Este Atleti no sabe si es carne o pescado y sin Griezmann desaparece

Anda el Atlético para el 'tinte'. Y de eso entiende mucho, de tintes, Antoine Griezmann, el jugador que más presencia tiene en un equipo indefinido que no sabe ni lo que es, ni lo que quiere ser. Este Atleti de Simeone ha llegado a un punto que no sabe si es carne o pescado, ni conoce si su prioridad sobre un terreno de juego es defender o atacar. Ni cómo, ni cuándo. Jugar, lo que se dice jugar, juega lo justo. Apenas hilvana tres pases seguidos y ya ni siquiera encadena tres contragolpes de los de antes. Ante el Girona, acabó, en su propio estadio, pidiendo la hora y enganchado sin el menor rubor a las paradas de Oblak. Para los rojiblancos, hoy por hoy, lo de menos es el rival, la competición, el sistema de juego, la táctica o quiénes son los titulares o lo suplentes. Lo de más, es la empanada que se ha apropiado de su identidad futbolística y no le deja ni pensar ni caminar.
Pocas certezas parece tener ya un técnico que siempre ha sido dueño de ideas contundentes. Anda el equipo tan necesitado en las dos competiciones que disputa, que juega la Liga pensando en la Champions -Morata suplente- y juega la Champions pensando en la posible tragedia que se asoma en el horizonte si ni siquiera supera la fase de grupos. Una de las pocas certezas que se desprende del análisis de sus partidos es que Griezmann es insustituible. Juegue donde juega. De punta, de interior, de extremo... Cuando fue sustituido, pensando, se entiende, en el partido contra el Brujas, el equipo se disolvió como un azucarillo. El francés todavía sabe como salirse de los renglones torcidos y cuando el balón pasa por sus pies siempre mejora la situación, sea en la zona del campo que sea. Ni para él, a sus 31 años, debe ser fácil ocupar cada 20 minutos una posición distinta con las diferentes necesidades de cada puesto en cuestión, pero lo lleva con resignación y decoro,
Y mientras el equipo intenta agarrarse al francés para tener un faro que le ilumine, todavía tiene Simeone otro soldado de esos que nunca le fallan, Correa. Otro a quien le da lo mismo jugar mucho o jugar poco; salir de extremo, interior o delantero; ser interno, externo o mediopensionista... Siempre rinde, aunque le valga para tan poco. Dos goles más para su cuenta particular y la sensación, cada vez más arraigada, de que por mucha competencia interna que exista en la plantilla, con Angelito no se está haciendo justicia. Ni mucho menos.