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Oier Ibarretxe, la 'sorpresa' del boxeo español en París: "En mis inicios vomitaba antes de pelear"

El vasco, de 21 años, se clasificó para los Juegos Olímpicos de París en el último preolímpico. Fue su única oportunidad y dio la sorpresa para la delegación española.

Oier Ibarretxe./
Oier Ibarretxe.
Álvaro Carrera

Álvaro Carrera

Aitor Ibarretxe estuvo casi un día de viaje para acompañar a su hijo Oier, en Bangkok, en el último preolímpico que daba billete para París 2024. Con 21 años (los cumplió durante el torneo), el apoyo de sus padres siempre ha sido vital para La Ilusión. Fue su padre, precisamente, quien metió a Oier el gusanillo de los deportes de contacto. Por ello, no quiso dejarlo sólo.

El joven empezó a practicar kickboxing con ocho años. "En ese momento jugaba al fútbol y lo compaginé con el kickboxing, pero las patadas no era lo mío. Por eso, un año después probé el boxeo y desde ese momento supe que me quería dedicar a ello", recuerda el púgil de Galdácano (Vizcaya) a Relevo. Oier no sabe explicar qué fue lo que le enamoró del deporte, lo único que tiene en la cabeza es que desde el primer momento le fascinó y en ese punto también abandonó el fútbol para centrarse en su nueva pasión.

Lo habitual es que el boxeo profesional se lleve los focos, pero Ibarretxe disfrutaba mucho más con el amateur. Tan joven se marcó el objetivo de llegar a la selección. Ese era su sueño. Vivía por y para el boxeo. En su móvil sólo había vídeos del deporte y de los integrantes del equipo nacional en ese momento. Su sueño se acercó cuando vio que la Federación organizó la primera concentración de Schoolboys en 2017. En ese momento, tuvo lo más cercano a un combate. En España, en ese momento, los menores de 15 años no podían competir con contacto. Hizo un pequeño sparring y Rafa Lozano, seleccionador nacional que estuvo presente en la concentración, vio talento.

Ibarretxe pasó a ser habitual de esas 'quedadas' y cuando cumplió los 15 la Federación le propuso pasar a formar parte de las categorías inferiores desde el curso escolar siguiente. Él, sin dudarlo, aceptó. "Fue difícil. Nunca había salido de mi entorno y de pronto estaba a 900 kilómetros de casa (Murcia) y no conocía a nadie. Los primeros pasos fueron complejos, me ponía tan nervioso que incluso vomitaba antes de salir a pelear. Perdí mis ocho primeros combates porque además no era capaz ni de llegar al peso mínimo", apunta.

Los resultados no son problema en las inferiores, donde los técnicos se centran en la parte formativa. "Si no fuese por mis padres, no hubiese seguido. Ellos sabían que era mi sueño y me animaba, pero muchas veces les llamé llorando porque me quería ir. También tengo que estar muy agradecido con la Selección, nunca me exigieron resultados. Realmente, a nivel internacional, no tuve una alegría hasta el Europeo sub22 del año pasado. De ni oler las medallas a ser campeón... fue un gran cambio", recuerda.

El Europeo llegó en su último año antes de entrar a la categoría élite. En su división (63,5 kg) España contaba con tres representantes. Adrián Thiam acudió al primer preolímpico, Salvi Flores, al segundo, y a él le dieron la oportunidad para el tercero. "Fue una tranquilidad, tenía claro que no lo iba a desaprovechar", apunta. No lo hizo y dio la sorpresa. Esa baza no cree que se repita en París. "El estadounidense, en Tailandia, creo que se confió, pero en unos Juegos no pienso que nadie sea tan ingenuo. Si estás ahí es porque te has clasificado y eso no es fácil. En mi mente sólo está Francia y volver con el oro. No estoy sacrificando tanto para, únicamente, participar", concluye el vasco. La Ilusión está cumpliendo un sueño, pero esa meta no acaba aquí, el remate final desea que sea desde el podio de la Philippe Chatrier.