JJOO

Los atletas más completos se hacen amigos de las lesiones "para tolerarlas mejor"

La heptatleta María Vicente, lesionada, y el decatleta Jorge Ureña, que participará en los Juegos, explican la complejidad de sus pruebas.

María Vicente, durante una prueba de salto de longitud. /EFE
María Vicente, durante una prueba de salto de longitud. EFE
Íñigo Corral

Íñigo Corral

María Vicente y Jorge Ureña representan la cara y la cruz de lo que significa dedicarse a una competición tan exigente como es el heptatlón, en el caso de las mujeres, o el decathlon en los hombres. Ella, que cambió de niña las zapatillas de ballet por las de correr, se rompió hace varios meses el tendón de Aquiles y tendrá que ver los Juegos Olímpicos desde el sofá de su casa. En realidad, si tiene suerte y consigue entradas de algún patrocinador o amigo, podrá presenciarlos in situ desde las gradas. El alicantino fue más afortunado a pesar de que consiguió in extremis su clasificación. Y es que casi se lo tuvo que implorar a la Federación Española de Atletismo,después de no haber conseguido la mínima exigida para estar en París.

A menos de seis meses para la cita olímpica, Vicente había acudido a Glasgow para participar en los campeonatos del mundo de atletismo en pista cubierta, donde se compite en pentatlon y no heptatlon, con la firme convicción de que podía aspirar al oro. "Estaba en un muy buen estado de forma", dice. Las cuentas le salían. Era consciente de que en las pruebas de velocidad iba "muy rápida" y de que había trabajado mucho la jabalina durante el invierno "a diferencias de otros años". Fue en el salto de altura, la segunda prueba del pentatlón, donde se rompió en talón de Aquiles. Salió de la pista en camilla y envuelta en un mar de lágrimas, mezcla de dolor y rabia por perderse sus primeros Juegos Olímpicos. Saboreaba de nuevo el sabor amargo de las lesiones. Y es que a pesar de sus 23 años, ya había padecido sendas roturas de sus isquios cuando entrenaba en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de San Cugat y otra en su cuádriceps mientras trabajaba en San Sebastián a las órdenes de su entrenador Ramón Cid. "No han sido muchas, pero sí bastante gordas".

Para ser una buena heptatleta, la catalana explica que es necesario reunir tres condiciones: "fuerza, velocidad y explosividad". A la receta le añade "un cierto toque de resistencia" porque no se trata solo de aguantar una carrera de 800 metros, "sino de estar mentalizada y concentrada al cien por cien los dos días que dura la competición". Los puntos fuertes de la catalana son, precisamente, la velocidad y la explosividad, de ahí que las pruebas donde mejor rinde sean los 200 metros lisos, los 100 metros vallas y el salto de longitud. Lo lleva peor en los lanzamientos o en el salto de altura porque son pruebas "muy técnicas" y requieren muchos años de preparación para hacerlo a buen nivel. "Lo que toca es seguir luchando y entrenando para estar al mismo nivel en las siete pruebas, y eso es algo que hay que tenerlo siempre muy claro en la cabeza", admite.

Este año no irá a París con sus maletas repletas de zapatillas. "Como mínimo llevo siete pares, uno para prueba, más otro par para los ejercicios de calentamiento". El caso es que incluidas las chancletas y unas bambas para pasear "de forma un poco casual" fuera del estadio, hacen un total diez pares. "En la Federación siempre se quejan porque llevo mucho equipaje, pero es que el resto lleva solo dos pares y así les entra toda la ropa en la misma maleta, por eso yo necesito al menos dos", añade. Mientras tanto, la recuperación de esta estudiante de tercer curso de ADE Digital Business, va bien encaminada. "Ya he empezado a correr y doy saltitos a la comba". No tiene molestias ni dolores, y aunque prefiere no ponerse plazos confía en que en septiembre u octubre pueda empezar la pretemporada.

