JJ.OO.

Patty Mills y Rudy Fernández: hermanos, rivales y unidos por una celebración

Compañeros en Portland, rivales cada verano, Rudy y Mills han hecho historia en París.

Rudy Fernández junto a Patty Mills. /
Rudy Fernández junto a Patty Mills.
Alejandro Gaitán

Alejandro Gaitán

La temporada 2010 en la lejana Portland fue complicada para Rudy Fernández. El mallorquín había perdido a su mejor amigo en el vestuario, Sergio Rodríguez, a quien los Blazers habían mandado a Sacramento a principio de temporada y Nate McMillan seguía cerrándole la puerta del equipo. Era su segundo año en la NBA y tenía menos oportunidades que el año anterior, como novato. Al fondo del vestuario, a caballo entre la G-League y la NBA, Patty Mills acaba de ser elegido en el draft, en uno de los últimos picks, con el 55. Y en el australiano, en el aborigen de Canberra, Rodolfo encontró un amigo. Un hermano. El destino los separó pronto, pero cada verano se encontraban con sus respectivas selecciones. Porque España y Australia han dominado el panorama en los últimos 15 años.

Rudy volvió a Europa tras un breve paso por Denver, y con el Real Madrid lo ganó todo. Un palmarés único para el jugador español con tres Euroligas, siete ligas ACB y otras tantas Copas, además de nueve Supercopas y un sinfín de premios individuales. Con él, el Madrid se convirtió en el mejor club del continente. Al otro lado del charco, Mills hacía historia desde el banquillo en San Antonio. El anillo de 2014 con los Spurs, donde ha pasado una década de su carrera NBA fue el techo de su vida deportiva en la liga, desde entonces dando saltos por Brooklyn, Atlanta y ahora Miami. Y al final de cada temporada el mismo ciclo: Rudy se iba con La Familia, Mills se vestía de amarillo y verde para liderar a la selección australiana.

Juntos, en aquellos dos años que compartieron en Oregón, inventaron una celebración: the three goggles, o las gafas del triple. Patty y el resto de compañeros de los Blazers se burlaban de Rudy y su bajo porcentaje desde el triple, y fingían que no veía bien. Por eso, cuando empezaron a entrar, el español celebraba el triple con un gesto similar a José Manuel Calderón, pero haciendo al mismo tiempo de gafas, mirando a Mills, haciéndole saber que la vista estaba bien. La celebración se volvió viral y otros jugadores del equipo la adoptaron, hasta el punto de que se vendieron camisetas en Portland con el gesto de las gafas del triple. Mills se fue, con su celebración, a San Antonio y a Rudy no le volvieron a recordar sus problemas en el triple una vez volvió a Europa. Sus caminos solo se volvían a cruzar en verano.

La de hoy, en partido que abría el baloncesto masculino en los Juegos Olímpicos, ha sido la última vez salvo que se vuelvan a ver en París. Los dos llegan a 2024 como capitanes y suman, combinados, once JJOO: seis para Rudy, un récord que comparte con Diana Taurasi, y cinco para Mills. Ha sido el primer triunfo para los boomers tras las derrotas en 2016, en el partido por el bronce, y en la primera fase de Londres, en 2012. Como en el Mundial de China, en la semifinal, donde Marc Gasol y Ricky Rubio le robaron el pase a la final en un partido que Mills nunca olvidará, al fallar el tiro libre que le daba el triunfo a Australia a falta de cuatro segundos. Falló seis en todo el torneo, tres ante España, aunque acabó con 34 puntos.

Porque el común denominador de Australia en FIBA siempre suele ser una exhibición de su base. Mills es el séptimo máximo anotador de la historia de los JJOO, a solo tres puntos de empatar a Manu Ginobili en el sexto lugar. Hoy se ha colado cuarto en triples con 71 (Rudy está décimo) y sexto en robos de balón, con 36, uno menos que su compañero en Portland. Ha sido dos veces, 2012 y 2020, el máximo anotador del torneo (solo Pau Gasol y Oscar Schmidt lo han logrado) promediando 26.8 en la edición más reciente y metiendo 42 en el partido por el bronce ante Eslovenia. Con Mills, Australia logró su primera medalla en la historia del baloncesto masculino en unos Juegos donde hizo de abanderado. El primer aborigen para Australia. 

Para Rudy son sus últimos JJOO, pero Mills podría intentar igualar el récord de su amigo. Para Los Angeles 2028 tendrá 39 años, a un par de semanas de cumplir los 40, si es que Australia clasifica. El equipo de Brian Goorjian tiene una de sus mejores generaciones de jugadores, lejos de los años de Andrew Bogut, David Andersen o Andrew Gaze, pero con nueve NBA en su plantilla. Y son candidatos a las medallas, sobre todo tras un importantísimo triunfo sobre España. Sería la segunda para Mills y otros tantos miembros del equipo como colofón a su carrera. Una que empezó en Portland, con Rudy, y una celebración que unió dos profesionales a los que el baloncesto hizo hermanos, rivales y parte de la historia.