El alto voltaje político no llega a la ceremonia: Francia envió su mensaje al mundo en la inauguración de los Juegos
La ceremonia inaugural fue toda una declaración de intenciones con su apuesta por la diversidad y hasta un homenaje explícito a la unidad de Europa.

París.- Todo es político, suele decirse, y los Juegos Olímpicos también. Y todo es agua, venían a decir los franceses, orgullosos por haber elegido el río Sena como eje de la ceremonia inaugural de París 2024, aunque jamás imaginaron que fuera tanta la que caería sin pausa desde el cielo. Eso sí, las aguas políticas bajaron más tranquilas de lo que se preveía tras semanas de alta tensión.
No pudo tener más mala suerte París, que preparó una ceremonia sutil y potente a la vez, notablemente francesa y no apta para todo público, por momentos difícil de comprender. La lluvia rondó la ceremonia inaugural de Londres 2012, pero finalmente perdonó a aquellos Juegos. Doce años después, todo ese agua contenida pareció descargar al otro lado del Canal de La Mancha.
Así y todo, tras cuatro horas de show, la lluvia terminó siendo parte esencial de una fiesta que quiso ser cualquier cosa menos liviana y frívola.
En una Francia que lleva varias semanas de alto voltaje político y discutiendo (votando) hacia dónde quiere ir, la ceremonia inaugural fue toda una declaración de intenciones con su apuesta por la diversidad, el rescate de las esencias más profundas de la República y hasta un homenaje explícito a la unidad de Europa.
Basta con ver algunas de las "diez heroínas" de la historia de Francia que fueron destacadas a lo largo del desfile de "bateaus" por el Sena. Paulette Nardal, primera mujer negra en estudiar en La Sorbona; Jeane Barret, primera mujer en dar la vuelta al mundo; Christine Loizan, primera autora que vivió de la escritura; Alice Guy, una de las primeras directoras de cine del mundo; Simone Veil, de quien se destacó que presentó un proyecto para despenalizar el aborto.
Más claro, agua. Bueno, no, agua ya había demasiada. También hubo sangre, con un llamativo momento de una María Antonieta decapitada mientras tocaba la banda de death metal Gojira. Antes había pasado Lady Gaga, y antes incluso, un Zinedine Zidane con aires de James Bond.
Al igual que en Londres 2012, la "playlist" de París 2024 se convirtió velozmente en objeto de adoración en las redes sociales. Daft Punk volvía una y otra vez.
Había expectativa por ver lo que pudiera suceder con el paso de delegaciones conflictivas. Una de las primeras, Argentina, en la mira de muchos franceses y abucheada en los últimos días tras los cánticos racistas y homófobos de la selección de fútbol. No sucedió absolutamente nada, los albicelestes fueron recibidos con aplausos por un público muy correcto, básicamente autoridades e invitados especiales, en la explanada de Trocadero.
Aunque recibió algunos abucheos, prácticamente lo mismo sucedió con Israel, en tanto que la delegación de Palestina, a la cabeza de un "bateau", se ganó una ovación. Otra cosa fue la reacción en las calles de París, las del pueblo llano. Allí sí hubo más energía y variedad de opiniones.
"Games wide open", Juegos bien abiertos, es el lema de París 2024. No era una ceremonia para seguir en el lugar, sino para disfrutarla por televisión, y requería de un director de cámaras experto.
85 barcos, 2.000 artistas...
A diferencia de las inauguraciones tradicionales, concentradas en un estadio en el que los puntos culminantes se suceden en forma consecutiva en un mismo escenario, en la de París había un eje, el río, y múltiples estímulos y apariciones al estilo "pop up" en diferentes escenarios de la ciudad, doce en total entre el puente de Austerlitz y la explanada de Trocadero.
Había que entregarse sin resistencias a ese vértigo de superposiciones, a la sensación de cierto desorden en una noche en realidad planificada al milímetro. La aparición, por ejemplo, del misterioso portador de la antorcha haciendo acrobacias en la pasarela de moda montada sobre un puente en el Sena, momento de la ceremonia bautizado como "Festivité".
"El viaje por el Sena será un viaje repleto de esperanzas en el futuro, en contraste con las tensiones del presente", habían prometido los organizadores. "Una ceremonia para que, al final, nos digamos que todo va a estar bien", sintetizó el director y creador del espectáculo de tres horas, Thomas Jolly.
Ochenta y cinco barcos para transportar a las delegaciones, 20.000 personas destinadas a poner en marcha todos los engranajes de la fiesta, 2.000 artistas, 3.000 metros cuadrados en la suma de los diferentes escenarios, mil altavoces... Y todos empapados, porque el cielo nunca dio tregua.
"Estamos a favor de la paz, llamamos a la paz", fue el mensaje, siempre desde el Sena y ya entrada la noche en París, en unos Juegos que no pudieron hacer regir la tregua olímpica. Una tregua que no deja de ser un engaño: en 2014, Rusia la respetó en sus Juegos de invierno en Sochi y, pocos días después de terminados, invadió y anexó Crimea.
Los varios minutos en los que las miradas se centraron en una amazona cabalgando sobre un caballo luminoso en las aguas del Sena, una imagen para todos los tiempos, permitieron recuperar imágenes de la historia olímpica moderna desde los primeros Juegos, los de Atenas 1896, hasta Tokio 2020. Una señal de respeto y hermandad de París a sus predecesoras antes de llegar al momento culminante, ya con la Torre Eiffel iluminada y esplendorosa, soñada escenografía de los terceros Juegos de la historia en la capital francesa.
Apareció Tony Estanguet, triple oro en canotaje y presidente del comité organizador, para un largo discurso protegido de la lluvia por un paraguas que sostuvo pacientemente una mujer a sus espaldas. Lo mismo hizo un joven con Thomas Bach, presidente del COI. Nadie sostuvo un paraguas sobre los deportistas, entrenadores y técnicos cuando realizaron el juramento olímpico.
Al olvido fueron los paraguas cuando Zidane recibió la antorcha y, abrazo de por medio, se la entregó a Rafael Nadal: a esta altura, los franceses sienten al 14 veces campeón de Roland Garros como alguien propio. Por eso lo subieron a una lancha que surcó el Sena para que ofrendara el fuego olímpico a la lluvia de París. En esa lancha, felices los cuatro bajo la lluvia, estaban también Serena Williams, Nadia Comaneci y Carl Lewis.
¿Se podía pedir más? Sí, una sucesión de glorias francesas del deporte para que la antorcha llegara finalmente a manos de Teddy Riner y Marie Jose Perec. El fuego subió al cielo en globo y Celine Dion apareció cantando en una Torre Eiffel que estalló de luz en el cielo oscuro y mojado. París cerraba una noche en la que todo era posible, menos la indiferencia.