EL AFTERWORK DE LOS VIERNES

Sergio García, campeón de Europa, leyenda del Espanyol y ahora entrenador: "En el banquillo no se disfruta"

El talentoso delantero salió de la cantera del Barcelona, pasó por varios equipos y aprendió de Luis Aragonés en la Selección.

Sergio García, entrenando en la Damm./
Sergio García, entrenando en la Damm.
Lu Martin

Lu Martin

Sergio García (Barcelona, 9 de junio de 1983) se crió soñando con ser futbolista mientras veía partidos en la tele del Bar Manolo, el bar de su abuelo en el Bon Pastor, barrio donde la ley es la palabra. Empezó en la Damm siendo un niño, el talento le llevó al Barça, debutó con Iniesta en Europa de la mano de Van Gaal y en el Camp Nou con Rijkaard; Ronaldinho flipaba con él y en el Espanyol acabó siendo mito y capitán, jugando al lado de Joan Verdú, al que conoció como rival de crío y que probablemente fue su mejor aliado en un campo de futbol. Le entrenaron los mejores, de Schuster al 'Vasco' Aguirre, pasando por Pochettino o Quique Sánchez Flores. De todos aprendió, aunque sabe que si pudiera hacer un cocktel ahora que lleva al juvenil de la Damm, de vuelta a casa, si pudiera coger lo mejor de todos, le saldría algo parecido a Luís Aragonés. Era bueno con la pelota mirando al área hasta decir basta, puro instinto, puro arte, y eso lo saben en la Damm, el Barça, el Levante, el Zaragoza, el Betis, en Qatar y en el Espanyol. Lo sabe cualquiera, en fin, que viera jugar a Sergio Garcia, campeón de Europa en Viena en el 2008 con la Roja.

¿Usted por qué fue futbolista?

Porque me gustaba. Lo mamé en casa. Mi padre jugó en el Barça hasta juveniles y no sé, en mi casa siempre viví el fútbol de pequeño ya me gustaba mucho, el verlo en el día a día. A los cinco años ya andaba con la pelota todo el día y de infantil me firmó el Barça. Allí estuve cuatro años, me fui a la Damm y luego volví otra vez de cadete. Estuve con Xavi Llorens, con Benaiges, con Chechu Rojo, Quique Costas, con el Boquerón Esteban... hasta que al final Van Gaal me hizo debutar con el primer equipo en Champions, en Bélgica.

¿Con Iniesta?

Sí, en el campo del Brujas. Aquel día cumplí un sueño. Imagínate lo que había visto en la tele toda la vida, al final lo hice realidad.

¿Daba miedo Van Gaal?

Bueno, tenía su carácter. Lo que tenía era su manera de... veía él fútbol desde su perspectiva. Siempre le estaré muy agradecido por aquella oportunidad.

¿Cuándo debutó en el Camp Nou?

Con Rijkaard.

¿La noche del gazpacho?

Sí, contra el Sevilla. Yo es que miro mi carrera y, la verdad, no puedo estar más agradecido a lo que me ha dado el fútbol.

¿Quién era su ídolo?

Romario.

¿Le llegó a conocer? ¿Tiene alguna foto con él?

Conocerle sí, y foto creo que sí, pero habría que preguntarle a mi padre, porque guarda todas las fotos que tengo, pero me suena a mí que sí.

¿Usted veía los partidos en el bar de su padre?

El bar era de mi abuelo, el Bar Manolo. Un bar de barrio, nos juntábamos muchos, los del barrio, los amigos de mi abuelo, los de mi padre, los niños... Los fines de semana la gente del barrio, gente humilde, del Buen Pastor, venían a comer anchoas, boquerones... No sé de dónde las traía mi padre, pero estaban muy buenas . Y a ver los partidos del Barça, claro.

Me dijo no hace mucho Juan Carlos Moreno, el de la quinta del calvo, que ahora curra en el Girona, que ser delantero en el Barça es muy jodido. Pero usted, como él, llegó... ¿Mantenerse es un milagro?

Hombre, imagínate. En aquel vestuario estaban Luis Enrique , Kluivert, Overmars, Luis García, Saviola... Ronaldinho vino ese año. No era complicado, era muy difícil. El Barça siempre ficha a los mejores y si tú eres de casa... es muy difícil...

Ronaldinho siempre me hablaba muy bien de usted, un día llegó a decirme que parecía brasileño, que era el mejor del equipo... ¿Qué le daba?

