y que consecuentemente la propiedad vuelve a sus manos. Eso se da en febrero.
Pusieron dinero, pero no todo
El portavoz de Oliver e Iglesias se muestra muy sorprendido por la estrategia de los mexicanos. "Ellos han tenido que poner mucho dinero en el club, entre dos y cuatro millones, pero no han pagado por las acciones. Han hecho pagos a Agapito y a Oliver pero no han hecho todos los pagos y cuando no se hace el pago final se pierde cualquier tipo de propiedad", expresa este portavoz.
Va más allá, asegura que la intención de Oliver e Iglesias era vender sin más, desentenderse para siempre de la gestión y quitarse del medio el Badajoz, un club al que ahora tienen que volver para revitalizarlo y ver si pueden recuperar la inversión que aseguran haber hecho. "Tampoco han llamado para pedir algún aplazamiento de pago, nada de nada", dice este representante de los empresarios españoles, que aseguran que de haber llamado les habrían ofrecido otro calendario de pagos. Esta fuente expresa sus dudas sobre el conocimiento tanto futbolístico como de la legalidad española por parte de los empresarios mexicanos, y achaca en parte a eso el desbarajuste de estos meses.
"Yo quiero que se pongan un poco en mis zapatos. Llego aquí y tengo mis dos hijos futbolistas y me ofrecen una oportunidad, pues la peleo", dice Leyva. El empresario mexicano, que según los representantes de Oliver y Agapito ha sido despedido esta semana, cree que un empleado de dentro de la empresa le traicionó, que fue él quien les permitió entrar y hacerse con los mandos de la sociedad. "Ha estado trabajando para Luis Oliver, Javier Peña y Agapito Iglesias. Es muy extraño que una persona falte a la lealtad de esa forma".
Cuando los hombres de Oliver, que ha nombrado su hijo entrenador del equipo, se hicieron con el club, los mexicanos, además de la denuncia en la policía, pusieron una demanda ante un juzgado de Badajoz y se personaron en el procedimiento de Málaga, el que gestionó la venta primera del club. Esta última petición ha sido denegada por parte del juzgado de Málaga y ellos ya han interpuesto un recurso. No descartan otras acciones legales contra Oliver y Agapito.
¿De quién es el club? Pues depende de a quién le preguntes. "El club es de los mexicanos porque tienen las escrituras y lo han comprado formalmente. Los que se lo han vendido no han hecho frente al pago ante el juzgado y ha habido un engaño. Ellos no han pagado nada, han vendido el club, están recibiendo pagos y no han hecho frente a los pagos", explica un portavoz de los empresarios americanos.
"Lo tenían muy fácil, podían haber pagado solo a Agapito y con eso tenían la mayoría, pero eso es lo increíble, que ni siquiera eso han pagado", dicen desde la parte de Oliver. Además, señalan impagos de suministros y nóminas de los propietarios mexicanos en estos últimos meses. "No se ha pagado el césped, los autobuses, la luz… Oliver y Agapito tienen un poder general otorgado antes de la compraventa que está inscrito por la familia Parra, se presentaron con ese poder para hacerse cargo del club", relatan sobre la toma de control de la empresa la pasada semana.
"Cuando tú vas a un sitio, el nuevo dueño siempre cambia las cerraduras, no vaya a ser que venga el otro para que venga y se lleve algún papel, esto no es una toma por la fuerza, es solo para que un personal ya despedido no pueda entrar a coger la documentación", desarrollan y explican que están auditando los últimos meses para tener una idea clara de cuáles han sido los pasos de Leyva y los suyos en el club.
"Lo único que hemos estado haciendo es luchando por nuestros intereses desde el día 20 de febrero activamente", dice por su parte Leyva, que se muestra muy dolido con todo lo ocurrido y asegura no haber visto nada igual en toda su carrera profesional como empresario -se dedica a los bienes raíces-. Asegura que le fue sustraído su certificado digital y que lo ha conseguido recuperar, pero desde el lado de los españoles niegan cualquier acción en ese sentido.

Y la afición ¿qué opina?
Relevo se ha puesto en contacto también con varias asociaciones de socios del CD Badajoz. Una de ellas, Sentimiento blanquinegro, ha contestado. "Hay un play off en el Nuevo Vivero en el que necesitábamos un empate y perdimos. Desde ese momento todo lo que se ha producido es desolador. La afición está entre dividida y cansada, muy cansada, mucha gente ha desconectado", cuenta.
Lo que más importa a los aficionados es lo deportivo. "Hay gente que es favorable a la llegada del grupo Oliver, porque dominan muy bien el relato. La gestión de los mexicanos, la deportiva, ha sido muy mala. De hecho cogen un equipo en 1ª RFEF, jugando play off, y ahora lo tienen en descenso a 3ª RFEF", explican. El primer partido desde la vuelta de Oliver, contra el Talavera, fue una victoria.
No quiere decir esto que haya una plena confianza en los nuevos: "Nosotros teníamos relación con Oliver desde que llegó. Uno de los últimos clubes que gestionaron y hundieron fue el Extremadura, que está aquí cerca, y están repitiendo más o menos lo mismo aquí. Nosotros le conocemos y estamos relacionados con otros grupos de otras aficiones y sabemos el caso del Córdoba, el Cartagena, el Egea…", desarrolla.
Esta es la historia de los últimos meses del Badajoz, un relato con agujeros y opiniones contrapuestas, con una catarata de papeles que todo el mundo asegura que les da la razón. Ahora mismo el control deportivo y social parece de Oliver e Iglesias. Los mexicanos aseguran que darán batalla. En medio, el club, espera.