ENTREVISTA

Ponseti cambió la manera de ver los rallies y mostró la tarde más cruel de Carlos Sainz: "En el rally Safari contraté cazadores para que no apareciese un bicharraco y se comiese a un cámara"

José Antonio Ponseti rememora su tiempo siguiendo a Sainz en el WRC, que le hizo estar presente en el histórico "trata de arrancarlo".

Luis Moya y Carlos Sainz, el día que se les paró el coche al poco de ser campeones./ARCHIVO
Luis Moya y Carlos Sainz, el día que se les paró el coche al poco de ser campeones. ARCHIVO
Gonzalo Cabeza
Salvador Fenoll

Gonzalo Cabeza y Salvador Fenoll

"Ponse, mundial de rallies, tío". La frase que recuerda José Antonio Ponseti es de Alfredo Relaño y con esas pocas palabras va a abrir una puerta que, de un modo y otro, le cambiará la vida. Sin duda a él, pero por esa fuerza que tiene 'Ponse', probablemente también al propio mundial y a uno de los mejores deportistas de la historia de España, Carlos Sainz. La curiosidad dice que Canal+, y por lo tanto Ponseti, no estuvieron presentes en los dos campeonatos del mundo que ganó el piloto madrileño, pero da un poco igual, en la memoria de la mayoría, que es traicionera, no solo estaban, sino que es imposible disociar aquellos éxitos de ese periodista. Donde sí estaba, por supuesto, es en el día más trágico de la historia de la pareja Sainz-Moya, uno que también es por derecho propio uno de los mayores dramas de todo el deporte español y, probablemente, también del mundial. Un día, también, en el que Ponseti demostró lo que puede llegar a hacer un buen periodista con un material así.

¿Qué te encuentras cuando empiezas a cubrir el Mundial de Rallies?

Relaño, que ya sabía el tipo raro que era, me dice: 'Ponse, Mundial de rallies, tío ¿qué podemos hacer?'. Entonces, con Víctor Santamaría y los gallegos, que eran todo el equipo de realización, me dan carta blanca. Y le digo: 'Hombre, yo por mí, pongamos cámaras en los coches, hagamos el rally nuestro en directo'. "Pero ¿cómo vamos a hacer el rally nuestro en directo?'. '¿Por qué no nos vamos a hablar con la gente del RAC, del Real Automóvil Club de Cataluña, que son los que tienen los derechos del rally, y por qué no retransmitimos tramos en directo?'. Era un locurón, que ahora lo veo en la distancia y digo, 'madre mía en la que nos metimos'.

En el 93 empezamos a hablar de esto y en el 94 decidimos que vamos a por todas. Ir a por todas era cubrir todo el Mundial de rallies, ya teníamos un acuerdo con ingleses y con otras televisiones para poder meter en todos los equipos, cámaras, entre ellas dentro de los coches de Carlos Sainz, dentro, fuera, en el parachoques... Empiezo a pedir la luna. Cada rally me decían, 'oye, ¿en dónde quieres meter las cámaras?' 'Coño, ¿por qué no le metes una en la puerta, en el retrovisor, en no sé qué?'.

Y empezamos a hacer imágenes alucinantes, que la actualidad de hoy vive de todo aquello. Y llega el 94. El Rally de Cataluña no era prueba del Mundial aquel año, pero Carlos Sainz tiene que ir a probar el Subaru, va de coche cero, y entonces decimos, "¿por qué no aprovechamos, montamos una infraestructura que va a ser solo para nosotros, para ver si somos capaces, y hacemos el rally en directo?"

Y efectivamente, nos vamos un pequeño equipo del Plus y nos damos cuenta de que podemos hacer el rally en directo, que necesitamos dos helicópteros, un avión que transmita la señal, la señal de las minicámaras, unidades móviles y kilómetros de cable, porque en aquella época todo iba por cable, kilómetros de cable, y escogemos tres tramos que haremos el año que viene en directo.

Nos sentamos con la gente del Real Automóvil Club de Cataluña, que el otro día hablaba con alguno de ellos que aún lo recordaba, les decimos que vamos a hacer en directo, y los tíos nos dicen, "estáis locos, pero vamos a muerte con vosotros". Estáis locos, porque esto no se ha hecho. Y se hacen los tramos en directo y, claro, es una alucinada porque no sabes la cantidad de gente que se enganchó. En aquella época los rallies no eran en fin de semana, eran entre semana, y la gente se quedaba al mediodía viendo el Plus, como nos pasó con los toros o con el fútbol, viendo las retransmisiones del mundial de rallies y viendo que eso era una locura y que era que podías estar dentro del coche con Sainz y con Moya o con McRae o con Richard Burns o con Kankunen o con Climent o con Chus Puras... y, claro, hubo una explosión.