La verdad es que me llevaba muy bien con él. Tenía muy buen rollo con él, muy buena amistad, me reía mucho con él. Hace tiempo que no le veo pero siempre nos llevamos muy bien. Pero sí, la verdad es que allí vi que no tenía sitio y me tuve que ir.

No le fue mal...

No, para nada. No. Me fui un año al Levante.

¿Con Schuster?

Sí, aprendí mucho de él. Si quieres que te diga la verdad, he tenido suerte en mi carrera con los entrenadores que he tenido. En Valencia tuve una gran experiencia porque era la primera vez que salía fuera de casa y siempre cuesta un poco adaptarte, pero lo que yo quería era seguir siendo futbolista. Fue un año que me ayudó a crecer. Luego me fui a Zaragoza, tres años muy buenos.

Superó la presencia de Piqué en ese vestuario para cumplir otro sueño. ¡Eso sí resultó increíble!

Fueron años muy buenos que acabaron de una manera magnífica: ¡en la Eurocopa! Con Gerard nos llevábamos muy bien, un grande. Jugaba mucho de mediocentro. Y al final... ¡Imagínate! ¡Claro que cumplí un sueño! Yo había ido a todas las categorías inferiores de la selección, y poder jugar en la absoluta, que me llevara Luis Aragonés a la Eurocopa, que jugara un partido y que ganáramos el título fue lo máximo.

¿Con Luis era como ir a la universidad?

Absolutamente, fue una universidad. Llevaba el grupo muy bien, la verdad que yo nunca había vivido una cosa así y el ambiente que hubo fue muy bonito, disfruté mucho. Recuerdo que me dijo: "Tú haz lo que haces en el Zaragoza, con eso es suficiente". La verdad es que aquel año en el Zaragoza todo me fue muy bien, así que en Suiza hice eso, lo que había hecho en el Zaragoza.

¿Ahí empezó a plantearse ser entrenador?

Bueno, eso fue poco a poco, creo que al final, lo pensé al final, igual cuando estaba en Qatar, muy al final.

Resulta curioso que saliendo de la cantera del Barça haya acabado siendo un mito en el Espanyol. ¿Eso cómo lo lleva?

Mira, he pasado por muchos equipos: el Barça, el Levante, el Zaragoza, el Betis... a todos les guardo respeto, cariño, a todos les debo mucho. A todos les estoy agradecido porque todos me han permitido ser lo que soy. Y sí, en el corazón caben el Barça y el Espanyol. Fui capitán del Espanyol, pero sin mi paso por la cantera del Barça no hubiera llegado a jugar en el Espanyol, así que no puedo negar mi gratitud a ninguno de los dos clubs. Porque uno me dio la oportunidad de poder debutar en la élite, el Zaragoza me impulsó a estar en la selección, el Betis me hizo mejor, en el Espanyol es en el equipo que más tiempo estuve y me trataron muy bien... Como futbolista te llevas cosas buenas de todos los equipos y al final el sentimiento.

Allí, en Cornellá, conoció a Pochettino. ¿Cómo era?

Muy exigente. El tiempo que estuvo en el Espanyol hizo las cosas muy bien. Era muy directo. Es un gran entrenador, su carrera lo demuestra.

Si pudiera conseguir ser el entrenador perfecto a partir de los que ha tenido en su carrera, ¿cómo se moldearía?

Difícil, ¿eh? Creo que cogería la capacidad de análisis de Rubí, me gustaba mucho cómo analizaba los partidos, el carácter de Pochettino porque tenía bastante carácter, pero en positivo, la capacidad de llevar el grupo de Aguirre...

¿Y de Luís?

Luis lo tenia todo. Yo creo que tenía un poco de todo. Tenía carácter, te sabía transmitir, sabía lo que hacía el equipo contrario y también lo que él quería del suyo. Sabía llevar a su grupo y generar buen ambiente. Es que para mí fue un sueño el poder estar con él en aquella Eurocopa, yo le había visto de pequeñito por la tele... siempre como entrenador en equipos grandes, pues al final que me llamara a mí y no a otros... de Luís lo cogería todo para ser un buen entrenador.

Luís tenía fama de no callarse nunca... ¿Con el jugador hay que ser muy directo?

Hay que ser claro y no esconderse.

Porque... ¿al futbolista no se le puede engañar?

Los jugadores te buscan. No puedes decirles que van a jugar y que luego no les pongas. El jugador debe creer en ti. Y tú conseguir creer en el jugador. Conseguir que la confianza sea mutua. Que el futbolista te dé cosas, no solo que ellos crean en ti, que tú también creas en ellos, y que ellos también crean en ti. Al final es un conjunto de cosas, no solo de una persona.