Llama la atención que siendo tan joven, la catalana tenga tal grado de madurez para hacer frente a los reveses que ha sufrido a lo largo de su carrera a base de positividad. "La recompensa siempre viene si ves que el trabajo va dando sus frutos y cuando compruebas que hace un mes apenas podías apoyar el pie y ahora ya estás corriendo". Lo curioso es que lo dice alguien a la que tuvo que engañar su propia madre para que probara con el atletismo. "Pensaba que todo eso era correr, correr y correr, y yo no quería cansarme", recuerda entre risas. Fue demasiado tarde cuando comprobó que la idea ir al cine con su primo formaba parte de aquella trama para llevarle a una pista de atletismo. Una vez allí, no tuvo escapatoria. "Es que vi que, además de correr, también podía saltar o lanzar, y la cosa ya me convenció un poco más".

Esa misma madurez le lleva a admitir que "no es plato de buen gusto estar sin competir o sin animar desde dentro a mis compañeras". Ni siquiera pierde la calma en los momentos más duros. De hecho, asegura sin ambages: "desde que tuve la lesión, lo asumí y lo tengo claro". Nada de derrotismo en sus palabras. "A día de hoy es lo que toca porque de aquí a unos años mi intención es acudir a los Juegos de Los Ángeles", sostiene. Esfumados de sopetón en Glasgow sus sueños de medalla olímpicos, aun concibe la idea de que en París podía haber aspirado a una medalla "porque estaba en un momento en que podía tratarme de tú a tú con las mejores". En cualquier caso, su ansia competitiva no le hace ir más deprisa. Sabe que sin estar al cien por cien corre el peligro de tener una recaída. "Como tengo la suerte de que todo esto me han pasado siendo muy joven, sé que hay tiempo de sobra para volver, y si tengo que esperar al mes de mayo para hacerlo al aire libre, pues esperaré", asevera.

Jorge Ureña, en la prueba de disco.
Jorge Ureña, en la prueba de disco.

La experiencia de Ureña

El alicantino Jorge Ureña (Onil, 1993) afronta sus segundos Juegos Olímpicos tras su experiencia de hace tres años en Tokio donde consiguió la novena plaza en la prueba de decatlón, también conocida como la prueba del atleta completo. "Ha sido, sin duda, la experiencia más bonita que he tenido hasta ahora a pesar de las restricciones propias de la pandemia", afirma. A pocos días vista de viajar a París, su máxima aspiración es disfrutar de los Juegos y conseguir una "gran marca" que le permita superar su anterior clasificación. "Sé que es muy difícil porque hay gente que está haciendo muy buenas marcas, pero lo importante es que pueda disfrutar y luego ver qué pasa".

Llegar a la cita parisina no ha sido ningún camino de rosas para Ureña. Con 31 años sabe que puede ser su última oportunidad. Pese a todo, aspira a repetir dentro de cuatro años en Los Ángeles. "Mi objetivo es seguir compitiendo hasta donde el cuerpo a aguante porque no solo depende de mí, sino también de que me respeten las lesiones, así que habrá que ir viendo poco a poco cómo se desarrollan los acontecimientos en el futuro", añade. Y es que el buen estado físico lo es todo para un atleta de élite, y más para los que participan en una prueba tan exigente como es el decathlón. El menú es para gente muy resistente. El primer día compiten en 100 metros lisos, salto de longitud, lanzamiento de peso, salto de altura y 400 metros lisos. Ya para la segunda jornada les esperan otras cinco pruebas: 110 metros vallas, lanzamiento de disco, salto con pértiga, lanzamiento de jabalina y 1.500 metros lisos.