Es posible que muchos no lo sepan, pero en aquel momento era un deporte de seguimiento masivo.

Desde el 93-94 en adelante la explosión del mundial de rallies ya fue descomunal y eso que lo curioso es que Carlos Sainz había sido campeón del mundo en el 90 y en el 92 había conseguido el subcampeonato luego. En aquel momento las motos arrasaban, en Fórmula 1 íbamos más justos. Y se convirtió en un referente. Tanto es así que a raíz de lo que se hizo y lo que hizo Canal+ en aquellos años, surgió algo como lo que hace ahora Red Bull, que son un poco los tenedores de los derechos y de las imágenes, y hacen cosas en directo, tramos y meten minicámaras.

Y, bueno, si hubiésemos tenido drones nosotros en aquella época... Madre mía la que habríamos liado, o sea, brutal. Y una cosa importante, ¿cómo funcionaba el Plus? Te lo habrá contado Alfredo Relaño. Todos a todo. El Mundial de Rallies lo hacían, aparte de José Antonio Ponseti, que era ahí la figura, Carlos Martínez, Pedrerol, Nieto, Inma, o sea, toda la redacción durante los cuatro días se volcaba a ese evento.

Y hay imágenes de todos ellos, hay imágenes de Carlos Martínez conmigo presentando y comentando el Mundial de Rallies. O sea, que el Plus hizo una jugada muy espectacular, que lo hizo luego en los toros, y que en el fútbol estábamos igual. Es que éramos un grupo muy compacto que hacíamos todo todos. No había una estrella más o una estrella menos ahí. Todos, estrellas, no estrellas y la gente de la tierra media, hacíamos de todo.

Tu relación con Carlos Sainz es bastante más cercana de la que normalmente tenía un periodista con el protagonista. ¿Cómo funcionaba aquello?

¿Cómo era el Mundial de Rallys en los 90? Te pasabas fuera de casa, no te exagero, más de 250 días, que estabas con ellos. Yo tenía casa en Madrid, me acuerdo que la señora que estaba en la portería de casa en Madrid me decía "¿pero tú para qué tienes apartamento aquí?". Y yo le decía, "joder, porque en algún lado me quiero sentir como en casa, porque vivo en hoteles constantemente". Entonces yo viajaba con ellos, comía con ellos, desayunaba con ellos, iba a los tramos con ellos, y cuando te digo con ellos es con todos. Mi relación con Sainz y Moya era brutal, pero lo era con el resto de los pilotos. Había un grupo de periodistas importante, porque no éramos pocos, por ejemplo, a Carlos Sainz, durante la época de los primeros, del 90 al 95, 96, en cada rally no habría menos de 14 o 15 medios españoles cubriendo la carrera. O sea, que era muy bestia eso. Hablo de periódicos, de radios. Televisión nosotros, porque teníamos los derechos, pero no es cierto, porque cuando Sainz tenía las opciones de ser campeón del mundo o estaba peleando, aparecía Antena 3, Televisión Española, aparecía Telecinco. O sea, todo el mundo iba a esos eventos.

Claro, mi relación era tremendamente estrecha porque éramos familia, porque cuando nos pasaba algo nos ayudábamos, porque si alguien necesitaba algo, ahí estábamos todos. Yo algún día, no sé si me animaré a contar, yo sabía muchas cosas que no podía contar. Es que eso era muy fuerte, porque al final mi relación era como periodista, sí, pero había una línea de "de aquí para la derecha soy periodista pero de aquí para la izquierda soy amigo" y lo que sé como amigo me lo guardo y me lo quedo. Como amigo yo sabía de conversaciones, de cambios de equipos, de posibles fichajes. Me podría haber forrado a contar exclusivas, pero no podía porque realmente lo que ellos valoraban de mí, y hablo en general, no solo de Carlos y Luis, hablo del resto de los pilotos con los que tenía relación, era esa relación de amistad. Ellos entendían muy bien cuando yo estaba trabajando, cuando yo estaba con el micrófono y les estaba preguntando, o cuando yo estaba en el bar del hotel cenando y riéndome con ellos y contando barbaridades de todo lo que nos pasaba, porque es que nos pasaban mil cosas.

Debes tener mil anécdotas de aquello.

