SERIE A

Yunus Musah, del Valencia al Milan: "Rezo cinco veces al día, durante el día uno comete muchos pecados"

El futbolista estadounidense atiende a Relevo para hablar de su carrera.

Yunus Musah, futbolista del Milan./AFP
Yunus Musah, futbolista del Milan. AFP
Julio Ocampo

Julio Ocampo

Con 21 años recién cumplidos, se podría decir que Yunus Musah es uno de los imprescindibles de Pioli en el Milán. Tras varias temporadas en el Valencia, el centrocampista americano (Nueva York, 2002) desgrana a Relevo cómo han sido los primeros meses en el Calcio y la evolución del arduo proceso que supone suplantar -junto a Reijnders y Loftus-Cheek- el binomio Kessie-Tonali, artífices del último Scudetto rossonero hace dos temporadas y los grandes menhires sobre los que se construyó la piel de un club que rozó la final de Champions. Al habla la nueva joya del Bronx.

Vienes de rezar, me comentan desde el departamento de prensa. Eres musulmán. ¿Cuántas veces lo haces al día?

Rezo cinco veces. Soy musulmán, y durante el día uno comete muchos pecados. Es por eso que hay que constantemente hablar con Dios para que te perdone, te comprenda. Esto me ayuda a ser un futbolista mejor, pero sobre todo como persona. Todo sucede siempre por un motivo, y saber eso es como una liberación.

Has entrado bien en el Milán, jugando muchos partidos como titular, aunque ahora estás con la lesión muscular. ¿Cómo ha sido tu adaptación en general? En el Calcio te has encontrado con otros compatriotas: Weah, McKennie, Pulisic...

Muy bien. Necesité un tiempo para aclimatarme, pero después comencé a jugar regularmente. Estoy contentísimo, porque el míster me muestra su confianza, y sobre todo me da herramientas para mejorar constantemente porque aun soy joven y tengo que seguir aprendiendo. Es un fútbol más táctico y más físico.

¿Recuerdas qué te contaba Gatusso del Milán cuando estabais en Valencia? ¿Le llamaste para pedirle consejo cuando llegaste a Italia?

No llamé a Gattuso, pero sí recuerdo que cuando era nuestro entrenador nos hablaba de su época como jugador en el Milán. Nos hizo ver la magnitud de este club. Era un placer escucharle cuando hablaba del Milán. Quien sí me llamó fue Samu Castillejo. Coincidí con él en Valencia, y cuando sabía del interés se lo comenté… Me habló maravillas del club, las personas, de Milanello. Me decía: "Vete, no te lo pienses, vete ya".

En 2020 pasas del Valencia Mestalla al primer equipo. Debutas con menos de 18 años, tu debut como goleador también fue precoz. Allí tuviste a Gracia, Bordalás, Gattuso, Baraja... ¿Qué pasó con el italiano? De todos, quizás con el que más os costó.

No sé qué pudo suceder. En la primera parte de la temporada jugábamos muy bien y teníamos las ideas claras de cómo que hacerlo. El míster estaba contento. Después nos faltó algo de continuidad. Quizás también el resto de equipos comenzaron a estudiarnos y comprender nuestro fútbol. Neutralizar eso fue lo más complicado.

¿Qué resumen haces de esos cuatro años allí?

Maravillosos. Técnicos, compañeros… Todo el mundo me ayudó. Tenía diecisiete años cuando jugué el primer partido en la Liga. Fue increíble, y se lo agradeceré eternamente a Javi Gracia, que apostó por en mí. Era joven, y fue clave para coger autoestima.

¿Cómo fue con el Pipo? ¿Qué te pedía?

Confiaba en mí, pero siempre me decía que tenía que hacerlo mejor, que dar más porque tenía potencial para ello. Fue muy claro siempre.

¿Del Milán quién te llamó la primera vez para mostrar interés, Maldini?

No, no me llamó Maldini (ahora ya fuera del club). El primer interés lo mostraron después de que jugara el Mundial con Estados Unidos. Entonces estaba en el Valencia, y no quise darle importancia. Luego insistieron porque sabían que quería dar un paso al frente. En verano hablé con Pioli. Me explicó el proyecto, qué quería de mí. Eso fue decisivo para tomar la decisión de venir. Me hizo ver cómo quería jugar y dónde me veía: de interior en un centro del campo a tres.