¿Y el futbolista se lo tiene que pasar bien o en el campo se sufre?

A mí, la verdad, me gustaba disfrutar.

¿En el banquillo también?

Eso es mas difícil. En el banquillo, como entrenador, se disfruta muy poco. Si el partido está tranquilo, si ves que las cosas salen según lo has previsto... pero si está la cosa justita... no lo disfrutas. La verdad es que en el banquillo, como entrenador, es más complicado disfrutar. Ser entrenador es más complicado porque no dependes de ti mismo, porque estás ahí sin poder solucionar algunas cosas. Cuando estás jugando puedes intervenir de forma más directa.

¿Usted cuando disfrutaba de verdad era al lado de Joan Verdú?

Sí, la verdad que sí, porque con Joan coincidimos desde juveniles, hemos estado muchos años juntos. Sólo con mirarnos ya sabíamos qué hacer, él sabía dónde me la tenía que poner y yo hacia dónde desmarcarme... Era un disfrute jugar con Joan, era una pasada. Disfruté mucho de esos años con él, siendo joven, y luego en el Espanyol también. Nos conocimos siendo rivales, yo estaba en la Damm y él estaba en el Barcelona y al año siguiente en Juveniles coincidimos juntos todo el año y empezó la conexión que explotó en el Espanyol.

En el Espanyol fue cuando se dejó el pelo largo y la gente se debía pensar que era porque le apetecía pero fue cuestión de respeto, ¿Le molestó aquello de Falete?

Me lo dejé largo y al principio fue porque me gustaba, el pelo largo y eso, pero ya luego, cuando murió mi suegro, me dejé la barba y dejé de cortármelo por respeto a su memoria y a la familia... Eso fue así...

Verdú es ahora entrenador del juvenil de Girona. ¿Se han enfrentado?

No, coincidimos una vez, pero oficialmente no nos hemos enfrentado.

Y a los chavales de la Damm ¿qué les dices: «eh, que he jugado con Verdú y Ronaldinho»?

No hombre, no. No hay que vacilarles, hay que tratarles con respeto. Tampoco me gusta estar encima de ellos, están creciendo ahora como futbolistas y se trata de intentar ayudarlos para que sean mejores en muchas cosas y darles todas las herramientas posibles para que ellos algún día u otro puedan ser futbolistas también.

¿Ha cambiado mucho el fútbol desde que usted estaba edad formativa a ahora que les ve crecer?

Sí, claro, es muy diferente el fútbol y la sociedad. El fútbol es de otra manera. Antiguamente era de una. Yo creo que ha cambiado mucho. El fútbol es ahora mucho más físico que antes.

¿Hay mucho teléfono ahora en los vestuarios?

La verdad es que entro poco en el vestuario, lo justito, para dar la charla y ya. Quiero que estén tranquilos, no me meto en ese espacio. Sí que es verdad que cuando hay comida, cena, cuando estamos concentrados, en eso sí que no les dejo usarlo porque creo que se tienen que relacionar, hablar entre ellos, que luego ya tienen tiempo de sobra para estar con el móvil. Ahí no usan el teléfono y luego no me meto si lo usan o no, porque no estoy pendiente.

¿Y la Damm ha cambiado mucho desde cuando usted empezó a ahora que trabaja allí?

Sí, ha cambiado mucho, para bien. Al final el club ha seguido creciendo, se ha ido haciendo muchísimo más profesional. Siempre fueron de los equipos más profesionales pero ahora son más profesionales, hay mucha más gente trabajando que antes. La verdad que la Damm es un club muy profesional, aunque sea solo dedicado al fútbol base. Es una máquina de sacar talento.

¿Usted se casó muy joven?

Bueno, no tanto, con 25 años.

¿Cuántos hijos tienen?

Tengo tres. Sergio, que es el mayor, tiene 14 años. Naira tiene 11. Y el pequeño, Manuel, tiene 6. La nena se dedica al baile acrobático, el mayor juega en el Sant Andreu y el pequeño está empezando en el Alella, donde vivimos, en el Maresme.

O sea, la niña ha salido a usted, que hacía acrobacias con la pelota...

No, no. Lo bueno, y nos hace contentos a Geno, mi mujer y a mí, es que son muy sanos, los tres son deportistas.

Por último, ¿con quién se iría de viaje mañana?

Con Genoveva, con Sergio, Naira y Manuel. Seguramente a Japón. Hace tiempo que tenemos ganas de hacer ese viaje.