Los 15 días en el desierto que ahuyentaron los fantasmas de Carlos Sainz: "No sabemos cómo nos va salir"
La cuarta victoria del piloto español y Lucas Cruz se ha fraguado a fuego lento para darle a Audi su ansiado hito.

Yanbu.- Contra todo pronóstico, contra grandes rivales, aguantando el proceso de eliminación típico de un Rally Dakar. Evitando los sustos que pueden dar al traste con cualquier opción de pelear hasta el final. Pero también imprimiendo un ritmo endiablado con un vehículo que no había dejado de dar problemas en los meses previos y cuya tecnología revolucionaria exige una fiabilidad total. El cuarto Toaureg de Carlos Sainz y Lucas Cruz se ha forjado ante las cámaras, día a día, pero también detrás de ellas.
El piloto madrileño y su copiloto catalán han alzado a orillas del Mar Rojo un trofeo del Touareg que significa mucho más que una simple victoria. Es la confirmación total y absoluta de Carlos Sainz como hacedor de coches ganadores. Ya lo consiguió en sus años en el Mundial de Rallies, donde revolucionó la especialidad por su meticulosidad, preparación física y técnica y su amor por el detalle. Pero es que en el Dakar el piloto de 61 años sigue rizando el rizo.
Sus cuatro victorias han sido con cuatro marcas diferentes (Volkswagen, Peugeot, MINI y Audi), después de llegar para desarrollar el coche desde cero. Pero con el fabricante alemán el reto era aún mayor: ser capaz de crear un prototipo 4x4 con motores eléctricos (y un extensor de autonomía de gasolina) que pudiese vencer a los especialistas de la disciplina. El extra de peso con el que han contado desde el primer año (2022) ha sido un hándicap al que Sainz siempre ha hecho referencia.

Pero en los últimos meses de 2023 la FIA ajustó el rendimiento de los principales fabricantes (Toyota, Prodrive, Audi) para tratar de compensar la relación peso/potencia del prototipo híbrido alemán, "aunque según las tablas que manejan no aplicaron el límite superior", puntualizaba Sainz antes de la carrera. Y en un Dakar tremendamente igualado día tras día, en el que el madrileño se convierte en el cuarto piloto en ganarlo sin sumar una sola victoria de etapa (Marreau en 1992; Kleinschmidt en 2001 y Peterhansel en 2007).
"Mira todo el detalle y la preparación de cada cosa. En cuanto a la carrera, en cuanto al coche -porque físicamente y todo, todos se preparan bien- técnicamente a Carlos le importa mucho todo lo que lo rodea. Yo creo que esto es lo que le diferencia un poco también de los demás, porque siempre está durante el año preguntando cosas técnicas. O sea, te llama para preguntar no solo de la carrera, cómo irá, o de la etapa. Pregunta cosas técnicas en detalle, tanto a nivel diseño, como a nivel de configuración, como de preparación de carrera. Incluso de los recambios... Se preocupa por cosas técnicas que yo no he visto en ningún otro piloto", ahonda Joan S. Navarro, el ingeniero jefe del Audi de Sainz.
La tristeza tras la Prólogo que se convirtió en una sonrisa de oreja a oreja
Pero todo comenzó en la Prólogo del día 5 de enero (que no contaba para la general). Tras varios días de reuniones, diferentes opciones de estrategia y los test finales con el coche, Sainz, Cruz y Navarro decidieron que tendrían que salir retrasados en la etapa 1 y para ello había que ceder tiempo en la Prólogo. Pero perdieron más de lo esperado y salieron 48º a la primera especial larga. Ese fue el primer golpe inesperado a sus rivales.
Al día siguiente, Sainz y Cruz abrieron hueco con Nasser Al Attiyah y Sébastien Loeb, a quienes endosaron ya más de 22 minutos. A partir de ahí, fueron gestionando, llegando a perder el liderato con Yazeed Al Rajhi y la segunda posición con el catarí antes de la etapa reina, la 48h Chrono. El ganador de los dos últimos Dakar pecó de atrevido y se dejó una gran minutada abriendo pista. Al enterarse de ello durante la noche bajo las estrellas decidió atacar... y su Hunter T1+ no aguantó. Sainz salió del Empty Quarter con 20 minutos sobre su compañero Mattias Ekström y 29 sobre Sébastien Loeb tras una estrategia impecable.