La presión que ha tenido que soportar el alicantino para llegar a Paris ha sido enorme. La Federación Española de Atletismo le exigía una marca de 8.150 puntos y él había conseguido 8.102. En este punto conviene rebobinar para saber los sacrificios que tiene que hacer un decatleta. Hace dos años tuvo que pasar por el quirófano por unas dolencias crónicas en su tobillo izquierdo y el pasado verano se destrozó su rodilla izquierda en los campeonatos de España de atletismo celebrados en Torrent durante su último intento en la prueba de salto de longitud. Tuvo rotura parcial del ligamento cruzado anterior y total del ligamento lateral, al margen de otra lesión en la inserción del gemelo. "Me recuperé rápido, así que en invierno competí en pista cubierta donde hice lo que pude". A partir de ahí empezó su particular calvario. Quería ir a los campeonatos de Europa en Roma y en la Federación le advirtieron de que no tenía la marca exigida "y que, por lo tanto, no me iban a llevar".

Los días pasaban y el estudiante de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en la UCAM iba perdiendo las esperanzas. El 20 de junio se le presentó una nueva oportunidad en la ciudad alemana de Ratingen. Acudió resfriado y las cosas no le salieron como esperaba. "Al final se juntan muchas cosas y se hace todo una bola", recuerda. Ya en la primera prueba de los 100 metros lisos empezó "muy mal" y vio que iba a ser imposible mejorar su marca. "Entonces decidimos hacer alguna prueba más como entrenamiento para ir la semana siguiente al campeonato de España". En La Nucia tampoco logró su objetivo. Fue entonces cuando la Federación tuvo que dar su brazo a torcer. Cabía la posibilidad de que Ureña acudiera a París por ranking. Estaba en el puesto 19 de entre los 24 mejores del mundo. "Nos quejamos de las dificultades que nos ponen y hasta recogimos firmas para que equipararan los criterios de selección", se lamenta.

Superadas las trabas administrativas, vienen las mentales con el miedo a fallar el día de la competición. "Cualquier mínimo error te resta o anula", sentencia. Si,por ejemplo, el decatleta hace tres nulos en longitud "es cuando ya te planteas si merece la pena seguir". La presión se traslada más tarde al salto con pértiga, "porque no dependen tanto de ti si en el primer salto se te queda dura o blanda la pértiga, y eso te hace fallar fácilmente", o al lanzamiento de disco "donde puedes hacer tres nulos si vienes cansado de las vallas". Más cómodo se encuentra en todas las otras pruebas de velocidad. Sus 179 centímetros de altura y 83 kilos de peso le hacen rendir mejor en esas disciplinas. Por el contrario, esas mismas medidas le restan capacidad en las competiciones de lanzamiento donde sus rivales suelen tener el mismo peso pero bastante más altura.

Para ser un decatleta de élite, según Ureña, hace falta ser duro y tener mucha constancia. Las lesiones no es lo peor que les puede ocurrir. Lo más frecuente son las típicas dolencias en el hombro o en el codo por las prueba de jabalina o en el tobillo por el salto de altura. "Siempre estas expuesto a sentir dolor, pero después de haber lidiado tanto tiempo con ese tipo de cosas nos intentamos sobreponer a ellas porque forman parte del camino". Un consejo para los que empiezan: "cuanto más pronto de hagas amigo de las lesiones y las sepas tolerar, mejor". Lo de la constancia viene porque son tres horas de entrenamiento al día combinando todas las modalidades del decathlon, incluidas sesiones de pesas. Por si fuera poco, el alicantino sale los sábados a andar en bici para despejarse, "que también viene bien".

Ya tiene escrito el guion de lo que hará los dos días de competición en París. Se levantará cuatro horas antes de acudir al estadio olímpico para estrenarse en la prueba del decathlon con los cien metros lisos que suele comenzar a las 9.30 horas. "O sea,que ya te levantas cansado porque madrugas". A continuación dará un paseo por la villa después de desayunar, y noventa minutos antes de competir, acudirá a la zona de calentamiento para hacer los ejercicios típicos de estiramiento. En función de los horarios comerá en el recinto deportivo o regresará a la villa. Cada vez que concluya una de las dos jornadas de las que consta la competición, se meterá en una bañera de hielo y luego le darán un masaje. Más tarde irá a la habitación a descansar. Allí podrá ver alguna serie en su tablet oescuchar música. Sus favoritos son los grupos de rock valencianos.