¿A Kessie le llamaste para conocer la letra pequeña de un rol complicado que él conocía perfectamente? Fue clave en el último scudetto del club logrado hace dos temporadas.

No le llamé, pero es que no noto demasiado la presión. Sé que es un club histórico, pero tengo buena autoestima. Estar aquí es un reto y un placer. Estoy convencido que voy a triunfar.

Jovic y Chukwueze, tras un inicio titubeante, están encontrando su lugar también.

Dos futbolistas formidables. Estamos en contacto a menudo. Se les ve bien, contentos. Estamos todos muy unidos, y tenemos un equipazo, un gran centro del campo con Adli, Bennacer, Pulisic, Pobega, Krunic, Loftus-Cheek o Reijnders.

Leao, Giroud, Mike Maignan son algunas de las estrellas, pero la explosión de Theo en los dos o tres últimos años ha sorprendido al mundo del fútbol. ¿Es el gran líder de este Milán?

Sin duda. Su comportamiento es ejemplar, y eso lo transmite constantemente a la escuadra. Es un profesional tanto dentro como fuera del campo. Nos ayuda a todos, especialmente a los más jóvenes. Es un capitán verdadero, un líder, sorprende la facilidad y la calma con la que hace las cosas.

Otro líder fue Ibra, que ahora vuelve por tercera vez. ¿Ya le has visto?

Todavía no, pero su presencia fue, es y será siempre importante.

Antes hablaste del Mundial. Tus padres son de Ghana, pero tú naciste en Nueva York. A los pocos meses os marcháis a Italia, donde comenzaste a jugar en la cantera del Giorgione. Después, en 2012, ya en Londres, ingresas en el Arsenal. Podías elegir entre cuatro selecciones. ¿Por qué Estados Unidos?

Muy fácil. Yo estaba en el Valencia y jugaba con Inglaterra Sub-19 (la prensa británica apunta que era seguido de cerca por Southgate). Entonces, me llamaron de EE.UU. para decirme que querían hacerme debutar allí. Me demostraron mucha confianza, desde el seleccionador hasta el cuerpo técnico. Me dijeron que allí había mucha gente con ganas de verme vestir esa camiseta. Me hicieron sentir bien, muy importante.

El seleccionador Gregg Berhalter te llamó personalmente, pero quien le pasó informes fue Nico Estévez, su segundo. Ya estuvo en el Valencia. Llamó la atención tu versatilidad, tu llegada y contundencia. Juegas de interior, pero también podrías ejercer de enganche.

Me llamó Nico también, me aconsejó, me animó a pensarlo bien porque podría ser una grandísima oportunidad. Me siento orgulloso, porque soy un fijo allí. Dijeron que tendría protagonismo y así está siendo.

Muchos años de contrato y un gran futuro por delante se te presenta, tanto a nivel de selecciones como en el Milán, una escuadra construida siempre a través de magníficos centrocampistas: Boban, Donadoni, Ancelotti, Pirlo, Desailly...

Yo cuando pienso en el Milán me viene en mente la historia que tiene. Muchas Champions, jugadores planetarios… Quería jugar en un equipo que optara a ganar títulos.

¿Baraja lo comprendió cuando se lo dijiste? Allí tenías contrato aún. Por ti pagaron 20 millones de euros y te hicieron contrato hasta 2028.

Sí, claro que el míster lo entendió. Él también fue jugador. Sabía cuál era mi ambición y al conocer la oferta del Milán me facilitó todo.

Leao renovó su contrato hasta 2028. Técnicamente es un superdotado. ¿Le ves bien, centrado para ser un piedra angular de este club o pieza fácil de representantes?

Un futbolista increíble, que con el tiempo incluso puede mejorar, y eso sólo nos puede hacer bien. Le veo muy involucrado con estos colores, con esta ciudad, este país y esta liga.

Inter y Nápoles se verán las caras con Atlético y Barça en una competición donde ya no está el Milán. ¿Qué eliminatorias tenemos delante?

Difíciles para los clubes españoles, porque estamos hablando de dos clubes potentes: el vigente campeón italiano y el finalista Champions.