La gestión del ritmo salvaje que se lleva en los Dakares actuales ha sido la otra clave, junto a la estrategia, de este cuarto triunfo para la pareja española. Encontraron una referencia cómoda y ahí se mantuvieron, salvando los problemas -evitando un vuelco que podría haber sido definitivo- y conservando la cabeza fría.
"Correr más que los demás y hacer una gran estrategia. Ha sido una carrera que como fallaras mucho un día, te ibas para casa", respondió, sin dudar, Sainz a un grupo reducido de medios, entre los que estuvo Relevo, en la llegada.
Por su parte, Lucas Cruz, copiloto estelar del madrileño, añade: "Yo creo que la estrategia que hemos hecho a la postre resultó acertada. Y luego la fiabilidad del coche, que no nos ha dado ni un problema, ha sido clave. Sobre todo ves un poco qué diferencias ha habido con los otros coches y la penúltima etapa, que fue decisiva. Nosotros no tuvimos ni un solo problema en ninguno de los tres coches".
Ahuyentando a la mala fortuna
Pocos habrían dicho que la fiabilidad sería una aliada para los intereses de Sainz y Cruz. De hecho, sus rivales (todos sin excepción) pusieron el punto en la llaga cuando Relevo les preguntó por si consideraban a Audi favorito a ganar antes de empezar la carrera. Sirva de ejemplo las palabras que un integrante de Toyota Gazoo Racing pronunció ante Relevo: "Es verdad que les han dado más potencia, pero no tengo claro si serán capaces de gestionarla de tal manera que no castigue su fiabilidad. Ya lo hemos visto durante 2023, que es ahí de donde han cojeado".
Pero así ha sido. Ni un solo problema durante las especiales, más allá de los pinchazos puntuales y el punto de inflexión de la etapa 10, cuando fue la aparición de Ekström con ruedas extra la que les salvó de perder el Dakar. Y en este sentido, todo el equipo humano de Audi se merece el reconocimiento, después de que la casa recortase la inversión en un proyecto que siempre estuvo pensado a tres años y se centrase en su futuro en la F1.
Y es que la mala fortuna que siempre se le ha achacado al español -que siempre lo ha contradicho asegurando que ganar los rallies y los títulos que ha ganado no es para nada mala suerte- huyó desierto abajo en la víspera de Reyes.
"Hemos sido muy constantes, hemos arriesgado, pero sin jugárnosla. No han ido despacio, pero tampoco han tomado riesgos. Han tenido un ritmo muy bueno; saber ir así no es fácil y ellos lo han hecho. Y luego no hemos tenido nada de problemas técnicos, que eso también ha sido clave", apunta el ingeniero jefe de Sainz a Relevo.

Uno de los dos jefes del proyecto, Sven Quandt, con quien Sainz también ganó el Dakar en 2020, con MINI X-raid, pone en valor el estado físico del madrileño -que el pasado diciembre registró sus mejores valores de siempre en la prueba de evaluación previa a la carrera-, lo que le ha permitido aguantar la exigencia de un rally exigente.
"Carlos me llamó antes de Navidad y me explicó que había recibido los resultados de sus pruebas físicas. Resulta que era el test con los mejores resultados de su vida. Podía escuchar en su voz la sonrisa. Cuando llegó al campamento estaba muy positivo, y eso contagió a todo el equipo. Claro que es mayor, pero sigue estando arriba del todo. La primera clave es que siempre compite consigo mismo. Siempre pide lo máximo de sí, es muy duro consigo mismo, igual de exigente que con el resto del equipo. Su espíritu de lucha, siempre hasta el final, es el que le ha llevado hasta su cuarto Dakar. Es increíble a su edad, y, si le apetece, podrá todavía conseguir muchas más victorias en el Dakar", reflexionó el alemán.
E incluso sus rivales señalan esa capacidad física como definitoria. "Carlos se ha merecido ganar este Dakar, sin lugar a dudas; ha sido increíble. La clave fue lo súper en forma que está y eso le ha permitido concentrarse más fácilmente, en mi opinión. Se ha construido su propia suerte y Lucas estuvo impecable, eso hay que tenerlo en cuenta", comenta a Relevo el director técnico de Toyota, Glyn Hall.