Vinicius tiene que aprender a jugar de delantero, pero como extremo continúa siendo un cañón

El engañoso (por el resultado) y excitante (por la intensidad, ritmo y ráfagas de buen juego) Clásico de Dallas ha dejado irremediablemente un puñado de conclusiones puntuales que no deberían pasar inadvertidas, aunque también haya que darles la importancia relativa que concede el momento y las condiciones del partido. Una de ellas apunta a quien todavía continúa siendo el futbolista más desequilibrante del Real Madrid: Vinicius.
El brasileño es, posiblemente, uno de los jugadores más afectados por el cambio de sistema que ha probado Ancelotti en estos tres primeros partidos y que tiene una relación directa con la abundancia de centrocampistas y la falta de delanteros específicos que tiene su plantilla actual. Aunque ante el Milan, en el primer partido, marcara un gol de '9' puro y duro: ataque al espacio central y definición perfecta en el mano a mano con el portero, a Vini le cuesta jugar en esa posición más centrada. Lógico. Nada grave que el tiempo no pueda reparar. Si algo ha demostrado este jugador en los tres últimos años es su capacidad para superarse en las dobles parejas técnicas y físicas que atañen a un delantero: velocidad y pausa, por un lado, y regate y remate, por otro.
Vini tiene que aprender, en el más amplio sentido de la palabra, a jugar de delantero. A moverse por el carril interior sin caer tanto en la tentación de tirarse a la banda izquierda en la que tan cómodo se encuentra. Lo puede hacer ocasionalmente, para alejarse de los centrales o no darles una situación de referencia, pero no sistemáticamente. Si busca ese terreno de confort se aleja del área, deja a su colega Rodrygo solo ante el peligro y a su equipo sin elementos de remate en la zona de definición. Debería ser cuestión de tiempo. De trabajo en los entrenamientos. De ponerse unos cuantos vídeos de Benzema para ver como el francés, desde su posición de '9', se dejaba caer hacia las bandas y, precisamente, se convertía en su mejor aliado ofensivo.
De jugar desde fuera hacia dentro, como cuando es extremo, a jugar de dentro hacia fuera, como cuando juega de delantero, hay una considerable diferencia de movimientos, pero también de posicionamiento. Para encontrar esas desemejanzas nada mejor que ver la segunda parte del partido y ver lo cómodo que se encontró cuando se colocó de extremo izquierdo puro en el 1-4-3-3 y lo incómodo que se encontraba hasta entonces. Tampoco está de más reconocer que en la segunda situación tenía ya enfrente a un Dest que entró al terreno de juego absolutamente perdido y en la primera todavía le cerraban el paso Araujo (lateral) y Koundé (central).
De extremo, Vini alterna el balón al pie para buscar la acción individual con el esférico al espacio para desarrollar su velocidad. Esta alternancia suele desesperar a sus marcadores que no saben nunca que toca en cada jugada. De '9', Vini se acerca mucho al epicentro del juego alejándose del área y, sobre todo, recibe demasiado de espalda a la puerta contraria. No se perfila de primera hacia la puerta rival. Rodrygo, en ese matiz, está más acostumbrado a recibir casi siempre enfilado hacia su objetivo.
Escrito todo lo cual, Vinicius sigue siendo el alma ofensiva del Real Madrid y, todavía en esa fase de adaptación a su nuevo rol de ataque, creó él solito media docena de ocasiones de gol, dos remates al larguero incluidos. Después de las oportunidades creadas y los cinco remates a los postes, los aficionados-lectores menos exigentes pueden pensar que esta retahíla de explicaciones sobre los distintos posicionamientos de Vinicius podría haberse quedado en el tintero. Sí, pero no. Precisamente que los de Ancelotti lleven en su lomo la 'L' de equipo en pruebas tácticas, revaloriza aún más su rendimiento en los tres encuentros amistosos disputados hasta el momento. Hasta Xavi sabe el 0-3 del Clásico es una anécdota que pone en valor a los suyos, pero no desintegra al enemigo.