Es que tienes que entender que en aquella época estábamos en Australia, en Nueva Zelanda, en Africa... En los primeros Rallies Safari en Kenia es que recorríamos cientos de kilómetros y, claro, por ejemplo, tenía que dejar a mis cámaras tirados en mitad de la nada. Yo contraté un servicio de cazadores profesionales que se quedaban con mis cámaras, porque, claro, no es lo mismo dejar un cámara en una curva en el Rally Inglaterra que dejarlo en mitad de la sabana en el Rally Safari, que se lo pueden comer, que es que aparece un bicharraco por ahí, aparecen unos leones y hasta luego el cámara, gracias por venir, ¿no? Pero, claro, todas esas cosas las tienes que hacer.

¿Eso me obligaba a mí a qué? Pues muchas veces a ir antes a los rallies. Cuando ellos llegaban, yo llegaba. Ellos tenían que hacer sus entrenamientos, no sé qué, y yo ya estaba ahí. Yo me pasaba a lo mejor una semana, diez días, en donde no había nadie más que ellos, los cuatro organizadores del rally y yo, que no estaban montados ni los tramos para ver a dónde situábamos nuestros cámaras, qué hacíamos, dónde podíamos recoger las imágenes... Porque claro, nos tenían que dar físicamente una cinta, tenía que ir un helicóptero, cogía la cinta del cámara, le daba cintas nuevas y se iba y el cámara se quedaba ahí con un colega armado en mitad de la nada.

Esas cosas eran especiales. Como, por ejemplo, al llegar al rally de Suecia la primera vez que llegué me estaba esperando Carlos y me dice "vente, Ponse que vamos a hacer manos" y le digo "¿A hacer manos?". "Mira, esta es tu primera vez aquí, vas a estar conduciendo los próximos 15 días sobre nieve y con ruedas de clavos, no lo has hecho en tu vida, así que nos vamos a ir a un lago. Vamos con un Volvo de tracción trasera de esos antiguos y vas a aprender cómo va el coche y cómo se mueve". Y efectivamente, tío, yo estaba ahí en Karlstad, a tomar vientos, en un lago helado inmenso y haciendo manos y ahora para la izquierda y ahora para la derecha.

Eso hoy sería imposible.

Eso hoy no pasa. No, no pasa, porque en aquel momento era todo muy diferente. Claro, mi relación con Carlos y con Luis llegaba a ese punto de, "hostia, que no te pase nada, que no te me choques, que no te vayas el segundo día en una curva yendo a un tramo y termines en una cuneta, porque no has conducido nunca sobre nieve". Bueno, pues esa era la relación tan cercana y tan bestia que teníamos y que no era una relación, como te diría yo, normal de jugador de lo que sea con periodista, sino que era más una relación de amistad.

Pero, como te contaba, a día de hoy yo sigo teniendo con Emilio Butragueño una relación estupenda a raíz del fútbol americano. Él ha venido a Super Bowls invitado por mí. "Ponse, que quiero ir a ver una Super Bowl en Miami". "Vente, Emilio, no hay problema. Yo te acredito y te vienes" ¿sabes? O sea, que el periodismo que yo viví en mi más temprana juventud era mucho más cercano y mucho más directo con los protagonistas del deporte que lo que hay ahora. En fútbol hay una distancia abismal, por más que tengas una relación, es una cosa extraña, pero te diría lo mismo en motor, si vemos cómo es el tema en la Fórmula 1, por más que viajes, no tienes una relación tan absolutamente cercana como la que teníamos nosotros en los 90. Y lo mismo en el Dakar. Yo, ahora que he podido entrevistar de nuevo a gente que yo entrevistaba hace 30 años en el Dakar con el libro, pues me he dado cuenta de la relación tan buena que tenía. Uno de mis amigos del alma es Oriol Servià, hijo de Salvador Serviá, sobrino de José María Serviá. Oriol y yo coincidimos en Estados Unidos, en Miami, cuando él empieza a correr la IndyCar y terminamos viviendo juntos.

Porque él viajaba mucho y yo viajaba mucho y decíamos, ¿para qué vamos a estar en dos casas? Tenemos una casa. Bueno, eso es impensable. Cuando Oriol, por ejemplo, ficha con el equipo de Newman Haas, que el propietario es Paul Newman, hostia, yo comía con Paul Newman. Ponte en la situación, tengo una foto con Paul Newman y yo me reía porque Paul Newman era un tío espectacular pero a veces estaba sentado en esa mesa con Oriol y con él y decías "que me pinchen y me saquen sangre, es que estoy comiendo con Paul Newman". Hoy eso no sé si es impensable, pero es muchísimo más difícil, yo creo.

