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Lo de Ilia Topuria con Holloway estaba planificado: el engaño del primer asalto y las patadas del segundo para noquear en el tercero

Ilia Topuria encontró la victoria tras tres asaltos en las que buscó esa situación. El hispanogeorgiano volvió a mostrar su inteligencia.

Ilia Topuria y Max Holloway hablan tras su combate en el UFC 308./Getty Images
Ilia Topuria y Max Holloway hablan tras su combate en el UFC 308. Getty Images
Álvaro Carrera

Álvaro Carrera

La victoria de Ilia Topuria sobre Max Holloway en el UFC 308 sitúa a El Matador como uno de los mejores pesos pluma de la historia. El hispanogeorgiano ha logrado noquear, en el mismo año, a Volkanovski y Holloway. Su triunfo en ambos casos tuvo un gran estudio detrás y muchas pequeñas claves que lo permitieron.

Topuria tuvo que arriesgar su físico

Ilia Topuria y su equipo acostumbran a estudiar minuciosamente los combates. En la previa, Javi Climent, su entrenador de boxeo, apuntó que lo más importante no serían los errores de Holloway, lo serían "los que Ilia le provocase". Por ello, El Matador necesitó arriesgar su integridad física para así encontrar el hueco.

Durante toda la pelea observamos como Holloway, de mayor envergadura, golpeaba un mayor número de veces a Topuria. Esos golpes nunca llegaron a poner en aprietos al hispanogeorgiano, pero no es algo habitual, ya que Ilia acostumbra a llevarse menos. Pese a ello, él era consciente del 'peaje' que debía pasar para encontrar los contragolpes que le permitieron golpear con potencia y acabar ganando antes del límite.

El engaño del primer asalto

Topuria prometió hasta la saciedad en la previa que noquearía a Holloway. El hawaiano, como todos, esperábamos una lucha en pie. Por ello, el hispanogeorgiano quiso jugar al despiste en el primer round. Su suelo era superior, por lo que proyectó a Holloway en la primera ocasión que tuvo para derribarle. De esta manera, el aspirante no sabría qué esperar con los amagos y así se podrían quedar huecos en su guardia. "Quería que no se centrase sólo en el striking. Necesitaba que pensase que podía llegar algún derribo para así poder tener más variedad de opciones arriba", reconoció en la conferencia de prensa posterior al evento.

Las patadas y el espacio para recortar distancia

El tercer punto clave en el game plan de Ilia Topuria fue conseguir que Holloway se fuese quedando parado. Las patadas que fue lanzando la gemelo del hawaiano hicieron su trabajo, pero no fue aislado. Topuria prefirió, de inicio, arriesgar un poco para poder percutir con sus manos potentes. Su plan pasó por ahí y no por meter una presión asfixiante. Era más pequeño que Holloway, lo que le dejaba en desventaja. Ilia evitó meter mucho ritmo para conservar el físico si la pelea se alargaba.

Por ello, se notó el cambio del tercer asalto que vino producido también por la merma de la pierna del asapirante. El Matador dio un paso al frente, acortó más huecos y gracias a eso conectó una derecha recta que abrió el camino. Una vez que redujo espacios, la pelea cambió por completo.

Atento a las patadas altas de Holloway

La patada de Jai Herbert, en marzo de 2022, es el único golpe, hasta la fecha, que ha dañado gravemente a Topuria. Por ello, los rivales que ha tenido Ilia desde entonces ha intentado capitalizarlo. Holloway no fue menos y de inicio sacó varias patadas a la cabeza intentando sorprenderle. La mano derecha bien pegada a la cabeza es algo que Topuria aprendió desde ese momento y lo volvió a evidenciar en el octágono. Había golpes que estaban permitidos para encontrar su espacio, pero esas patadas no entraban en el plan. De hecho, el propio Topuria reconoció en rueda de prensa que "no le sorprendió lo que intentó" su rival.

La pegada de Ilia Topuria

Si algo marcó el combate fue la pegada de Ilia Topuria y su confianza en ella. El Matador tenía claro desde el inicio que lograría noquear a un luchador que nunca había perdido de esa manera. La potencia que logra tener con sus puños es un factor diferencial en todos sus combates. Frente a Holloway ese sentimiento le hizo no ponerse nervioso. Durante los dos primeros asaltos se había quedado muchas veces corto en sus acometidas y no había hecho tanto daño como podía pensar. Aún así, el hispanogeorgiano tenía claro que debía ser la vía y lo ratificó en el tercer asalto.