Un partido histórico que dejó varios síntomas, un abucheo y un doloroso mensaje al corazón de Nadal
El esperado partido contra Djokovic, en el que hasta 150 periodistas se quedaron fuera, acabó con una clara victoria del serbio.

París.- Hay partidos que no deben ser, partidos que son una dolorosa anomalía y, a la vez, un clarísimo mensaje. Este 6-1 y 6-4 de Novak Djokovic sobre Rafael Nadal un 29 de julio de 2024 entra de lleno en esa categoría.
Lo olía de antemano el público, que ocupó hasta la última butaca del Philippe Chatrier a la espera de un partido histórico, lo sabía bien la prensa internacional: más de 150 periodistas se quedaron sin asiento en la tribuna para asistir a uno de los highlights de los Juegos Olímpicos de Paris 2024.
El día, soleado y caluroso, ofrecía a Nadal la situación más cómoda para su tenis. Pero todas sus ilusiones se sostuvieron apenas unos pocos minutos. Quedó 3-0 abajo con una dejada mortal del serbio y ya casi nunca más pudo hacer pie en el partido.
Si hay que caer, que sea de pie 👏
— DAZN España (@DAZN_ES) July 29, 2024
El puntazo de Rafa Nadal para poner el 4-4 después de ir 4-0 abajo. Una resistencia sin la que no se entiende su leyenda 🤩
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Cuando con desventaja de 5-0, Nadal cometió una doble falta en la que el segundo saque se quedó en la red, aquella frase del infierno dantesco pareció escribirse sobre la tierra naranja de París: "Abandonad toda esperanza".
Sacando tenis y fuerzas de la tripas, Nadal evitó el 6-0. Quizás incluso era Djokovic el que no lo quería. Pero hasta ahí llegó el asunto: a las 14:29 de París se estampó el 6-1, síntoma de un par de cosas muy importantes.
❤️🩹 Gracias por luchar cada bola.
— Relevo (@relevo) July 29, 2024
Gracias por este partido. pic.twitter.com/tYFpZndF8n
La primera: desde aquel 31 de mayo de 2022 en el que Nadal, en esa misma y exacta pista, jugó por última vez con Djokovic, demasiada agua pasó bajo el puente. Y poca a la vez. Mucha agua para el serbio, que en esos 26 mese alzó cuatro trofeos de Grand Slam y nunca dejó de jugar.
Apenas unas pocas gotas para el mallorquín, que tras ganar aquel Roland Garros, con una victoria notable sobre el serbio en cuartos, y escalar hasta las semifinales de Wimbledon, se lesionó y pasó a ser una muy frecuente ausencia en el circuito.
¿La segunda? Djokovic es hoy un tenista en un nivel claramente superior a Nadal. Saca mejor, devuelve mejor, se mueve mejor. Alcanzó con ver hoy los intercambios desde el fondo de pista, la base histórica del éxito de Nadal y toda una frustración hoy.
"Djokovic está jugando ya como el gato con el ratón", se escuchó en París desde la cabina de TVE mientras el mallorquín se ajustaba la faja de compresión en el aductor de la pierna derecha que lo tuvo a maltraer en estos Juegos.
Innegable. Nadal era un tenista intermitente, ya no entre juego y juego, sino incluso dentro del mismo punto. Lógica pura: frente a un jugador perfectamente rodado, otro que en los últimos dos años pasó mucho más tiempo en el taller que en las pistas.
Los espectadores, que no eran los de Roland Garros, prácticamente todos de vacaciones o fuera de París, estaban entregados a Nadal. Salvo unos pocos serbios, no había resquicio ahí, era todo un estadio ansiando la victoria del español, el impensado "underdog".
El "¡Rafa, Rafa!" fue constante, aunque esta vez, a diferencia de hace dos años, sin hostigar al serbio. Hasta que Djokovic hizo un gesto a la tribuna tras una dejada y se ganó un potente abucheo.
El partido era desesperante para Nadal, desbordado e incapaz de tomar el control del punto. Nunca jamás había vivido semejante baño de tenis en el Philippe Chatrier, donde la estadística marca ahora 113 victorias en individuales y cinco derrotas, tres ante el serbio, ninguna con este nivel de contundencia.
Tuvo un respiro al recuperarse de 1-4 en el segundo set a 4-4. Allí ofreció sus mejores momentos, algunos chispazos muy nadalianos, pero no supo defender su servicio y le entregó el 5-4 y su saque a Djokovic, que no falló. Ace a las 15:34 de París para cerrar el 6-1 y 6-4.
Luchar por una medalla en dobles junto a Carlos Alcaraz se convierte ahora en un desafío homérico para Nadal, porque el tenis es, sobre todo, un estado de ánimo.
El de hoy fue el partido que no debía ser, el que difícilmente sus millones y millones de fans, los incondicionales adoradores de Nadal, querían ver. Una derrota que es toda una señal, un doloroso y clarísimo mensaje al corazón del mayor deportista español de todos los tiempos.