Vivos para seguir golpeándose...

La nueva rivalidad del siglo en curso tiene por delante la semana próxima otro partido para seguir midiéndose. Otro partido para intercambiarse golpes hasta la saciedad, sin que ninguno de los contendientes caiga a la lona. Probablemente, el City de Guardiola sea mejor equipo, más académico, más dominador y con más recursos, sobre todo, ofensivos. Pero en este primer choque del Bernabéu, el Real Madrid no fue peor en ningún momento. Explotó todas sus virtudes, entre las que entra no darse nunca por vencido y se apuntó a un empate, cuando puede que tuviera más ocasiones para llegar a la victoria. El madridismo no olvidará tan fácilmente, la oportunidad de Vinicius del minuto 56 que pudo ser el 3-1. No lo fue. Y preguntes donde preguntes, te dirán que las tablas son de ley.
🥶 Foden deja helado el Bernabéu
— Bar TV (@bar_tv) April 9, 2024
🚀 ¡Qué golazo!
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Estaba bien tirada la maniobra de Rodrygo en la banda izquierda que adelantó Relevo seis horas antes de comenzar el partido. Ancelotti había trabajado toda la semana con esa variante. ¿Por qué? Porque el '11' venía de marcar dos goles haciendo de Vinicius y las rachas hay que fomentarlas, no abortarlas. Y además porque la velocidad de Vinicius podía electrocutar a la improvisada zaga de los citizen compuesta por cuatro centrales y colocada a una altura temeraria. Por allí, por la banda de Rodrygo, gestaron los blancos el segundo gol, obra del propio brasileño. La prueba se puede dar por aprobada.
Gran noche de fútbol. Media docena de goles en un partido de ida de los cuartos de final, no es una cifra desdeñable. Madrid y City fueron fieles a sus principios futbolísticos, aunque el encuentro estuvo plagado de situaciones extrañas. Todo muy atropellado. La genialidad de Bernardo Silva y la pifia de Lunin (0-1). La carambola de Camavinga con Rubén Dias (1-1). La supertransición de Rodrygo (2-1). El obús de Foden, que no había subido al escenario (2-2). El derechazo de un zurdo cerrado como Gvardiol, que tras su mal control, lo que realmente quiso fue acabar jugada (2-3). Y aparición estelar de un apagado Valverde para empalmar un balón que lo lógico es que hubiera acabado en la grada de animación (3-3).
Mucho Rudiger. Poco Haaland. Mucho Camavinga, Poco Rodri. No fue la mejor noche de Bellingham, tampoco de Vinicius, pero dio dos pases gol. El City echó de menos, mucho-mucho a De Bruyne, Y a Walker. En los cambios, una buena noticia para Ancelotti, Modric tiene la calidad y la voluntad, intactas. No era fácil meterse a organizar un equipo montado para contraatacar frente, otro preparado para masticar el balón hasta que se deshace entre sus piernas. El Etihad conocerá el vencedor de este duelo que comienza a hacerse un hueco entre las grandes rivalidades de la historia reciente del fútbol. City y Real Madrid están picados. Saben cómo hacerse daño. Y se lo seguirán haciendo.