La lección de las futbolistas rebeldes de la que poco ha aprendido España

Decía la laureada waterpolista Maica García en una entrevista en Relevo que "parece que el deporte femenino es sólo fútbol", y no le falta razón. Las Guerreras del agua ya eran campeonas del mundo en 2013 cuando muchas de las jugadoras del combinado del exiliado Vilda, que lograrían tocar el cielo mundial en 2023, estaban todavía empezando el instituto. Esa gesta en la piscina pasó más a la posteridad por un tuit de Sergio Ramos en diferido que por el oro en directo del legendario combinado de Miki Oca. Pero así es el fútbol y así es España.
El fútbol ha monopolizado con un título un deporte femenino que llevaba ya décadas de éxitos internacionales: el oro olímpico de las chicas del hockey en Barcelona 92, la hoja de servicios de la selección femenina de baloncesto, las medallas de las judocas, taekwondistas, piragüistas, atletas, ciclistas… Nombres como Mireia Belmonte, en natación; Lydia Valentín, en halterofilia; o Carolina Marín, surcando mares desconocidos en el bádminton. Pero tuvo que venir el balompié para que España se cayese del caballo y se hablase, al menos un rato, de deporte femenino.
Sin embargo, el fútbol, con sus virtudes y sus defectos, con su gloria y su miseria, logró reunir en un mismo vestuario a un puñado de chicas que decidieron rebelarse contra un sistema que consideraban viciado. No pergeñaron el mejor plan de comunicación para exponer su diagnóstico, trazando un boceto difuso al que media España miraba perplejo, pero sí tuvieron la determinación necesaria para cambiar las cosas y ganar en derechos.
Las chicas de la selección de fútbol, tras levantar la copa en Sídney, aprovecharon la tormenta perfecta para completar su reivindicación. Todas juntas consiguieron algo más importante que un Mundial y el "se acabó" dio la vuelta al globo. Merecen especial mención dos de ellas: Mapi León y Patri Guijarro, que se han mantenido firmes desde el principio y hasta el final, incluso renunciando al día de gloria al que todo ser humano tiene derecho en la vida.
Ese grupo de futbolistas abrió la puerta para que muchas mujeres, deportistas y dirigentes, aprovechasen el 'momentum', como dicen los fantoches del marketing moderno reinventando la fórmula de la mecánica clásica. El viento soplaba por fin a favor de una transformación, vital para algunas federaciones ancladas en el pasado, que gozan de menos recursos y popularidad que la de fútbol, y que necesitan con urgencia un plan de acción y energía femenina. Pero en el horizonte electoral tras los Juegos de París no se divisan, a día de hoy, grandes cambios.
#SeAcabo Ana Muñoz responde por primera vez en ocho años tras su dimisión de la RFEF: "No es sólo Rubiales; conozco cómo suelen reaccionar algunos ahí dentro" | Relevo https://t.co/E3AHG19pZA
— Ana Muñoz (@anamunozsp) September 1, 2023
Han pasado tres meses desde el gol de Olga Carmona en Australia y, poco a poco, la ola se ha difuminado. En las quinielas para presidir la propia RFEF, en la que las jugadoras rebeldes consiguieron propiciar movimientos sustanciales en el organigrama, las candidatas han desaparecido del discurso. Ya no suenan profesionales de la valía y experiencia de Ana Muñoz o Elvira Andrés, y los periodistas se hacen eco de las intenciones de varones de corte clásico.
El deporte español, con el Consejo Superior de Deportes al frente, tiene una oportunidad de oro para propiciar que una generación de mujeres sobradamente preparadas pueda dar un paso al frente. No valen maquillajes para tapar el triste hecho de que sólo dos federaciones olímpicas, remo y baloncesto, tengan a una mujer a los mandos. "Es la hora de las presidentas", como decíamos en una columna que no interesó a casi nadie.

Pero no sólo se puede mirar al Gobierno. A cada deportista y a cada dirigente le compete decidir si está dispuesta a sacrificar su anonimato por la causa. La tarea no es sencilla, pero más duro era dejar escapar el tren de ganar un Mundial y hubo mujeres valientes que lo hicieron. Aquella selección de fútbol no inventó el deporte femenino en España, pero, con sus errores y aciertos, propició una corriente que irrumpió como un cohete y que casi nadie ha aprovechado. Se les puede criticar sus patinazos. El último, la charlotada coral de los cambios en el descanso de un partido. Pero siempre hay que reconocerles su valentía.
Hablando de deporte femenino... Mañana empiezan las Guerreras la fase principal de grupos en el Mundial de balonmano contra Argentina. Que su espíritu nos acompañe.