SERIE A

El Parma bohemio de los 90: "Entrenábamos en un parque, llegábamos en bicicleta"

Una charla en exclusiva con Marco Osio, Nevio Scala y Diego Fuser para desgranar el decenio de un club hard que asombró Europa con un fútbol atractivo, eficaz y liviano.

Hernán Crespo, en su etapa en el Parma./EFE
Hernán Crespo, en su etapa en el Parma. EFE
Julio Ocampo

Julio Ocampo

Esto no es un manual de moralidad, sino una pieza sobre el jolgorio, la bacanal futbolística de una ciudad que soñaba en grande. Una idea de vida, un gusto por el arte, una recreación del hedonismo en torno a un balón. Porque ese Parma fue un equipo grunge que elevó hasta la quintaesencia la calidad del fútbol, derribando fronteras así. Ganó mucho, pero sobre todo divirtió. Hoy no hay nadie en la ciudad que no anhele esos prodigiosos años noventa de libertinaje calcistico. Y es que era un equipo sin jerarquías, cercano a la gente de una ciudad con alma de pueblo, un bloque inclasificable y atípico que -en cierta manera- traía la reedición revolucionaria del 68: en este caso el sexo libre, el yoga y las drogas se sustituían por una insultante e innovadora superioridad futbolística en el lugar más recóndito, quizás menos esperado. Porque sí, Parma se coló entre los gigantes del norte, Roma y la Nápoles de Maradona, que ya perecía. Compró, porque así fue, el derecho a ser feliz. Se inventó un truco para vencer la muerte, el tiempo. Para ser inmortal nada más morir.

"La primera piedra fue el scudetto de Serie B en 1990. Llegó un nuevo comprador: Calisto Tanzi, dueño de Parmalat. Comenzó a forjarse una escuadra joven, aunque lo que nos hacía fuerte es que éramos amigos. No creo que haya muchos clubes italianos en ganar -durante los últimos veinte años- tanto como el Parma en el Viejo Continente, pero insisto que la clave fue el presidente con sus fichajes. Todos sabemos después cómo terminó, pero nosotros no estamos aquí para juzgar". Son las palabras de Marco Osio, uno de los líderes del primer título continental del club Emiliano: 3-1 frente al Amberes en la Recopa del 93.

Era el primer Parma revolucionario, ya con Scala en el banquillo y Tomas Brolin mordiendo área. "Sólo le faltó el campeonato a ese club, porque a partir de ahí alcanzó un nivel mundial, gracias a Alain Boghossian, Thuram, Cannavaro, Dino Baggio, Zola, Buffon, Crespo, Verón, Chiesa, Fuser o Asprilla". Era precisamente un equipo insolente que buscaba innovar en una tierra Ducal, con ciertos rasgos aún tribales. Lo relata Marco Osio, a día de hoy el único italiano en haber jugado en el fútbol brasileño (Palmeiras, 1995-96). Él dejó constancia de lo que significaba romper fronteras y casarse con lo anticonvencional. "Nadie en Europa era mejor que nosotros. Te recuerdo que Taffarel también estaba en ese Parma que ansiaba crecer y proyectarse en Europa, sostenido en una base de italianos importante, también en la Nazionale (Lorenzo Minotti, Benarrivo, Apolloni…). Piensa que antes había en la ciudad tifosi de la Juve, pero nosotros alteramos todos estos algoritmos para siempre. Nos entrenábamos prácticamente en la calle, en el Parque de la Cittadella. Estaba a trescientos metros del Stadio Tardini. Atravesábamos la calzada vestidos de futbolista, la gente nos prestaba su bicicleta, que luego se la dejábamos en el parque, donde venían a retirarla".

"Nadie en Europa era mejor que nosotros"

Marco Osio Exfutbolista del Parma

Osio, con su fútbol descarado y atípico a la Garrincha, con su dificultad para los esquemas, los clichés y las matemáticas, fue quien comenzó a tirar las primeras migas de pan en esa bendita Cittadella. Los demás sólo tuvieron que seguirlas mientras pedaleaban y pedaleaban. El camino estaba trazado ya. No era Woodstock con Janis Joplin, pero el ritmo lo marcaba la cumbia del Tino.

Ancelotti fue entrenador del Parma. EFE
Ancelotti fue entrenador del Parma. EFE

Factor Nevio Scala

Dos Copas de Italia, una Recopa, dos Copas de la UEFA, una Supercopa italiana y una de Europa. Así luce el imponente currículum del Parma en la década prodigiosa de los noventa.

Su cénit, quizá, lo alcanzó con el técnico Scala. Antecesor de Ancelotti (Carletto en 1997 quedó segundo en liga, tras la Juve), Nevio atiende a Relevo telefónicamente mientras conduce el tractor recorriendo los arados de su tierra, de sus viñedos. "Comencé así mi vida, luego jugué y entrené…Ahora vuelvo a los orígenes". Fue él quien precisamente lideró esa hegemonía a mitad de la década, erigiéndose en la némesis de la Vecchia Signora, tanto en Italia como en Europa. "Le ganamos la final de la UEFA con un espléndido Dino Baggio. Practicábamos un fútbol vistoso, pero sobre todo era un grupo lleno de valores. Teníamos una relación sana. Nada de egos, solo estima recíproca… Y mucha ilusión por ganar y hacer historia. Cero envidias ni competencia insana. Éramos simples, humildes y grandes trabajadores. Construimos la base en Serie B, y después subimos el nivel gracias a contrataciones como la de George Grun, capitán de Bélgica. Y muchos más", explica.

