Queralt Casas y el peso de la presión: "Ahora realmente juego para pasármelo bien y, la verdad, vivo mucho más tranquila"
La jugadora valenciana se ha convertido, con su velocidad y dinamismo, en la revolución en cancha de un equipo renovado que aspira a volver al podio olímpico.

La carrera de Queralt Casas ha ido a toda velocidad, como va ella cuando está en la cancha. Sin embargo, también ha tenido frenazos bruscos e inesperados. Y muchos han tenido que ver con la Selección. Por eso ahora, cada vez que se pone la camiseta del equipo español, la jugadora se come la cancha como quiere hacer en París, en una cita olímpica con la que tiene cuentas pendientes tras los Juegos de Tokio.
Entonces España quedó apeada de la lucha por las medallas tras caer en cuartos ante Francia. Antes, Casas había sido protagonista con un partidazo ante Canadá. Un duelo en el que la gironí terminó con lágrimas en los ojos, como liberación por todo lo que había vivido. "Fue un verano muy duro para todas, porque al final veníamos de un Eurobasket complicado. También la situación con el seleccionador era muy complicada, y yo personalmente también con él, no había feeling, no estaba a gusto. Me costaba y bueno, al final pude tener la oportunidad de jugar y me saqué un poco todo", recuerda Casas en conversación con Relevo antes de su estreno en París 2024.
España alzó el telón con una gran victoria ante China (90-89) en un camino que no será sencillo. Además de a las asiáticas, las de Miguel Méndez se tendrán que enfrentar a Serbia y a Puerto Rico antes de afrontar los cruces. "Estamos muy bien. Estamos ya casi con el equipo construido, con lo que el entrenador quiere y cómo quiere llegar. Con muchas ganas de empezar. Los veranos de Juegos siempre se hace un poco más largos, por eso, porque tienes muchas ganas de estar ahí, de vivir la experiencia y de empezar con lo bueno", apunta la jugadora del Valencia Basket, a la que, como al resto de sus compañeras, se le ha hecho larga la espera.
Ahora lo que toca es ponerse a jugar y a competir con los mejores equipos del mundo. Y como sucede en el cuadro masculino, el combinado español no parte en la terna de favoritos. Al menos en las predicciones iniciales. Algo que a Queralt le importa más bien poco. "Somos las que estamos aquí y creo que tenemos un muy buen equipo para al menos intentar hacer grandes cosas que ojalá se consigan. Los Juegos es el torneo más complicado y sinceramente, los rankings, no me importan en absoluto. Son los 12 mejores equipos del mundo y ya se verá. Yo confío en que quedaremos mejor que octavas, pero a mí me dan igual los rankings".

La medalla sería el broche perfecto ("Me podría retirar hasta en el momento si fuera necesario", bromea) a una carrera que pudo ser completamente distinta. Deportiva, sí, pero igual fuera de la cancha. "Probé casi todo, la verdad. Lo que mejor se me daba era el fútbol. La verdad que se me daba genial. Es el deporte que más me gustaba cuando era pequeña, pero lo dejé porque llegaba una edad en la que se separaban niños con niñas y yo era la única niña", recuerda la escolta del Valencia. "También practiqué taekwondo, fui campeona de Cataluña varias veces, pero eso sí que lo dejé cuando me decidí por el baloncesto, porque a los 13 años me tuve que ir a la Blume, entonces tuve que elegir el baloncesto. Y la verdad que, aparte de que me gustaba muchísimo, también pesaba más el hecho de ser deporte de equipo que individual".
"Volaba en la pista porque no tenía ni presión ni nada. Fueron mis años de Francia y no tenía ni la oportunidad ni de estar entrenando".
Esa decisión se convirtió en una carrera llena de éxitos que se traduce en cuatro ligas (tres en España y una en Turquía), dos Copas de la Reina, una Supercopa y una Eurocup. Un palmarés envidiable que no tardó en estrenar con la Selección. Lo hizo en 2013, con sólo 20 años. Todo apuntaba a una trayectoria imparable. Pero entonces, otra vez, un freno inexplicable le hizo hacer un paréntesis forzoso de cinco años en el equipo nacional.
