ESGRIMA

Dos años huyendo de las secuelas del COVID: "Competía enferma, perdía y daba las gracias"

La bronce mundial Araceli Navarro desvela su calvario con unos problemas surgidos tras recibir las dosis de la vacuna contra el coronavirus en plena clasificación para los Juegos Olímpicos de París 2024.

Araceli Navarro, en su visita a Relevo./RELEVO/SERGIO CERQUEIRA
Araceli Navarro, en su visita a Relevo. RELEVO/SERGIO CERQUEIRA
José M. Amorós
Sergio Cerqueira

José M. Amorós y Sergio Cerqueira

"Llevo casi dos años con mucho cansancio físico, dolor de cabeza, muscular, articular... todo esto no me permitía entrenar bien o directamente, no me dejaba entrenar". Así comienza a relatar la esgrimista Araceli Navarro (Madrid, 1989), bronce mundial en sable individual en 2022, el calvario que le ha perseguido durante todo el último ciclo olímpico, restando sus opciones individuales y del equipo español de estar en París. Tras recibir las dosis de la vacuna contra el COVID comenzó a perseguirle un malestar general que le ha hecho acudir a las grandes citas en las peores condiciones y que los estudios médicos han diagnosticado como 'COVID persistente': "Había competiciones en la que he llegado mala y, entre asalto y asalto, me tumbaba y me tapada en la camilla del fisio".

Araceli Navarro cuenta en Relevo su calvario de los últimos dos años.RELEVO

"Era un cansancio extremo, diferente del que sueles tener cuando estás cansada tras entrenar o competir", recuerda con una mirada emocionada. "Competía enferma. Me podía tirar tres o cuatro días con dolor de cabeza y muchas veces me daba fiebre". Este sufrimiento comenzó antes del Mundial de 2022, donde a pesar de todo consiguió comenzar la cuenta atrás hacia los Juegos de París de la mejor manera, logrando el primer podio de una mujer esgrimista española en 25 años. Pocos sabían entonces qué había detrás de su sonrisa en el podio. "Antes del Mundial ya estaba mala, pero no sabía lo que me pasaba. Daba la casualidad de que a veces me sentía bien y otras veces me quedaba bloqueada. No podía hacer nada".

"Al principio, no entendía por qué me ponía mala tan a menudo; pero yo seguía entrenando, aun estando así para estar preparada por si me pasaba en la competición". En una situación en la que difícilmente es imaginable, la sablista madrileña luchó e incluso logró que su estado no se notara en gran medida en los resultados. Por ejemplo, fue capaz de que en ocho de once competiciones de la temporada pasada, el peor tramo de su enfermedad, logró meterse entre las 20 mejores de eventos con más de 200 participantes, logrando hasta tres top-8 mirando a la cara a las mejores.

La situación llegó a coger gravedad en medio de algunas competiciones, como relata la propia Araceli: "Hubo una competición, donde encima me metí entre las ocho mejores, que ganaba y me tumbaba al terminar cada asalto. Me avisaban: 'Venga, que te toca tirar otra vez', me levantaba, tiraba como podía y a veces ganaba. Me decía a mí misma: A ver si pierdo ya porque me encuentro fatal. Cuando perdí fue como un 'venga, gracias'. De aquel día, solo me acuerdo de la camilla".

Los síntomas

"Hay días en los que te levantas y que no puedes entrenar", señala Araceli Navarro cuando se le pregunta por los síntomas que le llevaban a esa situación: "Te deja KO. Son días que vas perdiendo en tu preparación y que, cuando te encuentras mejor, tienes que volver a empezar de nuevo para coger el ritmo". Además, no había soluciones ni siquiera diagnóstico: "Vas a los médicos y ninguno te sabe decir qué te pasa".

Esta situación ha sido clave para su rendimiento en el camino a la plaza olímpica, tanto individual como en el gran objetivo nacional de clasificar al equipo femenino de sable: "Han sido unos años de subidas y bajadas, en los que he tenido que centrarme más en la recuperación de mi salud que en otras cosas, pero se juntó con la clasificación olímpica y tampoco podía centrarme en recuperarme al 100%. Todo el equipo tenía ese objetivo".

La única solución a su situación y para convivir con una enfermedad permanente que le perseguía tenía que ser encontrar el punto exacto en una balanza entre el entrenamiento y el descanso:"Tenía que estar equilibrándolo para poder entrenar el máximo, sin llegar a recaer del todo pero para poder llegar a la competición y poder dar el mejor nivel".

En la búsqueda de soluciones, llegó a reunirse con otra de las mejores deportistas españolas y que también tiene su base de entrenamientos en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, la marchadora Laura García Caro que sufría una situación idéntica.

¿El oro ha llegado tarde? Para mí no, ha llegado perfecto"

Araceli Navarro

"Hablando con médicos, me dijeron que lo que tenía que hacer era descansar. A partir de ahí, empecé a regular más, bajar el nivel de los entrenamientos, tener más cuidado con los descansos y con eso he conseguido llegar sintiéndome bien, por lo menos. Para poder disfrutar la competición y no estar sufriendo, como lo he hecho en algunas". La calidad nunca se fue del cuerpo de esta madrileña de 34 años que hizo historia clasificándose para los Juegos de Pekín en 2008 con solo 18 años y en las últimas semanas los resultados han comenzado a llegar.

A pesar del mazazo de quedarse fuera de los Juegos Olímpicos, la sonrisa ha vuelto a la cara de Araceli. Primero, con la medalla de oro en la Copa del Mundo de Seúl a principios de mayo, y justo después, una plata por equipos en la siguiente cita disputada en la localidad búlgara de Plovdiv junto a Lucía Martín Portugués, Celia Pérez y Elena Hernández.

Ambos éxitos llegan en las primeras citas después del cierre del ranking olímpico, pero Navarro prefiere quedarse con el lado positivo. "¿Ha llegado tarde? Para mí no, ha llegado en el momento perfecto". Porque la salud, su recuperación y volver a disfrutar en la pista es mucho más importante que cualquier resultado deportivo.