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Alcaraz puede hacer eterna la tortura olímpica de Djokovic: "Es el mayor desafío"

El oro olímpico es una obsesión para el serbio, que en sus cuatro participaciones en los Juegos apenas ha rascado un bronce. El domingo será la gran final ante Alcaraz.

Novak Djokovic celebra su clasificación a la final de los Juegos de París 2024. </p><p> /Reuters
Novak Djokovic celebra su clasificación a la final de los Juegos de París 2024. </p><p>  Reuters
Nacho Encabo

Nacho Encabo

"No hay una conexión real entre el tenis y los Juegos Olímpicos. No hay historia. Muchos tenistas no lo sienten como un evento tan importante. Sienten que un Grand Slam es 100 veces más importante que los Juegos Olímpicos". De tanto en tanto, Patrick Mouratoglou se pone delante de un micrófono y deja frases cargadas de controversia.

Esta declaración sobre el tenis y los Juegos la pronunció el exentrenador de Serena Williams en octubre de 2023, cuando quedaban ya menos de 12 meses para París 2024. En cierto modo, Mouratoglou tiene razón: el tenis no tiene la historia olímpica del atletismo, la gimnasia o la natación. De hecho, estuvo fuera del programa de los Juegos entre 1924 y 1988.

Sin embargo, hay muchas razones para llevarle la contraria a Mouratoglou. Y la más importante de todas se llama Novak Djokovic. El serbio ha ganado 24 Grand Slam, más que nadie en la historia. Ha levantado 40 títulos de Masters 1000, récord absoluto. Nadie ha conquistado las ATP Finals tantas veces como él, un total de siete. Con sus más de 400 semanas en el número uno, dobla incluso la cifra de Rafael Nadal. Hay muy pocos récords que hayan resistido a su apetito. Los Juegos son el único lunar de su currículum, una pequeña mancha que para él es gigante. Es una deuda pendiente que no se perdona y que lo tortura por dentro. No puede soportar no haber llevado a su Serbia a lo más alto de un podio olímpico. Y este domingo tiene la última oportunidad: se jugará el oro de París 2024 en la gran final ante Carlos Alcaraz.

"Jugar contra Carlos este domingo en la final es el mayor desagío que puedo tener ahora mismo", ha señalado este viernes Djokovic tras su victoria por 6-4 y 6-2 sobre Lorenzo Musetti en las semifinales. "Ahora mismo me siento mejor que en Wimbledon y me estoy moviendo mejor".

El bajón de Djokovic en los Juegos

Hay pocas dudas de que Djokovic cambiaría uno de sus 24 Grand Slam por una medalla de oro en los Juegos. Los de París 2024 son sus quintos Juegos y el balance es muy pobre si tenemos en cuenta que hablamos del tenista más exitoso de todos los tiempos. Una medalla de bronce -en Pekín 2008- ha sido lo único que se ha llevado a la boca el de Belgrado, que tanto en Río 2016 como en Tokio 2020 demostró que los Juegos son una obsesión para él.

Antes de que arrancaran los Juegos de París, Djokovic tenía un 83,5% de triunfos en el total de su carrera y un 88,3% en los Grand Slam, los cuatro torneos más prestigiosos del mundo. En los Juegos, su eficacia caía a un 68%, con un balance de 13 victorias y seis derrotas. La primera de esas seis derrotas llegó ante Rafael Nadal en las semifinales de Pekín 2008, donde terminó ganando a James Blake en el partido por el bronce.

Cuatro años después, sobre el césped de Wimbledon en los Juegos de Londres 2012, cayó ante Andy Murray en semifinales y después frente a Juan Martín del Potro por el bronce. Fue otra vez el argentino el que le amargó en Río 2016, pero en aquella ocasión ocurrió en la primera ronda y fue un varapalo tremendo para el serbio.

La gran decepción de Río 2016

Nole estaba siendo el dominador absoluto del 2016, con títulos en Australia, Roland Garros, Indian Wells, Miami, Madrid, Canadá y Doha. Tenía todo a su favor: porque Nadal llegaba entre algodones tras retirarse de Roland Garros y Federer ni siquiera disputó el torneo olímpico. Su gran rival era Murray, el tenista que acabó colgándose otra vez el oro, como en Londres 2012.

Pero todo se desmoronó para Djokovic a las primeras de cambio. Inclinó la rodilla ante Del Potro por un doble 7-6 en casi dos horas y media y abandonó la pista a lágrima viva. Estaba devastado.

"Fue uno de los momentos más desgarradores que he sufrido en mi carrera. Porque me generé unas expectativas muy altas para esos Juegos. Era el número uno, había ganado cuatro Grand Slam seguidos, estaba en el mejor momento de mi carrera en términos de resultados, de competir, de cómo me sentía. Yo sentía que si había una oportunidad de ganar el oro olímpico, era ahí", dijo en 2020 en una entrevista con el periodista americano Graham Bensinger.

"Me terminé lesionando porque me puse unas expectativas demasiado grandes. Era inaguantable. Fue demasiado y en aquel momento no era consciente de lo que implicaba manejar eso de una manera adecuada y me lesioné. Fue desgarrador porque los Juegos son obviamente la mayor manifestación de lo que es deporte. No hay nada así en la historia del deporte y representar a mi país en un evento así es un honor y un privilegio", añadió en aquel 2020, justo a las puertas de Tokio.

En la capital nipona, el escenario fue similar al de Río. Sin Nadal, Federer y Murray, nadie contemplaba otro destino que no fuera el de un Djokovic campeón. Arrasando y sin ceder un set, se plantó en semifinales, donde se colocó 6-1, 3-2 y servicio a favor ante Zverev. Tenía una autopista a la final, pero entonces implosionó y cedió diez de los últimos once juegos para terminar cayendo 1-6, 6-3 y 6-1.

Finalizado el sueño del oro, le quedaba la consolación del partido por el bronce ante Pablo Carreño. Y ahí mostró su peor cara: lanzó una raqueta a la grada -vacía por la pandemia- y estampó otra contra la red justo donde estaban los anillos olímpicos. La imagen dio la vuelta al mundo, justo unos días después de pronunciar unas polémicas declaraciones por los problemas de ansiedad de la gimnasta Simone Biles. "La presión es un privilegio", dijo el serbio, unas palabras que le volvieron como un boomerang tras su salida de tono ante Carreño.

"Él tiene un bronce en Pekín y obviamente lo ha ganado todo y lo único que le falta para completar su palmarés es esa medalla de oro. En Tokio era el favorito, pero Zverev le paró y eso le dolió", responde Carreño a Relevo.

A diferencia de Río 2016 y Tokio 2020, Djokovic no llegaba a París como el indiscutido favorito. Sin embargo, ha ido superando ronda tras ronda hasta plantarse en la final ante Alcaraz, el hombre que le ganó hace apenas tres semanas en la final de Wimbledon. La última bala, ante el peor rival posible.