"Siempre hay esa espinita y no soy a la única que le ha pasado. De hecho, a la mayoría le pasa eso, ¿no? Que estás en la Selección, luego te vas, luego vuelves… Hay pocas que empiezan y están, no sé, 15 años seguidos yendo", cuenta una Queralt Casas que cree que esos años en los que no recibió la llamada del equipo, fueron sus mejores temporadas. "Al final es verdad que esos años justamente eran los mejores de mi carrera. A día de hoy sigo pensando que han sido los mejores de mi carrera. Estaba en un momento muy, muy bueno, disfrutando muchísimo. Volaba en la pista porque no tenía ni presión ni nada, era fantástico. Fueron mis años de Francia y no tenía ni la oportunidad, no te digo de estar entre las 12, no me daban la oportunidad ni de estar entrenando".
Esa ausencia terminó convirtiéndose en lágrimas cuando recibió la llamada para volver al equipo en 2018. Y desde entonces no falla. "Fueron cuatro o cinco años que yo creo que al menos podía estar entrenando y no se me llamaba. Entonces, bueno, cuando me cogieron en el 2018, pues supongo que fue como, "bueno, por fin". No sé, es que no recuerdo muy bien porque la verdad que soy bastante de olvidar esas cosas. Lo pasado, pasado está. Pero debió ser por eso, porque al final, bueno, pues no me daban la oportunidad y cuando me la dieron salieron bien las cosas. Pude demostrar que sí tenía el nivel".
"Mi año más duro en el baloncesto, que incluso se me pasó por la cabeza dejarlo, era muy joven. Fue el año que me fui a Turquía"
Esa experiencia le hizo aprender. Y también hacerse más fuerte para superar otros obstáculos. "Mi año más duro en el baloncesto, que incluso se me pasó por la cabeza dejarlo, era muy joven. Fue el año que me fui a Turquía. Al final fueron muchos cambios, salía de España, no hablaba el idioma, no hablaba tampoco el inglés, la cultura era totalmente diferente, incluso la comida. Entonces, fue muy duro, pero siempre digo que ese año fue el que más aprendí y que a partir de ahí fue todo rodado. Al final, bueno, de todo se aprende. De hecho, se aprende más de los momentos duros que de los buenos".
Entre las lecciones que aprendió, Casas resalta una por encima de todas: "El baloncesto es muy importante pero no es lo más importante en mi vida. A día de hoy es mi día a día y me encanta, lo disfruto y me siento superafortunada de poder dedicarme a ello. Pero te digo eso también porque es cuando más disfruto, porque me he quitado un poco de presión. Ahora realmente juego para pasármelo bien y para conseguir títulos, pero no siento presión, la verdad. Y la verdad que vivo mucho más tranquila".
¿Cómo consiguió liberarse de esa mochila? Relativizando el deporte, como ella misma cuenta. "Siempre me decía a mí misma, 'va, va, esto es baloncesto', pero por dentro no lo conseguía. Creo que el verano que no tuvimos Mundial, que tuve tres meses de estar en casa, con los míos y de volver a disfrutar un poco de mi vida fuera del baloncesto, me hizo ver eso, que el baloncesto es solo baloncesto. Me di cuenta de que hay más cosas en mi vida y me siento superafortunada en todo. Me siento muy realizada con la vida que tengo y no debo preocuparme. Me siento muy bien con mi vida y eso se ve en la pista". Ahora sólo falta que ese sentimiento tenga el reflejo de un metal al cuello.
"Creo que el verano que no tuvimos Mundial, que tuve tres meses de estar en casa, con los míos y de volver a disfrutar un poco de mi vida fuera del baloncesto, me hizo ver eso, que el baloncesto es solo baloncesto"
"Si consiguiera la medalla olímpica sería capaz de hacer, no todo, pero bastantes cosas", concluye la jugadora catalana. Es lo único que me queda y que ojalá pudiera conseguir. Si no lo consigo no pasa nada. A día de hoy creo que me puedo retirar muy tranquila, pero consiguiendo eso ya de verdad creo que me retiraría hasta en el momento si fuera necesario. No sé qué locura sería capaz de hacer, pero estaría dispuesta a hacer bastantes".