Albert Costa y una estafa a las puertas de la F1, cuatro años lejos del volante y un debut en las 24h de Le Mans por todo lo alto
La historia del último ganador español en Le Mans es un relato de superación, amor propio y reseteo mental.

Le Mans.- La vida te pone a prueba cuando menos te lo esperas, incluso en la cresta de la ola. Mientras la surfeas en mitad de los aplausos y los vítores, rompe antes de tiempo y después del revolcón entre la espuma te encuentras con que toda esa gente ha desaparecido. Toca volver a recuperar su apoyo, o plantearte cambiar de rumbo. Esto fue lo que le ocurrió a Albert Costa (Barcelona, 1990) a finales de 2011, cuando negociaba con dos equipos de Fórmula 1. Si entonces le hubieran dicho que ganaría las 24 horas de Le Mans en su debut, 12 años después, habría sonreído y habría respondido "¡Por supuesto!".
El catalán de 33 años entró en los libros de historia el domingo al convertirse en el 10º piloto español diferente que gana en su categoría la prestigiosa prueba francesa y lo hizo con un equipo polaco modesto de LMP2 (segunda división), al cual no esperaban sus rivales. Pero desde su primer relevo demostró que tiene algo más, que las miradas que los responsables de los programas oficiales de Hypercar se van a centrar en él los próximos meses y que aquellos cuatro años lejos de un volante no hicieron si no reforzar su tesón.
Criado en una familia apasionada por el motor, en la que su padre, Luis, llegó a ser campeón de España de motociclismo y su hermano mayor compitió en 2001 en el Mundial de 250cc, su infancia fue sobre dos ruedas y cuando le llegó la primera propuesta de correr con un kart, su respuesta fue "¡qué aburrido!". Pero al Albert de 10 años y medio le convencieron utilizando las palabras mágicas: "bocata" y "coca colas". Fue sentarse al volante y ganar la primera carrera de su vida.
La invitación había llegado por parte de Jaime Alguersuari Sr., que se había dejado caer por el taller del padre de Albert para que le pintara unos cascos. Aquel triunfo en el Trofeo Marc Gené: promesas del karting, sin embargo no motivó al pequeño, que seguía prefiriendo su diversión sobre dos ruedas. Fueron unas palabras de su madre -preocupada por las caídas y lesiones de su hermano mayor- las que le hicieron probar suerte, seguir compitiendo en las siguientes citas y proclamarse campeón de aquella primera edición del campeonato.
Su talento y resultados (campeón de España y Catalunya) le hicieron ir contando con diferentes apoyos y dar el salto a monoplazas en 2007 en la Fórmula 3 británica. Pero aquel año supuso un gran tropiezo en el camino, debido a la suspensión de pagos de su principal respaldo económico. No obstante, su hermano, Luis, movió cielo y tierra para que en 2008 contase con un hueco en la Eurocup 2.0 de las World Series. Ese año de debut logró acabar en el top 8, antes de ganarla 12 meses después.

En la Fórmula Renault 3.5, que en ese momento era uno de los peldaños de acceso más cercanos a la F1, se codeó con los mejores desde el primer año y acabó top 5 de la general en 2010 y 2011, superando a pilotos que llegarían a la F1 como Jean-Eric Vergne, Daniel Ricciardo o Brendon Hartley. Pero Costa sabía que sería un final de año complicado, porque no contaba con apoyo para la siguiente pretemporada. Hasta que alguien llamó a su puerta para tenderle la mano, con un contrato de casi un millón de euros, a cambio de un porcentaje de sus ganancias.
"Estaba negociando con equipos de Formula 1, Force India y Williams, y de World Series para correr y ganar. Pero el manager que me estaba ayudando en esa época desapareció con todo el dinero y me estafó. Tenía una reunión al día siguiente. Yo estaba en el aeropuerto para irme con mi ayudante de toda la vida y al final pues no cogimos ni el vuelo, porque de qué iba a hablar sin dinero ni nada y a perder el tiempo. Nos volvimos a casa", recuerda en conversación con Relevo.
La pesadilla, a las puertas de la F1
Y ahí comenzó la pesadilla. Tuvo que dejar de competir en monoplazas, encontró un hueco en el Megane Trophy (campeonato monomarca de turismos) a última hora, lo ganó y aun así no hubo más oportunidades. Inicialmente se puso a trabajar con su padre en el taller familiar, pero rápidamente se dio cuenta de que eso no era lo suyo. Fue entonces cuando empezó a hacer de coach de pilotos más jóvenes que él e incluso llegó a trabajar con uno del Mundial de Moto3.
"Fueron cuatro años muy, muy duros porque yo veía a todos mis rivales a los que había ganado o había luchado con ellos por victorias y campeonatos estar en la Fórmula 1, la Indycar, el DTM... y yo estaba en casa. Por suerte en esa época vivía en casa de mis padres, que tenía aún 22 años, pero sí que es verdad que tenía que pagar cosas, necesitaba mi dinero, necesitaba mi vida. Y por eso decidí que antes de estar en casa y ser un nini, había que trabajar. Mi padre es un currante y me metí a trabajar con él en el taller. Estaba muy frustrado, no te lo puedes imaginar, hasta que un día cuando empecé a ser feliz con lo que tenía, busqué y me salió otra vez la oportunidad de correr gracias a Emil Frey [un equipo de GT]", recuerda.