Quizá también porque en aquella época las reglas del juego estaban muy claras. Lo que te decía antes, yo soy periodista de una a cinco, pero de ocho de la mañana hasta la una yo no soy periodista, yo soy amigo, yo estoy para otras cosas. Y tener ese punto de inflexión yo creo que marca diferencias. Marca diferencias en esas relaciones personales que a día de hoy seguimos teniendo con todos ellos.

Luis Moya iba los lunes a comentar los rallies contigo, es un poco como hacer el programa junto con el entrenador del equipo.

Eso fue otra de las locuras mágicas. Cuando decidimos que durante todo el año del Mundial de Rallies hay que hacer un programa especial resumen con todo lo que hay. Yo viajo con los equipos, claro, y le digo a Alfredo, "¿sabes lo que sería chulo? Tener a un copiloto a mi lado, porque lo vive dentro". Y me dice, "hombre, ¿y qué copiloto querrías?". El número uno es Luis Moya, así que me voy a Luis y se lo propongo y Luis alucina y me dice "no lo he hecho nunca, pero vale, me siento contigo". Esa sola decisión ya fue una pasada porque, claro, es que tienes a tu lado a uno de los protagonistas top de lo que ha estado pasando durante la carrera.

Tú formas parte de un momento que pasó a la historia del deporte, el «Trata de arrancarlo, Carlos, por Dios». ¿Qué recuerdas de aquello?

[Una somera explicación. En el campeonato del mundo de 1998 a Sainz se le paró el coche a 700 metros de llegar a la meta, de haberlos recorrido hubiese sido campeón. Aquí viene una larga narración del momento por parte de su principal protagonista periodístico. Merece leerla sin cortes]

Lo recuerdo como si fuera ahora mismo, pasaron muchas cosas que a través de los años te has dado cuenta cómo sin querer se fue cerrando el puzzle. Y te voy a explicar. Estábamos en el 98 para ser, con el Toyota, campeón del mundo Carlos. El rally iba muy bien, Makinen, que era quien podía ganar a Carlos, se choca y queda fuera de carrera. Carlos no está corriendo, está administrando los tiempos para llegar y ser campeón del mundo. El Plus monta un camión especial, una unidad móvil en la zona de asistencia donde va a tener que llegar una vez sea campeón del mundo, hasta aquí todo bien.

Habíamos estado cubriendo todos esos días todo, viene Chema, uno de mis capos de cámara, el loco de Chema, y estaban los otros cámaras del Plus, era el último tramo, habían terminado todo, la unidad móvil estaba montada, entonces todos los cámaras que habían estado en otros tramos, me llaman y me dicen, "oye, nos haría ilusión ir a ver el final del tramo y cómo Carlos es campeón". Mira lo que es la vida. Les digo, hombre, vale, pero tío, ya que vais a estar, no os pongáis juntos, tirad unos cuantos metros hacia dentro del tramo y así tenemos tomas distintas. Una chorrada, pura profesionalidad, como les podía haber dicho, "oye, os quedáis todos al final y le aplaudís". Lo mismo.

Junto a esta situación me viene el periodista de televisión de Finlandia. Había mucha costumbre de intercambiar unas imágenes entre nosotros. Teníamos muy buena relación todas las televisiones en general, franceses, italianos, finlandeses... Los que teníamos pilotos cambiábamos cromos porque no todos estábamos en los mismos tramos y eso nos daba la oportunidad de tener distintas tomas. Me viene el periodista de Finlandia y me dice "tengo una entrevista con Tommi Makinen, tío, pásame imágenes de final de tramo". Le digo que me pase algo de la entrevista. Y se va a la entrevista de Tommi antes de que se suba al avión, que ya se iba porque había perdido campeonato del mundo. También está Merlos, de TV3, que me dice "oye, yo voy" a rodar todo el tema aquí de mecánicos. ¿Tú qué vas a hacer?" Digo, "mira, tengo a toda la gente al final del tramo". "Pues tío, te cambio un cromo". Vale, pues cambiamos.

Hasta aquí todo bien. Estoy junto a Juanjo Lacalle [el mánager de Carlos]. Yo siempre iba acompañado de un cámara, yo nunca estaba solo. Un cámara del Plus para hacer entrevistas. Estaba con Juanjo Lacalle, que estaba escuchando la radio del equipo. Y yo simplemente estoy pendiente de ello, mi cámara está rodando para tener justo cuando llega y es campeón del mundo y yo me iría a la unidad móvil para cuando llegasen Carlos y Luis para hacerles las entrevistas.

