OPINIÓN

Wembley-96, la bofetada de alcohol a Kiko y más cara de tonto que el día del codazo de Tassotti a Luis Enrique

Alkorta observa la acción de Paul Gascoigne. /Getty
Alkorta observa la acción de Paul Gascoigne. Getty

Wembley. Era Wembley. Eurocopa 96. Cantaban que el fútbol volvía a casa. O como decían ellos: "football's coming home". Para un mitómano del fútbol británico, como era todavía aquel joven enviado especial, era la crónica de su vida, el partido de los partidos en un escenario único que todavía mantenía sus dos torres icónicas en su fachada principal y sus 39 escalones desde el césped al palco presidencial. Entonces, los de la canallesca, después de un idilio más o menos consentido, comenzábamos a pegarnos con Javier Clemente. Pero en el fondo, sin saberlo, todavía éramos un poco pretorianos de su causa. No se nos había olvidado todavía, al menos a mí, el trauma del codazo de Tassotti a Luis Enrique y la manera en la que la Selección se escapó del Mundial de Estados Unidos y resulta que ya estábamos en otra pelea que iba a resultar peor.

Presente. Tampoco ha pasado mucho tiempo. Hará un par de años. Más-menos. No sé por qué salió a colación el dichoso partido de Wembley 96, Julio Salinas me mira a la cara y revienta. "Enrique, aquello fue un robo con alevosía, pero sin nocturnidad porque el partido fue por la tarde... Nos anularon dos goles y nos quitaron un penalti a Caminero. Tú estabas allí, coño, joder, me cago en la p...". Vamos, el diccionario propio de Julito cuando se calienta. Regresé a Madrid, estábamos en Barcelona, y aquella misma noche o a la siguiente volví a ver el partido y a leer la crónica que escribí en ABC.

"España cae en los penaltis, pero firma en Wembley un partido ejemplar", fue el titular. En uno de los sumarios se puede leer. "La selección de Clemente desplegó su mejor juego y superó a Inglaterra en todos los sentidos: táctico, técnico y físico". Y en otro: "El árbitro anuló un gol a Salinas y no quiso saber nada de dos derribos a Alfonso y Caminero en el área inglesa". Vamos que Julito no andaba mal encaminado en sus abrasivas apreciaciones. Si no había sido un robo, había sido un atraco. Me fijo en quién había sido el árbitro. Un francés llamado Batta. ¡Qué casualidad! el de ahora también es 'gabacho' y se llama Letexier, como aquel mágico jugador inglés de los 90, pero con 'x' en lugar de las dos 's'.

Con el paso del tiempo y después de haber hablado tanto con los protagonistas de aquel partido de cuartos de final jugado el 22 de junio de 1966, aquella derrota en los penaltis continúa resultándome mucho más traumática que la de Boston ante Italia. Si en el estadio de Foxboro se me había quedado cara de tonto, en Wembley tenía cara de gilipollas y no era el único que había sentido la misma sensación. Los futbolistas que jugaron aquella tarde piensan lo mismo. En el 'replay' del partido, en esa tarde 'wembleyriana', España le pegó un señor bañó futbolístico a Inglaterra. Baño y, además, masaje. Hurgo entre las entrevistas que había hecho a los protagonistas. Leo a Hierro: "Jugamos un gran partido, pero fallamos en los penaltis. Siempre nos daba la sensación de que nos íbamos para casa cuando mejor estábamos jugando. Le he dado muchas vueltas al penalti que fallé. Quise tirar fuerte, la quería tirar ahí, a la cabeza del portero y se me fue al larguero. En las vacaciones todo el mundo me lo recordaba. Fue un verano difícil".

Saouthgate habla del partido ante España en 1996. UEFA

Leo a Kiko, que entonces ya manejaba el arco y las flechas. "Nos fuimos a casa con un sabor de boca muy amargo. A Inglaterra le dimos un repaso. Nos cortaron las alas en el momento que mejor estábamos. Íbamos de menos a más descaradamente. Ese es un lunar en mi carrera. Nos podíamos haber metido en la final, como hizo Chequia. Estuvimos a centímetros de haber hecho algo importante y al final hicimos el chiste de quedarnos en cuartos como siempre. Hicimos todo bien ese día. En el tema de la personalidad, de echarle dos… y en el tema del fútbol. Los ingleses no sabían por dónde llegábamos. Les dimos un repaso de todo. ¿Ya te conté un día lo que me pasó esa tarde, no? En un córner olí a alcohol, me vino una bocanada. Eso seguro. Se lo dije a Alkorta. Tuve la sensación de que me vino una bofetada de alcohol en el forcejeo de jugadores que estábamos allí. Aquí hay algo raro, pensé. Me marcaba Adams. A los cuatro minutos le veo que se pone las manos en las rodillas como si estuviera cansado. 'Huyyyyy la que te voy a liar…' pensé para mí. Pero en el minuto 100 hacía el mismo gesto. De cansado nada. Si jugamos dos partidos más los hubiera aguantado igual el Tony ese…"

Para quedarme tranquilo del todo, busco las confesiones de Andoni Zubizarreta, una de mis grandes referencias cuando se trata de ecuanimidad. Otro mitómano del fútbol británico, de Wembley y de aquel partido que, aún en la derrota, confiesa que pudo ser uno de los mejores recuerdos que guarda de su majestuoso paso por la Selección. "Jugamos un partido impresionante. Ver en la última media hora a la afición inglesa pidiendo a sus jugadores que resistiesen atrás no era algo muy normal. Me pareció un partido de 'chapeau'. Soberano en un estadio extraordinario. Fue un partido de fútbol con todo lo que debe tener. Nos faltó ganar. Una pena. Pero eso en el fútbol también ocurre".

Ya no me quedan dudas al respecto. Fue todo junto. Bañó, masaje, robo y atraco. La pena en forma de lástima es que estas reminiscencias no se olvidan nunca. Cómo que han pasado 28 años y todavía me veo sentado en la tribuna, escribiendo la crónica y maldiciendo que la música del "football's coming home" no deja de atronar por las altavoces. A lo mejor, quién sabe, quizás, quizá, acaso, podría ser... que si España se cobra aquella revancha en otro estadio mítico, como el Olímpico de Berlín, también con dos torres míticas en su fachada principal, esa cara de gilipollas que se me ha vuelto a poner al ver el partido repetido y leer la crónica de ABC vuelva a su ser. Aunque sea, que vuelva a la cara de tonto de Boston, del día del codazo de Tassotti, un gran tipo por cierto, a Luis Enrique. El árbitro se llamaba Sandor Puhl y como premio le dieron la final de los mismos italianos contra Brasil.