"Los dos primeros años yo solo me fijaba en tener la oportunidad en Fórmula 1, pero era imposible. Entonces un día abrí los ojos y dije 'bueno, podría ganar algo de dinero y ganarme la vida corriendo en GT'. Hubo una época, el último año que estaba haciendo el coaching que me empecé a motivar y dije 'si me muevo y me llaman, estaré preparado'. Entonces me entrenaba como un animal, iba al gimnasio, llegué a un acuerdo con un antiguo preparador para que me ayudara a prepararme, pero no tenía suficiente dinero para pagarlo y me hizo un favor, me ayudó mucho. Esa era mi motivación, de que si empezaba a llamar a puertas, algún día llegaría la llamada... y al final llegó".
La gran oportunidad de toda una vida
Y estos últimos cuatro años volvió a saborear el dulce sabor de la victoria en diferentes campeonatos y disputando algunas de las carreras más prestigiosas de la disciplina. Pero la gran oportunidad llegó el pasado febrero, cuando surgió la opción de correr el Mundial de Resistencia (WEC) en LMP2 (segunda división) con el equipo polaco Inter Europol, junto a Jakub Smiechowski y Fabio Scherer. La joya de la corona, las 24h de Le Mans, estaba incluida; uno de esos lugares donde el pequeño Albert que se abría paso en el karting siempre soñó con competir.
"¡Buah!, esto es una pasada, me quedo corto de palabras. No me sale ninguna para describir para decir lo que siento, pero es una pasada. Mis dos sueños desde pequeños desde que corro en coches eran la Fórmula 1, me lo vetaron, por decirlo de alguna forma y el otro era llegar a correr a Le Mans", asegura.
"Todos los pilotos y algunos amigos conocidos o referencias que he tenido durante mi carrera deportiva, me habían dicho que era la carrera de las carreras. Y la verdad es que cuando firmé el contrato con el equipo Inter Europol lo primero que pregunté fue '¿Pero haré Le Mans?'. Ahora, de hecho te lo estoy contando y me cuesta pensar que realmente lo he conseguido; ¿es un sueño o está pasando de verdad? He trabajado muchísimo y sacrificado mucho para conseguir este objetivo".
Este año compagina su presencia en el WEC con las carreras del GT World Challenge, donde compite con el hijo del manager de Max Verstappen, quien patrocina a la escudería. Soñaba con pelear por la victoria, pero solo en sus mejores sueños se veía con la corona de laurel alrededor del cuello y alzando al cielo el trofeo de ganador de las 24h de Le Mans.
"Soy el rookie más viejo del campeonato, pero soy un debutante que ha ganado ahora Le Mans. Estoy sin palabras; es increíble", fueron las primeras frases que articuló en la rueda de prensa posterior al centenario de Le Mans.
"Cuando logramos el podio en Spa dije 'el podio está conseguido, pero Le Mans es muy grande para nosotros'. Pero después de las primeras vueltas el coche iba genial. Empezamos a pensar en grande, pero no tan grande. Pero ha ocurrido, estoy sin palabras, es increíble. Siempre soñaba con correr aquí, trabajé muy duro y primer intento y primera victoria. No puedo decir mucho más, es espectacular".
"Es una carrera muy larga, será el único factor que no puedo controlar es el factor suerte, pero realmente es increíble poder llegar aquí teniendo las armas y encima viniendo de hacer un podio. Me da mucha motivación y además el equipo está trabajando mucho, mucho y eso aún me motiva más para intentar poder hacerlo bien", decía antes de este fin de semana.
Un ranking, como en el tenis
Inter Europol llegó a concederle "el honor" de ser él el que clasificase el prototipo el jueves. Pero el triunfo no llegó sin grandes sobresaltos en una carrera de auténtica locura desde el minuto uno. De hecho, a su compañero, Fabio Scherer, que empezó la carrera, le atropelló el pie un rival, lo que le obligó a tratarse con hielo y con el fisioterapeuta. "Pensaba que, después de 15 minutos, mi carrera estaba acabada, porque me hice mucho daño. Pero, luego, de alguna manera, con un montón de hielo y tratamiento pude competir. O, al menos, creo que la adrenalina jugó su papel lo suficiente para que pudiera seguir conduciendo. Ahora empiezo a sentir cada vez más mi pie, pero no importa, porque he ganado Le Mans, no me importa si no puedo salir caminando de aquí", aseguró el danés tras la carrera.
Un problema en la radio del equipo en el último relevo de la carrera hizo que hasta el propio Costa se tuviera que asomar al muro de boxes para hacerle señales a su compañero. Pero ni el gran ritmo de sus perseguidores, capitaneados por Robert Kubica, les impidió saborear la gloria. Un sueño que se cumple, después de que cambiase la corriente del mar que le arrastró lejos de la costa, pero al que ha logrado vencer.
Costa, que espera que su buen hacer en el Mundial este 2023 le abra las puertas de un posible asiento en un Hypercar (primera división de la resistencia), hace una reflexión interesante.
"Hay muchos pilotos, ya no hablo de mí, pilotos como Robin Frinjs, que han ganado desde el principio, desde que debutaron en monoplazas, y no tienen la oportunidad, no han llegado a la F1. Hay pilotazos que se han quedado en el camino porque al final, por muy bueno que seas y hayas ganado muchas cosas, si no tienes dinero para apoyar al equipo, no eres nadie. Entonces cuando ves esto, te da tristeza porque está muy poco valorado y mal planificado yo diría. Así como en el tenis el que es bueno sube en un ranking, tendría que haber algo así aquí", concluye.