Una decisión de ermitaño de Popovici lleva a Rumanía a un histórico oro: "Era una carrera de perros"
El prodigio de 19 años logró la victoria en el 200 libre después de recogerse en su caparazón en este 2024. No está en la Villa Olímpica.

El himno de Rumanía sonó en la piscina de La Défense por cuarta vez en la historia de los Juegos Olímpicos en honor a su mayor estrella, David Popovici. Un prodigio que con 16 años ya nadó finales olímpicas en Tokio 2021, que un año después batió el récord del mundo de los 100 libre y que ahora, con 19, ha conseguido proclamarse campeón olímpico en el 200 libre (1:44.72), en una carrera emocionante, en la que ha demostrado su don para nadar deslizando, con naturalidad, como un anfibio o como "Aleksander Popov", el Zar del estilo libre ganador de nueve medallas.
Los 200 libre son la prueba reina de la natación, aquella en la que debes tenerlo todo, la velocidad, la resistencia, la técnica, el subacuático y esa capacidad de no dejarte llevar porque, como si fuera ciclismo, hay demarrajes porque no todos nadan al mismo ritmo. Y así aguantó el rumano, consciente de que él es quien tiene el mejor último largo: "No me gusta emocionarme tanto, pero es hermoso. Era una carrera de perros. Así es en las finales olímpicas, no siempre se consiguen los mejores tiempos, pero en una competición así la clasificación es lo más importante. Luchamos hasta el último brazo", dijo nada más acabar la prueba. En Tokio nadó más rápido.
Un oro que le libera como demostró su puñetazo en el agua, digno de cualquier púgil, con rabia y después sosiego. Bailando en esas contradicciones que también han acompañado al rumano en su adolescencia. Es muy difícil soportar tanto presión en los hombros. Y Popovici, aunque presuma de piel de serpiente, ha demostrado también ser humano, frágil, pero ha sido capaz de tomar decisiones para alcanzar esta meta, la gloria en Rumanía y en una prueba que ha coronado a mitos como Ian Thorpe, Mark Spitz, Michael Phelps, Sun Yang, Yannick Agnel o Pieter van den Hoogenband.
Después, en la zona mixta, con la medalla al cuello, el nadador atendió apenas cuatro minutos a los medios rumanos y concedió solo una pregunta a los internacionales como Relevo. Se ha blindado el nadador, que comentó que "es fantástico, es bonito, no lo puedo describir, lo ves en mi cara, en mi reacción y estoy orgulloso".
WHAT A RACE!!!!
— Kyle Sockwell (@kylesockwell) July 29, 2024
DAVID POPOVICI WITH GOLD FOR ROMANIA!!!! pic.twitter.com/fJ1TRdBoVj
Una cuenta de Twitter de 30 seguidores y un 'no' a la exposición
Popovici no está en la Villa Olímpica y ha vivido un 2024 de desconexión, de ermitaño, porque después de un decepcionante 2023 ha decidido alejarse de los focos y de la fama, de los autógrafos y los selfies, de esas redes sociales que las carga el diablo y de esa popularidad de la que goza en Bucarest. "Antes era un poco famoso en Rumanía, digamos que tres o cuatro de cada diez personas me reconocían; ahora son diez de cada diez", explicó en World Aquatics antes de los Juegos. "Pero cuando se volvió cansado, en 2023, se me ocurrió la solución de simplemente detener cualquier exposición, dejar de ir a programas de televisión, dejar de hacer entrevistas, solo cuando es necesario como aquí, así que no hagas nada extra y eso realmente funcionó", explica.
El nadador rumano decidió dar un giro a su comportamiento. Amante de la filosofía estoica, le gustaba ir en bicicleta los domingos por Bucarest, cerca del barrio de Pantalimón donde nació y creció, o ir a tomar algo con sus amigos y salir con su novia. No decía nunca que no. Educado, atendió a entrevistas, convocaba a los medios de comunicación en la piscina del Dinamo de Bucarest junto a su inseparable padre y su entrenador Radulescu, acudía a actos benéficos. Pero todo eso creció exponencialmente porque Popovici pasó de ser una promesa a una estrella. A embajador de Arena y de su país, que le financia.
El bucarestino desapareció de la opinión pública después de caerse de los podios en el Mundial de 2023. Le restó trascendencia, pero sufrió una metamorfosis, como la de tener una cuenta de twitter de incógnito en la que solo tiene a 30 seguidores, sus amigos. Su caparazón. Y le ha llevado al oro como buen estoico. No acaba aquí el concurso de Popovici. Le quedan los 100 libre donde persigue el récord mundial que le arrebetó Pan Zhanle este 2024. "Cuando me enteré de que lo habían reducido me sorprendí un poco, pero luego me emocioné mucho y me sentí ansioso por acercarme lo más posible a ese valor y tal vez reducirlo en el futuro", explicó.
Las felicitaciones no han parado de sucederse porque Popovici es cuestión de Estado en Rumania. "David Popovici – ¡Oro olímpico! En el Día del Himno Nacional, el regalo más bonito que un rumano nos puede dar a todos. Es mérito tuyo y de tu equipo por todo el esfuerzo realizado. ¡Bien hecho, David! ", escribió el primer ministro Marcel Ciolacu en su página de Facebook. La libélula (tiene tatuado este insecto) de Bucarest ya vuelo con los mejores nadadores de la historia.