JJOO

Falta de líquidos y una ola de desinformación en los Juegos: "¿Un agua? Esto es el antidopaje"

La primera semana deja muchas anécdotas en una cita con una seguridad y transporte sobresalientes, pero con varios puntos grises.

Colas en un partido de rugby 7 en el Estadio Olímpico. /DE SOUZA / AFP
Colas en un partido de rugby 7 en el Estadio Olímpico. DE SOUZA / AFP
Andrés G. Armero

Andrés G. Armero

"¿Por favor, sabe dónde se puede beber agua?". Un periodista indio hace la pregunta del millón en estos Juegos de París a un voluntario vestido de verde en la Philippe Chatrier de Roland Garros, en la antesala de un partido de Novak Djokovic. El hombre va a buscar a otro veterano (también de verde), que a su vez va a localizar a otra persona (esta de azul) que duda y tira de plano. La cadena informativa regresa de nuevo al indio, que lleva 15 minutos de espera paciente. "La fuente [la única en un km a la redonda] está detrás de aquella columnas", sentencia el elegido. El hombre bebe.

Una iniciativa elogiable y ejemplar (la ausencia total de botellas de plástico en los Juegos) choca de frente con la escasez de fuentes y el desconocimiento de su ubicación. Es un caso particular, pero la desinformación ante cualquier pregunta, de cualquier índole, es generalizada. En el caso del agua, la mejor respuesta a este problema global que se vive en la cita olímpica la da un miembro de la seguridad del waterpolo: "Le aconsejo que rellene su bidón en el baño". Tampoco la solución está en el pago, por las enormes colas para acceder a una pequeña botella de cristal que te sirven en vaso reciclable y, sobre todo, por su precio: 5.50 euros.

La deshidratación también es tema de conversación común en la instalación de balonmano, donde un aficionado [tras una decena de interacciones con sus 'disculpe, no le puedo ayudar' correspondientes] logra localizar a una persona de la organización que decide asumir el mando. "Vaya detrás de esas cortinas negras y ahí encontrará una fuente". El espectador procede obediente y se adentra en el pasillo preguntando por el líquido elemento al siguiente hombre que sale a su paso. "¿Un agua? Esto es el antidoping", le replica.

Imágenes en las proximidades de la competición de judo en los Juegos. RELEVO

El tema de la comida en las instalaciones es otro de los puntos débiles de los Juegos. El modo de pago es exclusivo, tarjetas Visa, patrocinador oficial del evento, pero la oferta gastronómica en las sedes es mejorable. Un minibocadillo helado, sobre el papel de pollo, en realidad de aire, ocho euros. Lo más sangrante son los líquidos, que, como en la paradoja del agua y los diamantes, tienen un valor desmesurado en las sedes, donde los aficionados soportan largas colas para mitigar los más de 30 grados de temperatura de los últimos días. Como decía el genio Thomas Fuller, "nunca sabremos el valor del agua, hasta que el pozo esté seco". En París 2024 directamente no hay pozo.

En la parte positiva de los Juegos está el transporte público y privado, con una oferta muy amplía y fiable, que permite transitar entre las sedes con fluidez. Además, el metro cuenta con el mayor porcentaje de personal informado de los Juegos. Al llegar a las instalaciones la cosa cambia por completo. A la oscuridad informativa se une la dificultad en los accesos. El judo es un barrizal en el que se ve a aficionados, altos cargos incluidos, caminando de puntillas para evitar la misión imposible de mancharse los zapatos.

Gran trabajo de seguridad

Los periodistas de todo el mundo, acostumbrados a disfrutar de comida de cortesía en las salas de prensa durante su trabajo, se han encontrado en París 2024 su kryptonita, quizá merecida por la decadencia de la profesión en los últimos años. El pesebre, como se conoce en el argot a esas viandas con las que se agasaja a los informadores, brilla por su ausencia. La queja une a reporteros de todas las nacionalidades. El café y el té es lo único que los profesionales se encuentran al llegar a cada instalación.

Dentro y fuera de las instalaciones, en todo París, hay que destacar el sobresaliente trabajo de los cuerpos y fuerzas de seguridad, que además tratan de agradar y atender a todo aquel que se cansa de preguntar a gente de verde y de azul, voluntarios que, por otra parte, se costean el alojamiento y poca culpa tienen de los fallos en el plan de comunicación interna organizacional. Pero incluso los policías, omnipresentes en las calles, no son capaces de dar respuesta a la frase más repetida de los Juegos: "¿Sabe usted dónde está el agua?".