El guion de Florentino y Ancelotti, la visita al dentista y una DANA al ataque

El dicho es más viejo que el comer con las manos. Definitivamente, otro curso, jugar contra el Getafe es como ir al dentista y que, de forma sucesiva, en 100 minutos, que son lo que duran ahora los partidos, te hagan un revisión, te empasten una muela y te extraigan la de al lado. ¡Qué dolor! ¡Qué sufrimiento! Ni la anestesia te sirve de analgésico. No llegó el equipo de Bordalás a la agresividad, por momentos bien entendida y por otros mal entendida, del día del Barcelona, en el que además extrajeron un puntito, pero volvieron a sacar a pasear todas sus armas defensivas a pasear.
La culpa de que el Getafe, sobre todo ante los grandes, lleve al límite el reglamento no es de su entrenador, ni de sus jugadores. Es de los árbitros, que les permiten realizar acciones punibles de manera reiterada sin que se señalen las infracciones por el mero hecho de que son jugadas en las que el balón no está en el foco de la jugada. Ellos hacen bien en repetirse partido tras partido. Si se les permite y les va bien, para qué van a cambiar.
Además de todo ello, es un equipo que defiende bien porque está creado para ello. Presiona en las zonas donde tiene que presionar y alterna los marcajes al hombre con la disposición zonal con verdadera maña. Y si no que se lo pregunten a Bellingham, que quedó durante muchos minutos del partido enredado entre Alderete y Djene, cuando no llegaba Mitrovic al apoyo.
En el Bernabéu, a los azulones les señalaron 16 faltas, que no son muchas, y le mostraron seis amarillas. El Real Madrid, sin ir más lejos, hizo 12, pero cuántas hizo en realidad. Cuántas paradas de pared, cuántos bloqueos, cuántos sandwiches (un defensa por delante y otro por detrás), cometieron a lo largo del partido. ¿El doble? Durante el encuentro me preguntaba qué hubiera pasado si Damián Suárez hubiese tenido enfrente a Vinicius y no a un Rodrygo que se armó de paciencia.
Por todo lo expuesto, la victoria blanca, su vendaval ofensivo con el 76 por ciento de la posesión, sus 729 pases con un 88 por ciento de acierto, sus 26 remates, 12 a puerta, más cuatro postes, tiene su mérito. Y todo ello sin Vinicius sobre el campo y sin el delantero que casi todos pensamos, incluido Ancelotti, que necesita la plantilla, pero que no ha llegado. El guion pareció escrito entre Florentino y Carletto. Remontada con goles de Joselu, el único recambio de 'Vini' y de Bellingham que parece empeñado en demostrar que, mientras tenga tanta libertad y juegue tan arriba, va a pulverizar todas sus marcas realizadores.
Le salieron, además, bien los cambios al técnico. Sobre todo el de Kroos que mejoró con creces a Camavinga, y el reajuste defensivo para liberar ofensivamente a Alaba, que durante toda la segunda parte fue un interior zurdo que permitía a Rodrygo dar al equipo la amplitud que por el otro lado ofrecía Carvajal. Por cierto que el capitán anda inmenso. La nueva disposición táctica y su inteligencia para interpretar su nuevo rol, le permite hacer daño cada que se asoma por el área rival. Inmensa su influencia en el juego de ataque y raudo para replegarse cuando la situación lo exige.
La realidad fue que la visita al dentista resultó menos traumática de lo que podía parecer con el fallo defensivo del gol de Mayoral. Y todo fue gracias a que durante la segunda parte todos los de Ancelotti se pusieron a luchar contra el maldito sillón del odontólogo, que sacó todos sus utensilios, pero no fue capaz de terminar de cazar sus piezas molares, ni premolares, ni incisivos, ni caninos...