Estamos en esa situación y me doy cuenta de que hay un problema con el coche de Carlos. Mis cámaras me mandan un mensaje y me dicen "tío, hay un lío con Carlos". Yo no sé qué está pasando, o sea, yo no sé si va a abandonar o no. Y a partir de ahí empieza a pasar la película que tú has visto, porque todo eso lo firma mi gente porque se ha repartido en los últimos 500 metros del tramo para tener imágenes distintas. Las imágenes que tienen son imágenes distintas: el coche llegando echando humo; Carlos, el problema, Luis bajando, el "trata de arrancarlo, por Dios", el casco... o sea, de repente, tío, tengo una película ahí sin yo ser consciente de ello. Pero la película va a más, porque Merlos está rodando cómo les llega a los mecánicos que Carlos se ha parado, que el coche se ha estropeado. Y ya lo que es el colmo es que mi amigo y compañero de la televisión de Finlandia está entrevistando en ese mismo instante a Makinen. El hermano de Tommy Makinen está al final del tramo y le llama y le dice, "no te vayas, Carlos está parado, vas a ser tú el campeón del mundo". Y eso está en cámara.

Recuerdo que la siguiente hora fue una barbaridad. Llega Carlos, se lo llevan, Luis está por ahí, mis cámaras me dicen que todos tienen todo filmado, y entonces decidimos no estar en esa situación, volver al cuartel general, ver todo lo que hay y montar todo. Visiono todo lo que hay. Hostia, no doy crédito, tío. No doy crédito. Lo monto todo, queda una pieza de 20 minutos, que fue la famosa pieza que luego arrasó en el Plus y que se vendió a medio mundo, en donde meto todo lo mío, pero meto a Makinen enterándose de que es campeón del mundo, a los mecánicos llorando porque se ha ido todo a la mierda...

Tengo la cinta para enviarla. Y en ese momento veo a Carlos en el hotel, porque teníamos el camión en el hotel. Y le digo, "si quieres ver esto...", imagínate que ya había pasado la rueda de prensa, todo eso era un mar de lágrimas, o sea, eso era una crisis mundial. Digo, "si quieres verlo, lo voy a mandar ahora mismo, son 20 minutos de lo que te ha pasado". El único error que he cometido en mi vida de todo eso fue no decir "espérate, que le digo a un cámara que entre y filme mientras tú estás viendo lo que yo estoy mandando". Estaba también Reyes, su mujer. Vieron todo, fue muy emocionante. Vieron el pack completo y el "trata de arrancarlo, por Dios". Que no había ni redes sociales, pero se convierte en una especie de himno a nivel mundial. Cuando te pasaba algo, todo el mundo decía lo que decía Luis, "trata de arrancarlo, por Dios". Y eso aguantó años y años y años. Luis y Carlos a día de hoy siempre me dicen que lo que peor llevan es que siempre les aparece alguien de "Luis, trata de arrancarlo, por Dios", y dicen, "no me jodas otra vez". Pero es cierto, han pasado 30 años, eso fue en el 98, y ahí sigue, y fue una historia brutal.

No me dieron un premio a Ondas aquel año porque llegó tarde, llegó justo, porque fue justo para los Ondas, yo creo que llegó a última hora y no se atrevieron a hacerlo. Probablemente hoy en día habría sido distinto y la vida me la devolvió años después con los huracanes [en otra vida, una que no abarca esta entrevista, lo ganó por la cobertura del Katrina cuando estaba trabajando en la radio en Miami] que me devolvieron el Ondas ese que me lo habría ganado a pulso.

El trabajo fue descomunal, o sea, nunca he visto un equipo tan alucinante porque esta gente, me refiero a los cámaras, a los realizadores, ahí estaba Jaime Pestoni, todos. Trabajábamos en condiciones salvajes, porque eso era puro campo todo, pura guerra. Y con cintas.

El lunes siguiente estaba Luis Moya comentando contigo la jugada en el programa resumen. Es una muestra tremenda de profesionalidad.

Sí, sí. Yo le pregunté, ¿queréis venir el lunes a hacer el programa especial? Y me dice Luis, "sí, sí, por supuesto". Y ahí estaba el tío. Después de perder el puñetero mundial de rallies. Quizá la gente no sabe que a la mañana siguiente de que todo esto pasara, al día siguiente, el otro componente del equipo Toyota, Didier Oriol, tenía que pasear a varios periodistas. Se hacía normalmente, al día siguiente se llevaba a periodistas, se les hacía un trocito de un tramo, bueno, estas cosas. Y el coche se rompió igual. Y nunca Toyota lo contó. Y esa mañana se le rompió el coche a Didier Oriol, o sea que probablemente era algo que venía de serie y que se podía haber roto o no, pero que se rompió ahí a esos 300 metros de la meta y ahí se quedaron.