En ese Parma bohemio cuya insolencia podía pasar -erróneamente- por anarquía hippy, brillaban Di Chiara y Sensini, Fernando Couto y el meta Luca Bucci, a quien después sustituiría Gigi Buffon. "Le hice debutar en mi último año, pero no formaba parte del núcleo duro que levantó con jerarquía Copa Italia, Recopa, UEFA o Supercopa europea. Luego vino míster Ancelotti, y después de él Alberto Malesani, cuando ganaron la UEFA del 99, última hasta el momento". Fue el epílogo continental. Hace ya 25 años de él. El inicio del fin para Tanzi.

"El caballero Tanzi no estaba presente, no interfería en mi trabajo. No era un presidente invasivo. Su comportamiento fue exquisito. Se fiaba de mí, aunque a veces era yo quien le llamaba para arengar al bloque. Fue un presidente de gran nivel", subraya uno de los ideólogos de ese Parma irreverente. "No inventé nada. Fui su padre. A nivel táctico trabajamos mucho, estudiábamos, luego llegaba todo espontáneamente. Éramos flexibles, abiertos a novedades, a transformar los esquemas en espectáculo", aclara Nevio Scala, quien se agarra a su modesto pasado en los banquillos -hasta entonces- para explicar dónde se inspiró para inventar esa filosofía Parma. "Nada en especial. No tengo inspiradores. No sé, entrené a la cantera del Vicenza, luego dos años en la Reggina. ¿Entiendes?". Sí, ahora se comprende mejor lo de los prados, el parque y la bicicleta. El tintineo de los tacos al cruzar la calle por el paso de cebras.

Scala en Parma es una divinidad. Aunque tuvo algunos deslices (perdió la final de la Recopa contra el Arsenal en el 94 y no fue capaz de hacer brillar a Stoichkov), hizo de ese club un vencedor empedernido, incluso en el Viejo Continente. Porque si la UEFA fue su momento clou, nadie olvida cuando batió al Milán de Capello (1993) en la final de la Supercopa de Europa gracias a un excelso Massimo Crippa. "Sí, efectivamente, era otro de los grandes". Otro más.

Verón, contra el Atlético de Madrid. EFE
Verón, contra el Atlético de Madrid. EFE

El verdugo del Atlético

Los filósofos hablan de la necesidad que todo termine para que la obra, la vida, tenga sentido. A finales de los noventa, ese Parma comenzaba a languidecer. Varios eran los motivos: Verón, un futbolista exquisito y ultramoderno, estaba hecho con la Lazio. Míster Malesani, además, fue sustituido por un Arrigo Sacchi desnortado, y los problemas financieros de Tanzi comenzaban a perturbar notablemente la historia.

Faltaba la gema final antes que se hiciera de noche: el asesinato futbolístico al potente Olympique de Marsella (Pires, Blanc, Camara…) en la final de la UEFA'99. Los goles fueron obra de Enrico Chiesa, Paolo Vanoli y Hernán Crespo. Antes habían pasado por encima al Atlético de Antic, de Juninho, Molina, Solari o Valerón. 1-3 en el Calderón y 2-1 en el Ennio Tardini, con un soberbio Abel Balbo. En todos lados, porque su fútbol era así de generoso, estaba el estajanovista de seda en banda derecha, Diego Fuser. Así lo explica. "Éramos fuerte mentalmente, porque nuestro ciclo duró diez años. Todos, futbolistas internacionales. Míster Malesani era un aventajado a su tiempo: velocidad en la circulación, pressing alto. Era un tipo singular, clave en nuestro crecimiento. Recuerdo cuando ganamos en Madrid, qué golazo de Chiesa, mamma mia. Yo ya conocía el Vicente Calderón, porque jugué allí con Lazio. Atmósfera mágica, ambiente precioso. Los hinchas son únicos, pero es que nosotros jugábamos muy bien. ¿Tú recuerdas ese Parma?".

La última pregunta a Fuser es sobre Calisto Tanzi, fallecido en 2022. Fue empresario y patrón (el presidente era su hijo Stefano) de un Parma que prácticamente dejó de ganar cuando Parmalat entró en bancarrota y quebró. Lo que al principio parecía el milagro de la leche terminó con ingentes aumentos de capital que no corregían enormes pasivos en rojo, siempre falsificados de cara a bancos crediticios. Fue, probablemente, la mayor fábrica de deuda de todo el capitalismo europeo.

El crac Parmalat -con Tanzi arrastrado a la cárcel- se llevó por delante un Parma que, poco después, intentó adquirir la familia Fernando Sanz. "Quería traer el scudetto a Parma, pero no lo consiguió. Ganamos muchas copas, así que espero se alegrara mucho por ello. Sí, ya se hablaba que algunos jugadores se marcharían a final de temporada, había rumores de que…"

Hubo una vez en Italia que Giulio Andreotti -siete veces primer ministro- dijo que para garantizar el bien al país era necesario, en ocasiones, perpetrar el mal. Probablemente, en sus cábalas más íntimas, estaba pensando en fútbol. Sí, también estaba pensando en fútbol. Como Tanzi, como tantos, como todos.